Hacia la unión con Dios

Asunción

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 19, 2008

¡Bendita tú entre las mujeres!

 

Nos dice hoy san Pablo que el último enemigo en ser destruido será la Muerte, porque por Cristo viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que por Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo.

Pero, como lo especifica el Apóstol, cada cual en su rango. La más alta de rango, por supuesto, es la Madre de Dios y Madre nuestra.

Y esto es lo que celebramos hoy: la Virgen María es llevada a recibir el premio, como nos lo hace entrever el Apocalipsis: se abrió el Santuario de Dios en el Cielo, y apareció el arca de su alianza: la Mujer por antonomasia, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

Y se oyó entonces una fuerte voz que decía en el Cielo: «Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo».

Por esto fue que cuando se puso en camino María a la casa de Zacarías y saludó a Isabel, saltó de gozo el niño en su seno, Isabel quedó llena de Espíritu Santo y exclamó a gritos:

«Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; ¿de dónde a mí que venga a verme la Madre de mi Señor? Porque apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!»

Se cumplió lo que nos había dicho el Señor acerca de la felicidad eterna en el Cielo: María llegó al Cielo: ¡es feliz!, ¡totalmente feliz!, ¡y para siempre!

Y, por sus palabras, podemos saber cómo lograrlo también nosotros:

«Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, porque ha visto la humildad de su esclava»; por eso, porque fue humilde, desde ahora todas las generaciones la llamarán bienaventurada.

Nosotros también seremos bienaventurados; solo hay una condición: que Dios vea nuestra humildad.

 

 

 

 

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