Hacia la unión con Dios

El Cielo en la tierra

Posted by pablofranciscomaurino en junio 16, 2008

Desde que el Papa dijo que el Cielo no es tanto un lugar sino un estado, muchos se confundieron.

Un estado es la situación en que la está la persona. El Infierno, por ejemplo, es ese estado del alma en el que hay ausencia total de amor; por su parte, el Cielo es un estado de amor perfecto: allí no hay egoísmo alguno, no existe el mal…

Imaginémonos un mundo en el que cada ser humano ha aprendido a amar hasta el extremo a sus congéneres, a Dios y al cosmos. Todos se ocupan de la felicidad de los demás, aman a Dios sobre todas las cosas —sufrirían mucho si ofendieran a ese Dios tan bueno— y, por eso mismo, evitan dañar la naturaleza, regalo divino.

Nadie busca su propio interés sino el de los demás; es tanto el interés por el otro, que a duras penas cada uno se acuerda de sus propias necesidades.

En las familias se ve de manera especial esta actitud: los padres viven preocupados por sus hijos, nada anteponen a su educación en el amor, siempre tienen tiempo para ellos, son condescendientes, los ayudan en todo lo que pueden… Los hijos obedecen por amor, sabiendo que solo el amor mueve a sus padres. Los hermanos se «pelean» por dejar al otro la mejor parte de las comidas, el agua caliente…, su bienestar. Y todos se preparan para forjar un mundo mejor…

La generosidad invade las calles citadinas, los pueblos y veredas… Progresan los trabajos que sirven realmente al ser humano: la producción de alimentos, vestido y vivienda se ponen por encima de los productos superfluos y lujosos. Se invierte más en salud y educación que en otros beneficios y comodidades que nos podrían traer la ciencia y la tecnología: nadie es capaz de «disfrutar» de su bienestar viendo hambre y miseria a su alrededor…

El trabajo de cada día es tomado como un servicio: se regresa al trueque, se acaba el dinero. Y los servicios se dan sin esperar nada a cambio: ya no hay deudas por cobrar, pues el que debe algo se hace presente para responder pronta y responsablemente; y si el deudor no logra pagar a tiempo, el otro comprende la situación… La honestidad de todos hace que se cierren las facultades de derecho.

El ser humano comprende la igualdad de todos, aprende a través de los estudios genéticos que la especie humana está constituida por los mismos genes, distribuidos en forma distinta para cada individuo. Esto lo hace consciente de los grandes errores que se cometieron con la discriminación racial, social, sexual, cultural…, y lo impulsa a remediar eficazmente esos errores históricos, llenando el mundo de amor verdadero… Los conceptos de belleza o fealdad son eliminados: todo ser humano es bello y digno per se.

Se borran las fronteras: surge un solo país, al cual pertenecemos todos, al que todos amamos, por el que todos luchamos: el mundo. De esto se deriva que la política deja de ser un negocio egoísta para transformarse en otro servicio con el que se solventan todas las necesidades primarias de los nuevos ciudadanos del globo terráqueo, para luego dar principio a nuevas tecnologías realmente útiles para el bien común.

La diversión que se busca y que se da es sana.

Los medios de comunicación dicen siempre la verdad, sí; pero informan lo que beneficia al mundo y evitan lo que perjudica las mentes de infantes y jóvenes…

Nadie daña la capa de ozono por pingües ganancias; los animales son respetados como parte de los regalos que Dios nos dio; se elimina la producción de detergentes que destruyen la flora y fauna de los ríos, lagos y mares; el petróleo da lugar a la energía solar, que no produce deshechos tóxicos, que es más barata, que no enriquece solo a unos pocos y que produjo tantos enfrentamientos y tanta explotación; se encuentra un sustituto para el plástico o se recicla siempre sopesando el bien que pueda derivarse de ello… Asimismo, cada nuevo avance pasa por la coladera de la protección del mundo que Dios nos dio como hábitat nuestro, como nuestro hogar.

Tal vez usted juzgue ingenuos estos pensamientos; quizá los encuentre imposibles de realizar. En ambos casos es cierto que no entendió el mensaje, porque para Dios no hay cosas imposibles, y Él quiere establecer su Reino de amor —el Cielo— en la tierra; sólo desea que le creamos y nos pongamos a trabajar: comencemos usted y yo a amar cuanto podamos. Además, recuerde que los que creen lo imposible son los que logran lo imposible.

 

 

 

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