Hacia la unión con Dios

¿Ahorrar?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 11, 2008

Paradójicamente, cuanto más avanza la tecnología tanto más nos complicamos la vida los seres humanos: pareciera que nadie puede subsistir hoy sin un teléfono celular; ninguno se «arriesga» a vivir sin seguro médico, de accidentes, de vida, de estudios, de carro, de viajes, de incendio y terremoto; son pocos los que no tienen computador con Internet, antena parabólica o televisión por cable… ¡Y muchos de ellos tienen problemas económicos! ¡Y muchos viven angustiados porque no les alcanza el dinero para pagar la cuota del apartamento! ¡Y muchos se pasan la vida pidiendo préstamos para cubrir otros préstamos!…

Por eso hoy nos enseñan a prevenir, a ahorrar, a preocuparnos por el futuro.

Sin embargo, vale la pena pensar un poco: a la hora de tomar un seguro, ¿quién está seguro de que se enfermará, de que se accidentará, de que faltará para terminar de educar a sus hijos, de que le robarán su carro o se incendiará su casa…?

En cambio, pocos piensan en aquello que sí es seguro que nos sucederá. ¿Quién piensa, por ejemplo, en la muerte como un paso obligatorio que tenemos que dar? Sabemos que luego viene un juicio y, después, el Cielo, el Infierno o el Purgatorio. ¿Nos estamos preparando? ¿Estamos listos?

Si, además del teléfono móvil, tenemos la oración como medio para hablar con con Dios, podremos asumir esta vida como lo que es: una aventura, con sus incertidumbres, con muchos «pro» y otros «contra», con caídas y levantadas, con aspectos negativos y positivos… Y porque Dios es el mejor guía, el amigo que nunca falla (no como los seguros, que no son tan seguros), nos irá mejor.

Trabajando no tanto para el futuro inmediato (esta vida) como para el mediato (la otra) no nos harán tanta falta tantas cosas superfluas e innecesarias. A propósito, ¿necesitamos realmente esas cosas o lo que sucede es que nos dejamos comprar por los estereotipos del bienestar? Pensemos: realmente, ¿qué tan grave sería si no las tuviéramos?

Así no tendremos algunos costos que nos amargan la vida, que nos produzcan estrés, que no nos dejen vivir en paz…, y nos acercaremos más a la realidad —tal como es—, no como nos la quiere hacer ver la sociedad de consumo.

Y, lo que es mejor, ¡viviremos plenamente esta aventura que se llama vida, con la vista puesta en la eternidad feliz!

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