Hacia la unión con Dios

Confiar

Posted by pablofranciscomaurino en junio 16, 2008

Muchos católicos afirman que no son capaces de abandonarse totalmente en las manos de Dios; otros dicen que lo hicieron pero, luego de un tiempo, ya están angustiados, y hasta quieren solucionar aquellos problemas que supuestamente habían dejado en las manos de Dios…

Como esta circunstancia está tan generalizada y tiene tanta trascendencia en la vida espiritual, es indispensable explicar que abandonarse en las manos divinas no es dejar de sentir miedo o preocupación; abandonarse consiste en afirmar que confiamos en Dios, en su amor, a pesar de sentir miedo o preocupación.

Esto significa que confiar no es sentir, es asentir; que digamos: “¡Creo! ¡Confío!”, a pesar de que nuestro corazón dude, como lo hizo santa Teresita del Niño Jesús cuando tuvo que pasar por esa terrible prueba de fe: “Yo alabo a Dios porque quiero creer”.

Dicho de otro modo, Dios no nos exige que sintamos la confianza; lo que nos pide es un acto de la voluntad: que queramos confiar, porque sabemos que Él es el amor infinito, porque lo creemos con certeza.

Y esto es lógico: ¿Cómo podría Dios pedirnos lo imposible? Imposible es tratar de cambiar lo que sentimos. Si yo, por ejemplo, siento miedo ante un peligro inminente, Dios nunca pretenderá que yo elimine ese miedo, ni siquiera me pide que lo disminuya. Lo que Él espera es que, aun sintiendo ese miedo, con la voluntad yo diga: “¡Señor, confío en ti!”.

Si sintiéramos confianza, nada nos sería difícil y, por lo tanto, nada de mérito tendríamos; en cambio, si dudamos y, a pesar de eso, nos esmeramos en querer confiar, porque creemos en Dios, Él se complacerá con nuestro esfuerzo, haremos méritos y pasaremos la prueba que nos puso al permitirnos dudar.

Precisamente el mérito está en el esfuerzo: si en determinada circunstancia no sentimos esa confianza y, sin embargo, ponemos toda la voluntad en creer en el amor de Dios, en su misericordia, ganaremos lo que Él nos tenía previsto para avanzar en la vida espiritual.

Por el contrario, cuando no nos cuesta ningún esfuerzo confiar, cuando Él nos hace sentir esa confianza, no podemos hacer méritos, porque esa confianza no exige esfuerzo alguno de nuestra parte.

En resumen: Dios no nos pide sentir confianza, sino tener confianza. Cuando sentimos la confianza poco mérito hacemos; en cambio, cuando no sentimos confianza y hacemos el esfuerzo de querer confiar, hacemos méritos, Dios se complace y avanzamos espiritualmente.

 

 

 

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