Hacia la unión con Dios

Sobre la actuación del pueblo en la Eucaristía

Posted by pablofranciscomaurino en junio 20, 2008

 ·      El pueblo está de pie a la entrada del sacerdote–presidente, como señal de respeto y acogida.

 

·      Al anunciar la proclamación del Evangelio, el sacerdote dice: «Lectura del santo Evangelio según…». En ese momento todos se signan con el dedo pulgar, se hacen tres cruces: la primera en la frente, para conocer mejor la palabra; la segunda en los labios, para anunciarla con ardor; y la tercera en el pecho, para vivirla en la práctica diaria. No se santiguan (hacerse la señal de la cruz desde la frente al ombligo y desde el hombro izquierdo al derecho, invocando a la Santísima Trinidad), porque ya se hizo al comienzo de la celebración y, en liturgia, se evitan los duplicados.[1]

 

·      Durante la lectura del Evangelio, los presentes se vuelven hacia el ambón para manifestar su especial reverencia a esta lectura culminante.[2]

 

·      Al finalizar la lectura del Evangelio, el sacerdote dice: «Palabra del Señor» y el pueblo responde: «Gloria a ti, Señor Jesús» (antes se respondía: «Te alabamos Señor»), para adherirnos mejor a las mismísimas palabras de Cristo.

 

·      A la homilía no se conteste: «Amén» ni «Así sea».

 

·      «El dinero, así como otras ofrendas para los pobres, se pondrán en un lugar oportuno, pero fuera de la mesa eucarística.»[3]

 

·      Inmediatamente después de la consagración del pan y del vino, los fieles quedan en silencio respetuoso (antes se decía: «Señor mío y Dios mío…», oración que pueden recitar mentalmente los fieles que lo deseen), porque la aclamación vendrá enseguida.

 

·      La doxología de la plegaria eucarística: «Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos» la dice el presidente solo.[4]

Es que la Plegaria Eucarística [desde que se hace el dialogo: “El Señor esté con ustedes” “Y con tu espíritu” “Levantemos el corazón”… hasta la doxología: “Por Cristo, con Él y en Él…”] debe ser pronunciada en su totalidad, y solamente, por el Sacerdote[5].

El pueblo responde: «Amén». Este «Amén» en particular debería resaltarse con el canto, dado que es el más importante de toda la Misa.[6]

 

·      Durante el rezo del Padre Nuestro, solamente el presidente levanta las manos. No es litúrgico que los fieles lo hagan, ni que se cojan de las manos (este es más signo de hermandad que de nuestra condición de hijos).

 

·      La oración de la paz («Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles…») es presidencial, es decir, la dice el sacerdote solo en nombre de toda la asamblea. El sacerdote termina esa oración diciendo: «…mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo» el pueblo concluye: «Tuyo es el reino…» (antes se decía: «Porque tuyo es el reino»).

 

·      «Conviene que cada uno de los fieles dé la paz de una manera sobria, únicamente a los que están cerca»[7], sin moverse de su puesto.[8]

El que da la paz puede decir: «La paz del Señor esté siempre contigo»; y el que la recibe, «Amén».[9]

 

·      Mientras el sacerdote comulga, los fieles deben permanecer de pie (aunque, como signo externo de adoración, pueden estar de rodillas), y pasarán a comulgar después de que consuma ambas especies.

 

·      «Cuando los fieles comulgan de rodillas no se les exige ningún otro signo de reverencia al Santísimo Sacramento, ya que la misma genuflexión es expresión de adoración. En cambio, cuando comulgan de pie, acercándose al altar procesionalmente, hagan un acto de reverencia antes de recibir el Sacramento, en el lugar y de manera adecuados, con tal de no desordenar el turno de los fieles»[10] (por ejemplo, una pequeña inclinación de la cabeza).

 

·      «La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento.»[11]

 

·      Autorizados por la Conferencia Episcopal, los fieles pueden recibir la comunión en la boca o en la mano, según lo deseen; pero se recomienda que, si lo hacen de este último modo, lo hagan cuando las manos están perfectamente limpias (para evitar que las partículas sagradas en las que sigue presente el Señor caigan al piso, se ha considerado siempre un signo de delicadeza que un acólito ponga la patena, y que los fieles reciban el Pan consagrado en la boca).

 

·      No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado por sí mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano. En esta materia, además, debe suprimirse el abuso de que los esposos, en la Misa nupcial, se administren de modo recíproco la sagrada Comunión.»[12] «No se admite que los fieles tomen por sí mismos el Pan consagrado»[13], ni siquiera cuando el que comulga es monja, monje o seminarista. Razón: en liturgia no se contempla el autoservicio. Tampoco deben tomar el cáliz sagrado.[14]

 

·      Durante la comunión de los fieles se pueden entonar cantos apropiados.

«Se recomienda a los fieles no descuidar, después de la comunión, una justa y debida acción de gracias, quedando posiblemente en oración por un conveniente espacio de tiempo».[15]

No es litúrgico recitar oraciones, como sucede cuando, al acabar, algunos fieles pronuncian la conocida oración: «Alma de Cristo, santifícame…»; este acto se sale de las rúbricas de la Santa Misa (por otra parte, durante la celebración, las oraciones deben ser dirigidas por el presidente, es decir, el sacerdote, y son de carácter comunitario y no privado).

 

·      La bendición se recibe de pie, salvo que se haga oración sobre el pueblo, que inclina la cabeza (no se arrodilla), en señal de humildad.

 

·      Por su significado, espérese de pie a que el sacerdote salga.

 

·      No inicien los fieles oraciones en voz alta inmediatamente después de terminada la celebración; espérese un poco para que, quienes lo deseen, continúen su acción de gracias.


[1] Cf. Insitutio Generalis Missalis Romani, 3ª ed, 134

[2] Cf. Insitutio Generalis Missalis Romani, 3ª ed, 133

[3] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,  Instrucción Redemptionis Sacramentum, nº 70

[4] Cf. Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Inæstimabile Donum, 4

[5] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,  Instrucción Redemptionis Sacramentum, nº 52

[6] Ídem

[7] Insitutio Generalis Missalis Romani, 3ª ed, 82

[8] Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,  Instrucción Redemptionis Sacramentum, nº 72

[9] Cf. Insitutio Generalis Missalis Romani, 3ª ed, 154

[10] Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, 34;

   Cf. Institutio generalis Missalis Romani, c; 246, d; 247, b;

   Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Inæstimabile Donum, 11

[11] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,  Instrucción Redemptionis Sacramentum, nº 93

[12] Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,  Instrucción Redemptionis Sacramentum, nº 94

[13] Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Inæstimabile Donum, 9

[14] Cf. Ídem.

[15] Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, Instrucción Inæstimabile Donum, 17

 

Tomado del libro:

CELEBRAR BIEN LA EUCARISTÍA. 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2004.

 

Este libro se puede adquirir en Editorial San Pablo, Colombia:

http://www.sanpablo.com.co/LIBROS.asp?CodIdioma=ESP

  

 

 

 

 

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