Hacia la unión con Dios

¿Cuánto vale una Misa?*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 10, 2008

 1) Para saber

En la primera homilía pronunciada por el Papa Benedicto XVI, nos ha recordado el año en que nos dejó Juan Pablo II: “De manera muy significativa, mi pontificado inicia mientras la Iglesia vive el año especial dedicado a la Eucaristía. ¿Cómo no ver en esta coincidencia providencial un elemento que debe caracterizar el ministerio al que estoy llamado? La Eucaristía, corazón de la vida cristiana y fuente de la misión evangelizadora de la Iglesia, no puede dejar de constituir el centro permanente y la fuente del servicio petrino que me ha sido confiado.” (Homilía, 20-IV-2005).

 

Un relato que hace un sacerdote nos puede ayudar a valorar este Sacramento:

 

Hace muchos años, en la ciudad de Luxemburgo, un capitán de la guardia forestal se entretenía en una animada conversación con un carnicero, cuando una señora ya mayor entró a la carnicería. Ella le explicó al carnicero que necesitaba un pedazo de carne, pero que no tenía dinero para pagarlo.

El capitán encontró la conversación muy entretenida: “¿Un pedazo de carne?, pero ¿cuanto me va a pagar por eso?” preguntó el carnicero. La señora le respondió: “Perdóneme, no tengo nada de dinero, pero iré a Misa por usted y rezaré por sus intenciones”. El carnicero y el capitán eran buenos hombres, pero indiferentes a la religión, y se empezaron a burlar de la respuesta de la mujer:

“Está bien”, dijo el carnicero, “entonces vaya  a Misa por mí, y cuando regrese le daré tanta carne como pese la Misa”. La mujer se fue a Misa y regresó. Cuando el carnicero la vio, cogió un pedazo de papel y anotó la frase “Ella fue a Misa por mí”, y lo puso en uno de los platos de la balanza, y en el otro plato colocó un pequeño hueso. Pero nada sucedió; inmediatamente cambio el hueso por un pedazo de carne. El pedazo de papel pesó más.

Los dos hombres comenzaron a impresionarse por lo sucedido, pero continuaron: colocaron un gran pedazo de carne en uno de los platos de la balanza, pero el papel siguió pesando más. Entrando en desesperación, el carnicero revisó la balanza, pero todo estaba en perfecto estado.

“¿Qué es lo que quiere, buena mujer, es necesario que le dé una pierna entera de cerdo?”, preguntó. Mientras hablaba, colocó una pierna entera de carne de cerdo en la balanza, pero el papel seguía pesando más. Luego, un pedazo más grande, pero el papel siguió pesando más.

Fue tal la impresión que se llevó el carnicero que se convirtió en ese mismo instante, y le prometió a la mujer que todos los días le daría carne sin costo alguno. El capitán dejó la carnicería completamente transformado y se convirtió en un fiel asistente a la Misa. Dos de sus hijos se convertirían más tarde en sacerdotes, uno de ellos es jesuita y el otro del Sagrado Corazón. El capitán los educó de acuerdo a su propia experiencia. Luego advirtió a sus dos hijos que “deberán celebrar Misa todos los días correctamente y que nunca deberán dejar el sacrificio de la Misa por algo personal”.

El padre Stanislao, quien fue quien contó todos los hechos, acabó este relato diciendo: “Yo soy el sacerdote del Sagrado Corazón, y el capitán era mi padre”.

 

2) Para pensar

            No podemos olvidar, como nos recuerda el Papa Benedicto XVI, que “la Eucaristía hace presente constantemente a Cristo resucitado, que sigue entregándose a nosotros, llamándonos a participar en la mesa de su Cuerpo y su Sangre. De la comunión plena con Él, brota cada uno de los elementos de la vida de la Iglesia, en primer lugar la comunión entre todos los fieles, el compromiso de anuncio y testimonio del Evangelio, el ardor de la caridad hacia todos, especialmente hacia los pobres y los pequeños.” (Primera Homilía, 20-IV-2005).

            Será gracias a la cercanía con la Eucaristía que podremos atender a los demás

con ese amor de Cristo. Pensemos si no sería posible darle mayor valor a la Santa Misa y hacer lo posible por no faltar los domingos.

 

3) Para vivir

            Tal vez si nos damos cuenta de la importancia de una Santa Misa, pero vivimos de manera diferente. En eso nos podemos parecer al carnicero del relato. Intentamos sustituir la Santa Misa por otra actividad pensando que vale más. Creemos que vale más nuestro descanso o una película que vemos, o incluso ver o participar en un deporte. No es que estén mal esas actividades, pero nunca podremos compararlas al valor de una Santa Misa. Con un poco de orden, además de la Santa Misa, caben muchas otras buenas actividades.

            Vivamos, pues, teniendo muy presente en nuestras vidas el valor incalculable

que tiene la asistencia a una Santa Misa.

 

José Martínez Colín*

(Cualquier comentario o sugerencia: e-mail: padrejose@ich.edu.mx)

 

 

 

 


* José Martínez Colín es sacerdote, Ingeniero en Computación por la UNAM y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra)

 

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