Hacia la unión con Dios

Blog de Pablo Francisco Maurino

Archivos de la categoría ‘Reflexiones’

¿Dónde están?

Publicado por pablofranciscomaurino en Abril 9, 2009

¿Qué pasó con esos cristianos que tenían la certeza de que esta vida es un viaje, un paso para llegar a la eternidad, donde encontraremos la felicidad auténtica, porque fuimos hechos para ser amados por Dios? Amaban a Dios por encima de todo, cumpliendo sus mandamientos, y amaban al prójimo, pensando primero en su bienestar que en el propio…

¿Qué pasó con esos católicos que eran consecuentes con su Fe? La conocían: se sabían de memoria el Catecismo, leían con asiduidad la Biblia, esperaban con ansia las encíclicas del Papa y los demás documentos de la Iglesia para leerlos y ponerlos en práctica; se enfervorecían con las vidas de los santos…

¿Qué pasó con esos laicos que se sabían parte del Cuerpo místico de Cristo y que, por lo tanto, no necesitaban llamarse “comprometidos”? Valoraban la Misa como la acción más importante de sus días; consideraban el tiempo dedicado a la oración como la mejor inversión; aprovechaban cualquier momento libre para ir a visitar al Señor en el Santísimo Sacramento; no dejaban de rezar el santo Rosario y las tres avemarías antes de acostarse; daban gracias, bendecían y alababan a Dios por todo, intercedían por la salvación de todos los hombres…

¿Qué pasó con esos seglares que, aunque no fueran religiosos, sabían que Dios está siempre a su lado, haciendo que todo nos sea propicio? Aceptaban siempre y en todo la Voluntad de Dios, sin pretender explicarla: sabían que de sus manos solo pueden salir cosas buenas para sus hijos; sabían que todos estamos llamados a ser santos, y por eso ponían todos los medios: oraban, procuraban hacer siempre su Voluntad y lo esperaban todo de Él…

¿Qué pasó con esos religiosos que se olvidaban de sí mismos para dedicarse por completo al servicio de Dios? No ahorraban trabajos ni fatigas por el Reino de Dios, vivían vidas sacrificadas y, en el silencio y la soledad, experimentaban una fructífera vida interior, acompañando así a Jesús en sus trabajos y fatigas, en su vida sacrificada y en su oración intensa y eficaz…

¿Qué pasó con esos sacerdotes que, dejando a un lado sus intereses personales, entregaban sus vidas a cumplir el mandato divino de ir por todo el mundo predicando la Buena Noticia, enseñando todo lo que Él mandó, administrando los Sacramentos y pastoreando el rebaño? Ardían en amor por la Iglesia, eran obedientísimos al Ordinario, austerísimos como lo pidió el Señor, valientes porque confiaban en el Señor más que en sí mismos; dejaban cualquier cosa a un lado para atender espiritualmente a cualquier oveja que los necesitara…

¿Dónde están? El Señor los está llamando. La Iglesia los necesita.

  

 

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados

Donde está tu tesoro, allí está tu corazón*

Publicado por pablofranciscomaurino en Marzo 26, 2009

El discípulo auténti­co de Cristo se desliga de las riquezas te­rrenas para amontonar tesoros en el cie­lo, es decir, ante Dios. Si la mirada del hombre está fija en Dios, toda su persona es transparente a la luz divina. San Juan Crisóstomo explica con claridad:

 

«Por eso, como antes he dicho, añade el Señor otra razón, diciendo: Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón. Como si nos dijera: aun cuando nada de lo dicho sucediese, no será menguado el daño que vas a sufrir, clavado quedarás en lo terreno, hecho de libre esclavo, desterrado del cielo e incapaz de tener pensa­miento elevado. Todo será dinero, interés, prés­tamos, ganancias y viles negocios. ¿Puede haber cosa más miserable? Un hombre así está someti­do a una esclavitud más dura que la de todos los esclavos, y nada hay más triste que haber abdica­do de la nobleza y libertad del hombre. Por más que se te hable, mientras tengas clavado el pensa­miento en el dinero, nada serás capaz de oír de lo que te conviene. Serás como un perro atado a un sepulcro. Tu cadena -la más fuerte de las cade­nas- será la tiránica pasión por el dinero: Aullarás contra todos los que se te acerquen y no tendrás otro trabajo, y continuo trabajo, que el de guardar para vosotros lo que tienes. ¿Puede haber suerte más miserable?»

 

De san Juan Crisóstomo, Homilía 20,3 sobre San Mateo

  

 

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , , | Comentarios desactivados

Dios es tan bueno…*

Publicado por pablofranciscomaurino en Marzo 26, 2009

Hace mucho tiempo en un reino distante, vivía un rey que no creía en la bondad de Dios, tenia, sin embargo, un súbdito que siempre le recordaba acerca de esa verdad, en todas las situaciones decía:

–¡Rey mío, no se desanime, porque todo lo que Dios hace es perfecto, él nunca se equivoca!

Un día el rey salió a cazar con su súbdito, y una fiera de la jungla lo atacó. El súbdito consiguió matar al animal, pero no evitó que su majestad perdiese
el dedo meñique de la mano derecha. El rey, furioso por lo que había ocurrido y sin mostrar agradecimiento por los esfuerzos de su siervo por salvarle la vida, le preguntó:

–Y ahora, ¿qué me dices? ¿Dios es bueno? Si Dios fuera bueno yo no hubiera sido atacado y no hubiera perdido mi dedo.

El siervo respondió:

–Rey mío, a pesar de toda esas cosas solamente puedo decirle que Dios es bueno y que quizá perder un dedo sea para su bien; todo lo que Dios hace es perfecto, Él nunca se equivoca.

El rey, indignado con la respuesta del súbdito, mandó que fuese preso a la celda más oscura y más fétida del calabozo.

 Después de algún tiempo, el rey salió nuevamente a cazar, y fue atacado esta vez por una tribu de indios que vivían en la selva. Estos indios eran temidos por todos, pues se sabía que hacían sacrificios humanos para sus dioses.

Inmediatamente después que capturaron al rey, comenzaron a preparar llenos de júbilo el ritual del sacrificio. Cuando ya tenían todo listo, y el rey estaba delante del altar, el sacerdote indígena, al examinar a la víctima, observó furioso:

–¡Este hombre no puede ser sacrificado pues es defectuoso!… Le falta un dedo.

El rey, pues, fue liberado.

Al volver al palacio, muy alegre y aliviado, liberó a su súbdito y pidió que fuera a su presencia.

Al ver a su siervo, lo abrazó afectuosamente diciendo:

–Dios fue realmente bueno conmigo. Tú debes haberte enterado que escapé justamente porque no tenía uno de mis dedos. Ahora tengo una gran deuda en mi corazón. Pero me queda una duda: si Dios es tan bueno, ¿porqué permitió que estuvieras preso, tú que tanto lo defendiste?

El siervo sonrió y dijo:

–Rey mío, si yo hubiera estado junto a usted en esa caza, seguramente habría sido sacrificado en su lugar, ya que no me falta ningún dedo. Por lo tanto, acuérdese  siempre, que todo lo que Dios hace es perfecto, Él nunca se equivoca.

Dios te cuidará siempre.

 

Anónimo

 

   

 

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , , | Comentarios desactivados

¿CREES QUE TIENES ENEMIGOS?

Publicado por pablofranciscomaurino en Marzo 26, 2009

Antes de tomar cualquier decisión al respecto, lee lo que dicen un santo y el mismo Cristo y medítalo un poco:

El siguiente texto es de la Carta de Pablo a los Colosenses, capítulo 3, versículos 12 al 15:

 

“Pónganse, pues, el vestido que conviene a los elegidos de Dios, sus santos muy queridos: la compasión tierna, la bondad, la humildad, la mansedumbre, la paciencia. Sopórtense y perdónense unos a otros si uno tiene motivo de queja contra otro. Como el Señor los perdonó, a su vez hagan ustedes lo mismo.

Por encima de esta vestidura pondrán como cinturón el amor, para que el conjunto sea perfecto. Así la paz de Cristo reinará en sus corazones, pues para esto fueron llamados y reunidos. Finalmente, sean agradecidos.”

 

Y, en el Evangelio según Lucas, Capítulo 6, versículos 27 al 38, Jesús dice lo siguiente:

 

“Yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los maltratan. Al que te golpea en una mejilla, preséntale también la otra. Al que te arrebata el manto, entrégale también el vestido. Da al que te pide, y al que te quita lo tuyo, no se lo reclames.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? Hasta los malos aman a los que los aman. Y si hacen bien a los que les hacen bien, ¿qué gracia tiene? También los pecadores obran así. Y si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué gracia tiene? También los pecadores prestan a pecadores para que estos correspondan con algo.

Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande, y serán hijos del Altísimo, que es bueno con los ingratos y los pecadores. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes.

No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan, serán medidos ustedes.”

 

   

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , , , , , , , | Comentarios desactivados

El Cielo en la tierra

Publicado por pablofranciscomaurino en Junio 16, 2008

Desde que el Papa dijo que el Cielo no es tanto un lugar sino un estado, muchos se confundieron.

Un estado es la situación en que la está la persona. El Infierno, por ejemplo, es ese estado del alma en el que hay ausencia total de amor; por su parte, el Cielo es un estado de amor perfecto: allí no hay egoísmo alguno, no existe el mal…

Imaginémonos un mundo en el que cada ser humano ha aprendido a amar hasta el extremo a sus congéneres, a Dios y al cosmos. Todos se ocupan de la felicidad de los demás, aman a Dios sobre todas las cosas —sufrirían mucho si ofendieran a ese Dios tan bueno— y, por eso mismo, evitan dañar la naturaleza, regalo divino.

Nadie busca su propio interés sino el de los demás; es tanto el interés por el otro, que a duras penas cada uno se acuerda de sus propias necesidades.

En las familias se ve de manera especial esta actitud: los padres viven preocupados por sus hijos, nada anteponen a su educación en el amor, siempre tienen tiempo para ellos, son condescendientes, los ayudan en todo lo que pueden… Los hijos obedecen por amor, sabiendo que solo el amor mueve a sus padres. Los hermanos se «pelean» por dejar al otro la mejor parte de las comidas, el agua caliente…, su bienestar. Y todos se preparan para forjar un mundo mejor…

La generosidad invade las calles citadinas, los pueblos y veredas… Progresan los trabajos que sirven realmente al ser humano: la producción de alimentos, vestido y vivienda se ponen por encima de los productos superfluos y lujosos. Se invierte más en salud y educación que en otros beneficios y comodidades que nos podrían traer la ciencia y la tecnología: nadie es capaz de «disfrutar» de su bienestar viendo hambre y miseria a su alrededor…

El trabajo de cada día es tomado como un servicio: se regresa al trueque, se acaba el dinero. Y los servicios se dan sin esperar nada a cambio: ya no hay deudas por cobrar, pues el que debe algo se hace presente para responder pronta y responsablemente; y si el deudor no logra pagar a tiempo, el otro comprende la situación… La honestidad de todos hace que se cierren las facultades de derecho.

El ser humano comprende la igualdad de todos, aprende a través de los estudios genéticos que la especie humana está constituida por los mismos genes, distribuidos en forma distinta para cada individuo. Esto lo hace consciente de los grandes errores que se cometieron con la discriminación racial, social, sexual, cultural…, y lo impulsa a remediar eficazmente esos errores históricos, llenando el mundo de amor verdadero… Los conceptos de belleza o fealdad son eliminados: todo ser humano es bello y digno per se.

Se borran las fronteras: surge un solo país, al cual pertenecemos todos, al que todos amamos, por el que todos luchamos: el mundo. De esto se deriva que la política deja de ser un negocio egoísta para transformarse en otro servicio con el que se solventan todas las necesidades primarias de los nuevos ciudadanos del globo terráqueo, para luego dar principio a nuevas tecnologías realmente útiles para el bien común.

La diversión que se busca y que se da es sana.

Los medios de comunicación dicen siempre la verdad, sí; pero informan lo que beneficia al mundo y evitan lo que perjudica las mentes de infantes y jóvenes…

Nadie daña la capa de ozono por pingües ganancias; los animales son respetados como parte de los regalos que Dios nos dio; se elimina la producción de detergentes que destruyen la flora y fauna de los ríos, lagos y mares; el petróleo da lugar a la energía solar, que no produce deshechos tóxicos, que es más barata, que no enriquece solo a unos pocos y que produjo tantos enfrentamientos y tanta explotación; se encuentra un sustituto para el plástico o se recicla siempre sopesando el bien que pueda derivarse de ello… Asimismo, cada nuevo avance pasa por la coladera de la protección del mundo que Dios nos dio como hábitat nuestro, como nuestro hogar.

Tal vez usted juzgue ingenuos estos pensamientos; quizá los encuentre imposibles de realizar. En ambos casos es cierto que no entendió el mensaje, porque para Dios no hay cosas imposibles, y Él quiere establecer su Reino de amor —el Cielo— en la tierra; sólo desea que le creamos y nos pongamos a trabajar: comencemos usted y yo a amar cuanto podamos. Además, recuerde que los que creen lo imposible son los que logran lo imposible.

 

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , | Comentarios desactivados

La cuota inicial de tu casa*

Publicado por pablofranciscomaurino en Junio 14, 2008

 

Una señora soñó que llegaba al cielo y se juntó a las miles de personas que mueren cada día. Estaba haciendo fila para saber cuál era su destino, cuando de pronto apareció San Pedro  y les dijo:

 

“Vengan conmigo y les mostraré en qué barrio está la casa que le corresponde a cada uno. Aquí la cuota inicial que se recibe para su habitación eterna es la caridad traducida en: obras de misericordia, comprensión, respeto por los demás e interés por la salvación de todos”.

 

Luego los fue guiando por barrios primorosos, como ella jamás hubiera pensado que pudieran existir.

 

Llegaron a un barrio con todas las casas de oro: puertas doradas, techos dorados, muros de oro, pisos de oro… ¡Qué maravilla! San Pedro exclamó: “Aquí se quedan todos los que invirtieron mucho en ayudar a los necesitados, aquellos a quienes su amor a los demás sí les costó en la tierra”.

 

Y fueron entrando todos los generosos, los que partieron su pan con el hambriento y regalaron sus vestidos a los pobres, los que consolaron presos y visitaron enfermos.

 

La señora quiso entrar, pero un ángel la detuvo diciéndole: “Perdone señora, pero usted en la tierra no daba sino migajas a los demás. Jamás dio algo que en verdad le costara, ni en tiempo, ni en dinero, ni en vestidos…, y este barrio es solamente para los generosos”. No la dejó entrar.

 

Pasaron luego a otro barrio de la eternidad. Todas las cosas construidas en marfil. ¡Qué blancura, qué primor! Los pisos en marfil, los techos en marfil…

 

La señora se apresuró para entrar a tan hermoso barrio, pero otro ángel la tomó del brazo y le dijo muy respetuosamente: “Me da pena, señora, pero este barrio es únicamente para aquellos que en el trato con los demás fueron delicados, comprensivos y bondadosos. Y usted fue muy dura, falsa y criticona, y a veces hasta grosera con el trato a las personas”.

 

Y mientras todos los que habían sido exquisitos en las relaciones humanas entraban a tomar posesión de sus lujosas habitaciones, la pobre mujer se quedó por fuera, mirando con envidia a los que iban entrando a tan esplendoroso barrio. Le faltó la cuota inicial: haber tratado bien a los demás.

 

Siguieron luego a un tercer barrio. Aquello era lo máximo en luminosidad y belleza. Todas las casas eran de cristal, pero de unos cristales excepcionalmente brillantes y hermosos. Paredes de cristal multicolores, techos de cristales refractarios, ventanas de cristales que parecían arcos iris.

 

La señora corrió a posesionarse de una de aquellas maravillosas mansiones, pero el ángel portero la detuvo y le dijo muy serio: “En su pasaporte dice que usted no se interesó por enseñar a las personas que estaban a su alrededor el camino del bien, la verdad, y este barrio es exclusivamente para las personas que ayudaron a los demás a buscar su felicidad. Aquí se cumple lo que anuncia el Profeta Daniel: ‘Quienes enseñen a otros a ser buenos, brillarán como estrellas por toda la eternidad’. Y usted nunca se preocupó para que las personas que conocía se volvieran mejores. Así que, aquí no hay casa para usted. Le falta la cuota inicial: Haber ayudado a otros a cambiar”.

 

Entristecida, la pobre mujer veía que entraban muchísimas personas radiantes de alegría a tomar posesión de su habitación eterna, mientras que ella, con un numeroso grupo de egoístas, era llevada cuesta abajo a un barrio verdaderamente feo y asqueroso; todas las habitaciones estaban construidas de basura, puertas de basura, techos de basura, paredes de basura. Los gallinazos sobrevolaban sobre aquella hediondez y los ratones y murciélagos rondaban por allí.

 

Ella se puso un pañuelo en la nariz  porque la fetidez era insoportable y quiso salir huyendo, pero el guardián del barrio le dijo con voz muy seria: “Una de estas casas será su habitación, puede pasar a tomar posesión de ella”.

 

La angustiada mujer gritó que no, que eso era horrible, que no sería capaz de habitar en ese montón de basuras, y el ángel le respondió: “Señora, esto es lo único que hemos podido construir con lo que usted envió desde la tierra como cuota inicial. Las habitaciones de la eternidad las hacemos con la cuota inicial que las personas mandan desde el mundo, y usted solamente nos enviaba egoísmo, maltrato a los demás, murmuraciones, críticas, palabras hirientes, tacañería, odio, rencores y envidia; además, usted utilizó a las personas de buen corazón que se acercaron a usted, y no le importó aprovecharse de ellas. En su vida terrenal no dejó entrar a su corazón la verdad de Dios, confundió el verdadero amor con una máscara física y no entendió a sus seres queridos. ¿Qué más podíamos haberle construido? Usted misma nos mandó el material para hacerle su casa”.

 

La mujer comenzó a llorar y a decir que no quería quedarse a vivir allí. Pero de pronto, al hacer un gran esfuerzo para separarse de quien la quería hacer entrar en semejante sitio, dio un salto y se despertó. Tenía la almohada empapada de lágrimas.

 

Esta pesadilla le sirvió de examen de conciencia. Desde entonces, empezó a pagar la cuota inicial de su mansión en la eternidad.

 

 

Autor desconocido

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: | Comentarios desactivados

Los dioses de la ciencia y la tecnología

Publicado por pablofranciscomaurino en Junio 14, 2008

 

«Y la van a adorar todos los habitantes de la tierra» (Ap 13, 8). ¿A quién? Al conocimiento humano, a los adelantos científicos, a la tecnología. Porque estos son tan impresionantes, que no acaba de salir algo novedoso, cuando ya está en estudio o a punto de salir otro.

 

Y, sutil como siempre, la diferencia entre admirar y adorar es velada por el endiosamiento: admirar la inteligencia humana es muy distinto a ponerla en el lugar de Dios. Por eso, muchos hombres y mujeres olvidan a su Creador, por eso se alejan de sus mandatos de amor, por eso se deshacen la moral y las buenas costumbres, y todo es sopesado por los avances científicos o tecnológicos con altanería: ya que lo último es lo mejor, todo lo pasado es malo, trátese tanto de aparatos electrónicos como de creencias religiosas; así, hasta la religión católica es relegada al pasado con el rechazo consiguiente de la humanidad a todo lo que “significó”.

 

Los dioses de la tecnología y la ciencia dominan las mentes de muchos, hasta el punto de exigir para la fe pruebas científicas. Y no las hay, ya que su sentido primero y principal no ni siquiera el de mero asentimiento intelectual a una verdad religiosa, sino el de vivencia existencial de esa verdad, o, en otras palabras, el de adhesión vital a Dios. La fe remite, pues, al abandono en manos de Dios, en cuanto el hombre renuncia a fiarse de sí mismo y se confía totalmente a la palabra poderosa y providente de Dios. La fe es la primera de las tres virtudes teologales: luz y conocimiento sobrenatural con que sin ver se cree lo que Dios dice y la Iglesia propone. Finalmente, la fe es el conjunto de creencias de alguien, de un grupo o de una multitud de personas.

 

Esa petición de pruebas científicas, por tanto, es absurda y altanera, ya que procura aminorar a los límites de la razón algo tan grande y tan profundo.

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , , , , | Comentarios desactivados

Los tres anhelos del hombre

Publicado por pablofranciscomaurino en Junio 11, 2008

 

Tres deseos vehementes atraen a la mujer y al hombre, desde el punto de vista natural, es decir, con lo que la naturaleza proveyó al ser humano:

 

1. La belleza

A todos nos atrae la belleza: una flor hermosa, un bello paisaje, un atardecer naranja en una playa… hacen que se experimente una sensación de agrado; los prados llenos de verde, el mar azul que parece infinito, las nubes blancas en el horizonte aguamarina, los bosques tupidos divisados desde un avión… no nos pasan desapercibidos; plantas multicolores; animales de todas clases, formas y tamaños, unos más bellos que otros; todo esto en la naturaleza no humana.

Y qué decir de la mujer: tanto ellos como ellas se complacen en la armonía de su cuerpo, en el encanto de su femineidad, en la galanura de su andar… Pinturas, dibujos y fotografías que se hacen y se venden por doquier y en todas las épocas hacen patente esa admiración que producen. Se hacen reinados de belleza, se venden las revistas que las tienen en sus portadas, se compran los productos que ellas anuncian…

Así mismo, los encantos de la naturaleza se introducen en las minúsculas viviendas de hoy: plantas en sus materas y animales domésticos unas veces; y otras, se llenan sus muros de cuadros y retablos que nos recuerdan, siempre y cada vez más, la naturaleza a la que pertenecemos.

No es difícil deducir que el hombre nació con el ansia natural por la belleza.

 

2. La bondad

¡Cuánto atrae al ser humano la bondad! Se nota en las películas, cuando el televidente o cinéfilo llora ante el sacrificio de uno que da su vida por los demás; se nota cuando alguien se conmueve ante la sonrisa pura y tierna de un bebé; se nota en la prensa escrita o hablada cuando muere un personaje que vivió para los demás…

Teresa de Calcuta, Gandhi, Jesús, Confucio, y todos los grandes hombres de la historia de la humanidad…

Se inventó un premio para otorgar a los mejores: el Nobel (de la Paz y de muchas áreas más); se dan medallas a los héroes; se entregan diplomas y pergaminos; se hacen conmemoraciones, fiestas y hasta bustos y estatuas…

El lector pudo haber recordado algo que vio u oyó y que lo hizo sentir aprecio por la bondad…

Es indudable, también, que al hombre le atrae en forma natural la bondad.

 

3. La verdad

Alguno podría decir: “¡Cuánto hemos avanzado en este campo!” Evidentemente, a vuelo de pájaro, se diría que la mente del ser humano no conoce límites: no acaba de producirse un adelanto científico o tecnológico y ya está apareciendo el otro que lo deja atrás.

¿Y el universo? No han pasado 2 años desde que el hombre descubrió unas mil quinientas galaxias más hasta el momento en que se escriben estas líneas…

Pero al avanzar se incrementan las preguntas: ¿Cuántas galaxias habrá en total?…

Cualquier especialista en cualquier área corroboraría lo dicho: cada respuesta trae más y más preguntas.

Además, están las incógnitas perennes: la razón de ser de la enfermedad, del dolor, de la vejez, de la muerte…

Y, también siempre, están en nuestro interior las preguntas que nos hicimos durante la adolescencia: “¿De dónde vengo?”, ¿Para dónde voy?”, “¿Qué vine a hacer en esta tierra?”, “¿Qué sentido tiene la vida?”…

Por qué, por qué, ¡por qué! Parece como si se pusieran de pie todos los “porqués”.

El hombre es un ser lleno de preguntas. Muchas sin respuestas.

Preguntas que hacen evidente el deseo natural de alcanzar la verdad.

Y ese deseo es evidente en todos los seres humanos: aun los más relativistas de todos los encuestados dejaban entrever su idea de una gran verdad y su anhelo por poseerla para poder contestar sus inquietudes más recónditas, por alcanzar una verdad que ni la retórica ni la elocuencia ni la vehemencia pueden cambiar, que ni siquiera la pueden embellecer o afear. Es una verdad que se sostiene sola, que no necesita ser defendida, que solo debe ser presentada para que brille por sí misma. Es un deseo por la verdad.

——- o ——-

Está claro: la belleza, la bondad y la verdad son las aspiraciones más altas de nuestro ser. Nacimos con ellas.

Y se siente la necesidad de llenar esas aspiraciones. Y no se sabe cómo hacerlo.

Para empezar, el primer paso es contestar por qué están allí, adentro.

¿Es, acaso, que el Creador las puso ahí con una finalidad?

¿No será que quiere atraernos hacia Él?

La respuesta es afirmativa, porque Él es la suma de toda la belleza, Él es toda la bondad junta y Él es la verdad absoluta.

Ya empiezan a aparecer respuestas: nuestro corazón —hecho por Él— nunca descansará hasta que llegue al encuentro con el Creador. Él es la finalidad de todo hombre.

En ese sentido se podría decir que somos como robots: estamos programados para buscar, encontrar y seguir a Dios. Lo demás no nos satisface, nos deja siempre un vacío interior: si tenemos dinero, queremos más; si hallamos placeres, sentimos que no nos llenan; si buscamos amores, nos decepcionamos con más frecuencia de la que querríamos o nos volvemos esclavos de las veleidades o de los vaivenes de las emociones y hasta de las pasiones; a pesar de lograr las metas que nos proponemos, a veces el estrés y una sensación de vacío nos acompañan…

Tratamos de llenar ese vacío con otras cosas o acciones que, en la mayoría de los casos, desdicen de nuestra dignidad de seres humanos, porque no estamos “programados” para ello.

 

Tomado del libro:

SABER VIVIR. Bogotá, Colombia. Indo–american press service limitada, 1999.

 

 

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , , , , , | Comentarios desactivados

¿Ahorrar?

Publicado por pablofranciscomaurino en Junio 11, 2008

 Paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología tanto más nos complicamos la vida los seres humanos: pareciera que nadie puede subsistir hoy sin un beeper o un celular; ninguno se «arriesga» a vivir sin seguro médico, de accidentes, de vida, de estudios, de carro, de viajes, de incendio y terremoto; son pocos los que no tienen computador con Internet, antena parabólica o televisión por cable… ¡Y muchos de ellos tienen problemas económicos! ¡Y muchos viven angustiados porque no les alcanza la plata para pagar la cuota del apartamento! ¡Y muchos se pasan la vida pidiendo préstamos para cubrir otros préstamos!…

 

Por eso, hoy nos enseñan a prevenir, a ahorrar, a preocuparnos por el futuro.

 

Sin embargo, vale la pena pensar un poco: a la hora de tomar un seguro, ¿quién está seguro de que se enfermará, de que se accidentará, de que faltará para terminar de educar a sus hijos, de que le robarán su carro o se incendiará su casa? ¿Cómo cobraríamos el seguro de terremoto, si la empresa aseguradora quedó también en ruinas?…

 

En cambio, pocos piensan en aquello que sí es seguro que nos sucederá. ¿Quién piensa, por ejemplo, en la muerte como un paso obligatorio que tenemos que dar? Sabemos que luego viene un juicio y, después, el Cielo, el infierno o el purgatorio. ¿Nos estamos preparando? ¿Estamos listos?

 

Si, además del celular o del beeper, tenemos la oración como teléfono de unión con Dios, podremos asumir esta vida como lo que es: una aventura, con sus incertidumbres, con muchos «pro» y otros «contra», con caídas y levantadas, con aspectos negativos y positivos. Y porque Dios es el mejor guía, el amigo que nunca falla (no como los seguros, que no son tan seguros), nos irá mejor.

 

Trabajando no tanto para el futuro inmediato (esta vida) como para el mediato (la otra) no nos harán tanta falta las parabólicas ni la televisión por cable ni tantas cosas superfluas e innecesarias. A propósito, ¿necesitamos realmente esas cosas, o lo que sucede es que nos dejamos comprar por los estereotipos del bienestar? Pensemos: realmente, ¿qué tan grave sería si no las tuviéramos?

 

Así no tendremos costos que nos amarguen la vida, que nos produzcan estrés, que no nos dejen vivir en paz…, y nos acercaremos más a la realidad, tal como es, no como nos la quiere hacer ver la sociedad de consumo.

 

Y, lo que es mejor, ¡viviremos plenamente esta aventura que se llama vida, con la vista puesta en la eternidad feliz!

 

 

 

 

 

 

 

Publicado en Reflexiones | Etiquetado: , , | Comentarios desactivados