Hacia la unión con Dios

¿Católicos o beatos?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 13, 2008

Hay una gran diferencia entre el beato, aquel fiel difunto a quien el Sumo Pontífice ha declarado que goza de la eterna bienaventuranza, y aquel al que despectivamente se llama «beato».

Beato es el que se pasa las horas en la iglesia, cuando su obligación es trabajar o atender a su familia.

Beato es aquel que pertenece a dos grupos de oración y no descansa hasta ingresar al tercero.

Beato es el que todo lo espera de Dios, pero no hace el mínimo esfuerzo personal para resolver lo que espera.

El beato ve el mundo con sus hombres malos y perversos, pero él se cree bueno.

El beato es un sentimental: quiere ser santo, pero no ama a Dios.

En la conversación con él hay que cuidar las palabras porque se escandaliza.

«Al beato le preocupan extraordinariamente las formas que equivocadamente cree que santifican. El beato será siempre poco original. Tratará de pintar aisladamente brochazos de la vida del santo de su devoción, sin calar el móvil de su fuerza vivificadora. Si los hombres, cuando hablan con sus semejantes, se mantienen erguidos, ¿por qué cuando hablan con Dios han de torcer la cabeza?» (El valor divino de lo humano, Jesús Urteaga, p 34).

El beato se queja del maltrato a los sacerdotes, pero nunca será capaz de defender valientemente a esos «Cristos», que dijera Jesús a santa Margarita.

El beato es un cobarde que se esconde en la prudencia. Su candor es propicio para los tiempos pacíficos, pero no está hecho para la lucha.

Ni la valentía, ni la audacia, ni la reciedumbre son sus cualidades.

Al beato le cuesta oír hablar de cruz, de sacrificio, de mortificación, de penitencia… Es que estos sustantivos no son para los cobardes, son para los católicos, son para los mártires, para los magnánimos, para los que saben que nada grande se logra sin esfuerzos y sin sacrificios, para los audaces, para los intrépidos, para los grandes hombres de la historia, en fin, para los que quieren ser tan valientes como Cristo.

Ser cristiano significa pertenecer a la religión de Cristo y estar arreglado a ella; significa profesar la fe de Cristo, que se recibió en el bautismo; pero por encima de todos estas expresiones teóricas, ser cristiano es vivir como Cristo: entregar y gastar toda la vida en ofrecerse al Padre como víctima por los pecados de los hombres, para salvarlos a todos y para la gloria de Dios.

Y para esto se necesita valentía, coraje, valor y temple.

Y eso le falta al beato, porque es un esbozo de hombre y un esbozo de cristiano.

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