Hacia la unión con Dios

¿Sigue vigente el demonio?

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 4, 2008

Uno de los triunfos mayores del demonio es hacer creer a muchos que él no existe. Es así como en algunos ambientes se ha decretado la muerte del demonio.

La Nueva Era, por ejemplo, defiende las siguientes ideas: todo es uno; no existen realmente diferencias entre las personas y los animales, entre los humanos y los minerales, entre el Creador y la Creación; todo es Dios; todos somos dioses, por lo tanto no podemos pecar; no existe el mal; no existe el demonio…

Si esos conceptos siguen creciendo con el auge con que van haciéndolo, pronto se acabarán las cárceles, los abogados y la justicia; ya no habrá castigo —ni legal ni moral— para los adúlteros, ladrones, secuestradores, homicidas, terroristas, narcotraficantes… Todos son buenos, porque nadie puede hacer el mal: Dios es bueno y misericordioso por naturaleza, y nada de sus manos pudo haber salido mal; el mal no existe.

Tanto las víctimas de los desmanes y maldades de hoy como las de antaño se deberían alzar contra esta desatinada creencia pues, según ella, los individuos que los han hecho sufrir tanto son buenos, son emanación y parte de Dios.

Basta pensar un poco: si de Dios fluye únicamente el bien, si de Él no puede nacer nada malo (pues no sería perfecto ni por lo tanto Dios), ¿de dónde proviene el mal?

Alguno dirá que el mal procede del hombre.

Y el hombre, ¿por quién fue hecho? ¿por Dios? Luego, ¿Dios hizo mal al hombre?

No puede ser que Dios, siendo perfecto, haga mal las cosas o los seres.

Sin embargo, la Biblia habla de los demonios como espíritus maléficos en muchos de sus pasajes. Leamos algunos:

“El espíritu del Señor se había apartado de Saúl y un espíritu malo lo atormentaba. Entonces los servidores de Saúl le dijeron: «Sabemos que un espíritu malo te atormenta. Si tú, señor, lo permites, nosotros, tus servidores, buscaremos un hombre que sepa tocar la cítara para que cuando te atormente el espíritu malo, toque y sientas alivio.»” (1S 16,14-16)

“Había tenido siete maridos, pero el mal demonio Asmodeo los había muerto antes de que hubiera tenido relaciones maritales. Las muchachas decían a Sara: «Tú eres la que ahoga a tus maridos. Ya has tenido siete, pero de ninguno has disfrutado.” (Toa 3,8)

“Le respondió: «Si se quema el corazón o el hígado del pez ante un hombre o mujer atormentados por un espíritu malo, el mal desaparece para siempre.»” (Toa 6,8)

“El olor del pez hizo huir al demonio hacia las regiones altas de Egipto, donde Rafael lo encadenó.” (Tb 8,3)

Con frecuencia, sobre todo en el Nuevo Testamento, son representados como personificación del mal en lucha permanente contra Dios y su reino instaurado por Cristo:

“Llegaron a la otra orilla del lago, que es la región de los gerasenos. Apenas había bajado Jesús de la barca, un hombre vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, pues estaba poseído por un espíritu malo. El hombre vivía entre los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él rompía las cadenas y hacía pedazos los grillos, y nadie lograba dominarlo. Día y noche andaba por los cerros, entre los sepulcros, gritando y lastimándose con piedras. Al divisar a Jesús, fue corriendo y se echó de rodillas a sus pies. Entre gritos le decía: «¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo! Te ruego por Dios que no me atormentes.» Es que Jesús le había dicho: «Espíritu malo, sal de este hombre.»” (Mc 5,1-8)

“Algunos le trajeron un endemoniado que era ciego y mudo. Jesús lo sanó, de modo que pudo ver y hablar.” (Mt 12, 22)

“Cuando el espíritu malo sale del hombre, empieza a recorrer lugares áridos, buscando un sitio de descanso, y no lo encuentra. Entonces se dice: Volveré a mi casa de donde salí. Al llegar la encuentra desocupada, bien barrida y ordenada. Se va, entonces, y regresa con otros siete espíritus peores que él, entran y se quedan allí. La nueva condición de la persona es peor que la primera, y esto es lo que le va a pasar a esta generación perversa.” (Mt 12, 43-45)

“Lleven con ustedes todas las armas de Dios, para que puedan resistir las maniobras del diablo.” (Ef 6,11)

“Por eso no pude esperar más y envié a Timoteo para tener noticias de la fe, no fuera que el Tentador los hubiera hecho tropezar, resultando inútil nuestro trabajo.” (1Ts 3,5)

“No pueden beber al mismo tiempo de la copa del Señor y de la copa de los demonios ni pueden tener parte en la mesa del Señor y en la mesa de los demonios. (1Co 10, 21)

“No es mucho que sus servidores [los de Satanás] se disfracen también de servidores del bien. Pero su fin será el que se merecen sus obras.” (2Co 11,15)

“Y precisamente para que no me pusiera orgulloso después de tan extraordinarias revelaciones, me fue clavado en la carne un aguijón, verdadero delegado de Satanás, cuyas bofetadas me guardan de todo orgullo. (2Co 12, 7)

“El Espíritu nos dice claramente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe para seguir espíritus seductores y doctrinas diabólicas.” (1Tm 4,1)

“Sean sobrios y estén vigilantes, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar.” (1 Pe 5,8).

Al frente de los demonios está Satán “que significa «el adversario»”, suprema expresión de toda oposición a Dios (Léase: Za 3,1-5; Jb 1-2; Lc 22,3.31; Jn 13,27; 1Ts 2,18; 2Ts 2,9).

Satanás recibe también los nombres de Belcebú (Mt 12,22), Belial (2Co 6,14) y sobre todo Diablo (Mt 4,1.5.8.11; 13,39; 25,41; Jn 6,70; 8,44; Ef 4,27; 1 Jn 3,8-10; etc.).

Y, ¿cómo se puede explicar la presencia de esos espíritus malos?

Los ángeles, buenos por naturaleza, tienen —como los hombres— una facultad extraordinaria con respecto a las demás criaturas: la libertad. Pueden hacer el bien o el mal: mientras que una planta o un animal viven siguiendo las leyes de su naturaleza, sin oponerse a ninguna de ellas, los seres humanos y los ángeles tenían y tienen la potestad de decir: «no». No a la ley de Dios, no al amor, no a la bondad, no a la virtud… Así se ve cómo los hombres dañan la capa de ozono sabiendo que se están autodestruyendo, se odian, se maltratan, destruyen sus vidas, desordenan el cosmos, etc.

Del mismo modo, los ángeles malos intentan destruir el orden establecido por Dios, con la intención de desestabilizarlo, como se diría hoy de un gobierno. Y es que el gobierno divino es el blanco de todas las acciones de los demonios.

A través de las tentaciones, las obsesiones y las posesiones se presenta el demonio en las vidas humanas —a quienes Dios ama con predilección— para que se opongan al bien querido por Dios.

El que no lo crea que revise todas las ocasiones en las que se ha sentido incitado a devolver las agresiones, a sentir envidia u odio, a desordenar su genitalidad, a no hacer lo que le corresponde o lo que debe hacer… en fin, a no amar.

El que no lo crea que se acuerde de aquellos que están obsesionados con el placer, el tener, la fama o el poder…

El que no lo crea que sea testigo de las ocasiones en que los obispos o sacerdotes autorizados deben hacer exorcismos, y que se responda por qué la Iglesia editó hace poco un ritual de exorcismos.

Jesús mismo dijo: “En mi Nombre echarán demonios”. (Mc 16, 17)

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