Hacia la unión con Dios

Cuando llega la noche oscura

Posted by pablofranciscomaurino en junio 11, 2008

¡Si supiéramos cuán bueno es que el Señor nos tenga clavados en su santísima Cruz, haciéndonos compartir sus mismos dolores!: la sequedad espiritual que lo llevó a gritar con dolor la ausencia de su Padre, su agon

¡Si supiéramos cuán bueno es que el Señor nos tenga clavados en su santísima Cruz, haciéndonos compartir sus mismos dolores!: la sequedad espiritual que lo llevó a gritar con dolor la ausencia de su Padre, su agonía espiritual, una crisis cada vez más fuerte,… Y, en medio de todo, mantener la paciencia, la alegría por estar salvando almas y obedeciendo al Padre hasta las últimas consecuencias, procurando que nadie note nuestro dolor…

Es sólo en esos momentos cuando podemos decir con san Ignacio de Antioquía: “Mis pasiones están crucificadas con Cristo”. Es en esos momentos cuando podemos gritar con san Pablo: “Estoy crucificado con Cristo”, “Cumplo en mi carne lo que le falta a la Pasión de Cristo, en bien de su Cuerpo, que es la Iglesia”.

Entonces Jesús podrá afirmar: ¡Que dicha para la Iglesia!: ¡Ya hay otro Cristo penando por ella!… ¡Otro san Pablo de la Cruz para repararla!…” ¿Qué más queremos?

Esta etapa de la vida espiritual es la más sublime bendición que puede recibir un ser humano: se está dando su identificación con Cristo, ahora sí, plenamente. También en este estado, sin que la persona se dé cuenta, el Señor la está abrasando en su amor (volviéndola una brasa de amor, de su amor).

Según el venerable Juan Taulero, san Juan de la Cruz y san Pablo de la Cruz, esta es la mejor de las cruces y —dicen los tres— será más provechosa aún es si esa cruz se da sin consuelo. ¡Cuántas dichas y premios le esperan en el Cielo a quienes acojan una cruz así!: el franciscano san Pedro de Alcántara le dijo a santa Teresa de Jesús, cuando se le apareció después de muerto: ¡Dichosa penitencia que es tan bien premiada en el Cielo!

Además, esta purgación que hace el Sumo Bien es preparatoria para las gracias que Dios regala a sus predilectos. A quien Dios tiene así debe decírsele que espere con gozo… Que le llegará el momento en el que el Amor infinito la llenará de Sí, la fusionará a Sí, y no cabrá en sí misma de felicidad… Que siga adelante, que va bien; que, como dijo san Pablo de la Cruz, deje que el divino Artesano labre la estatua de su santidad para que quede bien bella y adorne eternamente la galería del Cielo.

Del libro: El que quiera venir en pos de Mí…’, 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2010.

Este libro lo puede conseguir en: http://sanpablo.co/red-de-librerias

Sorry, the comment form is closed at this time.