¿Por qué permite Dios que suframos?
Publicado por pablofranciscomaurino en Agosto 29, 2008
Ø Porque sirve de prueba a los que agradan a Dios, y los purga para embellecerlos más (como se purgan las joyas y las estatuas)
Ø Porque es medicina que preserva para no caer:
§ Debilita al hombre viejo y
§ Quita las armas del enemigo: la soberbia, la codicia y la lujuria
Ø Porque es medicina que paga la culpa, limpiándola de sus pecados:
§ Hace entrar en los rincones de la conciencia y ver la fealdad del alma, y la invita a la contrición
§ Hace entender lo que alguna vez se había oído o leído sin entender
§ Libra de las penas del infierno
§ Libra de las penas del purgatorio
Ø Porque sirve de castigo, que no gusta en el momento, pero que luego es valorado por lo útil que nos fue
Ø Porque alumbra los bienes de la gloria eterna, al hacernos conscientes de que somos peregrinos en este valle de lágrimas, y de que todo lo temporal es sombra o sueño
Ø Porque nos concientiza de las necesidades de los prójimos, las cuales no veíamos cuando no teníamos su pobreza, sus enfermedades, sus necesidades… Aparece entonces la compasión, y los ayudamos con la caridad que no tendríamos sin los sufrimientos
Ø Porque nos conocemos mejor y nos humillamos, porque sin el sufrimiento el hombre es ciego y no se conoce, y cree que es bueno. Si en el momento del sufrimiento hacemos muchos propósitos que no cumplimos después, nos humillamos y pedimos ayuda a Dios, llorando nuestra flaqueza
Ø Porque nos perfecciona:
§ Hace el corazón capaz de Dios, vaciándolo de las criaturas a las que estaba apegado, porque descubrimos su vaciedad, inestabilidad, finitud e inutilidad
§ Hincha en el amor a Dios
§ Hace volar hacia la perfección
Ø Porque nos conocemos mejor, y vemos mejor la diferencia entre lo malo y lo bueno y, también, entre los malos y los buenos
Ø Porque hace volver al bien y enmendarse
Ø Porque sirve de ejemplo para los demás
Ø Porque nos enseña de las riquezas que: adquirirlas está lleno de trabajos; poseerlas, de fervor; y perderlas, de dolor.
Extractado del libro: Tratado de la tribulación, del padre Pedro de Ribadeneira