Hacia la unión con Dios

A la Santísima Virgen María*

Posted by pablofranciscomaurino en junio 20, 2008

(Compuesta por Nuestro Señor)

 

¡Oh Madre tierna y amante! ¡Virgen Purísima! ¡Madre de mi Redentor! Vengo a saludarte con el más filial amor de que es capaz el corazón de un(a) hijo(a).

 

Sí, Madre mía, soy hijo(a) tuyo(a), y como mi impotencia es grande, muy grande, me apropiaré de los ardores del Corazón de tu hijo Jesús y con El te saludaré como a la más pura de las criaturas, formada según los deseos del Dios tres veces Santo.

 

Concebida sin mancha de pecado original, exenta de toda corrupción siempre fiel a todos los movimientos de la gracia, tu alma atesoró esos méritos que te han levantado sobre todas las criaturas.

 

Escogida para Madre de Jesucristo, le has guardado como en un santuario purísimo, y el que venía a dar vida a las almas, la ha tomado de ti, y ha recibido de ti su sustento.

 

¡Oh, Virgen incomparable! ¡Virgen Inmaculada! ¡Delicias de la Trinidad Beatísima! ¡Admirada de los ángeles y de los santos! ¡Eres la alegría de los Cielos! Estrella de la mañana, rosal florido de la primavera, azucena blanquísima, lirio esbelto y gracioso, violeta perfumada, jardín cerrado y cultivado para delicia del Rey de los Cielos.

 

Eres mi Madre ¡Virgen prudentísima, arca preciosa donde se encierran todas las virtudes! Eres mi Madre, ¡Virgen poderosísima, Virgen clemente, Virgen fiel! Eres mi Madre ¡refugio de los pecadores! Te saludo y me regocijo al ver que el Todopoderoso te ha otorgado tales dones y te ha enriquecido con tantas prerrogativas.

 

Bendita y alabada seas, ¡Madre de mi Redentor! ¡Madre de los pobres pecadores! Ten piedad de nosotros y protégenos con tu maternal solicitud.

 

Yo te saludo en nombre de todos los hombres, de todos los santos y de todos los ángeles.

 

Deseo amarte con el amor y los ardores de los más encendidos serafines, y como aun esto es muy poco para saciar mis deseos, te saludo y te amo con tu Divino Hijo que es mi Redentor, mi Salvador, mi Padre y mi Esposo.

 

Te saludo con la santidad de la adorable Trinidad y con la pureza del Espíritu Santo, tu Esposo. Me regocijo y te bendigo con estas Divinas Personas y deseo tributarte eternamente un homenaje filial y puro.

 

¡Virgen incomparable! Bendíceme, ya que soy tu hijo(a).

 

Bendice a todos los hombres, protégelos y ruega por ellos al que es Todopoderoso y nada te puede negar.

 

Adiós, ¡tierna y querida Madre! Te saludo día y noche, en el tiempo y en la eternidad.

 

 

 

Del libro:

Un llamamiernto al amor

 

 

 

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