Los dioses de la ciencia y la tecnología
Publicado por pablofranciscomaurino en Junio 14, 2008
«Y la van a adorar todos los habitantes de la tierra» (Ap 13, 8). ¿A quién? Al conocimiento humano, a los adelantos científicos, a la tecnología. Porque estos son tan impresionantes, que no acaba de salir algo novedoso, cuando ya está en estudio o a punto de salir otro.
Y, sutil como siempre, la diferencia entre admirar y adorar es velada por el endiosamiento: admirar la inteligencia humana es muy distinto a ponerla en el lugar de Dios. Por eso, muchos hombres y mujeres olvidan a su Creador, por eso se alejan de sus mandatos de amor, por eso se deshacen la moral y las buenas costumbres, y todo es sopesado por los avances científicos o tecnológicos con altanería: ya que lo último es lo mejor, todo lo pasado es malo, trátese tanto de aparatos electrónicos como de creencias religiosas; así, hasta la religión católica es relegada al pasado con el rechazo consiguiente de la humanidad a todo lo que “significó”.
Los dioses de la tecnología y la ciencia dominan las mentes de muchos, hasta el punto de exigir para la fe pruebas científicas. Y no las hay, ya que su sentido primero y principal no ni siquiera el de mero asentimiento intelectual a una verdad religiosa, sino el de vivencia existencial de esa verdad, o, en otras palabras, el de adhesión vital a Dios. La fe remite, pues, al abandono en manos de Dios, en cuanto el hombre renuncia a fiarse de sí mismo y se confía totalmente a la palabra poderosa y providente de Dios. La fe es la primera de las tres virtudes teologales: luz y conocimiento sobrenatural con que sin ver se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone. Finalmente, la fe es el conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas.
Esa petición de pruebas científicas, por tanto, es absurda y altanera, ya que procura aminorar a los límites de la razón algo tan grande y tan profundo.