Hacia la unión con Dios

‘Apártate, Satanás’

Posted by pablofranciscomaurino en junio 10, 2008

Algunos pasajes evangélicos son particularmente de difícil exégesis. Uno de ellos es este, en el que Jesús llama a Pedro Satanás:

Comenzó a enseñarles que era preciso que el Hijo del Hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos y por los príncipes de los sacerdotes y los escribas, que sería condenado a muerte y resucitaría a los tres días. Jesús hablaba de esto con mucha claridad. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose la vuelta y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro y le dijo: “¡Apártate, Satanás!, pues tú piensas como los hombres, no como Dios”. (Mc 8, 31-33)

Llama la atención que acababa Pedro de proclamar su fe y, acto seguido, Jesús le dijo unas palabras que no pueden ser más enaltecedoras y bellas:

“Feliz eres, Simón Bar Jona, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los Cielos. Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo.” (Mt 16, 17-18)

¡Qué giro en sus palabras!: primero lo enaltece y luego le grita: “Apártate”, es decir, “Lárgate”, y lo llama nada menos que “Satanás”.

Y, ¿por qué razón? Solo hay una: porque “piensa como los hombres, no como Dios”.

Conviene saber, por lo tanto, qué es pensar como los hombres y qué es pensar como Dios. En el mismo texto está la respuesta: pensar como los hombres es rechazar eso de “sufrir mucho”. En cambio, pensar como Dios es cumplir la Voluntad del Padre —para su gloria y honra, para salvar a las almas y para que se instaure su Reino de Amor aquí en la tierra—, aunque esto implique “sufrir mucho”.

Por eso, inmediatamente después (Mc 8, 34), Jesús explica a la muchedumbre que el que quiera seguirlo, debe renunciar a sí mismo y tomar su Cruz. No cualquier cruz: la Cruz de Jesús, esto es: sufrir como Él.

Así pues, quien rechaza el sufrimiento que Dios nos permite, está en la misma posición de Pedro cuando se escandalizó de la Cruz, y podría escuchar el “lárgate” de Jesús y ser tratado por Él como el mismísimo Satanás.

“Sean imitadores míos, hermanos, y fíjense en los que siguen nuestro ejemplo. Porque muchos viven como enemigos de la Cruz de Cristo; se lo he dicho a menudo y ahora se lo repito llorando”. (Flp 3, 17-18)

 

Del libro: El que quiera venir en pos de Mí…’, 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2010.

Este libro lo puede conseguir en: http://sanpablo.co/red-de-librerias

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