Hacia la unión con Dios

Blog de Pablo Francisco Maurino

Sobre el oficio del acólito en la Eucaristía

Posted by pablofranciscomaurino en junio 20, 2008

 Antes de comenzar

 

à      Es muy importante que el acólito llegue a la iglesia con anticipación para verificar que todo lo necesario para la misa esté listo: el Misal, el leccionario abierto en la página que corresponde a las lecturas del día, los micrófonos funcionando, el cáliz y las vinajeras en la credencia (mesa o repisa que se pone inmediata al altar, a fin de tener a mano lo necesario: vasos sagrados, vinajeras, patena de los fieles, etc.); en fin, revisar que el trabajo del sacristán haya sido bien hecho. Además, conviene que se lave las manos.

 

Aspectos prácticos

 

à      Después de entrar con el sacerdote, ubicarse en un lugar discreto con la vista puesta en el celebrante (no en el pueblo), conservar la mayor compostura posible y evitar todo movimiento que distraiga la participación de los fieles (no estar pasando de un lado a otro del altar, ni siquiera para tocar la campana).

 

à      El acólito no debe sentarse en la sede, al lado del presidente; este lugar está reservado para los diáconos o para otros ministros ordenados en las concelebraciones. Destínese para ello una pequeña silla cerca de la credencia.

 

à      Sobre el altar no se debe colocar el cáliz ni el copón hasta que no haya terminado la liturgia de la Palabra.

 

à      Recuérdese que en la presentación de ofrendas se entregan al sacerdote las vinajeras sobre su bandeja, para que él mismo se surta del vino y agua. Es ideal mantener la bandeja en la mano (a veces, por comodidad, se prefiere colocarlas en el extremo del altar).

 

à      El lavabo no debe omitirse. Hágase por fuera del altar (es importante no incomodar al sacerdote colocando muy alta la vasija donde se recibe el agua).

 

à      La campana debe tocarse con moderación: un solo toque cuando el sacerdote pone las manos sobre las ofrendas, tres toques durante la elevación de la Hostia consagrada y tres toques durante la elevación del Vino consagrado (no se toca durante la adoración, cuando el sacerdote hace la genuflexión).

 

à      El acólito no debe transportar el copón con las Hostias consagradas del sagrario al altar ni viceversa. Solamente el sacerdote o el diácono pueden hacerlo.

 

à      Al usar la patena de los fieles para recoger las migajas que caen durante la comunión del pueblo, es bueno retirarla cuando alguien desee recibirla en las manos.

 

Cualidades de este ministerio

 

à      La finalidad de este ministerio está descrita en el boletín del Departamento de Liturgia de la Conferencia Episcopal Actualidad litúrgica, nº 25 (cf.):

1.    Prestan un servicio desinteresado

2.    Han de formarse en la responsabilidad que han adquirido

3.    Deben dar testimonio de vida cristiana

 

Nota:

 

à      «Como es sabido, las funciones que la mujer puede ejercer en la asamblea litúrgica son varias; entre ellas la lectura de la Palabra de Dios y la proclamación de las intenciones en la oración de los fieles. No están permitidas a las mujeres las funciones de servicio al altar».[1] Sin embargo, la carta de 1994 de la Congregación para el culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos amplió la norma: con la autorización pública del obispo del lugar podrán prestar ese servicio.*


[1] Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Inæstimabile Donum, 18;

   cf. Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Liturgicæ instaurationes, 7

* Hasta la fecha no ha habido autorización pública de ningún obispo colombiano

 

  Tomado del libro:

CELEBRAR BIEN LA EUCARISTÍA. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2004.

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

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