Hacia la unión con Dios

Los evangélicos y el amor

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 10, 2008

La encíclica papal “Que todos sean uno”, con todo ese bagaje de información, ha producido cambios asombrosos en muchos lectores. Su profundidad, su espíritu verdaderamente cristiano, ha llenado las expectativas de quienes, preocupados por los hermanos no católicos, querían una guía firme, segura y acorde con la doctrina de Jesucristo. Pormenorizados los conceptos del Concilio Vaticano II, se abre la puerta al deseo papal sobre la unión definitiva en el amor fraternal entre los cristianos, para que por fin se haga realidad el hecho de que todos conozcan que somos discípulos de Jesús porque nos amamos los unos a los otros.

Completamente ajeno a estos menesteres, un amigo mío se vio involucrado en una Iglesia evangélica; sus cantos, sus expresiones de felicidad y de amor por los demás, cosas que -dijo- nunca vio entre los sacerdotes católicos, junto con la heredada idea de que la Iglesia Católica ha estado llena de errores históricos, lo fueron convenciendo de que debía convertirse en cristiano evangélico.

Pero su decisión no iba a ser definitiva hasta no enterarse, a través de los escritos de ambas iglesias, de sus principios y de su doctrina. Por eso le facilité todos los documentos que pude conseguir, incluyendo la reciente encíclica.

Meses después pude inquirirlo al respecto.

Había leído mucho. Su colección de libros era grande. Ya tenía unas conclusiones:

Si bien los principios son los mismos y se habla del amor de Cristo por los hombres y de su salvación, los evangélicos basan su enseñanza en la crítica a la Iglesia Católica acerca de los santos, la Virgen María, la obediencia al Papa, el hecho de realizar ritos infundados y sin “alma” (incluso descubrió detalles que podrían parecer tan tontos como la confusión que se presenta entre las palabras “venerar” y “adorar”). Además, se critica la jerarquía de la Iglesia, se miente en algunos aspectos para lograr adeptos…

Por otra parte —dijo—, desde 1965 hasta la encíclica, la Iglesia Católica no se cansa de hablar de unidad y de ecumenismo. Da valor a la presencia de Dios en las otras comunidades de amor y nunca las denigra.

De modo que se dijo a sí mismo que, ya que “la verdadera religión es el amor”, ella está, obligatoriamente, entre los católicos.

Hace poco, apareció una nota que lleva por título “Católicos protestan contra evangélicos”, de la agencia Efe. Allí se cuenta la cruda verdad de unas actitudes no propias de ese espíritu fraternal (el uso de un revólver para amenazar, la quema de un muñeco y la incredulidad de un cardenal ante las disculpas del líder evangélico por la agresión de una imagen de la patrona de Brasil, Nuestra Señora de Aparecida).

La decisión de mi amigo está tomada. Pero le duele esa falta de unión verdadera con Cristo. Estoy seguro que como él, muchos católicos hemos decidido hacer continuas oraciones y pequeños (o grandes) sacrificios de reparación por la transgresión de la norma principal del credo católico: el amor que nos enseñó el Señor: poner la otra mejilla, ser siempre condescendientes con las opiniones ajenas, comprender, perdonar, olvidar, como lo hizo Jesús.

 

 

 

 

 

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