Hacia la unión con Dios

Los Sacramentos y la Biblia*

Posted by pablofranciscomaurino en julio 19, 2008

 

BAUTISMO

Originariamente es un rito purificatorio simbólico, consistente en sumergirse o rociarse con agua. Frecuente en la historia de las religiones y no desconocido en el mundo del AT (Nm 19, 2-10). Juan, el precursor, lo utiliza como señal de penitencia (Mt 3, 2-11 par). Jesús, que se somete a este rito (Mt 3, 13-17), lo convierte en rito de entrada en el reino (Mt 28, 19; He 1, 38; 8, 12.16.36-38; 9, 18; 10, 48; etc.). Pero justamente por eso, en adelante ya no será un simple rito externo, sino un acontecimiento eficaz y transformador (Mt 3, 11; Jn 3, 3-8; He 1, 5). Relacionado con la muerte sacrificial de Cristo (Mc 10, 38; Lc 12, 50), es una participación en esa muerte y en la consiguiente resurrección (Rm 6, 3-9; Ga 3, 27; Col 2, 12) y comporta una profunda renovación en la vida y en la conducta (Rm 6, 4-14; 1 Co 6, 11; Tt 3, 3-5).

Ver 139; 135; 137-138.

 

CONFIRMACIÓN

La imposición de las manos es un rito para confirmar el bautismo y recibir los dones del Espíritu (Hch 8, 14.18; 19, 6; 9, 17), que no puede conferir cualquier ministro (Hch 8, 14-17). Hb 6, 2.

 

RECONCILIACIÓN

Tiene en la Biblia dos principales significados:

a)      Proclamación de la fe en Dios, especialmente en Dios misericordioso (Sal 40, 10; 95, 5-6; 104; 105) y en Jesucristo (Mt 16, 16; Rm 10, 9-10; 1 Tm 6, 12; 1 Jn 2, 23).

b)      b) Reconocimiento y manifestación de los propios pecados, bien como individuo (Lv 16, 21; Nm 5, 7; Jos 7, 19; Pro 28, 13; Sir 4, 26; St 5, 16; 1 Jn 1, 9; ver Lc 5, 8; 15, 21), bien como colectividad (Esd 9, 6-15; Bar 1, 15-22; Dn 9, 4-16; Sal 106; Mc 1, 5 par).

 

MATRIMONIO

El matrimonio, en cuanto unión de un hombre «esposo» y de una mujer «esposa» en orden a constituir una familia, tiene para la Biblia su origen en Dios (Gn 1, 27-28; 2, 20-24), quien de suyo lo desea monógamo e indisoluble (Mt 19, 4-5; ver Gn 4, 23-24, donde el primer polígamo es presentado como un hombre cruel y vengativo). Cierto que la Biblia se hace eco de la condescendencia de Dios con las costumbres matrimoniales del tiempo (Gn 24, 2-8; 29-15-30; 38, 6-26; Lv 18, 6-19; Dt 7, 1-3; 25, 10; Rt 2, 20), entre las que merecen especial atención la posibilidad de divorcio (Dt 21, 15; 24, 1) y la poligamia, favorecida esta última por el gran aprecio de la fecundidad (Gn 16, 2; 29, 15-30; Ex 21, 10; Dt 21, 10-15; 1Sm 1, 2). Pero el ideal es otro, por lo que desde siempre se canta el amor exclusivo (Gn 25, 19-28; 41, 50; Tb 11, 5-15; Jdt 8, 2-8; Pro 5, 15-20; 18, 22; Sir 26, 1-4; todo el Cantar de los Cantares) y se valora muy positivamente la estabilidad del matrimonio y la fidelidad de los esposos (Lv 20, 10; Dt 22, 22; Ez 18, 6; Mal 2, 14-16). Con esto se va alumbrando el ideal religioso del matrimonio que Jesús (Mt 19, 3-9; Mc 10, 2-12; Jn 2, 1-11) y Pablo (1 Co 7, 2-5.10-11; Ef 5, 31-33) reafirman con fuerza, hasta el punto de considerar el matrimonio cristiano como símbolo de la unión existente entre Cristo y la Iglesia (Ef 5, 23-32). Sin embargo, tanto Jesucristo como Pablo reconocen que el hombre y la mujer pueden también realizarse fuera del matrimonio como personas y como hijos y servidores del reino (Mt 19, 12; Lc 14, 26; 18, 29-30; 1 Co 7, 7-8.25-40).

 

EUCARISTÍA

Etimológicamente significa «acción de gracias», y en este sentido se utiliza con frecuencia en al Biblia griega (Sb 16, 28; 18, 2; 2M 1, 11; 12, 31; He 24, 3; Rm 16, 4; 1 Co 1, 14; 1 Co 14, 16; Ef 5, 4; Col 2, 7; 4, 2; 1Ts 3, 9; 1 Tm 2, 1; .4, 3; Ap 7, 12; 11, 17). Pero en el lenguaje posbíblico, la Iglesia cristiana ha hecho del término Eucaristía la expresión técnica para referirse al gesto con el que Jesús en la última cena instituye un sacrificio de acción de gracias, a la vez anticipativo y rememorativo del sacrificio de la cruz (Mt 26, 26-29; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20; 1 Co 11, 22-25). Jesús repite el gesto en Lc 24, 30, y la primitiva comunidad se siente comprometida a hacer lo mismo, si bien en el NT lo expresa con las palabras «fracción del pan» (He 2, 42.46; 20, 7; ver 27, 35).

 

UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Además del sentido bíblico ya explicado del término «consagración», la unción con aceite se utiliza en la Biblia como muestra de honor y de respeto (Sal 23, 5; ver 92, 11; Lc 7, 38-46; Mt 26, 6-13 par; Jn 12, 1-8; 19, 40) y también como elemento curativo (Is 1, 6; Lc 10, 34; Mc 6, 13). De ahí que la unción pase a constituir un elemento sacramental para simbolizar la fuerza curativo–salvífica de la acción divina sobre el hombre (St 5, 15).

 

ORDEN SACERDOTAL

La Biblia se hace eco de dos tipos de sacerdocio:

a)      El sacerdocio ministerial, que en el pueblo israelita era ejercido por los miembros de la tribu de Leví, con la familia de Aarón a la cabeza (Ex 28-29; 32, 25-29; Nm 25, 10-13; Dt 33, 8-11; 1 Re 1, 7-8.25-26; 2 Re 23, 9; Ez 44, 15-31). A estos sacerdotes ministeriales correspondía custodiar el arca de la alianza (1S 2, 12-17), ofrecer sacrificios (Lv 2, 2-10; Nm 18, 1-19; Sir 50, 5-21), recordar a los israelitas la ley y demás beneficios divinos (Dt 27, 9 ss; 33, 10, Ne 8, 10 ss). No siempre fueron fieles a su misión (Is 28, 7; Jr 2, 8; Os 4, 4-11; 5, 1 ss), por lo que los profetas anuncian un nuevo sacerdocio (Jr 33, 18; Za 3, 6-10; Mal 3, 14; Sal 110, 4), que tendrá pleno cumplimiento en Jesucristo (Hb 5-10) y en los sacerdotes de la nueva alianza (Lc 22, 19-20; 1 Co 11, 24-25).

b)      b) El sacerdocio común, que afecta a todos los miembros del pueblo de Dios y del que el sacerdocio familiar es una especie de tipo (Gn 12, 7-8; 13, 18; 16, 25). Ya el AT proclama esta condición sacerdotal de todo el pueblo (Ex 19, 6; Is 61, 6), y el NT la confirma (1 Pe 2, 5.9; Ap 1, 6; 5, 10; 20, 5; ver Rm 12, 1; Hb 12, 28).

 

 

Bibliografía: La Biblia Latinoamericana.

 

 

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