Hacia la unión con Dios

Amar es…

Posted by pablofranciscomaurino en junio 9, 2008

 Amar significa que valoramos más a quien amamos que a nosotros mismos. Ya no nos importa nuestro bienestar sino el de la persona amada; ya no queremos estar bien sino que ella esté bien; ya no nos importa evitar nuestro sufrimiento sino que ella no sufra; ya no nos importa nuestra felicidad sino la suya, porque nuestra felicidad es que ella sea feliz.

Y eso fue lo que hizo Jesús: desde que dejó la gloria del Cielo y el amor de su Padre para venir a sufrir como cualquier ser humano, hasta que lo mataron haciéndolo sufrir tan intensamente, lo único en lo que pensaba era en nosotros, en pagar todos nuestros pecados, en abrir la puertas del Cielo para que pudiéramos entrar en él, en hacernos felices; a Él no le importó todo lo que tuvo que sufrir: le importó únicamente nuestra felicidad; y si para eso tenía que olvidarse de sí y sufrir inmensamente, lo hizo gustoso, por amor a nosotros.

Amar a Jesús es recorrer ese mismo camino: olvidarnos de nosotros mismos para hallar la felicidad procurándosela a Él; y no hacemos esto porque sea sabroso, sino porque estamos dispuestos a sufrir lo que sea necesario para hacerlo feliz, cueste lo que cueste, y en eso encontramos nuestra propia felicidad, porque El amor hace suyas las penas del amado,  como dice san Pablo de la Cruz.

Así lo hicieron todos los mártires: lo único que querían era consolarlo, compartiendo sus sufrimientos. Así lo hizo san Francisco de Asís, que le pidió a Jesús durante mucho tiempo que le concediera la gracia de amar y sufrir lo que Él amó y sufrió; y el Señor se lo concedió: lo puso a amar todo lo que puede amar un ser humano soportando sus llagas.

Así se comienza a entender en qué consiste el amor; se descubre que amar así es el secreto de la auténtica felicidad, que no hay nada en este mundo que pueda hacernos tan dichosos, que para eso fuimos creados, que por el contrario los que solo intentan pasar sabroso en este mundo nunca lo consiguen…

Cuando dejemos de temerle al sufrimiento seremos inmensamente felices: al unirnos a la Cruz de Jesús no solo lo consolaremos sino que lo ayudaremos a reparar la gloria y honra que le quitamos a Dios Padre, a salvar almas y a instaurar su Reino de amor aquí en la tierra. Pero hay más: nos purificaremos de nuestros apegos para que podamos experimentar los goces y deleites espirituales que Dios tiene reservados a los que lo aman de verdad…

El amor auténtico es efectivo, no solo afectivo. Esta es la prueba que Dios ha puesto para invitarnos a confiar en Él y esperar la auténtica y única posible felicidad.

¿No es un privilegio haber sido escogidos para esta maravillosa misión de amor? ¿Por qué demoramos tanto en responder al Amor? ¿Vamos a hacerlo sufrir más, retardando nuestra respuesta? Mirémoslo ahí, colgado en la Cruz, esperando nuestra respuesta de amor; parece que san Francisco de Asís nos gritara todavía hoy: ¡El amor no es amado! ¡El amor no es amado! ¡El amor no es amado!…

 

 

 

 

 

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