PRÓLOGO
El padre Tito de san Pablo no pudo escoger mejor marco para las Máximas de san Pablo de la Cruz, que esta cita de san Lucas, en la cual Jesús nos invita a seguirlo más de cerca con tres condiciones específicas y concretas que siempre están retando nuestra naturaleza inclinada al facilismo y la comodidad. Dicha invitación nace del inmenso amor de Dios cuyo único fin es llevarnos a la unión total con Él.
Según la relación de ideas y oraciones, san Pablo de la Cruz nos anima a seguir esta llamada con igual exigencia, partiendo del conocimiento de nuestra propia nada y del único todo que es Dios, “El Sumo Bien”, ya que esta es la base de toda virtud y es la verdadera ciencia que permite ver a la luz de la fe la voluntad de dios en toda circunstancia próspera o adversa de nuestra vida.
El amor es la fuerza que mueve al espíritu a realizar esta total comunión con la Voluntad Divina, a ejemplo de Jesús, anonadado y abandonado por amor a la voluntad del Padre.
Si alguna idea es repetible con mayor vehemencia, es la del total abandono a la divina Voluntad. Como san Pablo de la Cruz lo experimentó y lo expresó, sólo en esta actitud abandonada y segura, como la del niño en los brazos de su madre podemos encontrar el sentido redentor del sufrimiento en nuestra vida.
Identificados plenamente con Jesús paciente, nos sumergimos en la virtud misma que se hace vida en todo aquel que permanece en pura fe y santo amor en la cruz de sus tribulaciones; despojado de todo, confiando solamente en la inmensa misericordia de Dios.
Seguir a Jesús es jugarse la vida con El, para llegar al Padre revestidos de la pasión y de las virtudes que nacen de ella: humildad, mansedumbre, paciencia, obediencia, etc. San Pablo de la Cruz nos muestra el camino de la cruz – desafío a despojarnos como Jesús, del apego a la propia vida, a nuestra honra y fama y hasta de los consuelos de Dios.
Esta doctrina es un llamado a los hombres de todos los tiempos que buscan en su lucha diaria, una respuesta de alivio a la pasión del hombre. Nos descubre precisamente que no es el escape, ni el consuelo, ni siquiera la comprensión del dolor lo que salva al hombre, sino el estar crucificado en la cruz don Cristo.
Por tanto, debemos asumir el sufrimiento como lo asumió El, por amor a los hombres.
I. ESCUCHAR LA DIVINA LLAMADA
“Si alguno quiere venir en pos de mi…” (Lc 9,23)
Jesucristo, venido al mundo para ser camino, verdad y vida de todos los hombres, a todos da su gracia, a todos llama a venir a sí, a todos hace sentir su invitación amorosa: “Si alguno quiere venir en pos de mi…”
Esta llamada del Señor, variada y multiforme como la gracia actual de la cual son las expresiones, obra directa e indirectamente sobre nuestras facultades espirituales, la inteligencia y la voluntad, iluminando la primera y corroborando la segunda, para hacerla producir buenos deseos y actitudes sobrenaturales dignas de la vida eterna.
Pero Dios que es rico en misericordia y que libremente distribuye sus dones, suele hacer oír a algunas almas “una llamada de predilección”, invitándolas, con la vocación religiosa a seguir más de cerca de Cristo, con la práctica de los consejos evangélicos.
Pero todas las divinas llamadas, tanto las comunes como las especiales, tienen como fin el ejercicio de las santas virtudes, y la consecución de la santidad y perfección, “teniéndonos el Señor desde la eternidad elegidos en Cristo, para que fuésemos santos e irreprochables ante El por la caridad.” (Ef. 1,4).
Trataremos, por tanto, en esta primera parte:
1. De los buenos deseos, luces e inspiraciones del Señor.
2. De la vocación religiosa.
3. Del ejercicio de las virtudes.
4. De la perfección.
“Bienaventuradas las almas que escuchan la llamada del señor y de su boca reciben palabras de satisfacción ¡Bienaventurados los oídos que, cerrados a los rumores del ambiente, acogen los rumores del divino susurro! ¡Bienaventurados los ojos que desdeñando las cosas de la tierra, se aficionan a aquellas del cielo! ¡Bienaventurados aquellos que ardiendo del deseo de atender únicamente al Señor sacuden de sí todo estorbo! Ellos encontrarán la paz, la santificación y la verdadera beatitud. “(Imitación de Cristo).
1. BUENOS DESEOS LUCES E INSPIRACIONES DEL SEÑOR
Fuera de la vida natural, que se manifiesta al exterior con las operaciones propias de los sentidos, y al interior con las operaciones del espíritu, tales como el pensar, el razonar, el querer, hay en nosotros una vida sobrenatural constituida por la gracia santificante, por la cual venimos a ser partícipes de la divina naturaleza (2 Pe 1,4), los hijos adoptivos de Dios y herederos del cielo. (Rm 8,16 – 17).
También esta vida superior tiene sus operaciones, las cuales derivan principalmente de la gracia actual, o sea, de todas aquellas ayudas que Dios, “el cual quiere a todos salvarnos” (I Tim.2, 4), no cesa en ningún momento de compartirnos, iluminando nuestra inteligencia, y corroborando nuestra voluntad, contra los estímulos y las tendencias del mal.
Y Dios, en efecto, dice el apóstol que con su gracia “obra en nosotros el querer y el obrar con buena voluntad” (Fil.2, 13); y por eso -comenta San Agustín-“Sine Deo operante ut velimus, vel cooperante cum volumus, ad bona pietatis opera nihil valemus”.
Esencial importancia para la vida del espíritu y para la santidad tiene por esto las iluminaciones, las inspiraciones y los buenos deseos, que la gracia suscita en nosotros, “Si los santos, dice Santa Teresa, no hubiesen jamás concebido buenos deseos y no los hubieren poco a poco puesto en práctica, no hubiesen llegado tan alto en la vía de la perfección.” (S. Teresa, Autobiografía, c.13)
San Bernardo identifica el deseo de la perfección con la perfección misma; y en los santos libros leemos: “La deseé y me fue dada la prudencia, lo invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría”. (Sb, 7,7).
De estos buenos deseos, iluminaciones y aspiraciones habla San Pablo de la Cruz en sus cartas, declarando la naturaleza de éstos y dándonos normas y consejos útiles para nuestra necesaria cooperación.
SU NATURALEZA. ¿Qué cosa son?
Los buenos deseos, luces e inspiraciones del Señor son:
§ Parte del amor divino.
§ Centellas o chispas de la fragua del santo amor.
§ Dones del esposo celestial.
o Frutos que traen estos dones
- Los dones de Dios traen el bajo sentimiento de sí -mismo.
- Las iluminaciones vienen acompañadas de profundísima humildad, amor de Dios y contrición de los pecados.
- El amor igual al prójimo, la verdadera paciencia y resignación en todo, el recogimiento del corazón y la rectitud de intención, son iluminaciones verdaderas sin peligro de daño.
- El máximo de los deseos es el de amar a Dios
según el propio estado.
· Cuáles se deben tener por sospechosos
- No todos los movimientos del corazón y las iluminaciones de la mente nacen de la gracia, pues con mucha frecuencia se interpone el diablo y la naturaleza.
- Son sospechosos los que no dejan humildad, ni
conocimiento de sí mismo, ni mayor deseo de
complacer al Señor.
- También son sospechosas las luces del intelecto que inflaman la voluntad y después inflan.
- Las luces que no producen humildad profunda, son ilusiones.
· No fiarse de las propias luces
- Es máxima de los santos no fiarse de las propias luces, porque muchas nacen de la propia inclinación de la naturaleza, y muchas más del demonio.
- Muchas veces se creen luces de lo alto aquellas que son sólo efecto de nuestro espíritu.
- Confiad vuestro interior al confesor y no le escondáis nada si no queréis ser engañados por el demonio.
NORMAS Y CONSEJOS PARA NUESTRA COOPERACIÓN
· Como disponernos
- Ejercitaos en la verdadera humildad de corazón y en la santa oración en tal forma que os dispusierais a recibir los más preciosos dones del cielo.
· Como recibir estos dones
Recibid:
- Las visitas misericordiosas del Señor con verdadera humildad de corazón.
- Las lluvias del cielo como un jardín árido, abandonados sin reserva en las manos de Dios.
- Las luces y las impresiones divinas con profundísima obediencia a los atractivos del Espíritu Santo.
- Las voces suavísimas del esposo celestial con docilidad.
Debéis ser agradecidísimos al Señor por las iluminaciones que El por su infinita misericordia os comparte.
· Cuáles se deben seguir
- Los deseos de perfección son óptimos, pero se deben seguir sólo los que miran a nuestro estado.
- Dios nos hace desear cosas grandes para su servicio y después no quiere su ejecución para probar nuestra fidelidad y para que aprendamos a resignarnos a su santa Voluntad; pero da por su misericordia el premio como si se hubiera realizado.
· Cuándo y cómo
- Los santos deseos se deben poner en un rincón del corazón para seguirlos cuando plazca al Sumo Bien.
- Deben custodiarse con espíritu pacífico en Dios, sin la mínima ansiedad de verlos realizados sino cuando El lo quiera.
- Deben conservarse con gran resolución, firme y estable de ponerlos en ejecución cuando el Padre abra la vía.
· Para caminar seguros
- Lo mejor es morir a todos los deseos en Dios.
- Cultivad sólo un máximo deseo, el de agradar a Dios en todo, alimentándoos de su Santísima Voluntad.
2. VOCACIÓN RELIGIOSA
En el Evangelio se lee que preguntando uno al Divino Maestro qué cosa debía hacer para poseer la vida eterna, Jesús le responde que cumplir los mandamientos. Pero replicando aquél que los había observado desde la adolescencia, e insistiendo por saber qué otra cosa le restaba por hacer; Jesús “mirándolo con ternura, lo amó y le dijo “te falta una cosa sola: si quieres ser perfecto ve, y vende todo cuanto tienes, da el dinero a los pobres y después ven y sígueme”. (Mc.10, 21).
En esta mirada amorosa de Jesús, y en esta
invitación está toda la vocación religiosa, la
cual por eso es considerada por los santos y por
los doctores de la Iglesia como una de las gracias
más grandes que la misericordia de Dios hace al
alma.
San Pablo de la cruz en sus cartas la llama “Divina Llamada de Sempiterna vida” y de ella declara su excelencia, el deber de seguirla, y el grave daño que constituye su pérdida.
EXCELENCIA DE LA VOCACIÓN
- La Vocación es un don de Dios.
- Es una de las gracias más especiales, después del bautismo; que Dios concede al hombre.
-Dispone para gracias más grandes.
- Es fuente de paz que jamás podrá dar el mundo.
- Es claro signo de predestinación al paraíso.
- Según Santo Tomás, es una de las mayores gracias que Dios hace a sus almas preferidas.
· Debéis corresponder y perseverar
- Cuando Dios llama es necesario obedecer bajo pena de repulsa en caso de hacerse el sordo.
- Examinad la llamada del Señor en la santa oración, dialogando con el director espiritual los movimientos de la gracia.
- Huid de toda cosa que pueda retardar su ejecución.
- Perseverad en la vocación y Dios os hará santos.
- Quien desprecia su camino, perecerá.
· Medios de perseverancia
- Temed a vosotros mismos conservando bajo las cenizas de la humildad la gracia de la vocación.
- El agradecimiento mejor que podéis hacer por la gracia de la vocación es el morir a vosotros mismos con:
o La mortificación de las pasiones internas.
o El ejercicio de las santas virtudes.
o Aspirar a hacer un suntuoso edificio de perfección de la propia horrible nada; nada tener, nada poder, nada saber, acompañado de altísimo desprendimiento de toda cosa creada.
- La vida religiosa es una cruz, y quien quiere vivir en ella con perfección debe estar crucificado.
- Renovad a menudo los santos votos sacrificándoos cada vez más al divino servicio, en la vocación emprendida, y estad segurísimos que Dios os hará santos.
o El grave daño que constituye la pérdida de la
vocación
- Perdiendo la gracia de la vocación se podría:
§ Ir de mal en peor y destruirse.
§ Perder la gracia de la perseverancia final.
§ Ir al abismo infernal.
· Causas de la pérdida de la vocación
- Los duros de juicio (tercos) no perseveran.
- Los apegados a los padres, a las cosas, a la correspondencia frecuente, hacen temer que no mueran en la congregación.
- Querer ir a la ciudad es una estratagema del diablo para hacer perder al religioso todo el bien que ha hecho. – El amor a los parientes lo lleva a disiparse, al igual las visitas frecuente de ellos.
- Los pensamientos de la patria y los parientes enturbian el espíritu, lo vuelven perezoso, y llenan de tedio la vida religiosa.
Consejos
- Atended a vosotros y dejad a los muertos el cuidado y la sepultura de sus muertos.
- Vosotros que habéis encontrado vuestra vida en Dios, gozaos en ella.
- Haced resplandecer en vosotros las virtudes de Jesucristo.
_ Quien por dentro está unido a Jesús, lleva su imagen también por fuera con un ejercicio continuo de heroicas virtudes.
· Para adornar el alma
- Las virtudes adornan el alma, templo de Dios, con las lámparas de la fe, la esperanza y la caridad.
· Para hacernos santos
- Es bueno el deseo de ser santos, con tal que
sea acompañado de las virtudes, que son las
piedras fundamentales del edificio de la santidad, haced su heroica adquisición.
- Si supierais humillaros bien, estar bien fundados sobre vuestra nada, amantes del menosprecio, alejados de todos, en silencio, en la mortificación interna y externa, en el verdadero aniquilamiento de sí, trabajando, padeciendo y callando, aprenderíais la ciencia de los santos.
- El aprovechamiento espiritual no se mide con
las dulzuras sino con el ejercicio de las santas virtudes.
- Gran ánimo, pues: sirvamos a Dios a lo grande, ejercitemos las virtudes grandes, que Dios será nuestra fortaleza y nos dará la victoria.
3. EJERCICIO DE LAS VIRTUDES
Toda vida dice actividad, y toda actividad no
desviada del propio fin tiende a producir buenos
frutos.
Los frutos de la vida sobrenatural, que está en nosotros mediante la gracia, son las virtudes, de las cuales habla el apóstol en la carta a los Gálatas, y que apela precisamente a los frutos del Espíritu Santo: “Fructus Spiritus” (Ga 5 ,22ss.)
Debemos, por tanto, como insinúa el príncipe de los apóstoles, poner toda diligencia, a fin de que a nuestra profesión vayan unidas todas las virtudes. Las cuales estarán en nosotros y estarán en abundancia, entonces no será vacío ni infructuoso el conocimiento que tengamos de Jesucristo Señor Nuestro. Al contrario, quien está privado de tales virtudes, es como un ciego que va a tientas, que olvida que fue purificado por Cristo, de sus antiguos pecados, (conf. 2 Pe.1, 5-9).
Del ejercicio de las virtudes habla con frecuencia San Pablo de la cruz, en sus cartas, declarando la necesidad y dando útiles consejos para su práctica.
NECESIDAD
· Para ser fieles al Señor
- Sed cada vez más fieles en la humildad de corazón y en el conocimiento de la propia nada.
- Sed mansos y modestos día y noche.
- Sed amantes del silencio y La soledad, de tratar de solo a solo con el Esposo Divino.
- Debéis atender con toda diligencia el ejercicio de Las santas virtudes -pues, esto es lo que busca de vosotros el Señor -, y de éstas depende vuestro verdadero bien.
· Para asemejaros a Jesús
- El silencio en los padecimientos, la paciencia, la caridad y la humildad, etc., son Las virtudes que nos asemejan al dulce Jesús.
· Los frutos más preciosos y más útiles para nosotros son Las virtudes
- En el servicio de Dios no se requieren páginas de buenas palabras y de buenos deseos, sino obras eficaces, ánimo y fervor grandes.
- Buscad los frutos y no las hojas. Las hojas son las consolaciones las cuales no debéis tener en cuenta, ni debéis desearlas; los frutos son las virtudes cuya adquisición y ejercicio debéis procurar con toda atención.
CONSEJOS Y MEDIOS
· La virtud que no engaña
- La virtud bien practicada, especialmente en los contratiempos, imprevistos no engaña nunca. En estas ocasiones se conoce la verdadera virtud, en las cosas más arduas.
· Las penas compañeras de la virtud
- De la santidad no van separadas las penas y las tribulaciones.
- Las virtudes que más gustan al esposo divino, se ejercitan más en los padecimientos que en otras ocasiones.
- El verdadero siervo de Dios ama el desnudo padecer sin consuelo, recibiéndolo ’sine medio’ (sin intermediario) de la purísima voluntad de Dios.
- Amar y padecer en verdadero silencio interno y externo, en pura fe y santo amor, es un pescar las perlas preciosas de las virtudes en el gran mar de la santísima vida, pasión y muerte de Jesús, nuestra verdadera vida.
· Precaución y Discreción
- La precaución, hija de la prudencia, requiere ‘tomar tiempo antes de optar, para resolver las cosas – Jamás uno se arrepiente de tomar tiempo – no así quien obra con precipitación.
- En las obras de vida activa es necesario guardarse de la demasiada prisa, porque es nociva a la perfección.
- Jesús no quiere de vosotros muchas obras hechas con prisa, sino aquellas que están bien hechas: con paz y recogimiento.
- San Francisco de Sales dice: “Cuando sintáis alguna prisa interna, que es la peste de la devoción, suspended por un momento el quehacer de aquella obra, haced suavemente tres o cuatro actos de amor a Dios, hasta que el corazón se pacifique, y después seguid adelante en el quehacer que os ocupa”.
· Aconsejarse es cosa santa
- Es necesario aconsejarse con nombres sabios y de prudencia cristiana para regular las propias acciones según Dios.
- Tenéis necesidad de un sabio experto director e para no caer en engaño, y para caminar rectamente por la vía de la perfección y de la santidad.
- Cuidad de no decir a quien no debéis las cosas de vuestro interior, pero sed sinceros con quienes dirigen vuestro espíritu.
· Ejercicio continuo
- Procurad con toda diligencia la adquisición y, el ejercicio continuo de las virtudes.
- Enfervorizaos con fuertísimas resoluciones.
- Poco y continuo hace llegar al fin.
· El pensamiento de la muerte
- Pasad cada día como si fuese el último de vuestra vida. Este es óptimo medio para agradar a Dios y corresponder a las luces recibidas.
- La muerte ajena debe serviros de estímulo para estar siempre preparados para aquel tremendo paso.
· Los santos ejercicios
- Los santos ejercicios se hacen para fortalecerse más en la piedad y disponerse mejor para trabajar con el prójimo, para el ejercicio de las virtudes y animarse a correr por la vía de la perfección.
· Por las almas de los religiosos
- En la vida común hay escondido un gran tesoro. Si la hay, florecerá la observancia de los santos votos, de la regla, la oración y el silencio, y el monasterio será un jardín de delicias para el esposo celeste.
- Las santas reglas:
§ Son documentos de perfección.
§ Son estados dados por Dios, para alcanzar la santidad con su santa observancia y con desprendimiento de todo lo creado, que no será poca penitencia.
§ Son el espejo del religioso.
- Haced de cuenta que estáis solos, no mirando a las condiciones de los otros sino para edificaros.
· Para los misioneros
- Es necesario predicar más con la oración, con el retiro y con la modestia que con la palabra.
- La oración es el precioso bálsamo que perfuma todas nuestras obras exteriores.
- Sin la observancia de las reglas, poco o ningún fruto se hará en el prójimo.
- Conservando el espíritu del Instituto, se tendrán siempre santos y excelentes misioneros.
· Para aquellos que presiden (superiores)
- Deben ser ejemplos de virtud.
- Amigos de la oración y del continuo recogimiento.
- Ser para todos espejo de perfección.
- Ser mártir de paciencia, caridad y mansedumbre.
- Mantener tal compostura que haga estar a los subordinados en santa reverencia y respeto hacia él. – Vigilar sobre la observancia y no introducir abusos si no quiere hacerse reo de todas las culpas que cometan los subordinados.
- Vigilantes sobre todo y sobre todos.
- Las omisiones hacen ir al infierno a los superiores y confesores.
- Háganse amar más que temer, así serán más obedecidos. Mande poco y dulcemente.
- No se precipite a corregir al subordinado, en especial si siente algún principio de pasión irascible; pero pasado un poco de tiempo cuando sienta el corazón en calma, llame al que ha faltado y con corazón de padre, corríjalo. Si no se enmienda, ponga mano al castigo, porque alguna vez se requiere también el rigor, pero con paz interna y autorizada manera para que no se rebelen los tibios.
- Tenga ánimo para llevar con perfección la cruz del gobierno, con silenciosa paciencia, con mansedumbre, caridad, prudencia, celo, constancia y fortaleza, sufriendo en paz las adversidades, contradicciones, malos tratos que se encuentran; puramente por agradar a Dios. Tendrá en el paraíso la palma del martirio.
4. PERFECCIÓN
Deberíamos aplicarnos todos los días al ejercicio de la virtud y las buenas obras porque están ordenadas a nuestra santificación, porque como escribe el apóstol a los Tesalonicenses “es voluntad de Dios que nos hagamos santos manteniendo nuestro cuerpo en santidad y honestidad y no dejándonos dominar de la concupiscencia como lo hacen aquellos que no conocen a Dios”. (1Tes 4,4-5).
A todos “Dios nos ha elegido, antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante El” (Ef .1, 4); a todos Cristo ha invitado a ser perfectos “como es perfecto vuestro Padre Celestial”. (Mt.5»48), A todos el Príncipe de los Apóstoles repite: Sobre el ejemplo del santo que os ha llamado, también vosotros sed santos en todo vuestro obrar, porque está escrito: “sed santos porque yo soy santo”. (IPe.1, 15-16).
La obligación de la santidad asume para los religiosos un valor de importancia muy especial en razón del estado abrazado que es estado de perfección.
Pecaría mortalmente aquel religioso que tomase la resolución de no querer atender a la perfección, o si de esa no tuviere algún pensamiento, porque de no ser así vendría a renegar de la profesión hecha y quebrantar aquellos vínculos con los cuales se ligó en el día de su consagración al Señor.
San Pablo nos dice en qué consiste la perfección, cuáles son sus fundamentos y medios necesarios para alcanzarla con mayor seguridad y facilidad.
EN QUE CONSISTE LA PERFECCIÓN
· Esencia
La verdadera perfección consiste en:
- La unión perfecta a la santísima voluntad de Dios.
- El desprecio de nosotros mismos.
- La humildad de corazón.
- La caridad, reina de todas las virtudes.
No son los favores espirituales los que hacen a
los santos, sino la humildad y la caridad.
· Sus grados
- La gran perfección consiste en resignarse en e todo al Divino Querer.
- La mayor perfección de un alma consiste en un verdadero abandono de toda ella en las manos del Sumo Bien.
- La altísima perfección consiste en estar perfectísimamente unidos a la voluntad de Dios,
alimentándose de ella en puro espíritu de fe y amor.
FUNDAMENTOS DE LA PERFECCIÓN
1. Humildad
- El conocimiento de sí mismo, de la propia nada y de las propias miserias, es el fundamento sobre el cual se debe levantar la fábrica de nuestra perfección compuesta por una N (nuestra nada) y una T (Dios, que es todo).
- Alcanzaréis la perfección si sois humildes de corazón.
2. Obediencia
- La obediencia ciega y la verdadera y perfecta abnegación de la propia voluntad son las virtudes fundamentales del edificio espiritual: de otro modo se fabricará sobre arena.
- En la virtud de la obediencia está lo principal de la perfección
3. Mortificación
- La verdadera mortificación interna y externa, con total abandono al Divino Beneplácito, es la piedra fundamental sobre la cual se fabricara un gran edificio de perfección.
4- Vida común y observancia de las constituciones
- Para los religiosos, la vida común y la observancia de las constituciones son la piedra fundamental de la Vida Religiosa y de la perfección.
MEDIOS PRINCIPALES
1. Caminar en pura fe y pobreza de espíritu
En la vía de la santa perfección, tomando todo trabajo y pena espiritual y temporal de la mano amorosa de Dios, como tesoro que nos regala el Padre Celestial, es el camino más corto para volar a la santa perfección.
2. Padecer y callar
- Para ser santos y perfectos
- Estad tranquilos y resignados observando un Pacífico silencio en los padecimientos. Dormid en la cruz, al calor amoroso del corazón de Jesús.
- Estad solitarios en el sagrado desierto interior crucificados con Cristo, sin consuelo.
- Sabed callar, procurad que vuestras palabras sean dulces, caritativas y prudentes de manera que causen edificación y paz a todos.
- Trabajar, padecer y callar sin lamentarse jamás.
3 Imitar los ejemplos de Cristo
- Alcanzarán la perfección de su estado aquellos religiosos que se examinen en los ejemplos de Jesús.
- Las paredes y el lugar no hacen santo a ninguno si no se atiende a imitar los ejemplos.
- El camino que guía a la santidad es aquel en el cual el Señor nos da la gracia de caminar como El caminó.
- Quien quiere ser santo, ama ser hecho el oprobio de los hombres, la abyección de la plebe, oculto a los ojos del mundo y hacer en todo la santa voluntad de Dios.
4. Orar asiduamente
- Enamoraos totalmente de la asidua oración.
- Procurad mantener el corazón y la mente levantados a Dios.
CONSEJOS Y EXHORTACIONES
· Hacer lo que se puede como gusta a Dios
- No pretendáis adquirir la perfección a fuerza de brazos; haced dulcemente lo que podáis, que si sois humildes Dios hará todo.
- Es necesario procurar la perfección no a modo nuestro sino como al Señor le agrada, llevando la cruz que El quiere y no la que queremos nosotros.
· Tomar los frutos y dejar las hojas
-Los frutos son:
o Una profundísima humildad.
o Una caridad grande hacia el prójimo.
o Un vivo deseo de ser de todos despreciado y de estar sujeto con santa obediencia.
- Quien es más humilde, más paciente, más resignado a la Divina Voluntad, más obediente, más caritativo, este es el más perfecto.
· Cuidarse de la soberbia
- Para ser santos se necesita una N y una T.
- La N sois vosotros que sois una horrible nada en el infinito Todo que es Dios, Óptimo y Máximo.
- Dejad desaparecer la N de vuestra nada en el infinito Todo que es Dios.
Un granito de soberbia basta para echar por tierra una gran montaña de santidad.
· No perder el tiempo
-Dios os quiere santos: no perdáis tiempo y abrazad todas las ocasiones que os brinda el Señor.
- Haced de cuenta que cada día es el último de vuestra vida para que tal pensamiento os sirva de estímulo para correr hacia la santa perfección.
-Quien no adelanta retrocede.
II. NEGARSE A SI MISMO
A todos aquellos, que dóciles a su invitación, desean seguirlo, Jesús impone como primera e indispensable condición el negarse a sí mismo:
“Si quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo…” (Lc.9, 23).
Porque el hombre, dice San Agustín, se alejó de Dios y anduvo perdido amándose desordenadamente a sí mismo, así no podrá acercarse a Dios y salvarse, sino re-negándose a sí mismo.
Pero, qué significa ¿negarse a sí mismo? “Nosotros, dice San Francisco de Sales, tenemos dos sí mismos:
- Uno es todo celestial y aquello que nos hace realizar las obras buenas, en la inclinación dada por Dios para amarlo, aspirando al gozo de la divinidad en la vida eterna.
El otro, aquello de re-negar, está constituido por nuestras pasiones y perversas inclinaciones, de nuestros afectos depravados, en una palabra, de nuestro amor propio”.
Para vivir, pues en Cristo debemos dar muerte a nuestro amor propio, renunciando a las obras de la carne y despojándonos del hombre viejo con todas sus depravadas tendencias. (Col.3, 9).
Estas tendencias, origen de todo pecado, son, según San Juan, “la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vía”. (1Jn.2, 16).
Ellas se dominan y se niegan con el ejercicio de algunas virtudes fundamentales, que están a la base de la vida moral, y constituyen, según los autores ascéticos, “la purificación activa del espíritu”. Tales virtudes son principalmente:
o la mortificación
o la castidad
o la pobreza
o la obediencia
o la humildad
o la soledad
o el silencio
Hijo, dice el autor de La Imitación de Cristo, no podrás gozar de perfecta libertad si no re-niegas completamente a ti mismo. En efecto, todos los poseedores de cosas, todos los amantes’ de sí mismos, los ávidos, los curiosos y distraídos, aquellos que van siempre en búsqueda de comodidades son gente con cepos a los pies, y que a menudo imaginan y fabrican edificios que no pueden estar en pie, porque todo aquello que no tiene origen en Dios está destinado a morir. Tened, pues, en mente esta breve sentencia: re-negar a sí mismo; deja todo y todo encontrarás; deja la concupiscencia y encontrarás la quietud. Reflexiona bien en tu mente esta máxima y cuando la hayas puesto en práctica comprenderás todo. (Imitación de Cristo, L.III C.32).
1. LA MORTIFICACIÓN
Dice el apóstol que la carne tiene deseos contrarios al espíritu (Gal.5»17) y en el Génesis 8,21, leemos que los sentidos y los pensamientos del corazón humano son inclinados al mal desde la adolescencia. De aquí la necesidad de la mortificación, la cual tiene por oficio reprimir la concupiscencia de la carne y de someterla a la ley superior del espíritu.
La naturaleza humana, después del pecado, es como un campo en el cual, los gérmenes preciosos de la virtud nacen a la par con los gérmenes de los vicios.
“Es necesario, por tanto, tener siempre en la mano el hierro candente de la mortificación para cortar, desyerbar, y destruir las hierbas malas con el fin de que la buena semilla pueda germinar, crecer y dar fruto abundante”. (san Pablo de la Cruz).
NECESIDAD DE LA MORTIFICACIÓN
· Para ser almas de oración
Jamás podremos ser almas de oración, si no tenemos gran amor a la mortificación interna y externa, practicándola de hecho. Ellas son las alas que nos llevan a Dios en la oración, al levantar nuestro espíritu.
· Para morir a todo y vivir sólo en Dios y por Dios.
- Morid santamente a vosotros mismos y a todo lo que no es Dios.
- Estad crucificados con Jesús, abrazando toda ocasión de mortificación por amor de Dios.
- Procurad, con la divina gracia, vivir una vida muriente, abstraída de todo lo creado y de todo lo que no es Dios.
· Para hacerse santos
- Para alcanzar la santidad es necesaria la mortificación interna y externa, de la cual nace la verdadera obediencia ciega, la total condescendencia que nos hace ser moldeables como cera blanda, dulces y mansos con todos, perfumados por el bálsamo de santo amor.
- La mortificación es la piedra fundamental del edificio espiritual.
- La vida de los siervos y siervas de Dios ha sido un continuo ejercicio de mortificación.
NATURALEZA PE LA MORTIFICACION
· Requisito esencial
- El amor a la penitencia es una gracia grande, que Dios concede, pero conviene que sea sin la propia voluntad.
- No hagáis la mínima penitencia sin la licencia de vuestro director, de otro modo seréis engañados por el diablo. En el hacer penitencias de propia voluntad os podéis engañar.
- Es necesario temer a la fiera bestia del amor propio, que es un dragón de siete cabezas y se mezcla en todo.
· La mortificación más perfecta es la interna
- Quisiera que vuestros instrumentos fuesen una gran humildad de corazón, una sujeción de obediencia exacta a los superiores y a los inferiores.
- Las mejores penitencias son las que Dios nos manda, más que aquellas que se toman por sí mismo. Tomadlas de buen grado.
- Más agradan al Esposo Divino aquellas virtudes que se ejercitan con el padecer, como la humildad, el amor a la propia abyección, la paciencia etc.
- Recibid las cruces que Dios permite poco a poco.
PRACTICA DE LA MORTIFICACIÓN
· Atended a la mortificación interna
- Negando siempre vuestra voluntad.
- Estando ocultos a todos.
- Padeciendo y callando.
- Mortificando las pasiones, en especial cuando os sentís resentidos.
- Amad al propio desprecio y que ninguno os tenga en cuenta.
- Acomodaos a los otros.
- Tomad lo dulce por amargo y lo amargo por dulce.
- Desprendeos del propio gozar, del propio sentir del propio entender.
· Para la mortificación de los sentidos
- Custodiad los sentidos externos para la mortificación de las pasiones.
- Custodiad los ojos donándolos a María.
- Un verdadero siervo de Dios debe llevar los ojos bajos y no mirar más que el cielo y tanta tierra que baste para ser sepultado.
- Tened los ojos vueltos al corazón.
- Custodiad la lengua
. Estad en silencio.
. No os lamentéis jamás.
. No os justifiquéis.
. Hablad poco, lo puro necesario.
- Custodiad el corazón
. No os resintáis.
. Sed muy amantes de la modestia que tanto complace a Jesús y María.
- Padecer y callar. Esta es la vía corta para ser pronto santos y perfectos.
· Para mortificar la gula
- Quien no mortifica la gula, no puede llegar a mortificar las otras pasiones, ni adquirir las otras virtudes.
2 CASTIDAD
Si “la concupiscencia de la carne” mira en general al amor desorientado a los placeres de los sentidos, en un significado más propio está en indicar las inclinaciones desordenadas a los deleites carnales, a los cuales se renuncia con la virtud de la castidad, que tiene como fin “regular y sublimar todo lo que hay de desordenado en los deleites de la voluptuosidad”.
La castidad, no menos que la mortificación,
de la cual es el fruto más exquisito, es pues,
absolutamente necesaria a un seguidor de Cristo,
para vivir unido a Él, y para gozar de sus especiales preferencias, según está escrito: “quien ama la pureza del corazón tendrá por amigo al rey del cielo”. (Prov. 22,11).
San Pablo de la Cruz nos habla de esta virtud, explicándonos el por qué de las tentaciones a las cuales está expuesta y el modo de alcanzar la victoria.
POR QUE LAS TENTACIONES CONTRA LA CASTIDAD
· Para aprender a humillarnos en todo
- Con las tentaciones impuras, Dios pretende que aprendamos a conocer experimentalmente nuestra nada y a humillarnos en todo, en medio de tantas gracias y misericordias que El nos comunica.
- Dios permite que seáis molestados de los malos pensamientos, para que lleguéis a ser humildes de corazón y no os fiéis de vosotros mismos.”
- Para que reconozcáis que si no os asistiese El, seríais capaces de hacer todo el mal más horrible.
· Para purificarnos cada vez
- Estas batallas sirven para haceros más puros.
- Las tentaciones contra las cuales se combate purifican el alma, como el fuego al oro.
- Recordaos que los lirios llegan a ser más blancos y más perfumados plantados entre las, espinas que en el suelo libre: quiero decir que la santa virginidad se hace más pura, más cándida, y más perfumada delante de Dios entre las espinas de la lucha y de las tentaciones más horribles.
· Para crecer en la virtud
- No os entristezcáis de los asaltos del enemigo y de las tentaciones impuras: son óptimos signos que Dios hace correr vuestra alma a los triunfos del Santo Amor.
- Dios os ama, porque os ama os prueba; pero sabed que en medio de la tempestad de las tentaciones el Buen Dios tiene vuestra alma bien estrechada entre los brazos de su misericordia.
- Después de tales tempestades, la victoria, ¡Oh, qué tesoros de gracia concede el Señor al alma fiel!
- El permite tales batallas para vuestro bien: para coronaros de grande gloria en el cielo.
COMO SUPERARLAS
1. Con la modestia
- La virginidad es una gran joya y se necesita custodiarla con gran celo, temiendo que hasta el aire -diré así- la obscurezca.
- Conservad gran modestia día y noche, tanto en compañía como solos, porque siempre se está en la presencia del Señor.
- Custodiad vuestros afectos y sed muy amantes de la modestia que mucho agrada a Dios.
- Tened el cuerpo discretamente mortificado.
2. Con la custodia de los ojos
- Custodiad con gran celo los ojos: no los pongáis de frente a objetos peligrosos.
- Sed mortificados especialmente en los ojos.
- Huid de todas las ocasiones peligrosas.
- Un verdadero siervo de Dios cuando camina mira solamente tanta tierra cuanta es necesaria para sepultarlo, y va siempre recogido en Dios y en compañía de Jesús.
3. Con la huida del ocio
- No estéis jamás ociosos: trabajad en silencio haciendo de cuenta que tenéis al lado a Jesús
- Custodiad los sentidos exteriores.
4. Con la humildad
- En las tentaciones impuras humillaos ante el Señor, pero con corazón pacífico y manso.
- Venceréis más con humillaros dulcemente ante y Dios, que con poneros a combatir pecho a pecho contra el enemigo.
- No os fiéis de ninguno, y, sobre ‘todo, desconfiad de vosotros mismos.
5. Con no hacerles caso
- En cuanto a los malos pensamientos despreciadlos, no los tengáis en cuenta, humillaos.
- En las batallas contra la castidad no se ven
ce con el huir.
- Os ruego de no hacer caso de los fantasmas impuros, que con modo astuto os suscita el demonio; refugiaos de inmediato en el abismo de la infinita misericordia de Dios.
- Combatid fielmente protestando querer morir antes que consentirlas. Querer primero el infierno mismo que el pecado.
6. No tratando sin necesidad con personas de otro sexo
- No tratéis con personas de otro sexo, sino por alguna necesidad, y entonces hacedlo con cautela, modestia y brevedad.
- En el tratar con personas, también con parientes, por espirituales que sean, se requiere gran cautela, de otro modo se cae en la red.
- No toméis confianza con ninguno, ni aún bajo pretexto de piedad; y notad bien este punto que es muy importante.
- Huid como de la peste de las confidencias con personas de otro sexo, porque os son de gran dificultad: tomad este consejo como el más importante.
7. Conferenciándolas con el confesor
- Conferenciad el estado de las tentaciones con, toda modestia, cautela y brevedad con el confesor, no ya por escrúpulo, sino por humillaros y confundir al demonio, poniendo después en práctica los consejos que él os dará.
8. Recurriendo a Dios y a la Virgen
- En las tempestades de las tentaciones esforzaos en exclamar a Dios, pidiendo socorro, e invocad del mismo modo a María Santísima.
- En cuanto a las tentaciones impuras el alma no se aflige, sino que vuelca dulcemente su mente y su corazón a Jesucristo y a María Santísima.
- En aquellas horribles tentaciones haced vuestro retiro al calvario y escondeos en el costado purísimo de Jesús.
- Tened cerca de vosotros un santísimo crucifijo y escondeos en sus llagas.
- Exclamad al Señor pidiendo su ayuda, y no dejéis nunca la oración y la santa comunión.
3. LA POBREZA
A la segunda cosa que debe renunciar un verdadero seguidor de Cristo es a “la concupiscencia
de los ojos”, es decir, al amor a las riquezas,
al uso de los bienes terrenos que por medio de la
vida nos alucinan y seducen.
La renuncia a estos bienes constituye la virtud de la santa pobreza, la cual es doble:
- Una de precepto, para todos aquellos que quieren salvarse, y consiste en no apegar el corazón a los bienes terrenos, en modo; de poner en ellos su propio fin.
- La otra de consejo, seguida por los religiosos y consiste en renunciar a cualquier derecho o acto de propiedad, obligándose a ello también con voto.
La pobreza tan temida y aborrecida del mundo, es a los ojos de la fe, una virtud de este siglo, y los bienes espirituales, no se pueden adherir a los segundos sino en la medida en que se desprende de los primeros. Ninguno, pues, puede ser verdadero discípulo de Cristo si no renuncia, al menos de corazón y con el afecto, a todo lo que posee.
Sobre el amor y la práctica de la santa pobreza, San Pablo de la Cruz nos dice lo siguiente.
AMAR LA SANTA POBREZA
- Es una joya rica de todo bien
- La pobreza tan aborrecida del mundo es una joya rica de todo bien que os recomiende conservar cada vez más.
- Viviendo en pobreza recibiréis de Dios en el fondo del espíritu inestimables tesoros de gracia, tanto más preciosos cuanto más secretos.
- Dios os quiere en estado de pobreza interior y exterior para haceros ricos en gracias.
- Pobres en esta vida, pero ricos de fe, seréis ricos en lo eterno.
- Cultivad el amor a la santa pobreza.
- Ejercitad la santa pobreza y la desapropiación de todo.
· Es medio eficacísimo de perfección
- La santa pobreza es medio eficacísimo para huir del pecado, y para mantenerse observantes de los divinos preceptos.
- La santa pobreza es muy necesaria para observar los otros consejos evangélicos y mantenerse en el fervor.
- Aceptando vuestra vida pobre y penosa por amor de la Pasión y Muerte del Señor que por amor ha querido hacerse pobre, vosotros haréis cosa grata al Señor y moriréis santamente.
· Signo de predestinación
- La pobreza es una de las más grandes características de la predestinación eterna a la gloria del cielo.
- A aquellos a quienes Dios ha predestinado a ser conforme a su Hijo en la gloria, los quiere primero predestinados a ser conformes a Él en la pobreza.
- Perseverando en el sufrir con resignación las incomodidades de la pobreza, vosotros pasáis de la pobreza temporal a las eternas riquezas en el cielo.
· “Beati pauperes” (Bienaventurados los pobres)
- Gozaos de vuestra pobreza, aceptándola de las manos del Sumo Bien, que os hace saber que esa es una Bienaventuranza: “Beati pauperes”.
- Bienaventurados vosotros si sabéis alegraros de corazón, que la pobreza os haga conformes
a aquel gran Señor, que dice en su Evangelio:
Bienaventurados los pobres porque de ellos es
el Reino de los Cielos.
- Bienaventuradas aquellas almas que se despojan de todo para vestirse de Cristo.
PRACTICAS LA SANTA POBREZA
· Deber especial de los Pasionistas
- Nuestra Congregación está erigida y establecida sobre estrecha y rigurosa pobreza y la profesamos con voto.
- Cuanto más el retiro está fabricado en santa pobreza, tanto más conciliará el santo recogimiento y la edificación a los seglares.
- Quien realiza el ejercicio de las santas misiones si buscase limosnas, el fruto sería del todo desvanecido y la reputación perdida.
- Los superiores sean todo ojos para ver si se observan las reglas en especial la santa pobreza.
· Las incomodidades de la pobreza
- Son regalos que Dios nos comparte, con el fin de que como piedras vivas seáis engastadas profunda y fuertemente en el anillo de oro de la fe y la caridad.
- Aceptadas voluntariamente os acercan al Señor, más que las más ásperas penitencias que se pueden hacer.
- Para sufrirlas con paciencia, acercaos a menudo y devotamente preparados a los Santos Sacramentos y no dejéis jamás la devota meditación de las penas santísimas de nuestro Salvador.
· Cómo la observaba San Pablo de la Cruz
- ¡Oh, cuánto amo esta santa pobreza de Jesucristo!
- Yo sufro por no poder dar socorro a los parientes en sus necesidades, pero Dios lo quiere así porque la rigurosa pobreza profesada me lo impide; y también en esto me complazco en hacer la voluntad de Dios.
· Un modo de faltar a la pobreza
- EI religioso que pidiese alguna cosa a los bienhechores sin licencia de los superiores, violaría el santo voto de pobreza, porque se haría propietario.
4. HUMILDAD
La tercera concupiscencia que después de aquella de la carne y de los ojos, tiene el imperio de este mundo, es la “soberbia de la vida”, o sea, el deseo desordenado de sobresalir sobre los otros, de no querer someterse a ninguna autoridad y de seguir en todo el propio arbitrio,
Es, esta soberbia, uno de los más grandes males del hombre, porque de ella, dice El Espíritu Santo, tiene origen todo pecado (Ecle.10, 15); “Sea directamente, en cuanto los otros pecados están todos ordenados al fin de la soberbia, despreciando la divina ley se abre la vía para cometer los mayores delitos, según lo que está escrito en Jeremías: “despedazaste mi yugo, rompiste mis vínculos; gritaste no serviré”. (Sto. Tom. II, II, q. 162 a.2)
Es por esto que la humildad, en oposición a la soberbia, es la primera y fundamental virtud del cristiano y del religioso.
Para entrar al Reino de los Cielos es necesario hacerse pequeño, porque en la economía del Reino de Dios “quien se exalta será humillado y quien se humilla será exaltado”. (Mt.23f12)
San Pablo de la Cruz nos habla de la naturaleza, necesidad y excelencia de esta virtud.
NATURALEZA DE LA HUMILDAD
· ¿Quién es verdaderamente humilde de corazón?
- Quien se conoce a fondo a sí mismo.
- Quien teme mucho de sí mismo y se fía de Dios.
- Quien se aniquila y se abisma en la nada, lo cual se necesita hacer con dos miradas de fe una a la inmensa Majestad de Dios y otra a nuestra horrible nada.
- Quien hace las partes justas: tened lo vuestro, que es la horrible nada, capaz de todos los males: nada tener, nada poder, nada saber; dejad a Dios lo suyo, porque todo el Bien es El.
- Quien conoce su nada y está en ella, conoce la verdad: Esta es la verdadera ciencia de los santos.
· Grados de humildad
- Obrar como santo y tenerse por pecador, imperfecto y malo, es indicio que comienza a tomar posesión de nuestro corazón la verdadera humildad.
- Hacer bien y reconocer que no se hace nada de bueno es uno de los primeros grados.
- Dije a mi Jesús que me enseñase cuál grado de humildad lo complacía más, y oí decirme al
corazón: cuando tú te lances en espíritu bajo los pies de todas las criaturas, y hasta bajo los pies de los demonios, esto es lo que más me agrada.
· Signos de poca humildad
- Yo observo en vosotros mucho amor propio y poca humildad, porque si se os niega alguna cosa no os aquietáis sino que os turbáis y caéis en frenesí.
- Se refunfuña, se multiplican palabras y lamentos bajo especie de humildad y no conocéis que todo esto nace de la poca humildad y del amor.
- Está bien tener mal concepto de sí mismo interiormente, pero exteriormente no es necesario decirlo. No se debe hablar ni bien ni mal de sí mismo, sino estar como muertos y sepultados.
- De sí y de los parientes es mejor callar, y si os es necesario, se debe hablar con, sentido bajo y humilde.
SU NECESIDAD Y EXCELENCIA
· Humildad ante todo y siempre
- Todo vuestro estudio sea el conocimiento de vuestra propia nada y del verdadero Todo que es Dios. La propia horrible nada no se debe jamás perder de vista durante la vida.
- Jesús nos dice que aprendamos de Él que es manso y humilde de corazón. iOh, cuanto os recomiendo esta humildad de corazón!
- Humillaos a todos por amor de Dios.
- La infinita bondad de Nuestro Dulcísimo Jesús nos acreciente siempre más esta gema del paraíso.
· Dios ama a los humildes
- Los corazones humildes son la delicia de Dios.
- La joya más querida de Dios es la humildad verdadera. No hay cosa que más le agrade que el aniquilarse y abismarse en la nada.
- Dios se complace en aquellos que se hacen pequeños y llegan a ser pequeños como los niños.
- Recordad que sólo las almas humildes, ocultas y desnudas de sí mismas son las que agradan a Dios.
· La humildad hace huir al demonio
- El aniquilarse y abismarse en la nada asusta al demonio y lo hace huir, desconfiado de sí y temeroso.
- El alma que se humilla hasta bajo el infierno, hace temblar al demonio y lo confunde.
· La humildad nos hace salir victoriosos en las batallas espirituales
- Para prepararse a las batallas espirituales y estar armados de la armadura de Dios, no hay medio más eficaz que el aniquilarse y anonadarse delante de Dios.
- Lanzad vuestra nada en aquel verdadero todo que es Dios, y con alta confianza combatid como valerosos guerreros estando ciertísimos de salir victoriosos.
- Humildad, conocimiento y odio a sí mismo, son las cartas divinas que hacen ganar el juego.
· La humildad es motivo de seguridad
- Quien es humilde no será engañado.
- El mundo está lleno de redes, solamente los, verdaderos humildes no tropiezan.
- El modo de huir de los engaños es humillarse mucho y no fiarse de sí.
· La humildad es fundamento de perfección
- La verdadera humildad de corazón es la piedra fundamental del edificio espiritual.
- El conocimiento de sí mismo, de las propias miserias y del propio ser Nada, nada poder, nada saber, nada tener, es el fundamento sobre el cual se debe levantar la fábrica de todas las virtudes y de la perfección.
- Quien conoce su nada se dispone más pronto a ser santo.
- Estudiad en el libro de vuestra verdadera nada para arraigaros bien en el conocimiento propio que en tal forma os haréis santos.
· humildad es cadena de oro de todas las virtudes
- El amor al propio desprecio y el conocimiento profundo y veraz de la propia nada es la piedra fundamental de todas las virtudes y trae consigo el ejercicio de éstas.
- Santo Tomás dice que la humildad es el fundamento de la misma fe, porque quien no es humilde vacila y pierde La fe.
- Del conocimiento de la propia horriblísima nada nace el:
o Tener buen concepto de todos, fuera de sí mismo.
o El honrar a todos.
o El obedecer a todos como si fuesen superiores.
o El despreciarse a sí mismo y tener gusto en ser despreciado por los demás.
- Quien está en este anonadamiento en verdad no finge, es como un árbol plantado cerca al agua, que da fruto en todo tiempo.
· Escuela de sabiduría celestial
- Si fuerais bien humildes, escondidos a las criaturas y bien fundados en vuestra verdadera nada, os sería enseñada por el Divino Maestro, en la escuela interior, la verdadera ciencia de los santos.
- Dios enseña a los pequeños sus maravillas, y las esconde a los grandes y sabios del mundo.
- El Padre Celestial se revela a los humildes de corazón, y les habla palabras de vida eterna.
- Quien estudia la ciencia de la nada aprende a conocer el verdadero Todo que es Dios.
· Disposición para hacer cosas grandes
- Es habitual en Nuestro Buen Dios servirse de gente que está arrojada en la nada, para obras
de su inmensa gloria y está envilecida y despreciada por el siglo.
- Quien sea más pequeño será más grande. Hagámonos pequeños y Dios nos hará grandes.
- Siempre os haréis más capaces del ministerio apostólico, si fueseis fieles en conservaros en verdadera humildad de corazón, con el conocimiento de nuestra nada y Dios elaborará de esta nada las obras de su mayor gloria.
- De aquellos que quieren ser cualquier cosa, Dios no quiere saber nada.
· Medio para obtener todo de Dios
- Cuando vosotros seáis humildes y estéis en vuestra nada, Dios dará todo Bien. .
- Quien sea más aniquilado, será más enriquecido y más seguro tendrá el ingreso en; aquel secreto gabinete donde el alma trata de solo a solo con el Esposo Divino.
- Después que seáis aniquilados, despreciados y abismados en la nada, pedid a Jesús el entrar en su Divino Corazón y lo obtendréis de inmediato.
5 OBEDIENCIA
Observa Santo Tomás que como la soberbia dice defecto de sujeción, así la humildad incluye necesariamente la sumisión del hombre a Dios y a sus representantes, en lo que consiste la virtud de la obediencia.
También San Bernardo afirma que de la esencia de la humildad está toda en sujetar la propia voluntad a la de Dios.
Y San Agustín escribe:”El soberbio hace su voluntad, el humilde hace la voluntad de Dios”.
Para negarnos a nosotros mismos y renunciar perfectamente a la soberbia de la vida, debemos, a una con la humildad, practicar la obediencia, procurando con toda diligencia vivir sujetos a toda criatura por amor de Dios.
De esta obediencia que constituye para el religioso el principal de sus deberes en fuerza también del voto que emite en la profesión, San Pablo de la Cruz expone los aprecios y da útiles normas para su práctica.
MÉRITOS DE LA OBEDIENCIA
· La obediencia es virtud querida por Dios
- Enamoraos de la Santa obediencia.
- Dios oye favorablemente la oración de los obedientes y bendice abundantemente lo que se hace por obediencia.
- Para dar gusto a Dios debéis someteros a cualquier oficio impuesto por obediencia.
· Da perfecta seguridad
- Quien vive bajo la obediencia vive seguro de no errar.
- Las almas obedientes no serán engañadas.
- Quien quiere caminar bien y sin engaño debe imitar a Cristo que se hace obediente hasta la muerte de cruz.
- Obediencia, obediencia sin réplicas: este es el único fármaco y único remedio contra los escrúpulos.
· Es prenda de victoria
- Si sois siempre obedientes cantaréis las victorias.
- Agradeced al Señor por las ocasiones que os da para obedecer.
· Aporta quietud y paz de conciencia
- Si fuerais perfectamente obedientes seríais también mansos y pacíficos.
- Ofreced a menudo vuestra voluntad a Dios y sentiréis sumo contento.
- Obedeced, obedeced sin réplicas, de otra manera estáis acabados, sin más perderéis la paz.
· Para acertar en todas las cosas
- La virtud y la fuerza de la obediencia hacen alcanzar todo bien.
- Tened muy en cuenta la obediencia, sin la cual nada se hace de bueno.
- Cualquier oficio que viene dado por obediencia es siempre el mejor. Todas vuestras obras serán santificadas.
· Es medio seguro para hacerse santos
- La obediencia es la piedra angular de todo el edificio espiritual.
- Si tenéis suma reverencia por vuestros superiores y los obedecéis sin réplica como lugartenientes de Dios, haréis grandes vuelos a la santa perfección.
- EL verdadero obediente es santo.
· Libra del infierno
- En el infierno hay almas que han hecho ayuno y penitencia; pero como no fueron obedientes en nada agradaron a Dios, y ahora arden en el fuego.
- Pasead igualmente por aquellos pasillos de muerte cuando queráis: de obedientes no encontraréis ninguno.
PRACTICA DE LA OBEDIENCIA
· Desear obedecer
- Estad sedientos que os sea rota la propia voluntad, como el siervo de la fuente.
- Tened en gran estima que os sean rotos todos vuestros proyectos, así sean buenos.
- Os parezca perdido aquel día en el cual no rompéis vuestra voluntad, y no la sujetáis a otro.
· Mirar a Dios en los superiores
- Recordaos que los superiores ocupan el lugar de Dios, son para el religioso los intérpretes de la divina voluntad; en sus determinaciones se conoce la voluntad de Dios, que debe ser regla de nuestro obrar.
· Obedecer y callar
- Para complacer a Dios es necesario someterse a todos los empleos impuestos por obediencia y ejercerlos sin quejas y en silencio.
- Jesús obedece y calla, no se lamenta jamás; pues, aprended a padecer y callar y a obedecer en silencio.
· Con plena indiferencia de voluntad
- Quien vive bajo la obediencia vive quieto, pronto a obrar, estar, ir, callar, etc. Como Dios, por medio de los superiores, disponga poco a poco.
- Daos totalmente a las manos de los superiores, que puedan hacer de vosotros todo aquello que quieran, todo cuanto no se oponga a la divina ley -quo absit- y las Reglas y Constituciones.
- Nuestro dulcísimo Jesús se dejaba vestir y desvestir de los ministros de la muerte; ora lo ataban, ora lo desataban, ora lo empujaban de aquí, ora de allá y en todo se sometía el mansísimo cordero Divino. Oh, dulcísima docilidad de Jesús.
· Con perfecta indiferencia de juicio; a la ciega
- Obedeced a la ciega; quiero decir, sin discurrir sobre lo que se os manda.
- Renunciad a todo vuestro entendimiento y saber, dándoos como muertos a vuestros superiores.
-Vosotros sabéis que Jesucristo se ha hecho obediente hasta la muerte: por consiguiente también vosotros debéis dar muerte a vosotros mismos enterrando el propio parecer y entendimiento.
- Afortunada aquella alma que se desprende del propio gozar, del propio sentimiento y del propio entendimiento.
· Con amor
- Obedeced con amor y reverencia, en verdadera
y santa caridad.
6 SOLEDAD
Porque “todo lo que está en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida” (I Jn 2,16), Es claro que para renegar a estas viciosas tendencias, es necesario renunciar al mundo, hasta poder decir con el apóstol: “EI mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”. (Ga 4»14).
Dice Cristo a los apóstoles y lo mismo repite a todos los que quieren ser sus seguidores: “Vosotros no sois del mundo”. (Jn 15»19) Por eso los santos odiaron al mundo y lo tuvieron por abominable; y cuando el deber no se lo impedía amaban retirarse a la soledad, como el lugar más adaptado para tratar con Dios, y hacer progreso en la virtud.
Entre los santos que más amaron la soledad uno fue San Pablo de la Cruz, el cual desde la juventud “huyendo al mundo, en la soledad pone su morada y allí como en una espiritual palestra, se adiestró a los más altos vuelos del espíritu, bajo los suaves impulsos de la gracia”. (In Offic. San Pablo de la Cruz).
IMPORTANCIA DE LA SOLEDAD
· Daños que provienen de tratar mucho con el Mundo.
- Quien trata a menudo con los hombres se hace cada vez menos hombre.
- El trato no necesario y superfluo con los seglares es peste de la devoción.
- Estaos solitarios lo más que podáis también corporalmente, con el fin de que las criaturas no os roben el recogimiento.
- Tratad poco con los hombres, por santos que sean, pero tratad mucho tiempo con Dios.
- El coro y la celda son el paraíso terrestre de los verdaderos siervos de Dios.
· En la soledad Dios habla al corazón
- Huid del trato con la gente, con excepción de lo puro necesario, así Dios os hablará al corazón.
- Dios os quiere en el desierto de la más profunda soledad, para hablaros palabras de vida y enseñaros la ciencia de los santos.
- Estaos solitarios en el templo interior del alma y aprenderéis grandes cosas.
· Flores y frutos de la soledad
- Jesús os ha preparado infinitos tesoros de gracia y de bendiciones, si sois fieles en huir del ambiente del siglo para retiraros a la santa soledad.
- La soledad genera recogimiento, humildad, silencio, paciencia, caridad, etc., y es necesaria para manteneros en fervor de la oración; en ella reposa el espíritu a los pies de Jesús Crucificado, se restaura y se reconforta de las debilidades, de las distracciones y fatigas en favor del prójimo.
· El tesoro de la soledad interna
- Es buena la soledad del cuerpo, pero mi gloria es la soledad de la mente; el sagrado desierto interior en el cual el alma se abisma toda en Dios.
- Sin la soledad interna, joya de inestimable valor, en nada aprovecharía la soledad de los desiertos de Nitria y Tebaida.
- Sed habitadores del interior de vuestro espíritu, bien encerrados en este sagrado desierto.
- Es voluntad de Dios que cultivéis con el recogimiento interno la más profunda soledad del espíritu, que en sí encierra un gran tesoro de bienes. En ella, el alma está abstraída de todo lo temporal, perdida toda en el Infinito y Eterno Bien.
· Para los religiosos pasionistas
- Nuestra Congregación está toda fundada en verdadera soledad y si esta se echa por tierra, está totalmente destruido el edificio porque queda totalmente fuera de la vocación que Dios me ha dado.
- Hacen gran fruto en el pueblo los operarios, que salen de la soledad para encender el corazón de los cristianos con el fuego de la santa predicación.
- Hace más fruto un operario evangélico que
sea hombre de oración, amigo de la soledad
y desprendido de toda cosa creada que otros
mil que no son tales.
· Normas para la soledad interna
- Cómo entrar:
o Con la fe y con el amor
o Por la puerta que es Jesucristo, en su Santísima Pasión.
o Por sus llagas que son nuestra vida, y son la divina puerta.
- Cómo hacerle morada; Entraos en el sagrado
desierto interior y cerrad las puertas a toda cosa creada:
o Dejando reposar vuestro espíritu en el seno de Dios.
o Estad solitarios dentro de vosotros mismos.
o Reposaos con viva fe y santo amor.
o Huid del ocio.
o Estad cada vez más en soledad de fe y amor en sagrado silencio.
o Abismaos todos: amad y padeced, padeced y amad.
- El alma reposa, pierde de vista lo temporal y se abisma en Dios, al cual adora en espíritu y en verdad.
- Con la vista en la propia nada, uniendo la acción y la oración, entreteneos de solo a solo con Dios en la celda de vuestro corazón.
- Estad como niños en este desierto interior.
· Para esta soledad no existen dificultades
- Las ocupaciones no impiden la soledad interna, antes bien, la ayudan.
- Con la soledad interna se está siempre en el sagrado desierto, aún en medio de los tumultos de los pueblos y en medio de las gentes.
- Tened siempre esta soledad en el trabajo y en los quehaceres de la casa.
- No perdáis jamás esta santa soledad interna, donde quiera que os encontréis.
- Cuando os distraigan las ocupaciones reavivad la fe reconcentrándoos pacíficamente en Dios.
7. SILENCIO
Inseparable compañero de la soledad es el silencio, necesario por eso a un seguidor de Cristo para vivir separado del mundo y hacer progresos en la virtud.
“El mucho hablar no está sin pecado, dice el espíritu Santo”. (Prov. 10,19).
“Quien a su vez custodia su lengua, custodia su alma”. (Prov.13, 3)
El silencio de hecho tiene alejadas las faltas:
o Facilita la práctica de las virtudes.
o Favorece el recogimiento y la vida interior.
o Es coeficiente necesario para mantener una comunidad religiosa en la observancia y en el fervor.
San Pablo de la Cruz insiste mucho en sus cartas sobre la observancia del silencio, declarando por qué y cómo se debe observar.
POR QUE SE DEBE OBSERVAR
· Para mejor tratar con Dios
- Amad el silencio, el alejamiento de todo, huyendo en lo posible de las ocasiones de hablar, para:
o tratar día y noche con Dios.
o Recibir el don de la oración.
o Facilitar el recogimiento y la oración.
- EL barro calla siempre, así el ollero haga un vaso de honor o un vaso de ignominia; así lo rompa y tire los pedazos o lo ponga en una regia galería. Tened en la mente esta doctrina y practicadla.
- Os recomiendo mucho el sagrado silencio, tan inculcado por los santos.
· Para llevar una vida inmaculada
- Estad cada vez más en silencio.
- Gran punto de perfección es el saber callar.
- Sé que los habladores son la ruina de los conventos.
· Para custodiar el tesoro de las santas virtudes
- El silencio es la llave de oro que custodia fielmente y conserva con gran cautela y celo el tesoro de las santas virtudes, teniéndolo bien cerrado
COMO Y CUANDO SE DEBE OBSERVAR
· En medio de los padecimientos
- Quien está en la tempestad de un gran sufrimiento, debe custodiar el gran tesoro bajo la llave de oro del silencio.
- Quien está en el mar tempestuoso de los padecimientos no debe lamentarse, ni con el prójimo, ni consigo mismo, ni con Dios.
- Dios creó a los peces mudos, porque deben estar entre las olas del mar, para enseñarnos que quien navega entre las tempestades del mundo, debe estar mudo, sin lengua, para no lamentarse, ni resentirse, ni justificarse.
- Lo mejor es trabajar, padecer y callar: cuando vengan las tempestades de trabajos .entre más se escondan mejor es.
- Silencio interno y externo: interno haciendo callar las rebeliones de la naturaleza; externo con el no abrir la boca para lamentarse.
- Padeced en silencio, negando siempre vuestra voluntad, es una de las gracias más grandes que Dios hace al alma.
- ¿Por qué tanta oleadas? Ella está rica y no lo sabe… Amar y padecer en verdadero silencio interno y externo, en pura fe y santo amor, es un pescar las verdaderas perlas de las virtudes en el gran mar de la Santísima vida y Pasión de Jesús, nuestra verdadera vida.
- Recordad que el dulce Jesús en medio de sus más amargas penas, callaba. ¡Oh!, sacrosanto silencio, rico de aquella paciencia, custodio fiel del tesoro de las virtudes.
· Cuando se despiertan las pasiones
- Cuando las pasiones se despiertan, especialmente la cólera, es tiempo de estar callados; no habléis, estad en silencio, y dentro de vosotros mismos pedid al Señor que os socorra. Si tenéis que hablar, hacedlo con voz baja y baja mansedumbre, lo que conviene hacer siempre, pero especialmente cuando hierve el caldero de la cólera es: callar, callar.
- Cuando seáis contrariados y cuando las criaturas procuren inquietaros, estad callados.
- Cuando sintáis las pasiones en batalla y enfado, entonces es tiempo de callar, de otro modo se cometen muchos errores.
- Con el hablar y responder cuando uno está exacerbado se hace peor.
- El silencio es el cuchillo de oro que mata la pasión.
· El silencio es necesario en las contradicciones, en las calumnias y en los reproches.
- Callad cuando os sentís chillar: callad con todos.
-La vía más corta para responder a aquellos que os desprecian y os inquietan es con un dulce y modesto silencio.
- El silencio, la desenvoltura y el hacer de cuenta que no se siente nada, hace cerrar la boca a los ociosos.
- En las burlas estad callados y con buen semblante, mostrando agradecerlas por amor de Dios.
- La vía más segura es callar, a ejemplo de Jesucristo que maltratado, vilipendiado, blasfemado, calumniado, callaba.
- No lamentarse, ni resentirse, ni justificarse; sino a ejemplo de Jesucristo: estarse en un paciente, dulce y pacífico silencio.
· Cuando y como es necesario hablar
- Hablad cuando lo requiere la gloria de Dios y la caridad hacia el prójimo.
- Cómo hablar:
o Siendo cautos y prudentes con las palabras.
o Con la mente en Dios en santo silencio.
o Poco, bien y con mansedumbre.
o A su tiempo, con dulzura y modestia.
o Cuidándose de palabras incautas, punzantes y mortificantes.
- Cuando seáis interrogados responded con dulzura y buena gracia.
- No seáis fingidores en las expresiones y conveniencias sino caritativos.
- En las recreaciones, con frecuencia, se pierde lo adquirido en la oración.
III. LLEVAR LA PROPIA CRUZ
Llevar la cruz es la segunda cosa que Jesús pide a todos aquellos que quieren seguirlo:
“Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz…” (Lc.9, 23ss)
Para vivir unido a Dios, Santidad por esencia, debemos no sólo huir de los pecados graves, re-negándonos a nosotros mismos y sujetando a la ley del espíritu las pasiones del sentido y del orgullo, sino que debemos también evitar todos aquellos defectos e imperfecciones que si no destruyen la caridad, la enfrían y ofuscan el esplendor.
Ahora porque nuestra alma, dominada como está del amor propio, o no conoce estos defectos o no tiene fuerza para liberarse de ellos, “He aquí la mano amorosa del gran Padre, el cual con látigo rico de amor, la golpea, para desprenderla totalmente de las criaturas y hacerla alcanzar la unión con el Sumo Bien”.
“Así aquello que falta a nuestra acción viene suplido por las penas y por los padecimientos que el Señor nos manda”; penas y padecimientos que forman la “purificación pasiva” del alma y constituyen la Cruz que debe llevar cada seguidor de Cristo.
Llevar de hecho la cruz, según San Agustín, no significa otra cosa que soportar con paciencia
toda tribulación y trabajo.
La cruz que todos más o menos, somos llamados a llevar son principalmente:
o Las enfermedades.
o Las tentaciones.
o Las tribulaciones exteriores.
o Las penas interiores del espíritu.
“Para cada una de ellas, San Pablo de la Cruz nos da sus enseñanzas; debemos aprender de él por qué y cómo debemos llevar la cruz.
Los seguidores del mundo odian y huyen de la cruz, pero los seguidores de Cristo la aman y la buscan porque saben que “todo está en la cruz, y todo consiste en el morir. En la cruz esta la salvación, en la cruz la defensa del enemigo, en la cruz la alegría del espíritu, en la cruz la perfección de la santidad. No hay salud para el alma ni esperanza de vida eterna sino en la cruz. Tomad, pues, la cruz y seguid a Jesús”. (Imitación de Cristo L.II. C.2)
1. POR QUE Y COMO DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ
Son muchas las almas que quieren seguir a Jesús, pero pocas aquellas que quieren llevar la cruz con El.
Jesús, ahora, .dice la Imitación de Cristo tiene muchos que aman su reino Celeste, pero pocos que aman su cruz. Tiene muchos que desean consolaciones, pero pocos que desean tribulaciones. Todos desean gozar con El, pero pocos desean padecer con El
Sin embargo, padecer con Jesús, llevar con El la cruz, y llevarla como El la llevó, es absolutamente necesario para ser sus discípulos, y tener parte con EL en la gloria del cielo. No será glorificado sino quien haya padecido con Cristo y con El haya llevado la cruz: “Y si somos hijos, somos también herederos. Nuestra será la herencia de Dios y la compartiremos con Cristo; pues si ahora sufrimos con El, con El seremos glorificados”. (Rm 8,17).
Pablo de la Cruz nos, recuerda por qué y
cómo, debemos llevar la cruz.
POR QUE DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ
· Para asemejarnos a Jesús
- Cuanto más padezcáis tanto más os asemejaréis a Jesús, en toda su vida que fue toda una cruz y no hizo otra cosa que padecer.
- Dios, sobre esta tierra, paga a sus siervos con aquella misma moneda con la cual pagó al Santo de los Santos: Jesucristo.
- ¿Qué quiere decir Siervo de Dios? Quiere decir ser crucificado con Cristo.
- Dios os ama como a hijos, porque os favorece de continuo con nuevas cruces.
- Es muy necesario bendecir y agradecer al Señor que os hace caminar por La vía de la Santa Cruz por la cual caminó su Divino Hijo.
- Afortunadísimas almas que van por la vía del calvario siguiendo a nuestro querido Redentor.
- La cruz es el más grande don que Dios hace a sus siervos.
· Para hacernos santos
- Cuanto más uno aprovecha en el servicio de Dios tanto más crece el padecer.
- Esta fue la vida de Cristo, y esta es la vida de sus verdaderos siervos. Abrazad con buen corazón la santa cruz.
- Quien quiere servir a Dios a lo grande, necesita padecer pruebas y trabajos grandes.
- Las cruces:
o Mantienen el alma en humildad.
o Hacen que se tenga más recurso a Dios.
o Hacen ejercitar las más bellas virtudes.
- Cuando la cruz es más aflictiva y penetrante, es MEJOR; cuando el padecer es más privado de consuelo, ES MAS PURO; cuando las criaturas nos son más contrarias, NOS ACERCAMOS MAS AL CREADOR.
- Reposad sobre la cruz de Jesús y será santos, pero de la santidad secreta de la cruz. Abrazad la cruz, donde solamente están los verdaderos tesoros. Quien supiese el gran tesoro que es el padecer no desearía más que cruces.
- Porque vuestra alma es muy querida por Dios por eso os hace pasar por la vía regia de la Santa Cruz.
- Gran tesoro encierra el desnudo padecer sin consuelo ni del cielo ni de la tierra. Tenedlo en gran estima y sed agradecidos al Señor ofreciéndoos a menudo como víctimas a su Divina Majestad sobre el altar de la cruz.
- Estar con Jesús en la cruz es la vía más corta para llegar a la feliz suerte de morir a lo creado para vivir purísimamente en Dios.
-La cruz es el estandarte de los verdaderos siervos de Dios.
· Para gozar de tranquilidad y paz sobre esta tierra
- Entre menos consolaciones tengáis de las criaturas más tendréis del Creador.
- Bienaventurados aquellos que llegan al puro padecer sin consuelo y persisten en servir a Dios. Estos son los siervos fieles que entrarán en el gozo del Divino Padre.
- Qué bello es padecer con Jesús. iQuisiera tener un corazón de serafín para explicar las ansias amorosas! (de padecer) que prueban los verdaderos amigos del crucifijo.
- Las almas devotas no deben buscar otra consolación que el Salvador y su santa cruz.
- Felices aquellos que están de buena gana crucificados con Cristo.
· Para ir al Paraíso
- Al paraíso se va con la cruz.
- Si aquí son cruces, después serán coronas en el paraíso.
- Teniéndoos pegados al leño de la santa cruz no naufragaréis sino que llegaréis al puerto de la salud.
- La merced que Dios da a sus siervos aquí abajo, son cruces, angustias y trabajos para haceros semejantes a su divino Hijo crucificado y colocaros después en la galería del cielo donde no habrá más llanto ni dolor sino alegría y gozo.
- Aquellos que padecen cruces por amar de Dios ayudan a Jesús a llevar la cruz y serán participes de su gloria en el cielo.
- Breve y momentáneo es aquí el padecer, pero eterno será el gozar. Agradeced a Dios y sufrid con paciencia.
LAS CRUCES NO FALTARAN JAMAS
- Es preciso llevar la cruz cada día. Aquí no hay otra vía, como dice Jesús en el Evangelio.
- Huyendo de una cruz se encontrarán diez.
- El alma es un grano que Dios siembra en este gran campo que es la Iglesia y para dar fruto es necesario que muera a fuerza de penas, dolores y persecuciones.
- Jesús que os ama tanto no os quiere sin la cruz.
- Donde quiera que estéis llevaréis con vosotros vuestra cruz, la cual sigue a los siervos de Dios a donde quiera que van o están.
COMO DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ
· En silencio y esperanza
- Sed fieles en llevar vuestra cruz con paciencia.
- La virtud de Jesucristo es padecer y callar.
- El alma devota no busca otro consuelo que el de la santa cruz. Estaos a la buena bajo ella, sin tantas reflexiones e inútiles sutilezas.
- El padecer es un bálsamo tan precioso y espiritual, que si no se tapa y se cierra bien el vaso con el sello de la verdadera humildad, silencio de fe y caridad, se evapora de inmediato y se va al aire por el canal de la vanagloria.
- Animaos, todo pasará, y en el cielo estaremos contentos para siempre.
· Con paz y resignación
- Reposad en paz sobre la cruz, con quietud de espíritu como niños en los brazos de Jesús Crucificado y de su Divina Misericordia.
- Estad abrazados a la santa cruz recibiendo todos los trabajos de la mano amorosa de Dios y diciendo a menudo: Señor, hágase siempre vuestra santísima voluntad.
- El pobre Pablo está siempre abrazado y asido a la cruz del querido Jesús.
- Llevando la cruz con tranquilidad se encuentra la verdadera paz.
- El mérito y la perfección consisten en llevar la cruz que Dios quiere, no aquella que quisiéramos nosotros.
- Afligido pero quieto -amargado y siempre alegre ciego al parecer mío- así me quiere Dios.
- Sea siempre bendito nuestro Dios que nos hace partícipes de su cruz.
· Con amor y con alegría
- Estad contentos en la cruz con Jesús.
- Gozo que Dios os descubra su cruz y os la haga amar.
- Estad en la cruz:
o En alto reposo y alegría de espíritu.
o Como víctimas de amor todos unidos a Jesús.
- Bebed alegremente el cáliz del Salvador. Sean bienvenidos los padecimientos, los trabajos, las cruces.
- Abandonaos y gozad de hacerle compañía con vuestro padecer.
- Padeced y callad y cantad en el espíritu.
- No debemos gloriarnos en otra cosa que no sea la cruz de Nuestro Señor Jesucristo.
- Las cruces de mi Jesús son las joyas de mi corazón.
- ¡Oh, querida cruz!, ¡Oh, Santa Cruz! árbol de vida del cual pende la eterna vida. Yo te saludo, yo te abrazo y te estrecho contra mi pecho.
2. LA CRUZ DE LAS ENFERMEDADES
Dice el sabio que el hombre fue creado para la inmortalidad; pero por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo y con ella todo el conjunto de mates que son la preparación y la condición indispensable.
Así la vida presente no es más que un continuo sucederse de males y sufrimientos, o como la llama justamente San Gregorio: UNA ESPECIE DE MUERTE PROLONGADA.
Pero el Señor que suele sacar el bien del
mal y ordena toda cosa para nuestro mayor provecho espiritual, providencialmente tiene dispuesto que estas enfermedades, con todo que dando una pena dolorosa, fuesen medios de perfección y de santidad.
“La enfermedad, dice San Francisco de Sales, es una óptima escuela de misericordia, para aquellos que asisten a los enfermos y de amorosa resignación para aquellos que la soportan; porque mientras los unos estén a los pies de la cruz, como la Virgen y San Juan a los cuales se proponen imitar; los otros están en cruz como Nuestro Señor, cuya pasión procuran, cuanto más pueden, imitar”.
Cuando viene la enfermedad, pues, dice el mismo santo, es la cruz de Cristo que viene: abrazadla, pues, tenedla en gran estima por amor de aquel que os la manda.
En las enseñanzas de San Pablo de la Cruz tenemos claros motivos para apreciar las enfermedades y para hacerlas meritorias.
· Las enfermedades son tesoros y gracias del señor
- Las fiebres continuas acompañadas de incomodidades, las indisposiciones y las enfermedades, inestimables y joyas preciosísimas con las cuales el Señor enriquece vuestra lama.
- Las enfermedades largas son unas de las más grandes que Dios hace a sus almas más queridas.
- Los dolores de huesos y nervios es necesario quererlos.
- Las enfermedades son el sello con el cual Dios contraseña a las almas elegidas.
-Santidad y salud no son ordinariamente buenas compañeras.
- siento que vuestra salud se vaya cada vez más; pero creedme que yo no he conocido jamás almas que de propósito atiendan a la perfección y a la oración en perfecta salud.
· Óptima palestra de virtud
- La misericordia de Dios os visita con dolores, enfermedades y otros trabajos que son gracias con las cuales regala a las almas santas:
o Para poneros a prueba cada vez más y purificaros el espíritu.
o Para que os desprendáis de todo lo
creado y os apeguéis a las cosas del cielo.
o Para haceros descubrir quiénes sois.
- En las enfermedades se conoce quien es paciente, humilde y mortificado.
- Las enfermedades son ocasión para ejercitar la virtud:
o En el amor a la propia abyección
o En la gratitud y la dulzura a quien nos sirve
o En la obediencia ciega al médico y a los enfermeros.
- Estad sobre el lecho como sobre la cruz del
Redentor.
- Las enfermedades nos hacen más queridos de Dios que todas las penitencias voluntarias porque en esto no hay nada nuestro.
- El tiempo de las enfermedades es el más oportuno para mostrar una verdadera fidelidad al esposo celestial.
· Medios para unirnos más a Dios
- Las enfermedades son un precioso trabajo que no disminuyen la unión con Dios t antes la acrecientan.
- Cuando el cuerpo está abatido y mortificado, el espíritu está más apto para volar a Dios. .
- Así como las indisposiciones y fiebres debilitan el cuerpo, así adelgazan el espíritu para que con las alas de la fe y del amor se disponga a volar altamente al seno del Divino Padre.
COMO HACERLAS MERITORIAS
· Aceptarlas con paciencia» resignación y alegría
- Aceptad con resignación todos los padecimientos de fiebres y otras incomodidades que Dios os manda para haceros santos.
- Estad sobre la cruz de vuestras preciosas enfermedades con silenciosa paciencia y dulce
mansedumbre, y no dejéis salir de la boca palabras de lamento.
- Gozad en Dios de vuestras indisposiciones y sed tan indiferentes a la enfermedad como a la salud porque así agradaréis al Sumo Bien.
- En las enfermedades es necesario amar y adorar la santísima voluntad de Dios, produciendo frecuentes actos de amor y de adoración, teniendo el corazón en tranquilidad, parar cualquier evento que pueda suceder; este es e el mejor remedio en las indisposiciones corporales.
- Si toleráis con paciencia y resignación vuestras indisposiciones en silencio de fe y amor, os enriqueceréis de tesoros y de méritos en Dios Bendito.
· Ejercitar la obediencia y la dulzura
- En los males corporales decid simplemente vuestras indisposiciones con términos modestos, claros y con brevedad y después abandonaos en todo a la obediencia.
- Tomad los medicamentos en el cáliz amoroso de Jesús, sufriendo todo por amor de Dios en unión a cuanto sufrió por nosotros Jesucristo, nuestro verdadero Bien y Divino Ejemplo.
- Estad sobre el lecho de vuestra enfermedad
como niños que duermen sobre el pecho del
Divino Jesús, y allí bebed en aquella fuente de
vida eterna.
- El enfermo estese retirado en el corazón purísimo de Jesús que allí encontrará consuelo.
- Dios os quiere así indispuestos porque os quiere del todo para sí.
· No dejar jamás la oración
- Si os ocurriese estar enfermos a abatidos y faltos de fuerzas, no dejéis jamás vuestra oración, o sea aquella dulce atención amorosa, con viva fe en Dios reposando en paz y amando a Dios.
- En las enfermedades estad en vuestro lecho como sobre la cruz. Jesús oró tres horas sobre la cruz y fue una oración verdaderamente crucificada, sin consuelo ni de dentro ni de fuera. ¡Oh, qué gran enseñanza!
3. LA CRUZ DE LAS TENTACIONES
Se imaginan algunos que la vida de las almas que quieren ser todas de Dios, sea una ascensión blanda, dulce, sin luchas ni choques, a lo largo de un sendero amenísimo enmarcado de flores perfumadas. Pero el Espíritu Santo nos advierte que no es así: “Hijo, en el darte al servicio de Dios, humilla tu corazón y prepara tu alma para la tentación. (Ecl 2,1).
Pero, dirá alguno, ¿no es la tentación un mal?
¿Cómo puede ser la recompensa de quien no busca otra cosa que al Señor?
Tentar, dice Santo Tomás, es hacer experimento de alguno. De aquí una dobla tentación: una “ad probandum”, la cual viene directamente de Dios; la otra, “ad seducendum”, que tiene por autor al demonio, el cual para alcanzar más fácilmente su fin, se sirve como de potentes auxiliares del mundo, y de nuestra concupiscencia.
Pero todas las tentaciones, no excluidas aquellas que el enemigo infernal trama para nuestro daño, son permitidas por la Divina Providencia y orientadas a nuestro mayor bien espiritual y a nuestra santificación “porque Dios es fiel y no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas, sino que nos da con la tentación la ayuda con el fin de que podamos resistirla y permanecer victoriosos”. (Conf. 1Cor.1O, 13).
San Pablo de la Cruz nos enseña para qué sirven, según los divinos designios, las tentaciones, y qué cosa debemos hacer para permanecer victoriosos.
PARA QUE SIRVEN LAS TENTACIONES
· Para probar nuestra fidelidad
- Las tentaciones son pruebas de Dios para conocer si somos fieles.
- Dios os ama y porque os ama os prueba. Por esto la rabia de Satanás busca perturbaros.
- Las almas más queridas por Dios son las más tentadas, probadas y afligidas.
- Las tentaciones no son para entristecerse: son trabajos (sufrimientos) que vienen a un alma que quiere ser toda de Dios.
- Os pido no hacer caso de las molestias y tentaciones que os causa el demonio: creedme que esto es un óptimo signo para vosotros.
- Quien no es tentado, ¿qué sabe? Si Dios os trata como a sus siervos más queridos, ¿qué queréis de más?
· Para purificar el alma
- Las tentaciones purifican el alma como el fuego al oro. Cuando se combaten hacen un gran bien:
o Nos humillan.
o Nos instruyen.
o Nos purifican.
- Dios permite tales batallas para purificaros el espíritu para que esté más dispuesto a unirse con perfecta caridad al Suma Bien.
· Para haceros adquirir la santa humildad
- Las tentaciones os serán de gran mérito. No hacen daño cuando no se les da ocasión ni se les consiente.
- Dios permite las tentaciones con el fin de:
o Hacernos más humildes de corazón y cautelosos.
o Que el alma no se fíe de sí misma.
o Hacernos desprender de toda cosa creada.
o Conocer nuestra nada, nuestra abyección.
o Llevarnos a recurrir a Él en nuestra oración.
o Llevarnos a poner toda la confianza en El.
o Para hacernos ejercitar muchas virtudes
- El haceros pasar por varias tentaciones es signo de que Dios os quiere santos, porque os da ocasión de ejercitar muchas virtudes en el acto que hacéis de resistencia a la misma. No se llega a adquirir una virtud consumada, sino por medio de la tentación contraria.
- La gran tentación de fe es signo de que Dios quiere dar a vuestra alma un gran don de fe viva que la llevará a alta unión de caridad.
- Si Dios permite tentaciones de gula es signo de que os quiere dar en premio una altísima abstinencia.
- Si permite Dios que seáis tentados -de vanagloria, es signo de que quiere daros grande humildad.
- No os asustéis con las tentaciones; sabed que su Divina Majestad las permite con el fin de que pongáis bien profundos los fundamentos de aquel edificio espiritual, que tiene designado fabricar en vuestra alma.
- Alegraos cuando Dios os pruebe con las tentaciones. Son óptimos signos de que os quiere santos.
· Para acrecentar nuestros méritos
- Las tentaciones son joyas con las cuales Dios adorna al alma fiel, para que bien radicada en la humildad de corazón, se entregue a participar de los tesoros de las divinas gracias, especialmente los de su Pasión.
- Hacen resplandecer más la gracia triunfadora que Dios ha puesto en vuestra alma. Son, tantas las riquezas espirituales que adquiere el alma, que con la ayuda de Dios combate fiel, que no hay mente que las pueda comprender ni lengua que las pueda expresar.
· Para prepararnos una corona de gloria
- Ahora es tiempo de batallar y de combatir con gran corazón, que Dios nos prepara una corona de gloria.
- Las tentaciones son ladridos del demonio, el cual tiene gran rabia de veros encaminados por la vía del paraíso.
- Pasada la tempestad vendrá gran serenidad, y vuestro espíritu nadará en un mar de paz, en premio de la victoria reportada.
- Quien venza los asaltos del enemigo se sentará para siempre a la mesa del Gran Rey del cielo.
COMO VENCERLAS
· Manteniendo el corazón en paz
- En los combates mantened el corazón pacífico. Sobre todo tened cuidado de no inquietaros jamás por cualquier tentación.
- El sentir las tentaciones no es pecado; pecado es consentirlas.
- No os asustéis por furiosa que sea la tempestad de las tentaciones, porque cuando la voluntad no quiere no hay pecado; así parezca que la nave padece naufragio, la parte superior resiste y permanece victoriosa.
- La vía corta que se debe tener en tales batallas es de estarse sumiso a la voluntad de Dios; dejándose flagelar de aquella mano amorosa que permite tales tribulaciones.
· Combatiendo varonilmente
- Combatid varonilmente que después de la guerra vendrá la paz.
- Os digo que en medio a las tempestades de las tentaciones debéis manteneros fuertes como un escollo azotado por las olas.
- Id al encuentro del enemigo, armados de las
virtudes de Jesucristo, con la lanza de la santa cruz. Venceréis sin más y el paraíso cantará las victorias que reportaréis por la virtud del Salvador.
- Los demonios son perros ligados a la cadena: pueden ladrar pero no morder, si no queremos nosotros mismos dejarnos morder.
- Todo el infierno no os puede hacer caer cuando vuestra voluntad esté firme y constante en no consentir.
- No debéis hacer caso de cualquier asalto dé las tentaciones: combatid varonilmente protestando querer morir antes que consentir el pecado y abandonar a Dios.
- Donde os sintáis más débiles, estad allí más en guardia.
- No dudéis de nada, que Dios os dará la victoria, y en premio de la batalla os dará gracias grandes y el don de la santa oración.
· Humillándonos dulcemente
- Las tentaciones se vencen con la humildad y el santo temor de Dios: el demonio huye de los humildes, desconfiados de sí y temerosos. El corazón humilde está siempre victorioso.
- Con gran coraje combatid esta batalla que Dios os tiene preparada la gran victoria si sois bien humildes.
· Desconfiando de sí
- Descubrid al confesor lo que sufrís de tentaciones, siendo este punto necesarísimo para que dicho confesor os dé remedios, consejos y avisos de cómo debéis regularos, y obedeced.
· Confiando en Dios e implorando su ayuda
- En las tentaciones no dudéis de nada. Dios estará con vosotros, combate en vosotros y por vosotros y os da su gracia para vencer.
- Vivid pues, abandonados en sus divinos brazos, y en los asaltos más fieros escondeos en la inmensa caridad de Jesucristo, Nuestro Señor. Esta fuga ¿sabéis cómo se hace? Se hace con un dulce avivamiento de fe, que os haga aniquilaros más en vosotros y perderos en Dios.
- En las tentaciones no perdáis jamás la confianza en Dios y en María Santísima. Si Jesús os tiene en sus brazos, ¿a quién temeréis?
- Sobre todo no perdáis jamás la confianza ni dejéis la oración.
- No hagáis esfuerzos de cabeza, de manos o de pecho para desechar las tentaciones la resistencia que se debe hacer es la de recurrir a Dios, a Jesús y a María Santísima.
- Cuando os venga cualquier tentación besad la cruz y el rosario diciendo con fervor: Mi querido Redentor, mi eterno Dios, os adoro, os amo.
- Si las tentaciones acosan meteos en espíritu a los pies de Jesús Crucificado, y haced un acto de amor diciendo: Señor, ¡ayuda!, estoy dispuesto a morir antes que ofenderos, en vos me abandono, a vos recurro: vos sois mi Dios, mi todo: socorredme, liberadme, que de mi parte no puedo hacer nada de bien, tan sólo el mal.
- En el costado dulcísimo de Jesús se encuentra toda fortaleza y todo bien. Es su corazón una fortaleza inexpugnable.
4. LA CRUZ DE LAS TRIBULACIONES
Fuera de la cruz de las enfermedades y de las tentaciones que provienen del demonio y de nuestra natural debilidad, debemos llevar las de las adversidades, persecuciones, calumnias y tribulaciones, que si nos son procuradas la mayoría de las veces por la malicia de los hombres, los cuales han perseguido a Cristo, no dejarán de, perseguir también a sus seguidores.
Pero cualquiera que sea la mala voluntad de los hombres, es cierto que todas las tribulaciones son de la Divina Providencia-ordenadas para nuestro mayor bien espiritual. Ellas, dice San Agustín, no son pena para nuestra condena sino medicinas para nuestra salud.
En efecto, cuando un hombre de buena voluntad es atribulado, perseguido, afligido, entonces comprende que tiene más necesidad de Dios, sin el cual se da cuenta que no puede hacer nada bueno. Entonces llora y reza por causa de la miseria que sufre. Entonces se da cuenta que plena seguridad y paz no pueden tenerse en este mundo.
Buena cosa es, pues, para nosotros si algunas veces encontramos disgustos y contrariedades.
Buena cosa es si algunas veces sufrimos contra
dicciones y que se tenga mal concepto de nosotros.
Lo cual nos ayuda a mantenernos humildes y a defendernos de la vanagloria. Cuando exteriormente
seamos vilipendiados y despreciados, entonces
buscamos mejor a Dios, y ponemos en El todo nuestro corazón.
Sobré las preciosas ganancias de las tribulaciones, y sobre el modo de soportarlas, San Pablo de la Cruz nos dice lo siguiente.
GANANCIAS DE LAS TRIBULACIONES
· Las tribulaciones purifican el espíritu
- Dios pretende con los padecimientos purificar vuestro espíritu como el oro al fuego.
- Las aflicciones, desolaciones, abandonos y otras persecuciones del demonio y las criaturas, son una noble escoba que barre las imperfecciones, nos prepara para la santidad y para la unión con Dios.
- Cuando el padecer es sin consuelo, el alma queda más purificada, y se hace bella y liviana para volar al Sumo Bien.
· Son una excelente escuela de virtud
- Los trabajos, las angustias, las persecuciones y las penas:
o Mantienen el alma en humildad.
o Hacen que se recurra más a Dios.
o Hacen crecer el alma en las más bellas virtudes, como son: el silencio en el padecer, la paciencia, la caridad y la humildad, que nos asemejan al dulce Jesús.
o Son los bordados del trabajo amoroso de Dios para haceros santos.
o Dan al alma las alas para hacer el vuelo altísimo en la perfección del Santo Amor.
o Con ellos Dios prepara vuestra alma para trabajos mayores.
- Dios nos castiga como Padre con el fin de que aprendamos a ser hijos obedientes y fieles.
- Las desgracias del mundo cuando son tomadas de la mano amorosa de Dios y con resignación a la divina voluntad, sirven para hacernos correr en la vía de los divinos preceptos.
- No os desalentéis: El Señor permite que sintáis profundamente las angustias para que conozcáis vuestra nada y os humilléis en todo. El permite que seáis abandonados de las criaturas, para que vuestra vida sea toda escondida en Jesucristo.
· Gracias y tesoros preciosos
- Los trabajos y calamidades mirados en el Divino Beneplácito, son preciosas joyas con las cuales Jesús embellece y enriquece vuestra alma.
- ¡0h, si comprendierais el gran tesoro que está escondido en el padecen Cuánto gozaría vuestro espíritu en Dios Nuestro Salvador!
- Bienaventurados aquellos que padecen trabajos, persecuciones y desprecios por amor de Dios; Ellos son más afortunados que los ricos del mundo y de aquellos que tienen las delicias de la tierra.
- Oh, dulcísimos trabajos; prendas queridas del corazón Sacratísimo de Jesús, ¿Quién podrá explicar la magnificencia de estos preciosos, tesoros, de los cuales Dios se sirve para coronar las almas de sus queridas esposas?
· Los padecimientos son la parte de los más queridos hijos de Dios
- Los trabajos y los padecimientos son los regalos que Dios da a sus consentidos, y unidos al abandono de las criaturas, son los más preciosos tesoros para sus amigos.
- Padeced de buen grado las tribulaciones, recordando que ellas son las prendas del Santísimo amor de Dios, y las garantías más ciertas de ser amigos suyos, porque Dios os ama y por eso os prueba con tribulaciones.
- Es siempre una gracia cuando Dios os hace padecer, en especial cuando el padecer es sin consuelo.
- En los trabajos grandes se prueban las almas varoniles porque los más grandes trabajos son de los más grandes siervos de Dios.
- En sustancia, las mercedes que Dios da a sus siervos aquí abajo, son cruces, angustias, trabajos y tribulaciones de toda suerte, para hacerlos así semejantes a su divino Hijo crucificado, y para colocarlos después en la regia galería del cielo.
- Cuanto más seáis afligidos, más debéis alegraros, porque está más cerca el Salvador.
COMO ES NECESARIO SOPORTARLAS
· No hablar de ellas sin necesidad
- Cuando vienen tempestades de trabajos, entre más se escondan mejor es.
- Con el hablar sin necesidad de los propios sufrimientos, se disminuye la virtud y crece el amor propio, que siempre desea ser compadecido.
- Quien cree padecer mucho o es poco humilde o poco paciente.
- Quien padece mucho calla mucho, porque no quiere consolación de ninguna criatura, y puramente se recrea y consuela con la voluntad de Dios de la cual se alimenta.
· Mirarlas con ojos de fe
- Las almas fieles miran con ojos de fe, en la santísima voluntad de Dios, los trabajos y desgracias, no como venidos de las criaturas, sino de la mano amorosa del Señor.
- Mirad vuestros trabajos no como flagelos sino como dones y correcciones del Padre Celestial, el cual “quos amat arguit et castigat”.
- Acariciad vuestros padecimientos vengan de donde vengan, y miradlos en la voluntad de Dios, gustando con fe y Santo amor que se cumpla en vosotros su santísima voluntad.
- Tened vuestro corazón vuelto hacia el cielo, con el fin de que los vientos impetuosos de las vicisitudes humanas no puedan jamás agitarlo.
· Soportarlas con paciencia, contento y gratitud
- Estad abrazados a la santa cruz de vuestras tribulaciones: tomadlas de la mano de Dios y decid a menudo: Señor, sea hecha siempre vuestra santísima voluntad.
- Padeciendo con paciencia, vuestra alma se enriquecerá de grandes méritos, y Dios la liberará de todo mal.
- Sufrid contentos orando a Dios por quienes os calumnian y mostrándoos siempre serenos.
- Las burlas, las mofas, los escarnios deben recibirse con suma gratitud hacia el Señor; estas son como leña para hacer la hoguera amorosa y poderse quemar víctima de amor.
-En vuestros trabajos bendecid al Señor con silenciosa paciencia.
· Y con la mirada en el crucifijo
- El alma amante, desprendida de todo lo creado, no mira al padecer sino que su atención está toda en el Amado Bien, en el amor Crucificado.
- El alma fiel deja desaparecer los trabajos en el mar inmenso de la divina Caridad que endulza toda amargura.
- Ofreciendo vuestros trabajos a las llagas santísimas de Jesucristo, haréis cosa grata a Dios y de gran mérito para vuestras almas.
5. LA CRUZ DE LAS PENAS INTERIORES
Las enfermedades, las tentaciones, las adversidades, las persecuciones de los hombres y de los demonios son cruces con las cuales el Señor intenta purificar nuestra alma de sus defectos y de sus imperfecciones, para hacerla cada vez más digna de sí y del Santo Amor. Pero hay todavía una cruz más sutil y penetrante con la cual el Señor suele dar la última mano a este místico trabajo de la purificación pasiva, y esta cruz son las arideces, desolaciones, y penas interiores, que San Pablo de la Cruz, experto en tal materia, llama “limas finísimas que penetran hasta el fondo para Limar toda herrumbre; presiones amarguísimas, las cuales, porque privan de todo consuelo sensible, son más penetrantes y por eso aptas para preparar el alma, en modo altísimo a la Santa unión con Dios.
San Pablo de la Cruz no dice cual es el fin providencial de estas penas y la conducta a seguir.
FIN PROVIDENCIAL DE LAS PENAS INTERIORES
· Purifican el espíritu
-Dios pretende con las arideces, las desolaciones, los abandonos, las penas interiores, las aflicciones y los temores, purificar el espíritu como el oro al fuego, de todo herrumbre, barro y polvo de imperfecciones que nosotros no advertimos.
- Las penas interiores son una estupenda escoba que barre nuestro espíritu de toda imperfección.
- Estas penas son dones para:
o Ejercitarnos en la resignación.
o Desprendernos de todo contento sensible.
o Llegar a ser hombres nuevos.
· Enriquecen el espíritu de dones y gracias
- En los trabajos internos, las desolaciones, arideces y abandonos, está escondido un gran tesoro que enriquece el espíritu, lo preparan para recibir gracias y dones inestimables.
- En la medida de las tinieblas que vuestra alma sufre, será más clara y abundante la luz.
- Las penas, obscuridades y desolaciones que el Señor os comparte son un bello trabajo de amor que Dios hace en vuestro corazón para daros el don del Santo Amor.
- Cuando Dios haya probado vuestra fidelidad, os llenará de celeste fuego de caridad que hará desaparecer todas las arideces y desolaciones.
· Preparan el espíritu para el más alto grado de unión con Dios
- El Señor pretende por medio de las arideces y desolaciones:
o Preparar el alma a un más alto grado de oración y unión con Él para dar así la última mano a la estatua y colocarla en la celeste galería del Paraíso.
o Haceros santos y por eso os prueba con penas y angustias.
o Que aprendáis a servirlo con amor.
o Que saquéis más provecho en la humildad
y el conocimiento de vosotros mismos.
o Desprenderos de todo lo sensible, de todo contento y haceros caminar en pura fe y pobreza de espíritu por la vía de la santidad.
- Las arideces y desolaciones son necesarias para llegar al conocimiento experimental de nuestra propia nada.
- La voluntad de Dios se cumple mejor en las arideces y desolaciones.
- El sagrado martirio de las penas interiores produce en el alma dos maravillosos efectos:
o Purificarla de todo rastro de imperfección como hace el fuego en el purgatorio.
o Enriquecerla de virtudes, en especial de paciencia, mansedumbre y de alta resignación a la divina voluntad, para contemplar bien las penas santísimas de Jesucristo.
- Los trabajos del espíritu son los primeros peldaños de aquella santísima y altísima escalera por la cual suben las almas generosas y grandes.
· Estima que debemos tenerles
-. Tened en gran estima las preciosas penas interiores porque miradas con, los ojos de la fe son:
o Joyas emanadas de las fuentes del Santo Amor y son una gracia extraordinaria.
o Alegrías de Jesús.
o Tesoros inestimables con los cuales Dios enriquece a sus verdaderos siervos y adorna vuestro espíritu.
o La parte más querida de los siervos de Dios.
- Miradas con ojos de fe no son más amargas sino más dulces y suavísimas.
- Dios no permite que uno permanezca sofocado por las angustias; pero si esto sucediese, -el mejor morir sería en un desnudo padecer sobre la cruz de Jesús, cantando: “Hágase tu voluntad”.
- En el cielo se ama y se goza, en la tierra se ama y se sufre, imitad a los santos; así como ellos en el cielo aman y gozan, vosotros aquí abajo amad y padeced.
CONDUCTA QUE DEBEMOS TENER
· Desechad como peste los temores y turbaciones del espíritu:
- Dios quiere humildad no vileza.
- Ellas nacen siempre del demonio y de las demasiadas reflexiones sobre vosotros mismos. Desechadlas por amor de Dios y tendréis paz y os haréis santos.
- Las inquietudes son siempre de mala raíz y por eso es necesario humillarse dejándolas morir en el fuego de la santa caridad.
- el diablo os pone en mente temores turbaciones con el fin de que no hagáis nada bien.
· Hacerse un poco de sagrada violencia
- Al principio; después os sentiréis más livianos.
- En el abatimiento de espíritu, la parte superior debe virilmente mandar a la inferior con gran constancia: “Véncete a ti mismo”.
· Triturar las penas internas con la paciencia y el silencio
- Se hace con ellas una píldora amasada con el bálsamo de la Santísima Pasión de Jesús, se engulle con fe y con amor y se digiere con el calor de la Santa Caridad.
- Debéis padecer y callar en paz y sobre la cruz del dulce Jesús, en sagrado silencio de fe y de amor.
· Estar bien resignados
- A la divina voluntad en los sufrimientos internos, y estad segurísimos que después de la tempestad vendrá gran tranquilidad.
- En los padecimientos internos estad resignados y callados, tomando todo de la mano de Dios y besando la mano amorosa del gran Padre que os golpea con látigo rico de amor.
- Merecéis más y dais más gusto al Señor cuando en las arideces y obscuridades sois resignados y contentos del agrado de Dios, que si tuvierais todas las más altas consolaciones celestiales.
· Tener fe y confianza en Dios
- Mirad con dulce avivamiento de fe vuestras penas y desolaciones, creyendo que Dios se ha complacido hasta la eternidad de haceros caminar por esta vía, y de haceros semejantes a Jesucristo.
- Todas las desolaciones y penas de espíritu debéis tomarlas “sin miedo” del corazón de Jesús, mirándolas con ojos de viva fe en Dios.
- Expulsad la pusilanimidad y melancolía con actos de filial confianza en Dios.
- Estad seguros de que toda inquietud viene del enemigo: desterradla con actos de confianza.
· Haced morir toda pena en el fuego de la caridad ante las obscuridades del espíritu, no pongáis cuidado a los escrúpulos: destruidlos con el fuego del Santo Amor.
· Amad la voluntad de Dios
Gozad de estar sobre la cruz con Jesucristo.
- Para sanar vuestros temores, desolaciones y amarguras, tenéis necesidad de esconderos en la Divina Voluntad alimentándoos de ella en espíritu y en verdad, sin dejar la oración jamás.
- En las arideces despertad dulcemente el espíritu con actos amorosos, y después reposad en Dios sin gozarlo, ni sentirlo entonces el alma se muestra más fiel.
IV. SEGUIR A JESÚS
A Purificada con la abnegación y con el amor a la cruz, el alma cristiana puede decirse qué está bien dispuesta y preparada para responder sin retardo a la invitación que Jesús le hace a seguirlo.
Pero, ¿cómo se sigue a Jesús? A Jesús se sigue,
responde San Agustín, no con los pasos del cuerpo, sino con los afectos del corazón, imitando sus ejemplos, viviendo unidos a Él, con mente, voluntad y corazón, practicando aquellas virtudes que son propias de la vida unitiva, como:
o La pureza de intención.
o La presencia de Dios.
o El recogimiento. La resignación al Divino querer.
o El abandono y la confianza en Dios.
o El amor a Dios y al prójimo.
o El amor de la paz. La oración.
o La devoción a la Santísima Eucaristía.
o La devoción a La Pasión Santísima de Jesucristo.
o La devoción a la Santísima Virgen.
En efecto, es por medio de estas virtudes, como anota el Catecismo Tridentino, que Cristo reina y vive en nosotros y que nosotros llegamos a ser ciudadanos de su reino y miembros vivos de su cuerpo místico, para poder decir con el apóstol, “vivo yo mas no yo, es Cristo quien vive en mí”. (Ga 2,20).
En cada una de estas virtudes San Pablo de la Cruz nos ofrece sus enseñanzas para seguir a Jesucristo.
“Grande honor y máxima gloria es seguir a Jesús, y por su amor despreciar todas las cosas. De hecho todos aquellos que de buen grado se someten a su santo servicio, obtendrán abundancia de gracias, encontrarán la dulcísima consolación del Espíritu Santo y hallarán gran libertad de espíritu. ¡Oh, querida, gloriosa y divina servidumbre, por la cual se hace el hombre verdaderamente libre y santo; Oh, servicio dignísimo de ser abrazado, ‘y siempre deseado, por el cual se gana el Sumo Bien, y se adquiere una gloria que durará sin fin! (Imitación de Cristo L. III. C.10).
1. PUREZA DE INTENCIÓN
La primera cosa necesaria para seguir a Jesús con toda la mente es la pureza de intención, la cual consiste en HACER TODOS LOS TRABAJOS ÚNICAMENTE POR COMPLACER A DIOS, según el consejo del Apóstol: “Todo lo que hagáis hacedlo a mayor gloria de Dios”. (1 Co 10,31).
Para los hombres que ven sólo la exterior, una obra se mide por la fatiga que da el hacerla; pero para Dios que ve el corazón, el valor y el mérito de las acciones depende principalmente de la intención con la cual se hacen.
Santa Magdalena de Pazzi dice; “Dios paga nuestras acciones a peso de pureza de intención”. Y San Agustín dice: “Cuando tú obres, no mires tanto a la grandeza externa de la obra sino al fin por el cual la haces, porque tanto harás de bien cuanto intentes hacer por la mayor gloria de Dios”.
EL DEBER
· Todo se debe a Dios
Sólo a Dios honor y gloria: a Él sólo el incienso suavísimo de todos sus dones.
- Sea siempre vuestra intención pura en todas
las obras.
- No busquéis otra consolación que la de agradar a Dios haciendo su santísima voluntad.
-.Despojaos de todo deseo que no sea complacer
a Dios.
· Para hacerlos cosa agradable a Dios
- Mejor cosa y más grata a Dios no podéis hacer, que hacerlo todo por su mayor gloria.
- Vuestras fatigas llegarán delante de Dios como perfumado incienso, con tal de que las hagáis para su mayor gloria y por puro amor suyo.
· Y para hacer el bien
Si vuestra intención es recta y pura, por la sola gloria de Dios.
- Buscad solamente complacer a Dios, dejando decir lo que quieran.
- Si uno piensa dar gusto a Dios» Dios pensará en él
LAS CONDICIONES
· Estar desprendidos de las criaturas
- Estad desprendidos de todo, ocultos y escondidos a los ojos de todos, con el solo deseo de complacer solamente a Dios en todo tiempo y lugar sin tomar fastidio o pena de otra cosa que no sea disgustarlo.
- Purificad todos vuestros afectos procurando que todos sean dirigidos a Dios.
- Gozad que Dios os despoje de todo contento para aprender a servirlo con mayor pureza de intención.
- Quien no quiere otra cosa que el gusto de Dios deja el cuidado y el pensamiento de sí a Dios mismo.
· Buscar complacer solamente a Dios
Teniendo el corazón vuelto al cielo.
- Procurad tener una intención purísima en todas vuestras acciones, de complacer únicamente al Señor, y de dar gloria sólo a Él.
- Si el mundo anduviese al revés no os toméis fastidio de nada, y no tengáis otro cuidado que el complacer a Dios, y hacer todo por su gloria.
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