Hacia la unión con Dios

VOX PATRIS*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 25, 2008

 VOX PATRIS

 
 
 
 
 

 MAXIMAS ESPIRITUALES

 DE SAN PABLO DE LA CRUZ


 
 
 
 

 Versión original: P. Tito de san Pablo de la Cruz

 Traducción del Italiano: padre Abelardo Quintero P., C.P.
 

  

Al meditar en la profunda riqueza que encierra la espiritualidad de san Pablo de la Cruz, he visto la necesidad de darle a este tratado una forma más simplificada y sencilla, para hacerlo más asequible a todas las personas. 

 

He dejado los mismos títulos y suprimido las frases e ideas repetidas, como también las citas entre paréntesis, para dar mayor fluidez a la lectura y permitir que el lector se sumerja más en la asimilación del mensaje. 

 

En esta forma, pretendo llevar la fuerza inspiradora de las palabras de san Pablo de la Cruz a todas las personas deseosas de seguir a Jesús, aceptando incondicionalmente su invitación: «Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Lc 9, 23).

 

Olga

 

PRÓLOGO

 

El padre Tito de san Pablo no pudo escoger mejor marco para las Máximas de san Pablo de la Cruz, que esta cita de san Lucas, en la cual Jesús nos invita a seguirlo más de cerca con tres condiciones específicas y concretas que siempre están retando nuestra naturaleza inclinada al facilismo y la comodidad. Dicha invitación nace del inmenso amor de Dios cuyo único fin es llevarnos a la unión total con Él. 

 

Según la relación de ideas y oraciones, san Pablo de la Cruz nos anima a seguir esta llamada con igual exigencia, partiendo del conocimiento de nuestra propia nada y del único todo que es Dios, “El Sumo Bien”, ya que esta es la base de toda virtud y es la verdadera ciencia que permite ver a la luz de la fe la voluntad de dios en toda circunstancia próspera o adversa de nuestra vida. 

 

El amor es la fuerza que mueve al espíritu a realizar esta total comunión con la Voluntad Divina, a ejemplo de Jesús, anonadado y abandonado por amor a la voluntad del Padre. 

 

Si alguna idea es repetible con mayor vehemencia, es la del total abandono a la divina Voluntad. Como san Pablo de la Cruz lo experimentó y lo expresó, sólo en esta actitud abandonada y segura, como la del niño en los brazos de su madre podemos encontrar el sentido redentor del sufrimiento en nuestra vida. 

 

Identificados plenamente con Jesús paciente, nos sumergimos en la virtud misma que se hace vida en todo aquel que permanece en pura fe y santo amor en la cruz de sus tribulaciones; despojado de todo, confiando solamente en la inmensa misericordia de Dios. 

 

Seguir a Jesús es jugarse la vida con El, para llegar al Padre revestidos de la pasión y de las virtudes que nacen de ella: humildad, mansedumbre, paciencia, obediencia, etc. San Pablo de la Cruz nos muestra el camino de la cruz – desafío a despojarnos como Jesús, del apego a la propia vida, a nuestra honra y fama y hasta de los consuelos de Dios.

 

Esta doctrina es un llamado a los hombres de todos los tiempos que buscan en su lucha diaria, una respuesta de alivio a la pasión del hombre. Nos descubre precisamente que no es el escape, ni el consuelo, ni siquiera la comprensión del dolor lo que salva al hombre, sino el estar crucificado en la cruz don Cristo. 

 

Por tanto, debemos asumir el sufrimiento como lo asumió El, por amor a los hombres.

 

 

I. ESCUCHAR LA DIVINA LLAMADA

“Si alguno quiere venir en pos de mi…” (Lc 9,23) 

 Jesucristo, venido al mundo para ser camino, verdad y vida de todos los hombres, a todos da su gracia, a todos llama a venir a sí, a todos hace sentir su invitación amorosa: “Si alguno quiere venir en pos de mi…” 

 Esta llamada del Señor, variada y multiforme como la gracia actual de la cual son las expresiones, obra directa e indirectamente sobre nuestras facultades espirituales, la inteligencia y la voluntad, iluminando la primera y corroborando la segunda, para hacerla producir buenos deseos y actitudes sobrenaturales dignas de la vida eterna. 

 Pero Dios que es rico en misericordia y que libremente distribuye sus dones, suele hacer oír a algunas almas “una llamada de predilección”, invitándolas, con la vocación religiosa a seguir más de cerca de Cristo, con la práctica de los consejos evangélicos. 

 Pero todas las divinas llamadas, tanto las comunes como las especiales, tienen como fin el ejercicio de las santas virtudes, y la consecución de la santidad y perfección, “teniéndonos el Señor desde la eternidad elegidos en Cristo, para que fuésemos santos e irreprochables ante El por la caridad.” (Ef. 1,4). 

 Trataremos, por tanto, en esta primera parte:

1.  De los buenos deseos, luces e inspiraciones del Señor.

2.  De la vocación religiosa.

3.  Del ejercicio de las virtudes.

4.  De la perfección.

 “Bienaventuradas las almas que escuchan la llamada del señor y de su boca reciben palabras de satisfacción ¡Bienaventurados los oídos que, cerrados a los rumores del ambiente, acogen los rumores del divino susurro! ¡Bienaventurados los ojos que desdeñando las cosas de la tierra, se aficionan a aquellas del cielo! ¡Bienaventurados aquellos que ardiendo del deseo de atender únicamente al Señor sacuden de sí todo estorbo! Ellos encontrarán la paz, la santificación y la verdadera beatitud. “(Imitación de Cristo).

1. BUENOS DESEOS LUCES E INSPIRACIONES DEL SEÑOR 

 Fuera de la vida natural, que se manifiesta al exterior con las operaciones propias de los sentidos, y al interior con las operaciones del espíritu, tales como el pensar, el razonar, el querer, hay en nosotros una vida sobrenatural constituida por la gracia santificante, por la cual venimos a ser partícipes de la divina naturaleza (2 Pe1,4), los hijos adoptivos de Dios y herederos del cielo. (Rm 8,16 – 17).  

 También esta vida superior tiene sus operaciones, las cuales derivan principalmente de la gracia actual, o sea, de todas aquellas ayudas que Dios, “el cual quiere a todos salvarnos” (I Tim.2, 4), no cesa en ningún momento de compartirnos, iluminando nuestra inteligencia, y corroborando nuestra voluntad, contra los estímulos y las tendencias del mal. 

 Y Dios, en efecto, dice el apóstol que con su gracia “obra en nosotros el querer y el obrar con buena voluntad” (Fil.2, 13); y por eso -comenta San Agustín-“Sine Deo operante ut velimus, vel cooperante cum volumus, ad bona pietatis opera nihil valemus”. 

 Esencial importancia para la vida del espíritu y para la santidad tiene por esto las iluminaciones, las inspiraciones y los buenos deseos, que la gracia suscita en nosotros, “Si los santos, dice Santa Teresa, no hubiesen jamás concebido buenos deseos y no los hubieren poco a poco puesto en práctica, no hubiesen llegado tan alto en la vía de la perfección.” (S. Teresa, Autobiografía, c.13) 

 San Bernardo identifica el deseo de la perfección con la perfección misma; y en los santos libros leemos: “La deseé y me fue dada la prudencia, lo invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría”. (Sb, 7,7). 

 De estos buenos deseos, iluminaciones y aspiraciones habla San Pablo de la Cruz en sus cartas, declarando la naturaleza de éstos y dándonos normas y consejos útiles para nuestra necesaria cooperación. 

SU NATURALEZA. ¿Qué cosa son?

Los buenos deseos, luces e inspiraciones del Señor son:

§  Parte del amor divino.

§  Centellas o chispas de la fragua del santo amor.

§  Dones del esposo celestial.

 

o  Frutos que traen estos dones

– Los dones de Dios traen el bajo sentimiento de sí -mismo.

– Las iluminaciones vienen acompañadas de profundísima humildad, amor de Dios y contrición de los pecados.

– El amor igual al prójimo, la verdadera paciencia y resignación en todo, el recogimiento del corazón y la rectitud de intención, son iluminaciones verdaderas sin peligro de daño.

– El máximo de los deseos es el de amar a Dios
según el propio estado.

·     Cuáles se deben tener por sospechosos

– No todos los movimientos del corazón y las iluminaciones de la mente nacen de la gracia, pues con mucha frecuencia se interpone el diablo y la naturaleza.

– Son sospechosos los que no dejan humildad, ni
conocimiento de sí mismo, ni mayor deseo de
complacer al Señor. 

– También son sospechosas las luces del intelecto que inflaman la voluntad y después inflan.

– Las luces que no producen humildad profunda, son ilusiones.

·     No fiarse de las propias luces

– Es máxima de los santos no fiarse de las propias luces, porque muchas nacen de la propia inclinación de la naturaleza, y muchas más del demonio.

– Muchas veces se creen luces de lo alto aquellas que son sólo efecto de nuestro espíritu.

– Confiad vuestro interior al confesor y no le escondáis nada si no queréis ser engañados por el demonio.

NORMAS Y CONSEJOS PARA NUESTRA COOPERACIÓN 

·     Como disponernos

– Ejercitaos en la verdadera humildad de corazón y en la santa oración en tal forma que os dispusierais a recibir los más preciosos dones del cielo. 

·     Como recibir estos dones

Recibid:

– Las visitas misericordiosas del Señor con verdadera humildad de corazón.

– Las lluvias del cielo como un jardín árido, abandonados sin reserva en las manos de Dios.

– Las luces y las impresiones divinas con profundísima obediencia a los atractivos del Espíritu Santo. 

– Las voces suavísimas del esposo celestial con docilidad. 

 Debéis ser agradecidísimos al Señor por las iluminaciones que El por su infinita misericordia os comparte. 

·     Cuáles se deben seguir

– Los deseos de perfección son óptimos, pero se deben seguir sólo los que miran a nuestro estado.

– Dios nos hace desear cosas grandes para su servicio y después no quiere su ejecución para probar nuestra fidelidad y para que aprendamos a resignarnos a su santa Voluntad; pero da por su misericordia el premio como si se hubiera realizado. 

·     Cuándo y cómo

– Los santos deseos se deben poner en un rincón del corazón para seguirlos cuando plazca al Sumo Bien.

– Deben custodiarse con espíritu pacífico en Dios, sin la mínima ansiedad de verlos realizados sino cuando El lo quiera.

– Deben conservarse con gran resolución, firme y estable de ponerlos en ejecución cuando el Padre abra la vía. 

·     Para caminar seguros

– Lo mejor es morir a todos los deseos en Dios.

– Cultivad sólo un máximo deseo, el de agradar a Dios en todo, alimentándoos de su Santísima Voluntad.

2. VOCACIÓN RELIGIOSA 

 En el Evangelio se lee que preguntando uno al Divino Maestro qué cosa debía hacer para poseer la vida eterna, Jesús le responde que cumplir los mandamientos. Pero replicando aquél que los había observado desde la adolescencia, e insistiendo por saber qué otra cosa le restaba por hacer; Jesús “mirándolo con ternura, lo amó y le dijo “te falta una cosa sola: si quieres ser perfecto ve, y vende todo cuanto tienes, da el dinero a los pobres y después ven y sígueme”. (Mc.10, 21). 

 En esta mirada amorosa de Jesús, y en esta
invitación está toda la vocación religiosa, la
cual por eso es considerada por los santos y por
los doctores de la Iglesia como una de las gracias
más grandes que la misericordia de Dios hace al
alma.

 San Pablo de la cruz en sus cartas la llama “Divina Llamada de Sempiterna vida” y de ella declara su excelencia, el deber de seguirla, y el grave daño que constituye su pérdida. 

EXCELENCIA DE LA VOCACIÓN

– La Vocación es un don de Dios.

– Es una de las gracias más especiales, después del bautismo; que Dios concede al hombre.

-Dispone para gracias más grandes.

– Es fuente de paz que jamás podrá dar el mundo.

– Es claro signo de predestinación al paraíso.

– Según Santo Tomás, es una de las mayores gracias que Dios hace a sus almas preferidas.

·     Debéis corresponder y perseverar

– Cuando Dios llama es necesario obedecer bajo pena de repulsa en caso de hacerse el sordo.

– Examinad la llamada del Señor en la santa oración, dialogando con el director espiritual los movimientos de la gracia. 

– Huid de toda cosa que pueda retardar su ejecución.

– Perseverad en la vocación y Dios os hará santos.

– Quien desprecia su camino, perecerá. 

·     Medios de perseverancia

– Temed a vosotros mismos conservando bajo las cenizas de la humildad la gracia de la vocación.

– El agradecimiento mejor que podéis hacer por la gracia de la vocación es el morir a vosotros mismos con:

o  La mortificación de las pasiones internas.

o  El ejercicio de las santas virtudes.

o  Aspirar a hacer un suntuoso edificio de perfección de la propia horrible nada; nada tener, nada poder, nada saber, acompañado de altísimo desprendimiento de toda cosa creada.

 

– La vida religiosa es una cruz, y quien quiere vivir en ella con perfección debe estar crucificado.

– Renovad a menudo los santos votos sacrificándoos cada vez más al divino servicio, en la vocación emprendida, y estad segurísimos que Dios os hará santos.

o  El grave daño que constituye la pérdida de la
vocación

– Perdiendo la gracia de la vocación se podría: 

§  Ir de mal en peor y destruirse.

§  Perder la gracia de la perseverancia final.

§  Ir al abismo infernal.

 

·     Causas de la pérdida de la vocación

– Los duros de juicio (tercos) no perseveran.

– Los apegados a los padres, a las cosas, a la correspondencia frecuente, hacen temer que no mueran en la congregación.

– Querer ir a la ciudad es una estratagema del diablo para hacer perder al religioso todo el bien que ha hecho. – El amor a los parientes lo lleva a disiparse, al igual las visitas frecuente de ellos.

– Los pensamientos de la patria y los parientes enturbian el espíritu, lo vuelven perezoso, y llenan de tedio la vida religiosa.

Consejos

– Atended a vosotros y dejad a los muertos el cuidado y la sepultura de sus muertos. 

– Vosotros que habéis encontrado vuestra vida en Dios, gozaos en ella.

– Haced resplandecer en vosotros las virtudes de Jesucristo.

_ Quien por dentro está unido a Jesús, lleva su imagen también por fuera con un ejercicio continuo de heroicas virtudes. 

·     Para adornar el alma

– Las virtudes adornan el alma, templo de Dios, con las lámparas de la fe, la esperanza y la caridad. 

·     Para hacernos santos

– Es bueno el deseo de ser santos, con tal que
sea acompañado de las virtudes, que son las
piedras fundamentales del edificio de la santidad, haced su heroica adquisición. 

– Si supierais humillaros bien, estar bien fundados sobre vuestra nada, amantes del menosprecio, alejados de todos, en silencio, en la mortificación interna y externa, en el verdadero aniquilamiento de sí, trabajando, padeciendo y callando, aprenderíais la ciencia de los santos.

– El aprovechamiento espiritual no se mide con
las dulzuras sino con el ejercicio de las santas virtudes.

– Gran ánimo, pues: sirvamos a Dios a lo grande, ejercitemos las virtudes grandes, que Dios será nuestra fortaleza y nos dará la victoria.

3. EJERCICIO DE LAS VIRTUDES

 Toda vida dice actividad, y toda actividad no
desviada del propio fin tiende a producir buenos
frutos.

 Los frutos de la vida sobrenatural, que está en nosotros mediante la gracia, son las virtudes, de las cuales habla el apóstol en la carta a los Gálatas, y que apela precisamente a los frutos del Espíritu Santo: “Fructus Spiritus” (Ga 5 ,22ss.) 

 Debemos, por tanto, como insinúa el príncipe de los apóstoles, poner toda diligencia, a fin de que a nuestra profesión vayan unidas todas las virtudes. Las cuales estarán en nosotros y estarán en abundancia, entonces no será vacío ni infructuoso el conocimiento que tengamos de Jesucristo Señor Nuestro. Al contrario, quien está privado de tales virtudes, es como un ciego que va a tientas, que olvida que fue purificado por Cristo, de sus antiguos pecados, (conf. 2 Pe.1, 5-9). 

 Del ejercicio de las virtudes habla con frecuencia San Pablo de la cruz, en sus cartas, declarando la necesidad y dando útiles consejos para su práctica.

NECESIDAD

·     Para ser fieles al Señor

– Sed cada vez más fieles en la humildad de corazón y en el conocimiento de la propia nada.

– Sed mansos y modestos día y noche.

– Sed amantes del silencio y La soledad, de tratar de solo a solo con el Esposo Divino.

– Debéis atender con toda diligencia el ejercicio de Las santas virtudes -pues, esto es lo que busca de vosotros el Señor -, y de éstas depende vuestro verdadero bien. 

·     Para asemejaros a Jesús

– El silencio en los padecimientos, la paciencia, la caridad y la humildad, etc., son Las virtudes que nos asemejan al dulce Jesús. 

·     Los frutos más preciosos y más útiles para nosotros son Las virtudes

– En el servicio de Dios no se requieren páginas de buenas palabras y de buenos deseos, sino obras eficaces, ánimo y fervor grandes.

– Buscad los frutos y no las hojas. Las hojas son las consolaciones las cuales no debéis tener en cuenta, ni debéis desearlas; los frutos son las virtudes cuya adquisición y ejercicio debéis procurar con toda atención. 

CONSEJOS Y MEDIOS

·     La virtud que no engaña

– La virtud bien practicada, especialmente en los contratiempos, imprevistos no engaña nunca. En estas ocasiones se conoce la verdadera virtud, en las cosas más arduas. 

·     Las penas compañeras de la virtud

– De la santidad no van separadas las penas y las tribulaciones.
– Las virtudes que más gustan al esposo divino, se ejercitan más en los padecimientos que en otras ocasiones.

– El verdadero siervo de Dios ama el desnudo padecer sin consuelo, recibiéndolo ‘sine medio’ (sin intermediario) de la purísima voluntad de Dios.

– Amar y padecer en verdadero silencio interno y externo, en pura fe y santo amor, es un pescar las perlas preciosas de las virtudes en el gran mar de la santísima vida, pasión y muerte de Jesús, nuestra verdadera vida. 

·     Precaución y Discreción

– La precaución, hija de la prudencia, requiere ‘tomar tiempo antes de optar, para resolver las cosas – Jamás uno se arrepiente de tomar tiempo – no así quien obra con precipitación.

– En las obras de vida activa es necesario guardarse de la demasiada prisa, porque es nociva a la perfección.

– Jesús no quiere de vosotros muchas obras hechas con prisa, sino aquellas que están bien hechas: con paz y recogimiento.

– San Francisco de Sales dice: “Cuando sintáis alguna prisa interna, que es la peste de la devoción, suspended por un momento el quehacer de aquella obra, haced suavemente tres o cuatro actos de amor a Dios, hasta que el corazón se pacifique, y después seguid adelante en el quehacer que os ocupa”. 

·     Aconsejarse es cosa santa

– Es necesario aconsejarse con nombres sabios y de prudencia cristiana para regular las propias acciones según Dios.

– Tenéis necesidad de un sabio experto director e para no caer en engaño, y para caminar rectamente por la vía de la perfección y de la santidad.

– Cuidad de no decir a quien no debéis las cosas de vuestro interior, pero sed sinceros con quienes dirigen vuestro espíritu. 

·     Ejercicio continuo

– Procurad con toda diligencia la adquisición y, el ejercicio continuo de las virtudes.

– Enfervorizaos con fuertísimas resoluciones.

– Poco y continuo hace llegar al fin. 

·     El pensamiento de la muerte

– Pasad cada día como si fuese el último de vuestra vida. Este es óptimo medio para agradar a Dios y corresponder a las luces recibidas.

– La muerte ajena debe serviros de estímulo para estar siempre preparados para aquel tremendo paso.

·     Los santos ejercicios

– Los santos ejercicios se hacen para fortalecerse más en la piedad y disponerse mejor para trabajar con el prójimo, para el ejercicio de las virtudes y animarse a correr por la vía de la perfección. 

·     Por las almas de los religiosos

– En la vida común hay escondido un gran tesoro. Si la hay, florecerá la observancia de los santos votos, de la regla, la oración y el silencio, y el monasterio será un jardín de delicias para el esposo celeste.

– Las santas reglas:

§  Son documentos de perfección.

§  Son estados dados por Dios, para alcanzar la santidad con su santa observancia y con desprendimiento de todo lo creado, que no será poca penitencia.

§  Son el espejo del religioso.

 

– Haced de cuenta que estáis solos, no mirando a las condiciones de los otros sino para edificaros.

·     Para los misioneros

– Es necesario predicar más con la oración, con el retiro y con la modestia que con la palabra.

– La oración es el precioso bálsamo que perfuma todas nuestras obras exteriores.

– Sin la observancia de las reglas, poco o ningún fruto se hará en el prójimo.

– Conservando el espíritu del Instituto, se tendrán siempre santos y excelentes misioneros. 

·     Para aquellos que presiden (superiores)

– Deben ser ejemplos de virtud.

– Amigos de la oración y del continuo recogimiento. 

– Ser para todos espejo de perfección.

– Ser mártir de paciencia, caridad y mansedumbre.

– Mantener tal compostura que haga estar a los subordinados en santa reverencia y respeto hacia él. – Vigilar sobre la observancia y no introducir abusos si no quiere hacerse reo de todas las culpas que cometan los subordinados.

– Vigilantes sobre todo y sobre todos.

– Las omisiones hacen ir al infierno a los superiores y confesores.

– Háganse amar más que temer, así serán más obedecidos. Mande poco y dulcemente. 

– No se precipite a corregir al subordinado, en especial si siente algún principio de pasión irascible; pero pasado un poco de tiempo cuando sienta el corazón en calma, llame al que ha faltado y con corazón de padre, corríjalo. Si no se enmienda, ponga mano al castigo, porque alguna vez se requiere también el rigor, pero con paz interna y autorizada manera para que no se rebelen los tibios.

– Tenga ánimo para llevar con perfección la cruz del gobierno, con silenciosa paciencia, con mansedumbre, caridad, prudencia, celo, constancia y fortaleza, sufriendo en paz las adversidades, contradicciones, malos tratos que se encuentran; puramente por agradar a Dios. Tendrá en el paraíso la palma del martirio. 
 
 
 
 

 

4. PERFECCIÓN 

 Deberíamos aplicarnos todos los días al ejercicio de la virtud y las buenas obras porque están ordenadas a nuestra santificación, porque como escribe el apóstol a los Tesalonicenses “es voluntad de Dios que nos hagamos santos manteniendo nuestro cuerpo en santidad y honestidad y no dejándonos dominar de la concupiscencia como lo hacen aquellos que no conocen a Dios”. (1Tes 4,4-5). 

 A todos “Dios nos ha elegido, antes de la creación del mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante El” (Ef .1, 4); a todos Cristo ha invitado a ser perfectos “como es perfecto vuestro Padre Celestial”. (Mt.5»48), A todos el Príncipe de los Apóstoles repite: Sobre el ejemplo del santo que os ha llamado, también vosotros sed santos en todo vuestro obrar, porque está escrito: “sed santos porque yo soy santo”. (IPe.1, 15-16). 

 La obligación de la santidad asume para los religiosos un valor de importancia muy especial en razón del estado abrazado que es estado de perfección. 

 Pecaría mortalmente aquel religioso que tomase la resolución de no querer atender a la perfección, o si de esa no tuviere algún pensamiento, porque de no ser así vendría a renegar de la profesión hecha y quebrantar aquellos vínculos con los cuales se ligó en el día de su consagración al Señor. 

 San Pablo nos dice en qué consiste la perfección, cuáles son sus fundamentos y medios necesarios para alcanzarla con mayor seguridad y facilidad. 

EN QUE CONSISTE LA PERFECCIÓN 

·     Esencia

La verdadera perfección consiste en:

– La unión perfecta a la santísima voluntad de Dios.

– El desprecio de nosotros mismos.

– La humildad de corazón.

– La caridad, reina de todas las virtudes.

 
 No son los favores espirituales los que hacen a
los santos, sino la humildad y la caridad.

·     Sus grados

– La gran perfección consiste en resignarse en e todo al Divino Querer.

– La mayor perfección de un alma consiste en un verdadero abandono de toda ella en las manos del Sumo Bien.

– La altísima perfección consiste en estar perfectísimamente unidos a la voluntad de Dios,
alimentándose de ella en puro espíritu de fe y amor.

FUNDAMENTOS DE LA PERFECCIÓN 

1. Humildad

– El conocimiento de sí mismo, de la propia nada y de las propias miserias, es el fundamento sobre el cual se debe levantar la fábrica de nuestra perfección compuesta por una N (nuestra nada) y una T (Dios, que es todo).

– Alcanzaréis la perfección si sois humildes de corazón. 

2. Obediencia

– La obediencia ciega y la verdadera y perfecta abnegación de la propia voluntad son las virtudes fundamentales del edificio espiritual: de otro modo se fabricará sobre arena.

– En la virtud de la obediencia está lo principal de la perfección 

3. Mortificación

– La verdadera mortificación interna y externa, con total abandono al Divino Beneplácito, es la piedra fundamental sobre la cual se fabricara un gran edificio de perfección. 

4- Vida común y observancia de las constituciones

– Para los religiosos, la vida común y la observancia de las constituciones son la piedra fundamental de la Vida Religiosa y de la perfección. 


MEDIOS PRINCIPALES
 

1. Caminar en pura fe y pobreza de espíritu

En la vía de la santa perfección, tomando todo trabajo y pena espiritual y temporal de la mano amorosa de Dios, como tesoro que nos regala el Padre Celestial, es el camino más corto para volar a la santa perfección.

2. Padecer y callar

– Para ser santos y perfectos

– Estad tranquilos y resignados observando un Pacífico silencio en los padecimientos. Dormid en la cruz, al calor amoroso del corazón de Jesús.

– Estad solitarios en el sagrado desierto interior crucificados con Cristo, sin consuelo. 

– Sabed callar, procurad que vuestras palabras sean dulces, caritativas y prudentes de manera que causen edificación y paz a todos.

– Trabajar, padecer y callar sin lamentarse jamás. 

3 Imitar los ejemplos de Cristo

– Alcanzarán la perfección de su estado aquellos religiosos que se examinen en los ejemplos de Jesús.

– Las paredes y el lugar no hacen santo a ninguno si no se atiende a imitar los ejemplos.

– El camino que guía a la santidad es aquel en el cual el Señor nos da la gracia de caminar como El caminó.

– Quien quiere ser santo, ama ser hecho el oprobio de los hombres, la abyección de la plebe, oculto a los ojos del mundo y hacer en todo la santa voluntad de Dios. 

4. Orar asiduamente

– Enamoraos totalmente de la asidua oración.

– Procurad mantener el corazón y la mente levantados a Dios.

CONSEJOS Y EXHORTACIONES 

·     Hacer lo que se puede como gusta a Dios

– No pretendáis adquirir la perfección a fuerza de brazos; haced dulcemente lo que podáis, que si sois humildes Dios hará todo.

– Es necesario procurar la perfección no a modo nuestro sino como al Señor le agrada, llevando la cruz que El quiere y no la que queremos nosotros.

·     Tomar los frutos y dejar las hojas

-Los frutos son: 

o  Una profundísima humildad.

o  Una caridad grande hacia el prójimo.

o  Un vivo deseo de ser de todos despreciado y de estar sujeto con santa obediencia.

 

– Quien es más humilde, más paciente, más resignado a la Divina Voluntad, más obediente, más caritativo, este es el más perfecto. 

·     Cuidarse de la soberbia

– Para ser santos se necesita una N y una T.

– La N sois vosotros que sois una horrible nada en el infinito Todo que es Dios, Óptimo y Máximo.

– Dejad desaparecer la N de vuestra nada en el infinito Todo que es Dios.

Un granito de soberbia basta para echar por tierra una gran montaña de santidad. 

·     No perder el tiempo

-Dios os quiere santos: no perdáis tiempo y abrazad todas las ocasiones que os brinda el Señor.

– Haced de cuenta que cada día es el último de vuestra vida para que tal pensamiento os sirva de estímulo para correr hacia la santa perfección.

-Quien no adelanta retrocede.

II. NEGARSE A SI MISMO 

 A todos aquellos, que dóciles a su invitación, desean seguirlo, Jesús impone como primera e indispensable condición el negarse a sí mismo: 

 “Si quiere venir en pos de mí niéguese a sí mismo…” (Lc.9, 23).

 Porque el hombre, dice San Agustín, se alejó de Dios y anduvo perdido amándose desordenadamente a sí mismo, así no podrá acercarse a Dios y salvarse, sino re-negándose a sí mismo.

 Pero, qué significa ¿negarse a sí mismo? “Nosotros, dice San Francisco de Sales, tenemos dos sí mismos:

– Uno es todo celestial y aquello que nos hace realizar las obras buenas, en la inclinación dada por Dios para amarlo, aspirando al gozo de la divinidad en la vida eterna.

 El otro, aquello de re-negar, está constituido por nuestras pasiones y perversas inclinaciones, de nuestros afectos depravados, en una palabra, de nuestro amor propio”.

 Para vivir, pues en Cristo debemos dar muerte a nuestro amor propio, renunciando a las obras de la carne y despojándonos del hombre viejo con todas sus depravadas tendencias. (Col.3, 9). 

 Estas tendencias, origen de todo pecado, son, según San Juan, “la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vía”. (1Jn.2, 16). 

 Ellas se dominan y se niegan con el ejercicio de algunas virtudes fundamentales, que están a la base de la vida moral, y constituyen, según los autores ascéticos, “la purificación activa del espíritu”. Tales virtudes son principalmente:

o  la mortificación

o  la castidad

o  la pobreza

o  la obediencia

o  la humildad

o  la soledad

o  el silencio

 

 Hijo, dice el autor de La Imitación de Cristo, no podrás gozar de perfecta libertad si no re-niegas completamente a ti mismo. En efecto, todos los poseedores de cosas, todos los amantes’ de sí mismos, los ávidos, los curiosos y distraídos, aquellos que van siempre en búsqueda de comodidades son gente con cepos a los pies, y que a menudo imaginan y fabrican edificios que no pueden estar en pie, porque todo aquello que no tiene origen en Dios está destinado a morir. Tened, pues, en mente esta breve sentencia: re-negar a sí mismo; deja todo y todo encontrarás; deja la concupiscencia y encontrarás la quietud. Reflexiona bien en tu mente esta máxima y cuando la hayas puesto en práctica comprenderás todo. (Imitación de Cristo, L.III C.32).

1. LA MORTIFICACIÓN 

 Dice el apóstol que la carne tiene deseos contrarios al espíritu (Gal.5»17) y en el Génesis 8,21, leemos que los sentidos y los pensamientos del corazón humano son inclinados al mal desde la adolescencia. De aquí la necesidad de la mortificación, la cual tiene por oficio reprimir la concupiscencia de la carne y de someterla a la ley superior del espíritu. 

 La naturaleza humana, después del pecado, es como un campo en el cual, los gérmenes preciosos de la virtud nacen a la par con los gérmenes de los vicios.

 “Es necesario, por tanto, tener siempre en la mano el hierro candente de la mortificación para cortar, desyerbar, y destruir las hierbas malas con el fin de que la buena semilla pueda germinar, crecer y dar fruto abundante”. (san Pablo de la Cruz). 

NECESIDAD DE LA MORTIFICACIÓN

·     Para ser almas de oración

Jamás podremos ser almas de oración, si no tenemos gran amor a la mortificación interna y externa, practicándola de hecho. Ellas son las alas que nos llevan a Dios en la oración, al levantar nuestro espíritu. 

·     Para morir a todo y vivir sólo en Dios y por Dios.

– Morid santamente a vosotros mismos y a todo lo que no es Dios.

– Estad crucificados con Jesús, abrazando toda ocasión de mortificación por amor de Dios.

– Procurad, con la divina gracia, vivir una vida muriente, abstraída de todo lo creado y de todo lo que no es Dios. 

·     Para hacerse santos

– Para alcanzar la santidad es necesaria la mortificación interna y externa, de la cual nace la verdadera obediencia ciega, la total condescendencia que nos hace ser moldeables como cera blanda, dulces y mansos con todos, perfumados por el bálsamo de santo amor.

– La mortificación es la piedra fundamental del edificio espiritual.

– La vida de los siervos y siervas de Dios ha sido un continuo ejercicio de mortificación. 

NATURALEZA PE LA MORTIFICACION 

·     Requisito esencial

– El amor a la penitencia es una gracia grande, que Dios concede, pero conviene que sea sin la propia voluntad.

– No hagáis la mínima penitencia sin la licencia de vuestro director, de otro modo seréis engañados por el diablo. En el hacer penitencias de propia voluntad os podéis engañar.

– Es necesario temer a la fiera bestia del amor propio, que es un dragón de siete cabezas y se mezcla en todo.

·     La mortificación más perfecta es la interna

– Quisiera que vuestros instrumentos fuesen una gran humildad de corazón, una sujeción de obediencia exacta a los superiores y a los inferiores.

– Las mejores penitencias son las que Dios nos manda, más que aquellas que se toman por sí mismo. Tomadlas de buen grado.

– Más agradan al Esposo Divino aquellas virtudes que se ejercitan con el padecer, como la humildad, el amor a la propia abyección, la paciencia etc.

– Recibid las cruces que Dios permite poco a poco. 

PRACTICA DE LA MORTIFICACIÓN

·     Atended a la mortificación interna

– Negando siempre vuestra voluntad.

– Estando ocultos a todos.

– Padeciendo y callando.

– Mortificando las pasiones, en especial cuando os sentís resentidos.

– Amad al propio desprecio y que ninguno os tenga en cuenta.

– Acomodaos a los otros.

– Tomad lo dulce por amargo y lo amargo por dulce.

– Desprendeos del propio gozar, del propio sentir del propio entender.

·     Para la mortificación de los sentidos

– Custodiad los sentidos externos para la mortificación de las pasiones.

– Custodiad los ojos donándolos a María.

– Un verdadero siervo de Dios debe llevar los ojos bajos y no mirar más que el cielo y tanta tierra que baste para ser sepultado.

– Tened los ojos vueltos al corazón.

– Custodiad la lengua

. Estad en silencio.

. No os lamentéis jamás. 

. No os justifiquéis. 

. Hablad poco, lo puro necesario.

– Custodiad el corazón

. No os resintáis.

. Sed muy amantes de la modestia que tanto complace a Jesús y María.

– Padecer y callar. Esta es la vía corta para ser pronto santos y perfectos. 

·     Para mortificar la gula

– Quien no mortifica la gula, no puede llegar a mortificar las otras pasiones, ni adquirir las otras virtudes.

2 CASTIDAD 

 Si “la concupiscencia de la carne” mira en general al amor desorientado a los placeres de los sentidos, en un significado más propio está en indicar las inclinaciones desordenadas a los deleites carnales, a los cuales se renuncia con la virtud de la castidad, que tiene como fin “regular y sublimar todo lo que hay de desordenado en los deleites de la voluptuosidad”. 

 La castidad, no menos que la mortificación,
de la cual es el fruto más exquisito, es pues,
absolutamente necesaria a un seguidor de Cristo,
para vivir unido a Él, y para gozar de sus especiales preferencias, según está escrito: “quien ama la pureza del corazón tendrá por amigo al rey del cielo”. (Prov. 22,11).

 San Pablo de la Cruz nos habla de esta virtud, explicándonos el por qué de las tentaciones a las cuales está expuesta y el modo de alcanzar la victoria.

POR QUE LAS TENTACIONES CONTRA LA CASTIDAD

·     Para aprender a humillarnos en todo

– Con las tentaciones impuras, Dios pretende que aprendamos a conocer experimentalmente nuestra nada y a humillarnos en todo, en medio de tantas gracias y misericordias que El nos comunica.

– Dios permite que seáis molestados de los malos pensamientos, para que lleguéis a ser humildes de corazón y no os fiéis de vosotros mismos.”

– Para que reconozcáis que si no os asistiese El, seríais capaces de hacer todo el mal más horrible. 

·     Para purificarnos cada vez

– Estas batallas sirven para haceros más puros.

– Las tentaciones contra las cuales se combate purifican el alma, como el fuego al oro.

– Recordaos que los lirios llegan a ser más blancos y más perfumados plantados entre las, espinas que en el suelo libre: quiero decir que la santa virginidad se hace más pura, más cándida, y más perfumada delante de Dios entre las espinas de la lucha y de las tentaciones más horribles. 

·     Para crecer en la virtud

– No os entristezcáis de los asaltos del enemigo y de las tentaciones impuras: son óptimos signos que Dios hace correr vuestra alma a los triunfos del Santo Amor.

– Dios os ama, porque os ama os prueba; pero sabed que en medio de la tempestad de las tentaciones el Buen Dios tiene vuestra alma bien estrechada entre los brazos de su misericordia.

– Después de tales tempestades, la victoria, ¡Oh, qué tesoros de gracia concede el Señor al alma fiel!

– El permite tales batallas para vuestro bien: para coronaros de grande gloria en el cielo. 

COMO SUPERARLAS

1. Con la modestia

– La virginidad es una gran joya y se necesita custodiarla con gran celo, temiendo que hasta el aire -diré así- la obscurezca.

– Conservad gran modestia día y noche, tanto en compañía como solos, porque siempre se está en la presencia del Señor.

– Custodiad vuestros afectos y sed muy amantes de la modestia que mucho agrada a Dios.

– Tened el cuerpo discretamente mortificado. 

2. Con la custodia de los ojos

– Custodiad con gran celo los ojos: no los pongáis de frente a objetos peligrosos.

– Sed mortificados especialmente en los ojos.

– Huid de todas las ocasiones peligrosas.

– Un verdadero siervo de Dios cuando camina mira solamente tanta tierra cuanta es necesaria para sepultarlo, y va siempre recogido en Dios y en compañía de Jesús. 

3. Con la huida del ocio

– No estéis jamás ociosos: trabajad en silencio haciendo de cuenta que tenéis al lado a Jesús

– Custodiad los sentidos exteriores. 

4. Con la humildad 

– En las tentaciones impuras humillaos ante el Señor, pero con corazón pacífico y manso.

– Venceréis más con humillaros dulcemente ante y Dios, que con poneros a combatir pecho a pecho contra el enemigo.

– No os fiéis de ninguno, y, sobre ‘todo, desconfiad de vosotros mismos. 

5. Con no hacerles caso

– En cuanto a los malos pensamientos despreciadlos, no los tengáis en cuenta, humillaos.

– En las batallas contra la castidad no se ven
ce con el huir. 

– Os ruego de no hacer caso de los fantasmas impuros, que con modo astuto os suscita el demonio; refugiaos de inmediato en el abismo de la infinita misericordia de Dios.

– Combatid fielmente protestando querer morir antes que consentirlas. Querer primero el infierno mismo que el pecado. 

6. No tratando sin necesidad con personas de otro sexo

– No tratéis con personas de otro sexo, sino por alguna necesidad, y entonces hacedlo con cautela, modestia y brevedad.

– En el tratar con personas, también con parientes, por espirituales que sean, se requiere gran cautela, de otro modo se cae en la red.

– No toméis confianza con ninguno, ni aún bajo pretexto de piedad; y notad bien este punto que es muy importante.

– Huid como de la peste de las confidencias con personas de otro sexo, porque os son de gran dificultad: tomad este consejo como el más importante. 

7. Conferenciándolas con el confesor

– Conferenciad el estado de las tentaciones con, toda modestia, cautela y brevedad con el confesor, no ya por escrúpulo, sino por humillaros y confundir al demonio, poniendo después en práctica los consejos que él os dará.

8. Recurriendo a Dios y a la Virgen

– En las tempestades de las tentaciones esforzaos en exclamar a Dios, pidiendo socorro, e invocad del mismo modo a María Santísima.

– En cuanto a las tentaciones impuras el alma no se aflige, sino que vuelca dulcemente su mente y su corazón a Jesucristo y a María Santísima.

– En aquellas horribles tentaciones haced vuestro retiro al calvario y escondeos en el costado purísimo de Jesús.

– Tened cerca de vosotros un santísimo crucifijo y escondeos en sus llagas.

– Exclamad al Señor pidiendo su ayuda, y no dejéis nunca la oración y la santa comunión.

3. LA POBREZA 

 A la segunda cosa que debe renunciar un verdadero seguidor de Cristo es a “la concupiscencia
de los ojos”, es decir, al amor a las riquezas,
al uso de los bienes terrenos que por medio de la
vida nos alucinan y seducen.

 La renuncia a estos bienes constituye la virtud de la santa pobreza, la cual es doble:

– Una de precepto, para todos aquellos que quieren salvarse, y consiste en no apegar el corazón a los bienes terrenos, en modo; de poner en ellos su propio fin.

– La otra de consejo, seguida por los religiosos y consiste en renunciar a cualquier derecho o acto de propiedad, obligándose a ello también con voto. 

 La pobreza tan temida y aborrecida del mundo, es a los ojos de la fe, una virtud de este siglo, y los bienes espirituales, no se pueden adherir a los segundos sino en la medida en que se desprende de los primeros. Ninguno, pues, puede ser verdadero discípulo de Cristo si no renuncia, al menos de corazón y con el afecto, a todo lo que posee.

 Sobre el amor y la práctica de la santa pobreza, San Pablo de la Cruz nos dice lo siguiente. 

AMAR LA SANTA POBREZA

– Es una joya rica de todo bien

– La pobreza tan aborrecida del mundo es una joya rica de todo bien que os recomiende conservar cada vez más.

– Viviendo en pobreza recibiréis de Dios en el fondo del espíritu inestimables tesoros de gracia, tanto más preciosos cuanto más secretos.

– Dios os quiere en estado de pobreza interior y exterior para haceros ricos en gracias.

– Pobres en esta vida, pero ricos de fe, seréis ricos en lo eterno.

– Cultivad el amor a la santa pobreza.

– Ejercitad la santa pobreza y la desapropiación de todo. 

·     Es medio eficacísimo de perfección

– La santa pobreza es medio eficacísimo para huir del pecado, y para mantenerse observantes de los divinos preceptos.
– La santa pobreza es muy necesaria para observar los otros consejos evangélicos y mantenerse en el fervor.

– Aceptando vuestra vida pobre y penosa por amor de la Pasión y Muerte del Señor que por amor ha querido hacerse pobre, vosotros haréis cosa grata al Señor y moriréis santamente. 

·     Signo de predestinación

– La pobreza es una de las más grandes características de la predestinación eterna a la gloria del cielo.

– A aquellos a quienes Dios ha predestinado a ser conforme a su Hijo en la gloria, los quiere primero predestinados a ser conformes a Él en la pobreza.

– Perseverando en el sufrir con resignación las incomodidades de la pobreza, vosotros pasáis de la pobreza temporal a las eternas riquezas en el cielo. 

·     “Beati pauperes” (Bienaventurados los pobres)

– Gozaos de vuestra pobreza, aceptándola de las manos del Sumo Bien, que os hace saber que esa es una Bienaventuranza: “Beati pauperes”.

– Bienaventurados vosotros si sabéis alegraros de corazón, que la pobreza os haga conformes
a aquel gran Señor, que dice en su Evangelio:
Bienaventurados los pobres porque de ellos es
el Reino de los Cielos. 

– Bienaventuradas aquellas almas que se despojan de todo para vestirse de Cristo. 

PRACTICAS LA SANTA POBREZA

·     Deber especial de los Pasionistas

– Nuestra Congregación está erigida y establecida sobre estrecha y rigurosa pobreza y la profesamos con voto. 

– Cuanto más el retiro está fabricado en santa pobreza, tanto más conciliará el santo recogimiento y la edificación a los seglares.

– Quien realiza el ejercicio de las santas misiones si buscase limosnas, el fruto sería del todo desvanecido y la reputación perdida.

– Los superiores sean todo ojos para ver si se observan las reglas en especial la santa pobreza. 

·     Las incomodidades de la pobreza

– Son regalos que Dios nos comparte, con el fin de que como piedras vivas seáis engastadas profunda y fuertemente en el anillo de oro de la fe y la caridad.

– Aceptadas voluntariamente os acercan al Señor, más que las más ásperas penitencias que se pueden hacer.

– Para sufrirlas con paciencia, acercaos a menudo y devotamente preparados a los Santos Sacramentos y no dejéis jamás la devota meditación de las penas santísimas de nuestro Salvador. 

·     Cómo la observaba San Pablo de la Cruz

– ¡Oh, cuánto amo esta santa pobreza de Jesucristo!

– Yo sufro por no poder dar socorro a los parientes en sus necesidades, pero Dios lo quiere así porque la rigurosa pobreza profesada me lo impide; y también en esto me complazco en hacer la voluntad de Dios.

·     Un modo de faltar a la pobreza

– EI religioso que pidiese alguna cosa a los bienhechores sin licencia de los superiores, violaría el santo voto de pobreza, porque se haría propietario.
 

4. HUMILDAD 

 La tercera concupiscencia que después de aquella de la carne y de los ojos, tiene el imperio de este mundo, es la “soberbia de la vida”, o sea, el deseo desordenado de sobresalir sobre los otros, de no querer someterse a ninguna autoridad y de seguir en todo el propio arbitrio,

 Es, esta soberbia, uno de los más grandes males del hombre, porque de ella, dice El Espíritu Santo, tiene origen todo pecado (Ecle.10, 15); “Sea directamente, en cuanto los otros pecados están todos ordenados al fin de la soberbia, despreciando la divina ley se abre la vía para cometer los mayores delitos, según lo que está escrito en Jeremías: “despedazaste mi yugo, rompiste mis vínculos; gritaste no serviré”. (Sto. Tom. II, II, q. 162 a.2) 

 Es por esto que la humildad, en oposición a la soberbia, es la primera y fundamental virtud del cristiano y del religioso. 

 Para entrar al Reino de los Cielos es necesario hacerse pequeño, porque en la economía del Reino de Dios “quien se exalta será humillado y quien se humilla será exaltado”. (Mt.23f12)

 San Pablo de la Cruz nos habla de la naturaleza, necesidad y excelencia de esta virtud.

NATURALEZA DE LA HUMILDAD 

·     ¿Quién es verdaderamente humilde de corazón?

– Quien se conoce a fondo a sí mismo. 

– Quien teme mucho de sí mismo y se fía de Dios.

– Quien se aniquila y se abisma en la nada, lo cual se necesita hacer con dos miradas de fe una a la inmensa Majestad de Dios y otra a nuestra horrible nada.

– Quien hace las partes justas: tened lo vuestro, que es la horrible nada, capaz de todos los males: nada tener, nada poder, nada saber; dejad a Dios lo suyo, porque todo el Bien es El.

– Quien conoce su nada y está en ella, conoce la verdad: Esta es la verdadera ciencia de los santos.

·     Grados de humildad

– Obrar como santo y tenerse por pecador, imperfecto y malo, es indicio que comienza a tomar posesión de nuestro corazón la verdadera humildad.

– Hacer bien y reconocer que no se hace nada de bueno es uno de los primeros grados.

– Dije a mi Jesús que me enseñase cuál grado de humildad lo complacía más, y oí decirme al
corazón: cuando tú te lances en espíritu bajo los pies de todas las criaturas, y hasta bajo los pies de los demonios, esto es lo que más me agrada.

·     Signos de poca humildad

– Yo observo en vosotros mucho amor propio y poca humildad, porque si se os niega alguna cosa no os aquietáis sino que os turbáis y caéis en frenesí.

– Se refunfuña, se multiplican palabras y lamentos bajo especie de humildad y no conocéis que todo esto nace de la poca humildad y del amor.

– Está bien tener mal concepto de sí mismo interiormente, pero exteriormente no es necesario decirlo. No se debe hablar ni bien ni mal de sí mismo, sino estar como muertos y sepultados.

– De sí y de los parientes es mejor callar, y si os es necesario, se debe hablar con, sentido bajo y humilde. 

SU NECESIDAD Y EXCELENCIA 

·     Humildad ante todo y siempre

– Todo vuestro estudio sea el conocimiento de vuestra propia nada y del verdadero Todo que es Dios. La propia horrible nada no se debe jamás perder de vista durante la vida.

– Jesús nos dice que aprendamos de Él que es manso y humilde de corazón. iOh, cuanto os recomiendo esta humildad de corazón!

– Humillaos a todos por amor de Dios.

– La infinita bondad de Nuestro Dulcísimo Jesús nos acreciente siempre más esta gema del paraíso. 

·     Dios ama a los humildes

– Los corazones humildes son la delicia de Dios.

– La joya más querida de Dios es la humildad verdadera. No hay cosa que más le agrade que el aniquilarse y abismarse en la nada.

– Dios se complace en aquellos que se hacen pequeños y llegan a ser pequeños como los niños.

– Recordad que sólo las almas humildes, ocultas y desnudas de sí mismas son las que agradan a Dios. 

·     La humildad hace huir al demonio

– El aniquilarse y abismarse en la nada asusta al demonio y lo hace huir, desconfiado de sí y temeroso.

– El alma que se humilla hasta bajo el infierno, hace temblar al demonio y lo confunde. 

·     La humildad nos hace salir victoriosos en las batallas espirituales

– Para prepararse a las batallas espirituales y estar armados de la armadura de Dios, no hay medio más eficaz que el aniquilarse y anonadarse delante de Dios.

– Lanzad vuestra nada en aquel verdadero todo que es Dios, y con alta confianza combatid como valerosos guerreros estando ciertísimos de salir victoriosos.

– Humildad, conocimiento y odio a sí mismo, son las cartas divinas que hacen ganar el juego. 

·     La humildad es motivo de seguridad

– Quien es humilde no será engañado.

– El mundo está lleno de redes, solamente los, verdaderos humildes no tropiezan.

– El modo de huir de los engaños es humillarse mucho y no fiarse de sí.

·     La humildad es fundamento de perfección

– La verdadera humildad de corazón es la piedra fundamental del edificio espiritual.

– El conocimiento de sí mismo, de las propias miserias y del propio ser Nada, nada poder, nada saber, nada tener, es el fundamento sobre el cual se debe levantar la fábrica de todas las virtudes y de la perfección.

– Quien conoce su nada se dispone más pronto a ser santo.

– Estudiad en el libro de vuestra verdadera nada para arraigaros bien en el conocimiento propio que en tal forma os haréis santos. 

·     humildad es cadena de oro de todas las virtudes

– El amor al propio desprecio y el conocimiento profundo y veraz de la propia nada es la piedra fundamental de todas las virtudes y trae consigo el ejercicio de éstas.

– Santo Tomás dice que la humildad es el fundamento de la misma fe, porque quien no es humilde vacila y pierde La fe. 

– Del conocimiento de la propia horriblísima nada nace el:

o  Tener buen concepto de todos, fuera de sí mismo.

o  El honrar a todos.

o  El obedecer a todos como si fuesen superiores.

o  El despreciarse a sí mismo y tener gusto en ser despreciado por los demás.

 

– Quien está en este anonadamiento en verdad no finge, es como un árbol plantado cerca al agua, que da fruto en todo tiempo. 

·     Escuela de sabiduría celestial

– Si fuerais bien humildes, escondidos a las criaturas y bien fundados en vuestra verdadera nada, os sería enseñada por el Divino Maestro, en la escuela interior, la verdadera ciencia de los santos.

– Dios enseña a los pequeños sus maravillas, y las esconde a los grandes y sabios del mundo.

– El Padre Celestial se revela a los humildes de corazón, y les habla palabras de vida eterna.

– Quien estudia la ciencia de la nada aprende a conocer el verdadero Todo que es Dios. 

·     Disposición para hacer cosas grandes

– Es habitual en Nuestro Buen Dios servirse de gente que está arrojada en la nada, para obras
de su inmensa gloria y está envilecida y despreciada por el siglo.

– Quien sea más pequeño será más grande. Hagámonos pequeños y Dios nos hará grandes.

– Siempre os haréis más capaces del ministerio apostólico, si fueseis fieles en conservaros en verdadera humildad de corazón, con el conocimiento de nuestra nada y Dios elaborará de esta nada las obras de su mayor gloria.

– De aquellos que quieren ser cualquier cosa, Dios no quiere saber nada. 

·     Medio para obtener todo de Dios

– Cuando vosotros seáis humildes y estéis en vuestra nada, Dios dará todo Bien. .
– Quien sea más aniquilado, será más enriquecido y más seguro tendrá el ingreso en; aquel secreto gabinete donde el alma trata de solo a solo con el Esposo Divino.

– Después que seáis aniquilados, despreciados y abismados en la nada, pedid a Jesús el entrar en su Divino Corazón y lo obtendréis de inmediato.

5 OBEDIENCIA 

 Observa Santo Tomás que como la soberbia dice defecto de sujeción, así la humildad incluye necesariamente la sumisión del hombre a Dios y a sus representantes, en lo que consiste la virtud de la obediencia.

También San Bernardo afirma que de la esencia de la humildad está toda en sujetar la propia voluntad a la de Dios. 

 Y San Agustín escribe:”El soberbio hace su voluntad, el humilde hace la voluntad de Dios”.

 Para negarnos a nosotros mismos y renunciar perfectamente a la soberbia de la vida, debemos, a una con la humildad, practicar la obediencia, procurando con toda diligencia vivir sujetos a toda criatura por amor de Dios. 

 De esta obediencia que constituye para el religioso el principal de sus deberes en fuerza también del voto que emite en la profesión, San Pablo de la Cruz expone los aprecios y da útiles normas para su práctica. 

MÉRITOS DE LA OBEDIENCIA 

·     La obediencia es virtud querida por Dios

– Enamoraos de la Santa obediencia.

– Dios oye favorablemente la oración de los obedientes y bendice abundantemente lo que se hace por obediencia.

– Para dar gusto a Dios debéis someteros a cualquier oficio impuesto por obediencia.

·     Da perfecta seguridad

– Quien vive bajo la obediencia vive seguro de no errar.

– Las almas obedientes no serán engañadas.

– Quien quiere caminar bien y sin engaño debe imitar a Cristo que se hace obediente hasta la muerte de cruz.

– Obediencia, obediencia sin réplicas: este es el único fármaco y único remedio contra los escrúpulos.

 

·     Es prenda de victoria

– Si sois siempre obedientes cantaréis las victorias.

– Agradeced al Señor por las ocasiones que os da para obedecer. 

·     Aporta quietud y paz de conciencia

– Si fuerais perfectamente obedientes seríais también mansos y pacíficos.

– Ofreced a menudo vuestra voluntad a Dios y sentiréis sumo contento.

– Obedeced, obedeced sin réplicas, de otra manera estáis acabados, sin más perderéis la paz.

·     Para acertar en todas las cosas

– La virtud y la fuerza de la obediencia hacen alcanzar todo bien.

– Tened muy en cuenta la obediencia, sin la cual nada se hace de bueno.

– Cualquier oficio que viene dado por obediencia es siempre el mejor. Todas vuestras obras serán santificadas.

·     Es medio seguro para hacerse santos

– La obediencia es la piedra angular de todo el edificio espiritual.

– Si tenéis suma reverencia por vuestros superiores y los obedecéis sin réplica como lugartenientes de Dios, haréis grandes vuelos a la santa perfección.

– EL verdadero obediente es santo. 

·     Libra del infierno

– En el infierno hay almas que han hecho ayuno y penitencia; pero como no fueron obedientes en nada agradaron a Dios, y ahora arden en el fuego.

– Pasead igualmente por aquellos pasillos de muerte cuando queráis: de obedientes no encontraréis ninguno. 

PRACTICA DE LA OBEDIENCIA 

·     Desear obedecer

– Estad sedientos que os sea rota la propia voluntad, como el siervo de la fuente.

– Tened en gran estima que os sean rotos todos vuestros proyectos, así sean buenos.

– Os parezca perdido aquel día en el cual no rompéis vuestra voluntad, y no la sujetáis a otro. 

·     Mirar a Dios en los superiores

– Recordaos que los superiores ocupan el lugar de Dios, son para el religioso los intérpretes de la divina voluntad; en sus determinaciones se conoce la voluntad de Dios, que debe ser regla de nuestro obrar. 

·     Obedecer y callar

– Para complacer a Dios es necesario someterse a todos los empleos impuestos por obediencia y ejercerlos sin quejas y en silencio.

– Jesús obedece y calla, no se lamenta jamás; pues, aprended a padecer y callar y a obedecer en silencio.

·     Con plena indiferencia de voluntad

– Quien vive bajo la obediencia vive quieto, pronto a obrar, estar, ir, callar, etc. Como Dios, por medio de los superiores, disponga poco a poco. 

– Daos totalmente a las manos de los superiores, que puedan hacer de vosotros todo aquello que quieran, todo cuanto no se oponga a la divina ley -quo absit- y las Reglas y Constituciones. 

– Nuestro dulcísimo Jesús se dejaba vestir y desvestir de los ministros de la muerte; ora lo ataban, ora lo desataban, ora lo empujaban de aquí, ora de allá y en todo se sometía el mansísimo cordero Divino. Oh, dulcísima docilidad de Jesús. 

·     Con perfecta indiferencia de juicio; a la ciega

– Obedeced a la ciega; quiero decir, sin discurrir sobre lo que se os manda.

– Renunciad a todo vuestro entendimiento y saber, dándoos como muertos a vuestros superiores.

-Vosotros sabéis que Jesucristo se ha hecho obediente hasta la muerte: por consiguiente también vosotros debéis dar muerte a vosotros mismos enterrando el propio parecer y entendimiento.

– Afortunada aquella alma que se desprende del propio gozar, del propio sentimiento y del propio entendimiento.

·     Con amor

– Obedeced con amor y reverencia, en verdadera
y santa caridad.

 

6 SOLEDAD 

 Porque “todo lo que está en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida” (I Jn 2,16), Es claro que para renegar a estas viciosas tendencias, es necesario renunciar al mundo, hasta poder decir con el apóstol: “EI mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”. (Ga 4»14). 

 Dice Cristo a los apóstoles y lo mismo repite a todos los que quieren ser sus seguidores: “Vosotros no sois del mundo”. (Jn 15»19) Por eso los santos odiaron al mundo y lo tuvieron por abominable; y cuando el deber no se lo impedía amaban retirarse a la soledad, como el lugar más adaptado para tratar con Dios, y hacer progreso en la virtud. 

 Entre los santos que más amaron la soledad uno fue San Pablo de la Cruz, el cual desde la juventud “huyendo al mundo, en la soledad pone su morada y allí como en una espiritual palestra, se adiestró a los más altos vuelos del espíritu, bajo los suaves impulsos de la gracia”. (In Offic. San Pablo de la Cruz). 

IMPORTANCIA DE LA SOLEDAD 

·     Daños que provienen de tratar mucho con el Mundo.

– Quien trata a menudo con los hombres se hace cada vez menos hombre.

– El trato no necesario y superfluo con los seglares es peste de la devoción.

– Estaos solitarios lo más que podáis también corporalmente, con el fin de que las criaturas no os roben el recogimiento.

– Tratad poco con los hombres, por santos que sean, pero tratad mucho tiempo con Dios.

– El coro y la celda son el paraíso terrestre de los verdaderos siervos de Dios. 

·     En la soledad Dios habla al corazón

– Huid del trato con la gente, con excepción de lo puro necesario, así Dios os hablará al corazón.

– Dios os quiere en el desierto de la más profunda soledad, para hablaros palabras de vida y enseñaros la ciencia de los santos.

– Estaos solitarios en el templo interior del alma y aprenderéis grandes cosas.

·     Flores y frutos de la soledad

– Jesús os ha preparado infinitos tesoros de gracia y de bendiciones, si sois fieles en huir del ambiente del siglo para retiraros a la santa soledad.

– La soledad genera recogimiento, humildad, silencio, paciencia, caridad, etc., y es necesaria para manteneros en fervor de la oración; en ella reposa el espíritu a los pies de Jesús Crucificado, se restaura y se reconforta de las debilidades, de las distracciones y fatigas en favor del prójimo. 

·     El tesoro de la soledad interna

– Es buena la soledad del cuerpo, pero mi gloria es la soledad de la mente; el sagrado desierto interior en el cual el alma se abisma toda en Dios.

– Sin la soledad interna, joya de inestimable valor, en nada aprovecharía la soledad de los desiertos de Nitria y Tebaida.

– Sed habitadores del interior de vuestro espíritu, bien encerrados en este sagrado desierto.

– Es voluntad de Dios que cultivéis con el recogimiento interno la más profunda soledad del espíritu, que en sí encierra un gran tesoro de bienes. En ella, el alma está abstraída de todo lo temporal, perdida toda en el Infinito y Eterno Bien. 

·     Para los religiosos pasionistas

– Nuestra Congregación está toda fundada en verdadera soledad y si esta se echa por tierra, está totalmente destruido el edificio porque queda totalmente fuera de la vocación que Dios me ha dado.

– Hacen gran fruto en el pueblo los operarios, que salen de la soledad para encender el corazón de los cristianos con el fuego de la santa predicación.

– Hace más fruto un operario evangélico que
sea hombre de oración, amigo de la soledad
y desprendido de toda cosa creada que otros
mil que no son tales.
 

·     Normas para la soledad interna

– Cómo entrar:

o  Con la fe y con el amor

o  Por la puerta que es Jesucristo, en su Santísima Pasión.

o  Por sus llagas que son nuestra vida, y son la divina puerta.

 

– Cómo hacerle morada; Entraos en el sagrado
desierto interior y cerrad las puertas a toda cosa creada:
 

o  Dejando reposar vuestro espíritu en el seno de Dios.

o  Estad solitarios dentro de vosotros mismos.

o  Reposaos con viva fe y santo amor.

o  Huid del ocio.

o  Estad cada vez más en soledad de fe y amor en sagrado silencio.

o  Abismaos todos: amad y padeced, padeced y amad.

 

– El alma reposa, pierde de vista lo temporal y se abisma en Dios, al cual adora en espíritu y en verdad.

– Con la vista en la propia nada, uniendo la acción y la oración, entreteneos de solo a solo con Dios en la celda de vuestro corazón.

– Estad como niños en este desierto interior. 

·     Para esta soledad no existen dificultades

– Las ocupaciones no impiden la soledad interna, antes bien, la ayudan.

– Con la soledad interna se está siempre en el sagrado desierto, aún en medio de los tumultos de los pueblos y en medio de las gentes.

– Tened siempre esta soledad en el trabajo y en los quehaceres de la casa.

– No perdáis jamás esta santa soledad interna, donde quiera que os encontréis.

– Cuando os distraigan las ocupaciones reavivad la fe reconcentrándoos pacíficamente en Dios.

7. SILENCIO 

 Inseparable compañero de la soledad es el silencio, necesario por eso a un seguidor de Cristo para vivir separado del mundo y hacer progresos en la virtud.

 “El mucho hablar no está sin pecado, dice el espíritu Santo”. (Prov. 10,19). 

 “Quien a su vez custodia su lengua, custodia su alma”. (Prov.13, 3)

El silencio de hecho tiene alejadas las faltas:

o  Facilita la práctica de las virtudes.

o  Favorece el recogimiento y la vida interior.

o  Es coeficiente necesario para mantener una comunidad religiosa en la observancia y en el fervor.

 

 San Pablo de la Cruz insiste mucho en sus cartas sobre la observancia del silencio, declarando por qué y cómo se debe observar. 

POR QUE SE DEBE OBSERVAR 

·     Para mejor tratar con Dios

– Amad el silencio, el alejamiento de todo, huyendo en lo posible de las ocasiones de hablar, para: 

o  tratar día y noche con Dios.

o  Recibir el don de la oración.

o  Facilitar el recogimiento y la oración.

 

– EL barro calla siempre, así el ollero haga un vaso de honor o un vaso de ignominia; así lo rompa y tire los pedazos o lo ponga en una regia galería. Tened en la mente esta doctrina y practicadla.

– Os recomiendo mucho el sagrado silencio, tan inculcado por los santos. 

·     Para llevar una vida inmaculada

– Estad cada vez más en silencio.

– Gran punto de perfección es el saber callar.

– Sé que los habladores son la ruina de los conventos.

·     Para custodiar el tesoro de las santas virtudes

– El silencio es la llave de oro que custodia fielmente y conserva con gran cautela y celo el tesoro de las santas virtudes, teniéndolo bien cerrado 

COMO Y CUANDO SE DEBE OBSERVAR 

·     En medio de los padecimientos

– Quien está en la tempestad de un gran sufrimiento, debe custodiar el gran tesoro bajo la llave de oro del silencio.

– Quien está en el mar tempestuoso de los padecimientos no debe lamentarse, ni con el prójimo, ni consigo mismo, ni con Dios.

– Dios creó a los peces mudos, porque deben estar entre las olas del mar, para enseñarnos que quien navega entre las tempestades del mundo, debe estar mudo, sin lengua, para no lamentarse, ni resentirse, ni justificarse.

– Lo mejor es trabajar, padecer y callar: cuando vengan las tempestades de trabajos .entre más se escondan mejor es.

– Silencio interno y externo: interno haciendo callar las rebeliones de la naturaleza; externo con el no abrir la boca para lamentarse.

– Padeced en silencio, negando siempre vuestra voluntad, es una de las gracias más grandes que Dios hace al alma.

– ¿Por qué tanta oleadas? Ella está rica y no lo sabe… Amar y padecer en verdadero silencio interno y externo, en pura fe y santo amor, es un pescar las verdaderas perlas de las virtudes en el gran mar de la Santísima vida y Pasión de Jesús, nuestra verdadera vida.

– Recordad que el dulce Jesús en medio de sus más amargas penas, callaba. ¡Oh!, sacrosanto silencio, rico de aquella paciencia, custodio fiel del tesoro de las virtudes. 

·     Cuando se despiertan las pasiones

– Cuando las pasiones se despiertan, especialmente la cólera, es tiempo de estar callados; no habléis, estad en silencio, y dentro de vosotros mismos pedid al Señor que os socorra. Si tenéis que hablar, hacedlo con voz baja y baja mansedumbre, lo que conviene hacer siempre, pero especialmente cuando hierve el caldero de la cólera es: callar, callar.

– Cuando seáis contrariados y cuando las criaturas procuren inquietaros, estad callados.

– Cuando sintáis las pasiones en batalla y enfado, entonces es tiempo de callar, de otro modo se cometen muchos errores.

– Con el hablar y responder cuando uno está exacerbado se hace peor.

– El silencio es el cuchillo de oro que mata la pasión. 

·     El silencio es necesario en las contradicciones, en las calumnias y en los reproches.

– Callad cuando os sentís chillar: callad con todos.

-La vía más corta para responder a aquellos que os desprecian y os inquietan es con un dulce y modesto silencio.

– El silencio, la desenvoltura y el hacer de cuenta que no se siente nada, hace cerrar la boca a los ociosos.

– En las burlas estad callados y con buen semblante, mostrando agradecerlas por amor de Dios.

– La vía más segura es callar, a ejemplo de Jesucristo que maltratado, vilipendiado, blasfemado, calumniado, callaba.

– No lamentarse, ni resentirse, ni justificarse; sino a ejemplo de Jesucristo: estarse en un paciente, dulce y pacífico silencio. 

·     Cuando y como es necesario hablar

– Hablad cuando lo requiere la gloria de Dios y la caridad hacia el prójimo.

– Cómo hablar: 

o  Siendo cautos y prudentes con las palabras.

o  Con la mente en Dios en santo silencio.

o  Poco, bien y con mansedumbre.

o  A su tiempo, con dulzura y modestia.

o  Cuidándose de palabras incautas, punzantes y mortificantes.

 

– Cuando seáis interrogados responded con dulzura y buena gracia.

– No seáis fingidores en las expresiones y conveniencias sino caritativos.

– En las recreaciones, con frecuencia, se pierde lo adquirido en la oración.

III. LLEVAR LA PROPIA CRUZ 

 Llevar la cruz es la segunda cosa que Jesús pide a todos aquellos que quieren seguirlo: 

 “Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz…” (Lc.9, 23ss) 

 Para vivir unido a Dios, Santidad por esencia, debemos no sólo huir de los pecados graves, re-negándonos a nosotros mismos y sujetando a la ley del espíritu las pasiones del sentido y del orgullo, sino que debemos también evitar todos aquellos defectos e imperfecciones que si no destruyen la caridad, la enfrían y ofuscan el esplendor. 

 Ahora porque nuestra alma, dominada como está del amor propio, o no conoce estos defectos o no tiene fuerza para liberarse de ellos, “He aquí la mano amorosa del gran Padre, el cual con látigo rico de amor, la golpea, para desprenderla totalmente de las criaturas y hacerla alcanzar la unión con el Sumo Bien”.

 “Así aquello que falta a nuestra acción viene suplido por las penas y por los padecimientos que el Señor nos manda”; penas y padecimientos que forman la “purificación pasiva” del alma y constituyen la Cruz que debe llevar cada seguidor de Cristo. 

 Llevar de hecho la cruz, según San Agustín, no significa otra cosa que soportar con paciencia
toda tribulación y trabajo.
 

 La cruz que todos más o menos, somos llamados a llevar son principalmente: 

o  Las enfermedades.

o  Las tentaciones.

o  Las tribulaciones exteriores.

o  Las penas interiores del espíritu.

 

 “Para cada una de ellas, San Pablo de la Cruz nos da sus enseñanzas; debemos aprender de él por qué y cómo debemos llevar la cruz. 

 Los seguidores del mundo odian y huyen de la cruz, pero los seguidores de Cristo la aman y la buscan porque saben que “todo está en la cruz, y todo consiste en el morir. En la cruz esta la salvación, en la cruz la defensa del enemigo, en la cruz la alegría del espíritu, en la cruz la perfección de la santidad. No hay salud para el alma ni esperanza de vida eterna sino en la cruz. Tomad, pues, la cruz y seguid a Jesús”. (Imitación de Cristo L.II. C.2)

1. POR QUE Y COMO DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ 

 Son muchas las almas que quieren seguir a Jesús, pero pocas aquellas que quieren llevar la cruz con El. 

 Jesús, ahora, .dice la Imitación de Cristo tiene muchos que aman su reino Celeste, pero pocos que aman su cruz. Tiene muchos que desean consolaciones, pero pocos que desean tribulaciones. Todos desean gozar con El, pero pocos desean padecer con El 

 Sin embargo, padecer con Jesús, llevar con El la cruz, y llevarla como El la llevó, es absolutamente necesario para ser sus discípulos, y tener parte con EL en la gloria del cielo. No será glorificado sino quien haya padecido con Cristo y con El haya llevado la cruz: “Y si somos hijos, somos también herederos. Nuestra será la herencia de Dios y la compartiremos con Cristo; pues si ahora sufrimos con El, con El seremos glorificados”. (Rm 8,17).

 Pablo de la Cruz nos, recuerda por qué y
cómo, debemos llevar la cruz.
 

POR QUE DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ

·     Para asemejarnos a Jesús

– Cuanto más padezcáis tanto más os asemejaréis a Jesús, en toda su vida que fue toda una cruz y no hizo otra cosa que padecer.

– Dios, sobre esta tierra, paga a sus siervos con aquella misma moneda con la cual pagó al Santo de los Santos: Jesucristo.

– ¿Qué quiere decir Siervo de Dios? Quiere decir ser crucificado con Cristo.

– Dios os ama como a hijos, porque os favorece de continuo con nuevas cruces.

– Es muy necesario bendecir y agradecer al Señor que os hace caminar por La vía de la Santa Cruz por la cual caminó su Divino Hijo.

– Afortunadísimas almas que van por la vía del calvario siguiendo a nuestro querido Redentor.

– La cruz es el más grande don que Dios hace a sus siervos. 

·     Para hacernos santos

– Cuanto más uno aprovecha en el servicio de Dios tanto más crece el padecer.

– Esta fue la vida de Cristo, y esta es la vida de sus verdaderos siervos. Abrazad con buen corazón la santa cruz.

– Quien quiere servir a Dios a lo grande, necesita padecer pruebas y trabajos grandes.

– Las cruces:

 

o  Mantienen el alma en humildad.

o  Hacen que se tenga más recurso a Dios.

o  Hacen ejercitar las más bellas virtudes.

 

– Cuando la cruz es más aflictiva y penetrante, es MEJOR; cuando el padecer es más privado de consuelo, ES MAS PURO; cuando las criaturas nos son más contrarias, NOS ACERCAMOS MAS AL CREADOR.

– Reposad sobre la cruz de Jesús y será santos, pero de la santidad secreta de la cruz. Abrazad la cruz, donde solamente están los verdaderos tesoros. Quien supiese el gran tesoro que es el padecer no desearía más que cruces.

– Porque vuestra alma es muy querida por Dios por eso os hace pasar por la vía regia de la Santa Cruz.

– Gran tesoro encierra el desnudo padecer sin consuelo ni del cielo ni de la tierra. Tenedlo en gran estima y sed agradecidos al Señor ofreciéndoos a menudo como víctimas a su Divina Majestad sobre el altar de la cruz.

– Estar con Jesús en la cruz es la vía más corta para llegar a la feliz suerte de morir a lo creado para vivir purísimamente en Dios.

-La cruz es el estandarte de los verdaderos siervos de Dios. 

·     Para gozar de tranquilidad y paz sobre esta tierra

– Entre menos consolaciones tengáis de las criaturas más tendréis del Creador.

– Bienaventurados aquellos que llegan al puro padecer sin consuelo y persisten en servir a Dios. Estos son los siervos fieles que entrarán en el gozo del Divino Padre.

– Qué bello es padecer con Jesús. iQuisiera tener un corazón de serafín para explicar las ansias amorosas! (de padecer) que prueban los verdaderos amigos del crucifijo.

– Las almas devotas no deben buscar otra consolación que el Salvador y su santa cruz.

– Felices aquellos que están de buena gana crucificados con Cristo. 

·     Para ir al Paraíso

– Al paraíso se va con la cruz.

– Si aquí son cruces, después serán coronas en el paraíso.

– Teniéndoos pegados al leño de la santa cruz no naufragaréis sino que llegaréis al puerto de la salud.

– La merced que Dios da a sus siervos aquí abajo, son cruces, angustias y trabajos para haceros semejantes a su divino Hijo crucificado y colocaros después en la galería del cielo donde no habrá más llanto ni dolor sino alegría y gozo.

– Aquellos que padecen cruces por amar de Dios ayudan a Jesús a llevar la cruz y serán participes de su gloria en el cielo.

– Breve y momentáneo es aquí el padecer, pero eterno será el gozar. Agradeced a Dios y sufrid con paciencia. 

LAS CRUCES NO FALTARAN JAMAS

– Es preciso llevar la cruz cada día. Aquí no hay otra vía, como dice Jesús en el Evangelio.

– Huyendo de una cruz se encontrarán diez.

– El alma es un grano que Dios siembra en este gran campo que es la Iglesia y para dar fruto es necesario que muera a fuerza de penas, dolores y persecuciones.

– Jesús que os ama tanto no os quiere sin la cruz.

– Donde quiera que estéis llevaréis con vosotros vuestra cruz, la cual sigue a los siervos de Dios a donde quiera que van o están.

COMO DEBEMOS LLEVAR LA CRUZ

·     En silencio y esperanza

– Sed fieles en llevar vuestra cruz con paciencia.

– La virtud de Jesucristo es padecer y callar.

– El alma devota no busca otro consuelo que el de la santa cruz. Estaos a la buena bajo ella, sin tantas reflexiones e inútiles sutilezas.

– El padecer es un bálsamo tan precioso y espiritual, que si no se tapa y se cierra bien el vaso con el sello de la verdadera humildad, silencio de fe y caridad, se evapora de inmediato y se va al aire por el canal de la vanagloria. 

– Animaos, todo pasará, y en el cielo estaremos contentos para siempre.

·     Con paz y resignación

– Reposad en paz sobre la cruz, con quietud de espíritu como niños en los brazos de Jesús Crucificado y de su Divina Misericordia.

– Estad abrazados a la santa cruz recibiendo todos los trabajos de la mano amorosa de Dios y diciendo a menudo: Señor, hágase siempre vuestra santísima voluntad.

– El pobre Pablo está siempre abrazado y asido a la cruz del querido Jesús.

– Llevando la cruz con tranquilidad se encuentra la verdadera paz.

– El mérito y la perfección consisten en llevar la cruz que Dios quiere, no aquella que quisiéramos nosotros.

– Afligido pero quieto -amargado y siempre alegre ciego al parecer mío- así me quiere Dios.

– Sea siempre bendito nuestro Dios que nos hace partícipes de su cruz. 

·     Con amor y con alegría

– Estad contentos en la cruz con Jesús.

– Gozo que Dios os descubra su cruz y os la haga amar.

– Estad en la cruz:

o  En alto reposo y alegría de espíritu.

o  Como víctimas de amor todos unidos a Jesús.

 

– Bebed alegremente el cáliz del Salvador. Sean bienvenidos los padecimientos, los trabajos, las cruces.

– Abandonaos y gozad de hacerle compañía con vuestro padecer.

– Padeced y callad y cantad en el espíritu.

– No debemos gloriarnos en otra cosa que no sea la cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

– Las cruces de mi Jesús son las joyas de mi corazón.

– ¡Oh, querida cruz!, ¡Oh, Santa Cruz! árbol de vida del cual pende la eterna vida. Yo te saludo, yo te abrazo y te estrecho contra mi pecho.

2. LA CRUZ DE LAS ENFERMEDADES 

 Dice el sabio que el hombre fue creado para la inmortalidad; pero por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo y con ella todo el conjunto de mates que son la preparación y la condición indispensable.

 Así la vida presente no es más que un continuo sucederse de males y sufrimientos, o como la llama justamente San Gregorio: UNA ESPECIE DE MUERTE PROLONGADA.

 Pero el Señor que suele sacar el bien del
mal y ordena toda cosa para nuestro mayor provecho espiritual, providencialmente tiene dispuesto que estas enfermedades, con todo que dando una pena dolorosa, fuesen medios de perfección y de santidad.

 “La enfermedad, dice San Francisco de Sales, es una óptima escuela de misericordia, para aquellos que asisten a los enfermos y de amorosa resignación para aquellos que la soportan; porque mientras los unos estén a los pies de la cruz, como la Virgen y San Juan a los cuales se proponen imitar; los otros están en cruz como Nuestro Señor, cuya pasión procuran, cuanto más pueden, imitar”.

 Cuando viene la enfermedad, pues, dice el mismo santo, es la cruz de Cristo que viene: abrazadla, pues, tenedla en gran estima por amor de aquel que os la manda. 

 En las enseñanzas de San Pablo de la Cruz tenemos claros motivos para apreciar las enfermedades y para hacerlas meritorias. 

·     Las enfermedades son tesoros y gracias del señor

– Las fiebres continuas acompañadas de incomodidades, las indisposiciones y las enfermedades, inestimables y joyas preciosísimas con las cuales el Señor enriquece vuestra lama.

– Las enfermedades largas son unas de las más grandes que Dios hace a sus almas más queridas.

– Los dolores de huesos y nervios es necesario quererlos.

– Las enfermedades son el sello con el cual Dios contraseña a las almas elegidas.

-Santidad y salud no son ordinariamente buenas compañeras.

– siento que vuestra salud se vaya cada vez más; pero creedme que yo no he conocido jamás almas que de propósito atiendan a la perfección y a la oración en perfecta salud. 

·     Óptima palestra de virtud

– La misericordia de Dios os visita con dolores, enfermedades y otros trabajos que son gracias con las cuales regala a las almas santas: 

o  Para poneros a prueba cada vez más y purificaros el espíritu.

o  Para que os desprendáis de todo lo
creado y os apeguéis a las cosas del cielo.

o  Para haceros descubrir quiénes sois.

 

– En las enfermedades se conoce quien es paciente, humilde y mortificado. 

– Las enfermedades son ocasión para ejercitar la virtud: 

o  En el amor a la propia abyección

o  En la gratitud y la dulzura a quien nos sirve

o  En la obediencia ciega al médico y a los enfermeros.

 

– Estad sobre el lecho como sobre la cruz del
Redentor. 

– Las enfermedades nos hacen más queridos de Dios que todas las penitencias voluntarias porque en esto no hay nada nuestro.

– El tiempo de las enfermedades es el más oportuno para mostrar una verdadera fidelidad al esposo celestial. 

·     Medios para unirnos más a Dios

– Las enfermedades son un precioso trabajo que no disminuyen la unión con Dios t antes la acrecientan.

– Cuando el cuerpo está abatido y mortificado, el espíritu está más apto para volar a Dios. .

– Así como las indisposiciones y fiebres debilitan el cuerpo, así adelgazan el espíritu para que con las alas de la fe y del amor se disponga a volar altamente al seno del Divino Padre.

COMO HACERLAS MERITORIAS 

·     Aceptarlas con paciencia» resignación y alegría

– Aceptad con resignación todos los padecimientos de fiebres y otras incomodidades que Dios os manda para haceros santos.

– Estad sobre la cruz de vuestras preciosas enfermedades con silenciosa paciencia y dulce
mansedumbre, y no dejéis salir de la boca palabras de lamento.

– Gozad en Dios de vuestras indisposiciones y sed tan indiferentes a la enfermedad como a la salud porque así agradaréis al Sumo Bien.

– En las enfermedades es necesario amar y adorar la santísima voluntad de Dios, produciendo frecuentes actos de amor y de adoración, teniendo el corazón en tranquilidad, parar cualquier evento que pueda suceder; este es e el mejor remedio en las indisposiciones corporales. 

– Si toleráis con paciencia y resignación vuestras indisposiciones en silencio de fe y amor, os enriqueceréis de tesoros y de méritos en Dios Bendito. 

·     Ejercitar la obediencia y la dulzura

– En los males corporales decid simplemente vuestras indisposiciones con términos modestos, claros y con brevedad y después abandonaos en todo a la obediencia.

– Tomad los medicamentos en el cáliz amoroso de Jesús, sufriendo todo por amor de Dios en unión a cuanto sufrió por nosotros Jesucristo, nuestro verdadero Bien y Divino Ejemplo.

– Estad sobre el lecho de vuestra enfermedad
como niños que duermen sobre el pecho del
Divino Jesús, y allí bebed en aquella fuente de
vida eterna.

– El enfermo estese retirado en el corazón purísimo de Jesús que allí encontrará consuelo.

– Dios os quiere así indispuestos porque os quiere del todo para sí.

·     No dejar jamás la oración

– Si os ocurriese estar enfermos a abatidos y faltos de fuerzas, no dejéis jamás vuestra oración, o sea aquella dulce atención amorosa, con viva fe en Dios reposando en paz y amando a Dios.

– En las enfermedades estad en vuestro lecho como sobre la cruz. Jesús oró tres horas sobre la cruz y fue una oración verdaderamente crucificada, sin consuelo ni de dentro ni de fuera. ¡Oh, qué gran enseñanza!

3. LA CRUZ DE LAS TENTACIONES 

 Se imaginan algunos que la vida de las almas que quieren ser todas de Dios, sea una ascensión blanda, dulce, sin luchas ni choques, a lo largo de un sendero amenísimo enmarcado de flores perfumadas. Pero el Espíritu Santo nos advierte que no es así: “Hijo, en el darte al servicio de Dios, humilla tu corazón y prepara tu alma para la tentación. (Ecl 2,1). 

 Pero, dirá alguno, ¿no es la tentación un mal?
¿Cómo puede ser la recompensa de quien no busca otra cosa que al Señor?

 Tentar, dice Santo Tomás, es hacer experimento de alguno. De aquí una dobla tentación: una “ad probandum”, la cual viene directamente de Dios; la otra, “ad seducendum”, que tiene por autor al demonio, el cual para alcanzar más fácilmente su fin, se sirve como de potentes auxiliares del mundo, y de nuestra concupiscencia.

 Pero todas las tentaciones, no excluidas aquellas que el enemigo infernal trama para nuestro daño, son permitidas por la Divina Providencia y orientadas a nuestro mayor bien espiritual y a nuestra santificación “porque Dios es fiel y no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas, sino que nos da con la tentación la ayuda con el fin de que podamos resistirla y permanecer victoriosos”. (Conf. 1Cor.1O, 13).

 San Pablo de la Cruz nos enseña para qué sirven, según los divinos designios, las tentaciones, y qué cosa debemos hacer para permanecer victoriosos.

PARA QUE SIRVEN LAS TENTACIONES 

·     Para probar nuestra fidelidad

– Las tentaciones son pruebas de Dios para conocer si somos fieles.

– Dios os ama y porque os ama os prueba. Por esto la rabia de Satanás busca perturbaros.

– Las almas más queridas por Dios son las más tentadas, probadas y afligidas.

– Las tentaciones no son para entristecerse: son trabajos (sufrimientos) que vienen a un alma que quiere ser toda de Dios.

– Os pido no hacer caso de las molestias y tentaciones que os causa el demonio: creedme que esto es un óptimo signo para vosotros.

– Quien no es tentado, ¿qué sabe? Si Dios os trata como a sus siervos más queridos, ¿qué queréis de más? 

·     Para purificar el alma

– Las tentaciones purifican el alma como el fuego al oro. Cuando se combaten hacen un gran bien: 

o  Nos humillan.

o  Nos instruyen.

o  Nos purifican.

 

– Dios permite tales batallas para purificaros el espíritu para que esté más dispuesto a unirse con perfecta caridad al Suma Bien. 

·     Para haceros adquirir la santa humildad

– Las tentaciones os serán de gran mérito. No hacen daño cuando no se les da ocasión ni se les consiente.

– Dios permite las tentaciones con el fin de: 

o  Hacernos más humildes de corazón y cautelosos.

o  Que el alma no se fíe de sí misma.

o  Hacernos desprender de toda cosa creada.

o  Conocer nuestra nada, nuestra abyección.

o  Llevarnos a recurrir a Él en nuestra oración.

o  Llevarnos a poner toda la confianza en El.

 

o  Para hacernos ejercitar muchas virtudes

– El haceros pasar por varias tentaciones es signo de que Dios os quiere santos, porque os da ocasión de ejercitar muchas virtudes en el acto que hacéis de resistencia a la misma. No se llega a adquirir una virtud consumada, sino por medio de la tentación contraria.

– La gran tentación de fe es signo de que Dios quiere dar a vuestra alma un gran don de fe viva que la llevará a alta unión de caridad.

– Si Dios permite tentaciones de gula es signo de que os quiere dar en premio una altísima abstinencia.

– Si permite Dios que seáis tentados -de vanagloria, es signo de que quiere daros grande humildad.

– No os asustéis con las tentaciones; sabed que su Divina Majestad las permite con el fin de que pongáis bien profundos los fundamentos de aquel edificio espiritual, que tiene designado fabricar en vuestra alma.

– Alegraos cuando Dios os pruebe con las tentaciones. Son óptimos signos de que os quiere santos.

·     Para acrecentar nuestros méritos

– Las tentaciones son joyas con las cuales Dios adorna al alma fiel, para que bien radicada en la humildad de corazón, se entregue a participar de los tesoros de las divinas gracias, especialmente los de su Pasión.

– Hacen resplandecer más la gracia triunfadora que Dios ha puesto en vuestra alma. Son, tantas las riquezas espirituales que adquiere el alma, que con la ayuda de Dios combate fiel, que no hay mente que las pueda comprender ni lengua que las pueda expresar. 

·     Para prepararnos una corona de gloria

– Ahora es tiempo de batallar y de combatir con gran corazón, que Dios nos prepara una corona de gloria.

– Las tentaciones son ladridos del demonio, el cual tiene gran rabia de veros encaminados por la vía del paraíso.

– Pasada la tempestad vendrá gran serenidad, y vuestro espíritu nadará en un mar de paz, en premio de la victoria reportada.

– Quien venza los asaltos del enemigo se sentará para siempre a la mesa del Gran Rey del cielo. 

COMO VENCERLAS

·     Manteniendo el corazón en paz

– En los combates mantened el corazón pacífico. Sobre todo tened cuidado de no inquietaros jamás por cualquier tentación.

– El sentir las tentaciones no es pecado; pecado es consentirlas.

– No os asustéis por furiosa que sea la tempestad de las tentaciones, porque cuando la voluntad no quiere no hay pecado; así parezca que la nave padece naufragio, la parte superior resiste y permanece victoriosa.

– La vía corta que se debe tener en tales batallas es de estarse sumiso a la voluntad de Dios; dejándose flagelar de aquella mano amorosa que permite tales tribulaciones. 

·     Combatiendo varonilmente

– Combatid varonilmente que después de la guerra vendrá la paz. 

– Os digo que en medio a las tempestades de las tentaciones debéis manteneros fuertes como un escollo azotado por las olas.

– Id al encuentro del enemigo, armados de las
virtudes de Jesucristo, con la lanza de la santa cruz. Venceréis sin más y el paraíso cantará las victorias que reportaréis por la virtud del Salvador. 

– Los demonios son perros ligados a la cadena: pueden ladrar pero no morder, si no queremos nosotros mismos dejarnos morder.

– Todo el infierno no os puede hacer caer cuando vuestra voluntad esté firme y constante en no consentir.

– No debéis hacer caso de cualquier asalto dé las tentaciones: combatid varonilmente protestando querer morir antes que consentir el pecado y abandonar a Dios.

– Donde os sintáis más débiles, estad allí más en guardia.

– No dudéis de nada, que Dios os dará la victoria, y en premio de la batalla os dará gracias grandes y el don de la santa oración.

·     Humillándonos dulcemente

– Las tentaciones se vencen con la humildad y el santo temor de Dios: el demonio huye de los humildes, desconfiados de sí y temerosos. El corazón humilde está siempre victorioso.

– Con gran coraje combatid esta batalla que Dios os tiene preparada la gran victoria si sois bien humildes.

·     Desconfiando de sí

– Descubrid al confesor lo que sufrís de tentaciones, siendo este punto necesarísimo para que dicho confesor os dé remedios, consejos y avisos de cómo debéis regularos, y obedeced. 

·     Confiando en Dios e implorando su ayuda

– En las tentaciones no dudéis de nada. Dios estará con vosotros, combate en vosotros y por vosotros y os da su gracia para vencer.

– Vivid pues, abandonados en sus divinos brazos, y en los asaltos más fieros escondeos en la inmensa caridad de Jesucristo, Nuestro Señor. Esta fuga ¿sabéis cómo se hace? Se hace con un dulce avivamiento de fe, que os haga aniquilaros más en vosotros y perderos en Dios.

– En las tentaciones no perdáis jamás la confianza en Dios y en María Santísima. Si Jesús os tiene en sus brazos, ¿a quién temeréis?

– Sobre todo no perdáis jamás la confianza ni dejéis la oración.

– No hagáis esfuerzos de cabeza, de manos o de pecho para desechar las tentaciones la resistencia que se debe hacer es la de recurrir a Dios, a Jesús y a María Santísima.

– Cuando os venga cualquier tentación besad la cruz y el rosario diciendo con fervor: Mi querido Redentor, mi eterno Dios, os adoro, os amo.

– Si las tentaciones acosan meteos en espíritu a los pies de Jesús Crucificado, y haced un acto de amor diciendo: Señor, ¡ayuda!, estoy dispuesto a morir antes que ofenderos, en vos me abandono, a vos recurro: vos sois mi Dios, mi todo: socorredme, liberadme, que de mi parte no puedo hacer nada de bien, tan sólo el mal.

– En el costado dulcísimo de Jesús se encuentra toda fortaleza y todo bien. Es su corazón una fortaleza inexpugnable.

4. LA CRUZ DE LAS TRIBULACIONES 

 Fuera de la cruz de las enfermedades y de las tentaciones que provienen del demonio y de nuestra natural debilidad, debemos llevar las de las adversidades, persecuciones, calumnias y tribulaciones, que si nos son procuradas la mayoría de las veces por la malicia de los hombres, los cuales han perseguido a Cristo, no dejarán de, perseguir también a sus seguidores.

 Pero cualquiera que sea la mala voluntad de los hombres, es cierto que todas las tribulaciones son de la Divina Providencia-ordenadas para nuestro mayor bien espiritual. Ellas, dice San Agustín, no son pena para nuestra condena sino medicinas para nuestra salud. 

 En efecto, cuando un hombre de buena voluntad es atribulado, perseguido, afligido, entonces comprende que tiene más necesidad de Dios, sin el cual se da cuenta que no puede hacer nada bueno. Entonces llora y reza por causa de la miseria que sufre. Entonces se da cuenta que plena seguridad y paz no pueden tenerse en este mundo.

 Buena cosa es, pues, para nosotros si algunas veces encontramos disgustos y contrariedades.
Buena cosa es si algunas veces sufrimos contra
dicciones y que se tenga mal concepto de nosotros.
Lo cual nos ayuda a mantenernos humildes y a defendernos de la vanagloria. Cuando exteriormente
seamos vilipendiados y despreciados, entonces
buscamos mejor a Dios, y ponemos en El todo nuestro corazón.

 Sobré las preciosas ganancias de las tribulaciones, y sobre el modo de soportarlas, San Pablo de la Cruz nos dice lo siguiente. 

GANANCIAS DE LAS TRIBULACIONES

·     Las tribulaciones purifican el espíritu

– Dios pretende con los padecimientos purificar vuestro espíritu como el oro al fuego.

– Las aflicciones, desolaciones, abandonos y otras persecuciones del demonio y las criaturas, son una noble escoba que barre las imperfecciones, nos prepara para la santidad y para la unión con Dios.

– Cuando el padecer es sin consuelo, el alma queda más purificada, y se hace bella y liviana para volar al Sumo Bien.

·     Son una excelente escuela de virtud

– Los trabajos, las angustias, las persecuciones y las penas: 

o  Mantienen el alma en humildad.

o  Hacen que se recurra más a Dios.

o  Hacen crecer el alma en las más bellas virtudes, como son: el silencio en el padecer, la paciencia, la caridad y la humildad, que nos asemejan al dulce Jesús.

o  Son los bordados del trabajo amoroso de Dios para haceros santos.

o  Dan al alma las alas para hacer el vuelo altísimo en la perfección del Santo Amor.

o  Con ellos Dios prepara vuestra alma para trabajos mayores.

 

– Dios nos castiga como Padre con el fin de que aprendamos a ser hijos obedientes y fieles.

– Las desgracias del mundo cuando son tomadas de la mano amorosa de Dios y con resignación a la divina voluntad, sirven para hacernos correr en la vía de los divinos preceptos.

– No os desalentéis: El Señor permite que sintáis profundamente las angustias para que conozcáis vuestra nada y os humilléis en todo. El permite que seáis abandonados de las criaturas, para que vuestra vida sea toda escondida en Jesucristo. 

·     Gracias y tesoros preciosos

– Los trabajos y calamidades mirados en el Divino Beneplácito, son preciosas joyas con las cuales Jesús embellece y enriquece vuestra alma.

– ¡0h, si comprendierais el gran tesoro que está escondido en el padecen Cuánto gozaría vuestro espíritu en Dios Nuestro Salvador!

– Bienaventurados aquellos que padecen trabajos, persecuciones y desprecios por amor de Dios; Ellos son más afortunados que los ricos del mundo y de aquellos que tienen las delicias de la tierra.

– Oh, dulcísimos trabajos; prendas queridas del corazón Sacratísimo de Jesús, ¿Quién podrá explicar la magnificencia de estos preciosos, tesoros, de los cuales Dios se sirve para coronar las almas de sus queridas esposas? 

·     Los padecimientos son la parte de los más queridos hijos de Dios

– Los trabajos y los padecimientos son los regalos que Dios da a sus consentidos, y unidos al abandono de las criaturas, son los más preciosos tesoros para sus amigos.

– Padeced de buen grado las tribulaciones, recordando que ellas son las prendas del Santísimo amor de Dios, y las garantías más ciertas de ser amigos suyos, porque Dios os ama y por eso os prueba con tribulaciones.

– Es siempre una gracia cuando Dios os hace padecer, en especial cuando el padecer es sin consuelo.

– En los trabajos grandes se prueban las almas varoniles porque los más grandes trabajos son de los más grandes siervos de Dios.

– En sustancia, las mercedes que Dios da a sus siervos aquí abajo, son cruces, angustias, trabajos y tribulaciones de toda suerte, para hacerlos así semejantes a su divino Hijo crucificado, y para colocarlos después en la regia galería del cielo.

– Cuanto más seáis afligidos, más debéis alegraros, porque está más cerca el Salvador.

COMO ES NECESARIO SOPORTARLAS

·     No hablar de ellas sin necesidad

– Cuando vienen tempestades de trabajos, entre más se escondan mejor es.

– Con el hablar sin necesidad de los propios sufrimientos, se disminuye la virtud y crece el amor propio, que siempre desea ser compadecido.

– Quien cree padecer mucho o es poco humilde o poco paciente.

– Quien padece mucho calla mucho, porque no quiere consolación de ninguna criatura, y puramente se recrea y consuela con la voluntad de Dios de la cual se alimenta. 

·     Mirarlas con ojos de fe

– Las almas fieles miran con ojos de fe, en la santísima voluntad de Dios, los trabajos y desgracias, no como venidos de las criaturas, sino de la mano amorosa del Señor.

– Mirad vuestros trabajos no como flagelos sino como dones y correcciones del Padre Celestial, el cual “quos amat arguit et castigat”.

– Acariciad vuestros padecimientos vengan de donde vengan, y miradlos en la voluntad de Dios, gustando con fe y Santo amor que se cumpla en vosotros su santísima voluntad.

– Tened vuestro corazón vuelto hacia el cielo, con el fin de que los vientos impetuosos de las vicisitudes humanas no puedan jamás agitarlo.

·     Soportarlas con paciencia, contento y gratitud

– Estad abrazados a la santa cruz de vuestras tribulaciones: tomadlas de la mano de Dios y decid a menudo: Señor, sea hecha siempre vuestra santísima voluntad.

– Padeciendo con paciencia, vuestra alma se enriquecerá de grandes méritos, y Dios la liberará de todo mal.

– Sufrid contentos orando a Dios por quienes os calumnian y mostrándoos siempre serenos.

– Las burlas, las mofas, los escarnios deben recibirse con suma gratitud hacia el Señor; estas son como leña para hacer la hoguera amorosa y poderse quemar víctima de amor.

-En vuestros trabajos bendecid al Señor con silenciosa paciencia.

·     Y con la mirada en el crucifijo

– El alma amante, desprendida de todo lo creado, no mira al padecer sino que su atención está toda en el Amado Bien, en el amor Crucificado.

– El alma fiel deja desaparecer los trabajos en el mar inmenso de la divina Caridad que endulza toda amargura. 

– Ofreciendo vuestros trabajos a las llagas santísimas de Jesucristo, haréis cosa grata a Dios y de gran mérito para vuestras almas.

5. LA CRUZ DE LAS PENAS INTERIORES 

 Las enfermedades, las tentaciones, las adversidades, las persecuciones de los hombres y de los demonios son cruces con las cuales el Señor intenta purificar nuestra alma de sus defectos y de sus imperfecciones, para hacerla cada vez más digna de sí y del Santo Amor. Pero hay todavía una cruz más sutil y penetrante con la cual el Señor suele dar la última mano a este místico trabajo de la purificación pasiva, y esta cruz son las arideces, desolaciones, y penas interiores, que San Pablo de la Cruz, experto en tal materia, llama “limas finísimas que penetran hasta el fondo para Limar toda herrumbre; presiones amarguísimas, las cuales, porque privan de todo consuelo sensible, son más penetrantes y por eso aptas para preparar el alma, en modo altísimo a la Santa unión con Dios. 

 San Pablo de la Cruz no dice cual es el fin providencial de estas penas y la conducta a seguir. 

FIN PROVIDENCIAL DE LAS PENAS INTERIORES 

·     Purifican el espíritu

-Dios pretende con las arideces, las desolaciones, los abandonos, las penas interiores, las aflicciones y los temores, purificar el espíritu como el oro al fuego, de todo herrumbre, barro y polvo de imperfecciones que nosotros no advertimos.

– Las penas interiores son una estupenda escoba que barre nuestro espíritu de toda imperfección.

– Estas penas son dones para: 

o  Ejercitarnos en la resignación.

o  Desprendernos de todo contento sensible.

o  Llegar a ser hombres nuevos.

 

·     Enriquecen el espíritu de dones y gracias

– En los trabajos internos, las desolaciones, arideces y abandonos, está escondido un gran tesoro que enriquece el espíritu, lo preparan para recibir gracias y dones inestimables.

– En la medida de las tinieblas que vuestra alma sufre, será más clara y abundante la luz.

– Las penas, obscuridades y desolaciones que el Señor os comparte son un bello trabajo de amor que Dios hace en vuestro corazón para daros el don del Santo Amor.

– Cuando Dios haya probado vuestra fidelidad, os llenará de celeste fuego de caridad que hará desaparecer todas las arideces y desolaciones.

·     Preparan el espíritu para el más alto grado de unión con Dios

– El Señor pretende por medio de las arideces y desolaciones:

o  Preparar el alma a un más alto grado de oración y unión con Él para dar así la última mano a la estatua y colocarla en la celeste galería del Paraíso.

o  Haceros santos y por eso os prueba con penas y angustias.

o  Que aprendáis a servirlo con amor.

o  Que saquéis más provecho en la humildad
y el conocimiento de vosotros mismos.

o  Desprenderos de todo lo sensible, de todo contento y haceros caminar en pura fe y pobreza de espíritu por la vía de la santidad.

 

– Las arideces y desolaciones son necesarias para llegar al conocimiento experimental de nuestra propia nada.

– La voluntad de Dios se cumple mejor en las arideces y desolaciones.

– El sagrado martirio de las penas interiores produce en el alma dos maravillosos efectos:

o  Purificarla de todo rastro de imperfección como hace el fuego en el purgatorio.

o  Enriquecerla de virtudes, en especial de paciencia, mansedumbre y de alta resignación a la divina voluntad, para contemplar bien las penas santísimas de Jesucristo.

 

– Los trabajos del espíritu son los primeros peldaños de aquella santísima y altísima escalera por la cual suben las almas generosas y grandes. 

·     Estima que debemos tenerles

-. Tened en gran estima las preciosas penas interiores porque miradas con, los ojos de la fe son:

o  Joyas emanadas de las fuentes del Santo Amor y son una gracia extraordinaria.

o  Alegrías de Jesús.

o  Tesoros inestimables con los cuales Dios enriquece a sus verdaderos siervos y adorna vuestro espíritu.

o  La parte más querida de los siervos de Dios.

 

– Miradas con ojos de fe no son más amargas sino más dulces y suavísimas.

– Dios no permite que uno permanezca sofocado por las angustias; pero si esto sucediese, -el mejor morir sería en un desnudo padecer sobre la cruz de Jesús, cantando: “Hágase tu voluntad”.

– En el cielo se ama y se goza, en la tierra se ama y se sufre, imitad a los santos; así como ellos en el cielo aman y gozan, vosotros aquí abajo amad y padeced.

CONDUCTA QUE DEBEMOS TENER

·     Desechad como peste los temores y turbaciones del espíritu:

– Dios quiere humildad no vileza.

– Ellas nacen siempre del demonio y de las demasiadas reflexiones sobre vosotros mismos. Desechadlas por amor de Dios y tendréis paz y os haréis santos.

– Las inquietudes son siempre de mala raíz y por eso es necesario humillarse dejándolas morir en el fuego de la santa caridad.

– el diablo os pone en mente temores turbaciones con el fin de que no hagáis nada bien. 

·     Hacerse un poco de sagrada violencia

– Al principio; después os sentiréis más livianos.

– En el abatimiento de espíritu, la parte superior debe virilmente mandar a la inferior con gran constancia: “Véncete a ti mismo”. 

·     Triturar las penas internas con la paciencia y el silencio

– Se hace con ellas una píldora amasada con el bálsamo de la Santísima Pasión de Jesús, se engulle con fe y con amor y se digiere con el calor de la Santa Caridad.

– Debéis padecer y callar en paz y sobre la cruz del dulce Jesús, en sagrado silencio de fe y de amor. 

·     Estar bien resignados

– A la divina voluntad en los sufrimientos internos, y estad segurísimos que después de la tempestad vendrá gran tranquilidad.

– En los padecimientos internos estad resignados y callados, tomando todo de la mano de Dios y besando la mano amorosa del gran Padre que os golpea con látigo rico de amor.

– Merecéis más y dais más gusto al Señor cuando en las arideces y obscuridades sois resignados y contentos del agrado de Dios, que si tuvierais todas las más altas consolaciones celestiales. 

·     Tener fe y confianza en Dios

– Mirad con dulce avivamiento de fe vuestras penas y desolaciones, creyendo que Dios se ha complacido hasta la eternidad de haceros caminar por esta vía, y de haceros semejantes a Jesucristo.

– Todas las desolaciones y penas de espíritu debéis tomarlas “sin miedo” del corazón de Jesús, mirándolas con ojos de viva fe en Dios.

– Expulsad la pusilanimidad y melancolía con actos de filial confianza en Dios.

– Estad seguros de que toda inquietud viene del enemigo: desterradla con actos de confianza. 

·     Haced morir toda pena en el fuego de la caridad ante las obscuridades del espíritu, no pongáis cuidado a los escrúpulos: destruidlos con el fuego del Santo Amor.

 

·     Amad la voluntad de Dios

Gozad de estar sobre la cruz con Jesucristo.

– Para sanar vuestros temores, desolaciones y amarguras, tenéis necesidad de esconderos en la Divina Voluntad alimentándoos de ella en espíritu y en verdad, sin dejar la oración jamás.

– En las arideces despertad dulcemente el espíritu con actos amorosos, y después reposad en Dios sin gozarlo, ni sentirlo entonces el alma se muestra más fiel.


  

IV. SEGUIR A JESÚS 

 A Purificada con la abnegación y con el amor a la cruz, el alma cristiana puede decirse qué está bien dispuesta y preparada para responder sin retardo a la invitación que Jesús le hace a seguirlo.

 Pero, ¿cómo se sigue a Jesús? A Jesús se sigue,
responde San Agustín, no con los pasos del cuerpo, sino con los afectos del corazón, imitando sus ejemplos, viviendo unidos a Él, con mente, voluntad y corazón, practicando aquellas virtudes que son propias de la vida unitiva, como:

o  La pureza de intención.

o  La presencia de Dios.

o  El recogimiento. La resignación al Divino querer.

o  El abandono y la confianza en Dios.

o  El amor a Dios y al prójimo.

o  El amor de la paz. La oración.

o  La devoción a la Santísima Eucaristía.

o  La devoción a La Pasión Santísima de Jesucristo.

o  La devoción a la Santísima Virgen.

 

En efecto, es por medio de estas virtudes, como anota el Catecismo Tridentino, que Cristo reina y vive en nosotros y que nosotros llegamos a ser ciudadanos de su reino y miembros vivos de su cuerpo místico, para poder decir con el apóstol, “vivo yo mas no yo, es Cristo quien vive en mí”. (Ga 2,20).

 En cada una de estas virtudes San Pablo de la Cruz nos ofrece sus enseñanzas para seguir a Jesucristo.

 “Grande honor y máxima gloria es seguir a Jesús, y por su amor despreciar todas las cosas. De hecho todos aquellos que de buen grado se someten a su santo servicio, obtendrán abundancia de gracias, encontrarán la dulcísima consolación del Espíritu Santo y hallarán gran libertad de espíritu. ¡Oh, querida, gloriosa y divina servidumbre, por la cual se hace el hombre verdaderamente libre y santo; Oh, servicio dignísimo de ser abrazado, ‘y siempre deseado, por el cual se gana el Sumo Bien, y se adquiere una gloria que durará sin fin! (Imitación de Cristo L. III. C.10).

1.  PUREZA DE INTENCIÓN

 

 La primera cosa necesaria para seguir a Jesús con toda la mente es la pureza de intención, la cual consiste en HACER TODOS LOS TRABAJOS ÚNICAMENTE POR COMPLACER A DIOS, según el consejo del Apóstol: “Todo lo que hagáis hacedlo a mayor gloria de Dios”. (1 Co 10,31).

 Para los hombres que ven sólo la exterior, una obra se mide por la fatiga que da el hacerla; pero para Dios que ve el corazón, el valor y el mérito de las acciones depende principalmente de la intención con la cual se hacen.

 Santa Magdalena de Pazzi dice; “Dios paga nuestras acciones a peso de pureza de intención”. Y San Agustín dice: “Cuando tú obres, no mires tanto a la grandeza externa de la obra sino al fin por el cual la haces, porque tanto harás de bien cuanto intentes hacer por la mayor gloria de Dios”.

EL DEBER 

·     Todo se debe a Dios

Sólo a Dios honor y gloria: a Él sólo el incienso suavísimo de todos sus dones. 

– Sea siempre vuestra intención pura en todas
las obras.

– No busquéis otra consolación que la de agradar a Dios haciendo su santísima voluntad.

-.Despojaos de todo deseo que no sea complacer
a Dios.

·     Para hacerlos cosa agradable a Dios

– Mejor cosa y más grata a Dios no podéis hacer, que hacerlo todo por su mayor gloria.

– Vuestras fatigas llegarán delante de Dios como perfumado incienso, con tal de que las hagáis para su mayor gloria y por puro amor suyo.

·     Y para hacer el bien

Si vuestra intención es recta y pura, por la sola gloria de Dios.

– Buscad solamente complacer a Dios, dejando decir lo que quieran.

– Si uno piensa dar gusto a Dios» Dios pensará en él

LAS CONDICIONES

·     Estar desprendidos de las criaturas

– Estad desprendidos de todo, ocultos y escondidos a los ojos de todos, con el solo deseo de complacer solamente a Dios en todo tiempo y lugar sin tomar fastidio o pena de otra cosa que no sea disgustarlo.

– Purificad todos vuestros afectos procurando que todos sean dirigidos a Dios.

– Gozad que Dios os despoje de todo contento para aprender a servirlo con mayor pureza de intención.

– Quien no quiere otra cosa que el gusto de Dios deja el cuidado y el pensamiento de sí a Dios mismo. 

·     Buscar complacer solamente a Dios

Teniendo el corazón vuelto al cielo.

– Procurad tener una intención purísima en todas vuestras acciones, de complacer únicamente al Señor, y de dar gloria sólo a Él.

– Si el mundo anduviese al revés no os toméis fastidio de nada, y no tengáis otro cuidado que el complacer a Dios, y hacer todo por su gloria. 

·     Hacer todo con tranquilidad y paz

Con purísima intención, con profundo recogimiento, sin filosofar tanto sobre sí mismo y sobre las propias acciones, con simplicidad.

– Antes de poneros a trabajar decid así: Mi pobre corazón, ¿por quién trabajas tú? Sentiréis que el pobre corazón os responde con voz de fe; yo trabajo por la gloria de mi Dios, y entonces vosotros decís: Si es así, haga todo bien y con paz.

·     Y por puro amor

– Haced toda cosa con paz y sin prisa, por puro amor de Dios.

– Es necesario que la observancia exterior de la Regla sea siempre animada y acompañada del espíritu interior del corazón. Dios no quiere que se haga el bien por fuerza sino por amor.

– Todas vuestras acciones, palabras, suspirosas penas y trabajos sean santificados con el amor de Dios, teniendo el corazón vuelto a Él con santos afectos.

-Buscad cada día de hacer deiforme vuestra intención, es decir, toda divina, obrando siempre en Dios y por sólo su amor, uniendo vuestro obrar con el de Jesucristo Salvador Nuestro.


2. PRESENCIA DE DIOS

 Quien obra por complacer a Dios, no puede menos de tener a Dios presente en todos sus pasos, Por eso la pureza de intención, de la cual habíamos hablado, es preparación y disposición al santo ejercicio de la presencia de Dios: otra cosa necesaria a quien quiera seguir a Jesús con toda la mente y vivir a El unido. 

 Es fácil descubrir cuáles son las inmensas ganancias de esta práctica respecto a nuestra santificación: Nos tiene alejados del pecado, estimula nuestra energía para el bien, acrecienta nuestra confianza en Dios y nos infunde alegría y ánimo para superar todas las dificultades.

 “Yo tengo siempre al Señor delante de mis ojos porque El está a mi diestra yo no vacilaré”. (Prov. 15,8). 

 La mayor parte de las faltas de las
piadosas, dice San Francisco de Sales, deriva del hecho de que ellas no se ejercitan lo suficiente en el pensamiento de la Divina Presencia; y añade que este pensamiento debería ser como el pan cotidiano, y andar unido a todas nuestras acciones, como precisamente el pan acompaña todos nuestros alimentos.

 San Pablo de la Cruz practicó constantemente este ejercicio y lo inculcó a sus hijos, a los cuales, como dice una antífona de su fiesta, enseñó como primera cosa a caminar con Dios. El nos explica el fundamento, las ventajas y la práctica de esta actitud.

EL FUNDAMENTO

·     Dios está con nosotros y en nosotros

– Dios está todo en vosotros y vosotros estáis en Dios; y más sois en Dios que en vosotros mismos.

– Dios está más cerca de nosotros que nosotros mismos; mucho más cercano que la piel de nuestra carne. 

LAS VENTAJAS 

·     Medio para hacer siempre oración

– Manteneos siempre en presencia de Dios, así haréis continua oración, también en medio de vuestros quehaceres, porque el siervo de Dios hace continua oración con atención amorosa a la Divina presencia. 

·     Y para hacerse santos

– La continua presencia de Dios es rica de todo bien.

– Jesús está en medio de vuestro corazón y os quiere hacer santos. 

·     Divina presencia que ensalza los corazones

– Cuando pienso que mi alma es templo de Dios, que Dios está en mí, que yo vivo, respiro y obro en Dios, ¡Oh, cómo se alegra mi corazón!

– iQué bello es estar en pura fe en la presencia de Dios! 

LA PRÁCTICA

·     Hacer todos los trabajos en la presencia de Dios

– Caminad en la Divina presencia.

– Obrad con diligencia, pero con paz de corazón y espíritu reposado, estando en la presencia de Dios.

·     Recordarse de Dios reavivando la fe

– Olvidaos de todo: perded de vista todo; recordaos sólo de Dios.

– Reavivad la fe en la Divina presencia, levantando el espíritu con algún afecto hacia su Divina Majestad.

·     El corazón en alto, en Dios

– Estad en la Divina presencia: trabajad con las manos, pero con el corazón hablad con Dios, de corazón a corazón, despertando vuestro espíritu con afectos de amor. 

·     Ayudarse con oraciones y jaculatorias

– Estad en presencia de Dios ayudándoos con oraciones y jaculatorias, recogidos en vosotros mismos, despertando a vuestro espíritu consagrados coloquios.

– Podéis hacer así: ¡Oh, alma mía! ¿Cómo te olvidas de tu Dios? Ah, Dios mío que sois conmigo y en mí; yo vivo todo en vos y por vos. Alma mía mira con los ojos de la fe a tu Dios. Dios habita en ti: tú eres el templo de Dios: dentro de ti está Dios, fuera de ti está Dios, tú vives en Dios, obras en Dios: Oh, alegría, Oh amor, Oh, fuego, Oh, caridad. 

·     Caminar con humildad, a la buena, sin fatigar la cabeza

– Estad en la presencia de Dios como un pobre que pide limosna a su gran. Padre.

– Estarse siempre en el conocimiento y meditación de la propia nada, en, la presencia de Dios, con espíritu de suavidad, revisando a menudo dulcemente la fe, sin esfuerzo de cabeza o de pecho, creyendo que Dios está todo, dentro de vosotros, en vuestro corazón en el alma, en el cuerpo, y en todo lugar.
 

3- ESCOGIMIENTO 

 La pureza de intención y el ejercicio de la presencia de Dios conducen insensiblemente alma a la vida de recogimiento y de unión con Dios, que es la tercera cosa necesaria para seguir a Jesús con toda la mente.

 San Francisco de Sales decías “con el recogimiento nosotros nos retiramos en Dios, o atraemos a Dios a nosotros”.

 Sin el recogimiento no hay progreso espiritual, Las mismas gracias que Dios hace a un alma
no establecida en el recogimiento, dice un célebre autor, “no son otra cosa que fugaces huellas trazadas en el agua o inconstantes signos impresos en la arena”.

 Nosotros podemos mantenernos recogidos en todo tiempo y en toda ligar porque no hay oficio, compañía o empleo, que pueda impedirnos volver nuestro pensamiento a Dios, y entretenernos con El en el interior de nuestro corazón.

 De esta vida de interno recogimiento San Pablo de la Cruz nos expone la naturaleza, las ventajas y la práctica.

NATURALEZA DEL RECOCIMIENTO. ¿Qué cosa es? 

 El recogimiento interno es aquella sagrada soledad interior, en la cual Dios habla alma palabras de vida eterna. Es más puro y más noble cuando está más en fe y menos en lo sensible. 

·     Sus fundamentos

– Recordad que vuestra alma es templo vivo del Altísimo.

– Conservad el recogimiento: esto es lo que desea de vosotros el Señor. 

·     Condiciones: fe, amor y escondimiento

– Estad siempre recogidos dentro de vosotros mismos, en el templo interior de vuestro espíritu solitarios con Dios, así tendí campo para arder en santo amor, aún en medio de las ocupaciones.

·     Debe ser continuo en cuanto se pueda.

– EL verdadero siervo de Dios va siempre en compañía de Jesucristo.

– Procurad que vuestros lugares de delicia sean estos tres: el coro, la celda y el templo interior de vuestro espíritu.

– De este templo no salgáis jamás, mas bien, en pura y desnuda fe, adorad al Altísimo en espíritu y en verdad.

– Este recogimiento llevadlo a todas partes. 

·     No excluye las ocupaciones

– El recogimiento no os disminuye la atención debida a vuestros quehaceres, antes bien, los hará hacer con mayor diligencia y perfección porque ser en obras perfumadas con el bálsamo del santo amor. 

– Por medio del recogimiento el alma une las acciones por el prójimo con el trato amoroso con Dios.

– Estaos haciendo la voluntad de Dios quietos y recogidos en los quehaceres.

VENTAJAS DEL RECOGIMIENTO

·     Vía corta para la santidad

– Trabajad, servid a todo, pero en paz, amando a Dios y con el espíritu en brazos del dulce Jesús.

– Estad en vuestra “casa” -celda interior- y aprenderéis la ciencia de los santos. 

·     Medio para hacer siempre oración

– Vuestra alma se acostumbrará a estar siempre en oración, si está siempre recogida en Dios.

– Del recogimiento procede todo bien porque estrecha el alma con Dios, renace a “una nueva vida de amor en el divino verbo, Cristo Jesús.

– Adorad a Dios en espíritu y en verdad, estando en vuestra nada, que así recibiréis del Señor todo bien.

PRACTICA DEL RECOGIMIENTO 

·     Evitar esfuerzos de cabeza

– Para manteneros en íntimo recogimiento, no hagáis esfuerzo de cabeza, sino estad con modo pacífico, quietos, sin estrépito, en el desierto interior.

– Tened en gran estima el recogimiento y la sagrada soledad interna y allí reposad vuestro espíritu ‘in sinus Dei’ como un niño. 

·     Vivir desprendido de toda cosa creada

-Para haceros cada vez más dispuestos a recibir la gracia del recogimiento:

o  Estaos en resignación y fidelidad a los, divinos quereres desprendidos de toda cosa creada.

o  Vuestro interior sea bien regulado, sereno y desprendido.

o  Cerrad la puerta en la cara a todas las criaturas, estándoos bien encerrados en vuestro gabinete, para tratar de solo a solo con el Sumo Bien.

 

o  Custodiar los sentidos

– Podéis estar unidos con Dios en todo lugar y conservar el santo recogimiento, teniendo bien custodiados los sentidos externos en especial los ojos y la lengua.

– Sed cautos en el hablar, amando el desprecio de vosotros mismos, humildes, obedientes, mansos y todo caridad.

– Vivid santamente alegres, pero huid de las bufonerías que disipan el espíritu.

– Estad de buena gana en la celda huyendo en lo posible de todas las ocasiones de hablar. 

o  Tened la mente y el corazón en Dios, pensando a menudo en El y llevando en, vuestro interior un manojo de las penas de Jesús y de los dolores de María Santísima.

– Reposad en sagrado silencio de fe y amor, desechando los pensamientos de la patria y de los parientes, con los cuales el demonio procura enturbiar el espíritu.

– Haced de vuestro corazón un tabernáculo llevándoos espiritualmente el Santísimo Sacramentado, y teniendo intención de asistir a todas las misas que se celebran en el mundo.

– Reposad en el seno amoroso de Dios como un niño. ¡Oh, cuanto dice el amante a su Dios aquel sagrado silencio de amor! 

o  Despertad el corazón con santos afectos en medio de las ocupaciones, estando dentro de vosotros mismos.

– Una palabra de amor basta para tener recogido el corazón por un buen tiempo.
 

4. CONFIANZA EN DIOS

 Para seguir a Jesús es necesario estar unidos a Él, no sólo con la mente sino también con la voluntad, la cual porque es la reina y reguladora de las otras potencias, tiene grandísima importancia para la vida de perfección. Las buenas ideas no devienen virtud sino a través de la voluntad, a la cual corresponde traducirlas en generosos propósitos y en obras santas y virtuosas. 

 Una de las virtudes principales con las cuales la voluntad se une a Dios es la filial confianza en El, según el ‘Naval’ no es otra cosa que la esperanza cristiana.

 Dice el real profeta que “aquellos que confían en el Señor serán como el Monte Sión, y no vacilarán nunca”. “Ellos, añade Isaías, renovarán continuamente su fuerza, restablecerán como águilas sus plumas y volarán sin jamás cansarse”. (Is 40,31). 

 Por eso el apóstol nos recomienda calurosamente “no perder nunca esta confianza, que tiene en sí grandes y magníficas promesas”. (Hb 10,35). 

 Las mismas recomendaciones nos hace San Pablo de la Cruz, declarando los motivos y las cualidades de esta importante virtud. 

MOTIVOS DE NUESTRA CONFIANZA EN DIOS 

o  Dios en Padre amorosísimo y potentísimo

– Estad contentos y confiados en Dios. El es Padre amorosísimo y deja perecer antes el cielo y la tierra que a quien en El confía.

– Cuando el caso parece más desesperado, entonces Dios nos hace ver qué gran Padre es El.

– Las obras de Dios son combatidas para que más resplandezca en ellas su divina magnificencia. Cuando más aparecen por tierra entonces más se ven surgir a lo alto.

o  Tiene cuidado de nosotros

– En todos los eventos es necesario huir a la inexpugnable fortaleza de la confianza en Dios.

– Abandonaos en los brazos amorosos de Jesús, que El piensa por vosotros.

– Servid a Dios con perfección, y no dudéis de nada, que el Señor pensará en todo. Confiad en El, que os ayudará en todas vuestras necesidades espirituales y temporales.

– Vivid quietos, que antes perecerá el mundo que Dios falte a quien espera en El. 

o  Y nos colma de gracias

– Su Divina Majestad enriquece de dones, ayudas y luces celestiales a quien no se fía de sí mismo, sino que confía solamente en El.

– Si os armarais de gran confianza en Dios, veríais cuánta fuerza El os daría para resistir el peso que El os ha cargado.

– Confiad en Dios y estad ciertos que os vendrá
gran serenidad.

– No será jamás abandonado quien confía en el Señor. Ni será engañado jamás. 

CUALIDADES DE NUESTRA CONFIANZA EN DIOS 

o  Fuerza y constancia

– Desconfiad de vosotros mismos y confiad mucho en Dios. Quien espera en El es fuerte en la fe.

– Sed constantes y fieles en el Señor, tomando todo lo que El disponga como óptimo.

– Desechad como peste las tentaciones de desconfianza. 

o  Simplicidad y humildad

– Reposad en el seno de Dios como un niño en el seno de su madre, con suma confianza, y siempre con profunda humildad.

– Si caéis en defectos no solamente siete, veces, sino diez o cien, no por esto debéis perder vuestra confianza en Dios, sino humillaos con dolor amoroso y amor doloroso.

– Yo no estoy apoyado en otra cosa que en la, Divina protección, de la cual espero grandes cosas, en especial porque falta totalmente la protección de los hombres.

5. RESIGNACIÓN A LA VOLUNTAD DE DIOS 

 Quien verdaderamente confía en Dios, se adecua voluntariamente en todas las cosas a su Santísima voluntad, sabiendo que nada sucede sin el querer y el permiso de Dios; y que Dios siendo infinitamente bueno, nada quiere y nada permite sino aquello que sea bien para nuestras almas.

 Por eso a la vez con la confianza en Dios, el alma que quiere ser toda de Jesús, debe cultivar y practicar la virtud de la resignación a los divinos quereres, no lamentándose jamás de lo que le sucede, sino aceptando todo de la amorosa mano de Dios.

 En esta humilde y afectuosa resignación está escondida, según Santo Tomás, toda nuestra santidad y perfección, ya que conformarse a la voluntad Divina, fuente y norma Suprema de toda justicia, no es otra cosa que querer hacer siempre y únicamente lo que es más perfecto y más santo. 

 San Pablo de la Cruz nos habla sobre las ventajas y la práctica de la resignación. 

VENTAJAS DE LA RESIGNACIÓN

o  La virtud que más agrada a Dios es la resignación

– El mayor bien que Dios quiere para cada uno de nosotros, es el cumplimiento de su santísima voluntad.

– En todo evento conviene resignarse a la santísima voluntad de Dios con prontitud de espíritu, y recibir tanto lo próspero como lo adverso, por dar gusto a su Divina Majestad.

– Merecéis más y dais más gusto al Señor cuando sois resignados en las arideces y obscuridades, más que si tuvieseis las más altas consolaciones celestiales.

– Dejémonos gobernar por el Señor y caminaremos por la vía que a Él le gusta por espinosa que sea.

– Jesucristo decía a sus discípulos que su alimento era hacer la voluntad del Eterno Padre.

– Quien mes padece con paciencia y resignación más se asemeja a Jesucristo. 

o  EL mejor consuelo en los trabajos es la resignación al Divino Querer.

– La resignación a la santísima voluntad de Dios es remedio eficacísimo en las tribulaciones, en todos los males, trabajos y siniestros eventos, los cuales mirados en el Divino Beneplácito se convierten en paz y consolación.

– Si supiéramos conformarnos a la divina voluntad, encontraríamos paz y sentiríamos desaparecer todas nuestras inquietudes. 

o  Medio eficacísimo para obtener gracias: también para cosas temporales.

– Permanezca la resignación bien radicada en vuestros corazones, y estaréis mejor dispuestos a recibir toda plenitud de gracias espirituales y temporales.

– Poned todo trabajo en las llagas de Jesucristo, qué en tal forma os enriqueceréis de grandes méritos.

– La verdadera resignación a la divina voluntad es el tesoro de los tesoros.

o  Y para ser santos

– Quien es resignado es más santo porque la resignación encierra la perfecta caridad donde está toda virtud.

– Resignaos en todo y por todo al Divino querer, porque esta es la vía segura para alcanzar el cielo.

– “Padre mío, hágase tu voluntad”. En estas divinas palabras está comprendida toda la santidad. 

PRACTICA DE LA RESIGNACIÓN 

o  Resignación en todas las cosas

– Todo vuestro estudio sea estar recogidos en
vuestro interior, en alta resignación a la Divina voluntad, en todos los trabajos que El permite y en todas las ocupaciones y fatigas en las cuales os encontráis. 

– Dejemos a Dios el cuidado de todo, atendamos
a nuestros deberes y estemos seguros que todo sucederá bien.

o  No pensar en él mañana

– Vivid cada momento haciendo siempre el Divino Beneplácito. 

– La perfecta resignación se ejercita, en las cosas que más se desean, esperando pacíficamente y con perfecta sumisión a la visita del Señor.

o  No lamentarse

– Vivid abandonados a la Divina voluntad, sin lamentarse ni interior ni exteriormente, ni con Dios ni con las criaturas. 

– No hagáis querellas con Dios; sino decid simplemente: Dios mío, hágase tu voluntad santísima.

– Sufrid en silencio profundo y sólida esperanza. 

o  Mirar todos los trabajos con ojos de fe

– Resignación a la voluntad de Dios en todas las cosas, mirando con ojos de fe todos los trabajos, como cosas óptimas porque queréis a Dios.

– Tomad toda pena (dolor) de la mano amorosa de Dios, que no puede querer sino lo mejor.

– Bebed el cáliz de Jesús a ojos cerrados, sin querer saber qué cosa haya dentro, basta saber que el cáliz lo da el dulce Jesús.

 

·     Hacer frecuentes actos de resignación a la voluntad de Dios, abrazándoos a la cruz de Jesús, estando con El crucificados, y padeciéndolo que su Divina Majestad dispone, en silencio de fe y de santo amor.

– Gritad de continuo al corazón sacratísimo de nuestro Salvador: “Hágase tu voluntad”.

– Sea siempre hecha la voluntad de Dios: a esta sólo me acojo, y sólo ésta deseo que sea mi alimento.
 

6. ABANDONO EN DIOS 

 Anota San Francisco de Sales que el abandono en Dios es algo más perfecto que la simple resignación, porque resignarse significa plegarse, rendirse, someterse, lo que no sucede sin alguna contrariedad y rechazo; abandonarse, en vez, quiere decir, renunciar enteramente a la propia voluntad para darla a Dios, aceptando con absoluta indiferencia, antes bien con amor y con alegría, todos los eventos según sean de su Providencia ordenados o permitidos. Quien vive abandonado en Dios, quiere lo que Dios quiere, ama lo que El ama y se alegra y goza también en medio de las tribulaciones, y persecuciones, a imitación de los apóstoles los cuales “iban gozosos ” porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús”. (Hechos 5,41).

 El abandono en Dios, es pues, según el mismo santo, “la virtud de las virtudes, la flor de la paciencia y el fruto de la perseverancia: Virtud verdaderamente grande y digna solamente de los hijos predilectos de Dios. 

 “EL espíritu de abandono, escribe también ‘Marmion’, constituye la esencia de la profesión monástica y debe animar todos los actos que se derivan para hacerlos fecundos. Cuando el espíritu de abandono informa la vida de un monje, él puede decirse santo, porque la santidad no es otra cosa que la conformidad de nosotros mismos a Dios, el ‘Fiat’, de amor con el cual la criatura acepta siempre y totalmente los divinos quereres; y lo que hace pronunciar este amén, este ‘fiat’, y quien se nos da en oblación perfecta, es el espíritu de abandono que resume en sí la fe, la esperanza y el amor”. (Cristo idéale del Mónaco padre289). 

 “De esta sublime virtud San Pablo de la Cruz, nos hace conocer las condiciones y los frutos.

LAS CONDICIONES

 

·     Abandonarse totalmente a la santísima voluntad de Dios, que sabrá encontrar la vía para conducir a término toda cosa para su gloria.

– No penséis en el mañana sino dejad todo al cuidado de Dios. En tanto que se piensa en estas miserias se pierde de vista al Sumo Bien.

– Estad fuertes en perseverar en la divina gracia en el total abandono en Dios sin reflexionar en el padecer ni en el gozar, sino que todo vuestro contento sea el del Altísimo.

– Vivid abandonado en el seno del Padre Celestial, en silencio sagrado de fe, de esperanza y de amor. 

·     En todos los eventos

– El verdadero abandono de sí mismo en las manos de Dios abraza una perfecta resignación a la divina voluntad en todos los eventos.

– Un verdadero hijo de la Pasión, en todo evento de vida o de muerte, debe estar abandonado al Divino Querer. 

·     Especialmente en los trabajos (sufrimientos)

– La voluntad de Dios se cumple mejor en los trabajos que en las consolaciones, porque en el gozar siempre se pega nuestra voluntad.

– De este alimento supraceleste de eterna vida se alimenta el alma amante.

– Procurad cada vez más desprenderos de todo y de todos, complaciéndoos solamente en hacer la voluntad de Dios en un desnudo padecer, sin buscar consolación de ninguno.

– Recibid todo vuestro padecer, tanto del cuerpo como del espíritu de la mano amorosa de Dios con silenciosa paciencia y alta resignación, estando sobre la cruz, con, total abandono. 

·     Como simples niños vivid abandonados en el seno amoroso de Dios.

– Los designios de Dios son altísimos y profundísimos, pero ocultos: dejémonos guiar de Él como niños.

– No pongáis cuidado al diablo que os perturba; fiaos de Dios y abandonaos en El.

– No penséis en el futuro, es decir en las penas, ayes y otros eventos que os pone delante la fantasía, más bien hacedlos morir en la voluntad de Dios, dejándole a Él el cuidado de todo y estando abandonados en las manos del Padre Celestial, sin pensar en el mañana.

– Haced muy bien en lanzaros como muertos en los brazos de la divina misericordia, para que haga en vuestro espíritu el trabajo que más le guste. 

·     Alimentarse de la Divina Voluntad

– Se alimenta el alma de la voluntad de Dios cuando con alta abstracción de todas las cosas creadas y de todos los contentos, padece con pacífico silencio de fe y de amor toman do con la misma paz las cosas prósperas que las adversas. 

– Alimentaos de la voluntad de Dios en alta pobreza de espíritu y desnuda soledad, en, tal forma llegaréis a ser un vivo retrato interior del esposo celeste.

– Jesús dijo que su alimento era hacer la voluntad del Padre Celestial.

– He abandonado todas mis cosas en el Divino Beneplácito ni me cuido de saber algo si no de alimentarme en todo momento de la divina voluntad, alimento delicado y suave, si bien un tanto amargo al paladar de los sentidos rebeldes.

– Hago cuanto puedo con la gracia de Jesucristo de hacer fiesta en cualquier evento dejándolo desaparecer y absorber en la divina voluntad. 

LOS FRUTOS ESPIRITUALES

·     Tranquilidad y Paz

– Abandonarse en todo en los brazos de la divina misericordia es un medio eficacísimo para estar siempre contentos en Dios y es bálsamo para toda llaga.

– En el abandono en Dios se encuentra toda paz y desaparece toda inquietud.

– Abandonados en Dios seréis felices y probaréis un sabio anticipo del paraíso aquí en la tierra.

– Dios todo lo dispone para nuestro mayor bien, y sabe consolarnos cuando menos lo pensamos.

-Todo va a mi modo porque todo va como Dios quiere.

·     Abundancia de gracias

– El verdadero modo de enriquecerse de gracias, en medio de las penas internas y externas, es hacer la voluntad de Dios.

– La infinita bondad de Dios colma de grandes bendiciones y de innumerables gracias a aquellas almas que viven abandonadas a su voluntad.

– Porque deseo que aprovechéis en las vías del santo Amor, os aconsejo abandonaros cada vez más a la voluntad de Dios. El pensará por vosotros. 

·     Perfección y santidad

– La cosa más perfecta que se puede hacer es abandonarse en todo a Dios, tanto en las cosas prósperas como en las adversas mejor vía para hacerse santos.

– Cuando hagáis morir místicamente todas vuestras solicitudes, deseos e inclinaciones en el perfecto abandono a Dios, llegaréis a ser santos muy pronto.

– Quien vive abandonado en Dios no perecerá.

7. AMOR DE DIOS 

Nuestra unión con Dios, iniciada en la mente y la voluntad, tiene su perfección y su coronamiento en el corazón, que es precisamente el don, que sobre toda otra cosa, el Señor pide a sus hijos. 

 El amor de hecho, del cual el corazón es la expresión y el símbolo, es esencialmente virtud unitiva, y constituye por eso mismo “el vínculo de la perfección” y la esencia de la santidad. 

 Sin el amor para nada sirven todas las otras virtudes. El apóstol dice: “Si yo hablase las lenguas de los hombres y de los ángeles, y no tuviese amor, no sería más que un bronce que resuena y una campana que retañe. Y si tuviese el don de profecía y conociese todos los misterios y toda la ciencia y tuviese una fe como para trasladar montañas, y después me faltase el amor, no sería nada. Y si también distribuyese a los pobres todo lo que tengo, y diese mi cuerpo para ser quemado, y no tuviese amor, no tendría ninguna utilidad”. (1 Cor.13 1ss.). 

 “Gran cosa es, pues, el amor: grande en todo sentido, ya que aligera toda carga, tolera con ánimo igual toda desigualdad, lleva el peso sin sentirlo, y hace dulce y gustosa toda cosa amarga. Nada es más suave que el amor, nada es más fuerte, nada es más sublime, nada más extenso, nada más alegre que el amor, nada más rico y más excelente en el cielo y en la tierra”. 

 San Pablo de la Cruz, quien tuvo viva y ardiente en el corazón la llama del amor divino para quemarse el sudario de la parte izquierda del pecho, nos ha dejado bellísimas enseñanzas sobre la naturaleza y sobre la práctica del amor a. Dios. 

NATURALEZA DEL AMOR DE DIOS

·     La reina de las virtudes es la santa Caridad y la unión con Dios. El Santísimo amor de Dios es el alimento de nuestra voluntad.

– El don del santo Amor es el tesoro de los tesoros. El maná que Dios da a quien vence. 

·     Motivos

-Dios es todo fuego de amor. Amad a este querido Dios que tanto os ama.

– Jesús que es la verdadera luz del mundo ilumine vuestras mentes e inflame vuestros corazones con el fuego de su santo amor.

– Jesús que es nuestro camino, verdad y vida, sea siempre el único objeto de nuestro amor.

– Una sola cosa es necesaria; ¿Cuál? Pensar en Dios, amar a Dios, y hacer todo aquello que pueda por darle gusto. 

·     Prerrogativas

– El amor de Dios es celoso: un granito de afecto desordenado a las criaturas, basta para arruinarlo todo.

– El amor de Dios es fuerte como la muerte.

– El amor es virtud unitiva y hace suyas las penas del Amado Bien.

·     Contraseñas

La verdadera contraseña del amor es el padecer grandes cosas por el Amado Bien.

– Quien ama verdaderamente a Dios desea padecer y hacer grandes cosas por El, cuanto hace y cuanto padece todo le parece poco. 

·     La lengua del amor es el corazón que arde, se licua, se consume y se convierte en ceniza en holocausto al Sumo Bien.

– El amor deja hablar poco, y se expresa con el silencio.

– Basta una sola palabra de amor para tener el alma largo tiempo en oración. 

PRACTICA DEL AMOR DE DIOS

·     Ir en búsqueda del purísimo amor de Dios, siempre, siempre.

– Se debe extraer el amor de Dios de todas las criaturas; para hacerlo es necesario estar desprendidos, antes bien, muertos a las mismas. 

– Paseando fuera, solitarios, escuchad la prédica que os harán las flores, la hierba, el cielo y todo lo creado, y sentiréis que os harán una prédica toda de amor de Dios. 

·     Mantenerlo siempre encendido

– Es necesario tener siempre encendido el fuego de la caridad en nuestro corazón que es el verdadero altar donde el alma se sacrifica al Sumo Bien toda ella en víctima de holocausto.

– Para mantener encendido el fuego del santo amor sobre el altar de vuestro corazón debéis: 

o  Hacer frecuentes actos de humildad.

o   Tener despierto vuestro corazón con oraciones y jaculatorias.

o  Hacer frecuentes visitas al Santísimo Sacramento.

o  Hacer la comunión espiritual frecuentísima.

o  Mantener encendido el corazón con el manojito de mirra de los leños perfumados de las penas de Jesús.

 

– Para ser pronto incinerados por aquel fuego divino es necesario morir a todo y convertirse en, leña bien seca.

·     Vivir de santo amor

– Atended al amor santísimo y a vivir vida de amor en Dios, estándoos inmersos en su caridad en lo más íntimo de Vuestro interior.

– Sea vuestro corazón siempre humilde y dócil y todo fuego de caridad, y que se consuma cada vez más en holocausto al Sumo Bien, en aquel “Sancta Sanctorum” del Corazón de Jesús.

– Jesús os bendiga y os queme de amor.

– Reine siempre en mí el amor del Divino Esposo Jesús: iViva el amor de Jesús!

·     Amar, padecer y callar

– El alma amante se conoce en el padecer de buena gana con paz y resignación.

– Para alcanzar una gran unión con Dios por medio de la santa caridad, es necesario pasar por grandes pruebas.

– Aquellos que su Divina Majestad hace pasar por la vía del puro, recto y santo amor, es necesario que pasen por la encrucijada de un puro padecer, con el fin de que el alma bien purgada y limpia de todas aquellas imperfecciones que son imperceptibles a nuestros ojos, vuelve en alto y se repose en Dios todo amor y caridad.

– Ser crucificados con Cristo, es el medio más eficaz para alcanzar la perfección del puro, santo y recto amor de Dios.

– El verdadero amor se ejercita sobre la cruz del Amado Bien.

– En la meditación de la Pasión de Jesús, el alma, como abeja ingeniosa, liba la inefable a dulzura de la miel y la leche del santo amor. 

·     Reposar en el divino corazón de Jesús, que es la fuente del Santo Amor.

– Estaos en el Corazón purísimo de Jesús, amadlo con su mismo corazón, y dejaos penetrar en un vivo dolor de los ultrajes que a Él son hechos en el Santísimo Sacramento reparándolos con humillaciones, afectos, alabanzas y acción de gracias.

– Poned vuestros corazones en aquella ardientísima fuente de amor del corazón de Jesús, para que permanezcan inflamados de vivas llamas de santa caridad. En este corazón quiero que moréis siempre, pero en pura fe. El corazón purísimo de Jesús es el Rey de los corazones.

– En el corazón dulcísimo de Jesús se bebe a mares el fuego del Santo Amor.

8. AMOR AL PROJIMO 

 A aquel doctor de la ley que quería saber cuál era el primero y el más grande mandamiento, Jesús responde: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y el más grande de los mandamientos. El segundo es semejante a este amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 22,37-39).

 Nada más grande y más sublime se podía decir del amor al prójimo. Es semejante al primer precepto del amor de Dios, porque no constituye con el mismo más que una sola y única virtud por razón del mismo objeto formal. El amor de Dios es aquello que nos induce a amar al prójimo, y el amor del prójimo tiene en Dios mismo su fundamento y su razón de ser. 

 Todas las virtudes, dice San Gregorio, comentando las palabras del Evangelio, “En la caridad tienen su fundamento; y como las muchas ramas de un árbol toman vida y alimento de una única raíz, así todas las virtudes que forman la perfección y la belleza del alma ‘ex una caritate generantur’ “. (Nacen en la caridad). 

 San Pablo de la Cruz nos habla de la excelencia y del modo de practicar el amor al prójimo. 

EXCELENCIA DEL AMOR AL PROJIMO

·     Sus ruegos

– Amaos, amaos, porque en esto se conoce la caridad de Dios.

– Recordad que jamás complaceréis a Dios si no os amáis recíprocamente.

– Os ruego tener siempre en la memoria este santísimo precepto de amor que Jesús dio a sus apóstoles, antes de ir a la muerte: “Mis carísimos apóstoles, os doy un nuevo precepto, que os améis entre vosotros como os he amado yo”. (Jn.15, 17).

– La caridad es la reina de las virtudes

– La verdadera caridad es signo clarísimo de ser nosotros verdaderos discípulos de nuestro amor crucificado. 

·     Sus frutos

– La perfecta y fervorosa caridad es la preparación más eficaz para obtener del Señor luces y gracias.

– La caridad de muchos corazones los hace uno solo por unión de santo amor en Dios, y los hace dóciles, humanos, concordes, pacíficos y bien dispuestos, para conocer la voluntad de Dios.

– Gozo de las ocasiones que Dios os da para ejercitaros en obras de caridad sobre la cruz de Jesús donde extraeréis minas riquísimas de inestimables tesoros.

– La caridad es rica de obediencia, de paciencia, de mansedumbre, y de todo bien. 

PRACTICA DEL AMOR AL PRÓJIMO

·     Mirar al prójimo en Dios, en el costado de Jesús: así lo amaréis con amor puro y santo.

– Amemos al prójimo en Dios y a Dios en el prójimo.

·     Caridad con todos; intimidad con ninguno. Vivid desprendidos de toda criatura.

– Sobre todo haced resplandecer en vosotros la santa caridad, con amaros recíprocamente.

– Dad el primer puesto al alma: así lo requiere la caridad bien ordenada.

·     Pensar bien de todos mirándolos con gran caridad en Dios, y reconociéndoos vosotros sólo como malos, duros e imperfectos.

– Tened buen concepto de todos y pésimo concepto de vosotros mismos.

– Atended a vosotros mismos y no miréis la conducta de los otros sino para edificaros.

– Sed simples como niños, juzgando todo de buena manera, y excusando a todos con buena intención, atribuyendo a efecto de tentación lo que parece contrario.

– La peste de la comunidad religiosa es el querer juzgar las acciones de los otros, perdiendo de vista las propias. 

·     Hablar bien de todos para conservar y aumentar la santa caridad.

– ¡Oh, qué gran gusto se da a Dios, y qué mérito grande se adquiere para sí mismo con guardarse de las palabras incautas, punzantes y mortificantes!

– No seáis tajantes en las conversaciones y en las expresiones; sed caritativos y dulces, pero ‘cum caritate et maturitate’ (con caridad y madurez).

·     Tolerare e y ayudara e recíprocamente: en las necesidades haciendo resplandecer la caridad.

– Servid de buena manera a los otros: ejercitaos en la caridad para con todos, que Dios os tiene preparados grandes tesoros.

– Sed dóciles, servíos los unos a los otros, consolándoos mutuamente. 

– Cuánto gozo que se ejercite la caridad con
los pobres enfermos; Cuánta riqueza espiritual os dará Dios.

– Es grande gracia del Señor poder ejercitar gran caridad hacia las personas adversas, mirándolas como instrumentos nobilísimos de los cuales se sirve Dios para enriquecer vuestra alma de virtudes.

·     Desechar las aversiones

– Desechad dulcemente las aversiones con mostraros cordiales, haciendo al mismo tiempo un acto interno de caridad.

– La verdadera caridad excluye el resentimiento e incluye nuestro provecho en nuestro desprecio.

– Proceded hacia todos con verdadero espíritu de caridad y mansedumbre.

– El espíritu de los siervos del altísimo ha estado siempre en ser discretamente rigurosos con sí mismos, pero al máximo, caritativos y dulces con el prójimo.

– No haya nunca entre vosotros ninguna disensión, y si alguna vez decís alguna palabra áspera, apaciguaos pronto y no dejéis tomar posesión de vuestro corazón al enojo. 

·     Avisos y correcciones

– Las correcciones deben ser: 

o  A tiempo y lugar.

o  Con prudencia. Dulces, breves y oportunas.

o  Que resplandezca en ellas la cordialidad; (de otro modo) en cambio de curar una llaga se hacen diez.


9. AMAR Y CUSTODIAR LA PAZ 

 Un corazón lleno de amor de Dios y del prójimo es un corazón necesariamente lleno de tranquilidad y de paz, porque, según la doctrina inspirada, la caridad echa fuera al temor y a toda perturbación (Un. 4, 18), y lleva consigo la comunicación del Espíritu Santo, cuyos primeros frutos son el gozo y La paz. (2 Co l3, 13). 

 Como el odio genera enemistad, Litigios y disensiones, así el amor causa la unión, la tranquilidad y el orden, en el que está precisamente la paz, definida comúnmente: tranquilidad y orden. 

 “La paz, vale más que un patrimonio: es una mercancía santa que merece ser adquirida y conservada a cualquier precio, porque no hay cosa que en el mundo valga tanto como la Paz, que nos fue dada por Cristo, adquirida por su sangre divina”. San Francisco de Sales. 

 Amar y custodiar la paz debe ser, pues, el principal cuidado de un alma que quiere de verdad amar a Jesús y seguirlo, como precisamente recomienda San Pablo de la Cruz. 

AMAR LA PAZ

·     Porque la paz viene de Dios

– La verdadera paz nace del amor de Dios, de la cual emanan como de una fuente todas las virtudes.

– El temor de Dios que es; un don del Espíritu Santo, no turba, sino que genera mayor paz.

– La preciosa paz del corazón es uno de los más grandes tesoros. 

·     Porque todo lo que es contrario a la paz viene del enemigo

– Todo lo que causa turbación del corazón, inquietud, nace del demonio o de la demasiada reflexión de sí mismo. Desechad las inquietudes y perturbaciones.

– Poned gran esmero y cuidado en conservar la paz interior del corazón porque el diablo pesca en el agua turbia.

– Cuando caigáis en algún defecto no os turbéis sino humillaos dulcemente, pidiendo perdón a Dios, proponed enmendaros y después proseguid con alegría.

·     Porque la paz es medio eficacísimo para hacer bien todas las cosas

– La paz del espíritu es necesaria para hacer bien todas las obras externas.

– Antes de poneros a trabajar poned en paz vuestro corazón.

– En el ejercicio del apostolado conservad siempre la tranquilidad de corazón.

– Trabajad con paz y sin ansiedad, dejando el cuidado de todas las cosas a Dios. 

·     Y para vivir unidos a Dios

– Dios quiere reposarse en los corazones pacíficos, no turbados de escrúpulos diabólicos.

– Estad en paz y serenidad de espíritu para que os hagáis más dispuestos al trato amoroso con el Señor.

– La paz, fruto del Espíritu Santo, os hará (crecer en caridad).

– Estad contentos en el costado purísimo de Jesús, no perdáis la paz así se arruine el mundo. 

– Estad fuertes y contentos en Dios, que El os liberará siempre de todo mal.

– Gozo ‘in Domino’ de la paz y la tranquilidad de vuestro espíritu; este es el medio eficaz para estar en el reino interior en el fondo del espíritu, para beber en la fuente de eterna vida el agua viva del Santo Amor. 


CUSTODIAR LA PAZ

·     No dejarse tomar de los temores o angustias para que no turben la paz de vuestro corazón.

– El temor que conturba es necesario desecharlo como la peste.

– Está bien que se tema, pero es necesario que nuestro temor sea de hijos, con temor y amor, que nos hace estar siempre en guardia y en miedo de dar disgusto a Dios, de no servirle bien, éste es un temor que hace santos: este no quita jamás la paz del corazón, antes bien la aumenta.

– Tened el corazón en paz, sin perturbaciones, bien custodiado y recogido, para no dejarlo perturbar.

– Daos ánimo, estad contentos en Dios, y no deis lugar a turbaciones.

– Conservad vuestro corazón internamente quieto, sereno y pacífico y desechad las turbaciones, escrúpulos e inquietudes como, la peste.

– Desterrad la melancolía de vuestro corazón; y también si caéis en algún defecto no es tumbéis jamás, lo cual sería más mal que el defecto mismo.

·     Dominar el amor propio

– No se necesita buscar la paz en la quietud que desea el amor propio.

– Haceos mudos por amor de Dios, sordos y ciegos, y tendréis gran paz.

– No os toméis solicitud de lo que no os pertenece, de otro modo no tendréis paz jamás. 

·     Tener el corazón vuelto hacia el cielo porque en tal forma jamás los eventos de cualquier trabajo lo podrán sacudir o turbar.

– Procurad conservar la santa paz, en medio de -las más fieras tempestades. 

·     Tomar todo de las manos de Dios

– La vía más corta para adquirir aquella paz que nace del amor de Dios, de la cual emanan como de una fuente todas las virtudes, es tomar todo como venido de la mano amorosa de Dios, recibiendo cualquier evento como tesoro que nos regala el Padre Celestial.
– Porque tomando todo como venido de la mano
amorosa de Dios
 

o  Toda amargura se convierte en gozo y paz.

o  Se conserva la paz del corazón.

o  Se enriquece el corazón de méritos y virtudes.

o  Todo se convertirá en consolación porque en Dios no hay pena, sino consuelo, gozo y alegría.

 

– Nosotros mismos somos la verdadera causa de nuestras inquietudes porque no humillamos nuestro corazón a Dios, y, no recibimos con sumisión tranquila lo que acaece como venido de la Providencia Amorosa del Sumo Bien. 

·     Abandonarse en Dios con santa indiferencia

– Para mantener el espíritu en paz es necesario mantenerse en la santa indiferencia en cualquier evento, y hacer morir las angustias y las solicitudes en el Divino Beneplácito.

– El abandono en los brazos de la Divina misericordia es medio eficacísimo para estar contentos en Dios, en todos los accidentes que ocurren dentro y fuera de nosotros.

– A quien se esconde en la inexplicable fortaleza de la divina voluntad, ni los vientos ni las tempestades podrán jamás quitar la paz del espíritu.

– Tened vuestro corazón en continua tranquilidad, a despecho de cuantas dificultades y contrariedades podáis encontrar, haciendo morir todo esto en el Divino Beneplácito que no puede querer sino lo mejor.

– Gozaos en Dios con la parte superior del espíritu que todas las cosas vayan como van.

– Vivid abandonados en Dios, en tal forma tendréis paz y os haréis santos. 

– Su Divina Majestad no me hace desear otra cosa que el cumplimiento de su Divino Beneplácito, y así mi corazón está en paz. 

·     Llevar en corazón a Jesús

– Ningún trabajo nos podrá quitar la paz, si llevamos en el tabernáculo de nuestro corazón al dulce Jesús.

– Cuando os encontréis agitados entrad en espíritu en el corazón de Jesús y en, aquel horno de caridad, dejad que aquel fuego os penetre y os queme de santo amor.

– Cuando estéis en el colmo de alguna grave aflicción, si podéis, id a la pieza, tomad en mano el crucifijo, y haceos hacer una prédica de Él. Oh, qué prédica sentiréis; Qué pronto se pacificará vuestro corazón.

– Estad retirados en el corazón purísimo de Jesús, y encontraréis consuelo.

– Conservad la paz en el corazón, reposando vuestro espíritu en el seno del Padre Celestial.

10. ORACION 

 Uno de los principales efectos del amor es el deseo, el ansia de estar cerca a la persona amada, y de entretenerse con ella en íntima y dulce conversación, porque el amor, en su esencia, no es otra cosa que “un movimiento del alma hacia el objeto amado”. 

 Porque Dios nos ama, El encuentra todas sus delicias en estar con los hijos de los hombres. (Prov. 8,31). Igualmente las almas amantes del Señor, otro gusto y otro deseo no tienen sino el estar a los pies de Jesús, como la Magdalena, y de escuchar su palabra. (Lc 1Q, 39). 

 Es por eso que las ocupaciones más caras y agradables de las almas piadosas es la santa oración, la cual, según San Agustín “es un movimiento afectivo del alma hacía Dios”; y según San Francisco de Sales “una dulce conversación en la cual el alma se entretiene con Dios en su amable bondad, para unirse a Él”. 

 Para enamorarnos cada vez más de la santa oración, San Pablo de la Cruz nos habla de beneficios y de su práctica. 

BENEFICIOS DE LA ORACIÓN 

·     La oración es medio eficacísimo para obtener todo de Dios

– La oración humilde tiene eficacia de impetrar todo lo que redunda en gloria de Dios y en nuestra utilidad espiritual.

– Si no se dejara de recurrir a “la mina riquísima de la santa oración, todos se harían ricos de los tesoros de las virtudes.

– Para recibir todo con resignación, y sufrir con fortaleza es necesario alimentarse a menudo de la santa oración.

– Muchas veces pedimos una gracia a Dios, y El nos la concede en manera diversa, porque así es conveniente para nuestro bien.

·     Es arma invencible contra los enemigos

– La oración es arma potentísima para demoler toda la rabia del infierno.

– Es medio eficacísimo para vencer todo asalto del demonio.

– Para ser fuertes es necesario alimentarse a menudo de la santa oración.

– Perjudica mucho al diablo la oración.

– Sé que el demonio tiene mucha envidia del que
hace oración.
 

·     Alma del apostolado

– La verdadera vida apostólica consiste en la acción por las almas y la continua oración.

– Sin oración los misioneros estarán más aptos para destruir que para edificar; mas a contagiar al prójimo con los malos olores de sus imperfecciones que a perfumarlos con el buen olor de sus cristianas y religiosas virtudes.

– Cristo Señor Nuestro, cuando terminaba de predicar huía al monte a orar. ¿Y nosotros?…

·     Escuela de santidad

– La oración hace aprender grandes cosas. En ella se aprende la ciencia de los santos, que consiste en el ejercicio de todas las virtudes. Esta ciencia se aprende a los pies del crucifijo en la santa oración.

– Para ejercitar la virtud no debéis dejar jamás la oración, sino continuarla en las ocupaciones, teniendo él corazón vuelto hacia el cielo.

– En esta divina escuela se aprende a ser obedientes a todos, modestos, mansos, caritativos, etc.

– Bienaventurado quien es fiel y no deja jamás la oración. 

·     Si falta la oración todo el edificio espiritual cae por tierra.

– No hay camino más corto para caer en el precipicio, que el dejar la oración.

– Si dejarais la oración os encontraríais en un abismo irremediable de ruinas.

– Advertid bien de no dejar jamás la oración que sería vuestra ruina.

– Sobre todo os recomiendo de no dejar jamás la
oración mental. 

– No dejéis jamás la oración por cualquier tempestad que os suscite el demonio.

PRACTICA DE LA ORACIÓN 

·     Remover los obstáculos

– La pereza es una polilla que roe y daña todas las devociones, y se lleva el fruto de la santa oración.

– Venced el tedio y la repugnancia que experimentáis en la oración estándoos el tiempo preestablecido.

– Si dais lugar a la curiosidad, tendréis distracciones, molestias y remordimientos internos, y en la oración dura fatiga para recogeros

– Entre menos tratéis con las criaturas, mas tendréis entrada al trato amoroso con Dios.

– Cuando os encontréis distraídos, reavivad la fe, y reconcentraos en Dios en el interior del espíritu, pacíficamente en su presencia, con algún coloquio sobre la pasión de Jesucristo y algún acto de amor de Dios.

– En las distracciones y tentaciones que ocurren en la oración no es necesario inquietarse del todo sino retirarse en la parte superior del espíritu, y allí tratar con Dios en espíritu y en verdad, riéndoos de los fracasos de los enemigos exteriores.

– Cuando no podáis meditar y discurrir exteriormente, estaos en la presencia de Dios, en el templo de vuestra alma, reposando como niños en el seno del Señor, en silencio de fe y de santo amor. 

·     Disponerse con, la mortificación

– No podemos ser almas de oración y unión con Dios si no tenemos grande amor a la mortificación interna y externa.

– El silencio, la mortificación de los sentidos, el desprendimiento de todo lo creado, son alas de fuego para volar a Dios: en pura y santa oración.

– La humildad verdadera de corazón, la verdadera y ciega obediencia, la perfecta abnegación de la propia voluntad en todo, la mortificación interna y externa de las propias pasiones, son las virtudes necesarias para obtener el don de la santa oración. 

– Todo grado de oración debe tener su purga preparatoria. 

·     La puerta y la vía

– Pasad por la divina puerta que es Jesucristo por medio de los misterios sacrosantos de su Santísima Pasión.

– Persistid en vuestra oración, pero pasando siempre por la puerta que es la vida, pasión y muerte de Jesús, en la manera que os enseñe el Espíritu Santo. Estos misterios son la vía segura. 

·     Cómo es necesario orar

– Es necesario orar conviva y verdadera fe, gran confianza y profunda humildad, de lo cual nace gran conocimiento de Dios y de nuestra nada.

– Haced la meditación: 

o  Con atención, sin esfuerzo de cabeza.

o  Parándoos donde se tenga más devoción y recogimiento.

o  Sin prisa de pasar de un punto a otro.

o  Haciendo todo con espíritu reposado y pacífico.

o  En la Iglesia interna de vuestra alma adorando a Dios en espíritu y en verdad hablándole de sus penas y de su amor hacia nosotros.

 

– Imitad a los ángeles, irrumpiendo en alabanzas de amor, permaneciendo en alto estupor del infinito Bien, en sagrado silencio de amor y de complacencia.

– Id por la oración ordinaria, y por la sólida virtud. La interna oración infusa, de la cual son parte los reposos amorosos, la ensañará Dios

– Maestro de Oración es el Espíritu Santo, y es necesario orar como le gusta a Él. Si sois humildes y obedientes El os lo enseñará.

·     Tomar los frutos y dejar las hojas

– Es decir, tomar las virtudes que son los frutos y dejar pasar las otras cosas sin hacerles caso, como las dulzuras, y las consolaciones que son las flores.

– Cuando se va al huerto no se cogen las frondas sino los frutos: así en el huerto de la oración no es necesario asirse a las hojas de los sentimientos y consolaciones sensibles, sino más bien recoger los frutos de la imitación de Cristo.

·     Oración continua

– Nuestra oración, debe ser continua, haciéndola veinticuatro horas a día, siempre dentro de nosotros, aniquilados en Dios, pero dando libertad al alma para hacer aquellos vuelos de espíritu según nos lleve el Espíritu Santo.

– Haced todo con el corazón y con la mente elevados a Dios estando en soledad interior, santo recogimiento y reposando en pura fe, sin imágenes y en santo amor en Dios.

– Unid al trabajo la oración interna. Trabajando con las manos, pero la mente y el corazón en trato con Dios.

– Una jaculatoria basta para tener el alma amante en continua oración. 

·     La oración verdaderamente buena

– Cuando la oración trae consigo: 

o  Conocimiento de la propia nada.

o  Amor al padecer, al propio desprecio y al ejercicio de las virtudes.

o  Humildad.

o  Caridad hacia Dios y el prójimo. Grande ardor de amar a Dios no hay engaño porque el demonio no puede producir efectos similares.

 

– Cuando el alma queda llena de ardientes deseos de la gloria de Dios, de la salvación de las almas y de hacer grandes cosas por el Amado Bien, esto no puede ser engaño.

– La oración es más perfecta cuando: 

o  Es más pura y despojada de imaginaciones en pura y desnuda fe.

o  Se está en espíritu y en verdad, desnudo y pobre sin robar nada a Dios.

o  Se hace en el interior del alma la cual ‘ora in spiritu Dei’; este es un lenguaje altísimo.

 

– El alma que Dios quiere atraer a alta unión con El, por medio de la santa oración necesita pasar por el camino del padecer también en “la oración, sin ningún consuelo sensible.

– La oración afectiva en pura fe, es decir, de alto recogimiento, o sea oración infusa, siendo esta un don gratuito de Dios, no se debe pretender alcanzar a fuerza de brazos, como se suele decir.

– Cuando sintáis que el alma gusta de estarse
en sagrado silencio de fe y de amor reposando en el seno del Divino Padre, seguid así aunque durase por toda la oración, mientras el Espíritu Santo atrae al alma tal oración y conviene obedecer a loa atractivos del Espíritu Santo. 

– En cuanto a la oración, escuchad una palabra; de gracia de Santa Teresa: El hortelano sacando agua del pozo para regar el huerto, se fatiga bastante; pero cuando viene la lluvia del cielo, cesa la fatiga, y se está en la puerta de la cabaña disfrutando del agua que riega el huerto con mayor abundancia de aquella que él tenía sacándola del pozo, está quieto y se alegra. Así también vosotros recibid aquella lluvia celestial que de lo alto riega vuestra alma, ya que tal oración, es más pasiva que activa, ni por esto las potencias están ociosas, puesto que están todas abismadas e inmersas en Dios. No hagáis resistencias tal gracia superior, sino sed obedientes a los atractivos del Espíritu Santo y en silencio de fe y de amor recibid aquello que Dios Sumo Bien os da, y terminada la oración volved a poner en el erario del Altísimo lo que Dios os ha dado por gracia, gratis, poneos en vuestra nada pasiva, desnuda y pobre, atribuyendo a Dios todo bien.

11.  DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA EUCARISTIA

 

 Uno de los medios más propios para vivir
unidos a Jesús y gozar de la íntima comunión con
su espíritu es ciertamente la Eucaristía, donde EL vive para darnos la vida, y dispensarnos como de un trono de amor las gracias más escogidas. El mismo ha dicho, hablando de efecto primario de este don divino: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como yo vivo en el Padre, así quien me come vivirá por mí”. (Jn 6,57).

 La Eucaristía -dice la Imitación de Cristo- “es salud del alma y del cuerpo, y medicina de toda enfermedad. Con ella viene infusa abundantemente la gracia, crece la virtud iniciada, se refuerza la fe, se robustece la esperanza y la caridad se inflama y se dilata”. 

 San Pablo de la Cruz recomienda vivamente
la devoción a la Eucaristía, diciéndonos como celebrar dignamente la Santa Misa y dándonos algunas enseñanzas para comulgar con fruto y para vivir una vida Eucarística.
 

PARA CELEBRAR DIGNAMENTE LA SANTA MISA 

·     Antes de celebrar

– Acostumbraos a celebrar los sacrosantos misterios con gran preparación, que debe ser continua para la santidad de la vida.

– Vuestra preparación sea profundizar en el conocimiento de vuestra nada; nada tener, nada saber, nada poder, y solamente capaces de hacer todo mal.

– Antes de celebrar revestíos de las penas de Jesucristo, en un coloquio hecho plácidamente aun en medio de la sequedad. 

·     En el celebrar

– Celebrad con suma devoción, reverencia y observancia exacta de las rúbricas.

– Celebrad como si fuese la última vez, y comulgad cada mañana como si fuese para el viático.

– Llevad al altar las necesidades de todo el mundo, y especialmente aquellas de la Congregación. 

·     Después de haber celebrado

– Os recomiendo después de haber celebrado, ” seguir en interna unión con el Sumo Bien, en una larga acción de gracias mental.

– Cuando habéis celebrado la Misa os habéis alimentado de Jesús, ¿verdad? ahora, por qué después de la Misa no dejáis que Jesús se alimente de vosotros y os transforme en El, ardiendo de aquel amor que quema en su corazón? 

·     El fruto de la Santa Misa consiste en ser todo vestido de Jesucristo aprendiendo y practicando sus virtudes.

– Los sacerdotes están obligados a mayor perfección y a ser verdaderos imitadores de Jesucristo, aprendiendo del celebrar todos los días las costumbres santísimas de Jesús, especialmente la humildad y la perfecta caridad con Dios y con el prójimo.

– Dios guarde a aquellos sacerdotes que se enfrían en sus principios; signo poco menos que evidente de su degradación. 

PARA COMULGAR CON FRUTO

·     Cuándo es necesario comulgar

– Jesús tiene gusto de que las almas humildes y bien dispuestas lo reciban con frecuencia en el Santísimo Sacramento.

– No dejéis la santa comunión. Quisiera que la recibieseis todas las mañanas sin dejarla nunca; para beber en el fondo de la santidad el agua de eterna vida y hacer buena compañía al Esposo Divino.

– No dejéis este alimento de vida eterna sobre todo cuando estéis mal. Y no lo dejéis, porque de otro modo os haréis gran daño.

– No lo dejéis para no darle gusto al diablo porque su mayor solicitud es la de alejaros de la mesa de los ángeles.

– Quiera Dios que se renovase el fervor de los primeros cristianos que comulgaban todos los días.

– Cuando tengáis la suerte de hacer la comunión,
hacedla con obediencia al confesor, Decidle que no os prive de este alimento de vida eterna.
 

·     Preparación y Acción de Gracias

– Estad siempre preparados para la divina mesa, para recibir a Jesús, teniendo el corazón bien purificado, y la lengua bien custodiada, ya que es la primera en tocar el Santísimo Sacramento. Invitadlo con frecuencia a venir con grandes deseos.

– La verdadera preparación para la Sagrada Comunión es una viva fe de la cual nace un gran conocimiento de Dios y de la propia nada.

– Después de haber hecho la debida acción de gracias por media hora, lleváoslo a casa y sacramentado, amarlo, adorarlo y visitarlo a menudo, por aquellos que lo maltratan, en especial en aquellas horas en las cuales no hay quien le haga compañía.

– Visitad a menudo, cuanto podáis, al Santo de los Santos, Jesús Sacramentado. 

·     Comulgar espiritualmente durante el día

– Desead uniros con frecuencia al Señor con la Santa Comunión espiritual, estando en casa, trabajando, etc. Hacedla más veces al día para manteneros en la presencia de Dios, y hacer continua oración.

– Invitad al dulce Jesús Sacramentado a venir a vuestro corazón y quemarlo todo con su santo amor.

– Para hacer la comunión espiritual basta un golpe amoroso a Jesús Sacramentado y un vivo deseo de tenerlo en el corazón.

·     Nuestro corazón altar y tabernáculo

– Haced que vuestro corazón sea un vivo tabernáculo para el dulce Jesús Sacramentado: visitadlo con frecuencia dentro de vosotros mismos, haciéndole todas las adoraciones afectos y agradecimientos que os enseñará el santo amor. 

– Quien tenga sed, dice Jesús, venga a mí y beba. Tened vosotros sed de haceros santos y de arder de santo amor. ¿Y qué hacéis que no voláis a abrazar al dulce Esposo Sacramentado?

– Sed grandes devotos del Santísimo Sacramento.

12.  DEVOCIÓN A LA PASIÓN SANTÍSIMA DE JESUCRISTO

 

 El altar donde Jesús místicamente se inmola reclama a nuestra mente el calvario donde El se ofreció de un modo cruento sobre la cruz por nuestra salud.

 Complemento, por esto, de la devoción a la Santísima Eucaristía, es la devoción a la Pasión Santísima de Jesucristo, medio eficacísimo para seguir a Jesús y hacer adquisición de la perfección y la santidad. Sólo quien con Cristo es clavado sobre la cruz puede aspirar a vivir de la vida de Cristo: “…Con Cristo estoy crucificado, y vivo, pero no yo sino que es Cristo quien vive en mi”. (Ga 2,19-20).

 Es en esta escuela divina de la Pasión de Jesús donde el hombre aprende a renegarse a sí mismo, a llevar cada día su cruz y a seguir de cerca al Redentor.

 San Pablo de la cruz nos da a conocer mejor la excelencia y la práctica de ésta que puede llamarse la reina de las devociones. 

EXCELENCIA DE ESTA DEVOCIÓN 

·     La Pasión de Jesús obra de infinito amor

– Las penas de Jesús son el milagro de los milagros del amor de Dios.

– La Pasión Santísima de Jesús es un mar de dolores, pero es del mismo modo un mar de amor.

– El mar Rojo de la Pasión nace de infinita caridad de Dios.

– Este gran mar emana del inmenso mar del amor de Dios.

– Tus penas, Oh, querido Dios, son las prendas de tu amor.

·     Medio eficacísimo para la conversión de los pecadores y para la conservación de los justos

– La verdadera devoción a las penas amarguísimas de Nuestro Jesús es medio muy eficaz para exterminar los males que inundan el pobre mundo.

– La Pasión de Jesús hace rendirse a los pecadores más empedernidos y duros.

– Así como la mayor parte de los fieles viven olvidados de cuanto ha hecho y padecido por nosotros nuestro Redentor, por esto viven del mismo modo adormilados en el horrible pantano de la impiedad.

– Cada vez más se toca con la mano que el medio
más eficaz para convertir las almas es la Pasión de Jesucristo predicada según el método que la increada piedad divina ha hecho aprobar de su vicario en la tierra. (Carisma Pasionista).

– La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es medio eficacísimo para destruir la iniquidad y encaminar las almas a gran santidad. Para exterminar los vicios y cultivar la verdadera piedad; para mantener las almas en el santo amor y temor de Dios.

·     Bálsamo que endulce toda pena

– Este bálsamo que remedia toda pena es la Pasión Santísima de Jesucristo, es tan precioso y de tanta virtud que endulza todo trabajo.

– Cuando estéis en el colmo de vuestras aflicciones, tomad en la mano un crucifijo y haceos hacer una prédica de él. ¡Oh, qué predica escucharéis; Qué pronto se pacificará vuestro corazón!

·     Escuela de celeste sabiduría

– En la escuela de la Pasión y muerte del Salvador se aprende la verdadera sabiduría: Aquí es donde han aprendido los santos.

– En la meditación cotidiana de la Pasión Santísima de Jesús aprenderéis la caridad, la paciencia, la mansedumbre hacia los otros.

– Os ruego que aprovechéis aquella ciencia divina que el Soberano Maestro Jesucristo os enseña en la escuela de su Pasión. 

·     Vía segura para hacerse santos

– La santa cruz y la Pasión de Jesucristo es la vía más segura para hacerse santos.

– En el gran amor de la Pasión pescaréis las perlas de todas las virtudes de Jesucristo, y vuestra alma permanecerá cada vez más bella y adornada con ellas.

– Miraos en el crucifijo y os haréis ricos de toda virtud y santos.

– Sabed que aquellos grandes siervos de Dios que triunfaron en la plenitud han llegado a una santidad por este camino.

– Procurad estar escondidos en las llagas santísimas de Jesucristo y seréis enriquecidos de todo bien, y de toda verdadera luz para volar a la perfección. 

·     Puerta que conduce al alma a la unión con Dios

La meditación de la Pasión de Jesucristo.

– Óptima cosa es el pensar en la Pasión Santísima de Jesucristo, y el hacer oración sobre la misma: Este es el modo de llegar a la santa unión con Dios. 

– En la meditación del crucifijo y de sus santísimas penas, el alma liba la dulzura inefable del santo amor. 

·     Prenda de victoria y de predestinación

– Caminamos en este valle de tinieblas, todo lleno de enemigos, siempre con las armas en la mano; pero confiados en el crucifijo obtendremos la victoria.

– La devoción a la Pasión Santísima de Jesucristo, es prenda casi cierta de no poder perecer.

– No hay cosa más útil y más meritoria que la devoción a la Pasión Santísima de Jesucristo. 

CONSEJOS PARA LA PRÁCTICA

 

·     Meditar cada día la Pasión Santísima de Jesucristo

– No dejéis jamás la oración mental sobre la Pasión de Jesucristo y veréis milagros de la misericordia divina.

– No dejéis pasar un día sin meditar al menos un cuarto de hora algún misterio de la Santísima Pasión, que Dios os hará santos.

·     No perderla de vista

– No se vayan nunca de vuestro corazón los espasmos de Jesús.

– Haced cada vez más vuestras, con amor y con fe, las penas de Jesús.

– No os alejéis nunca de las llagas de Jesucristo: procurad que vuestro espíritu sea todo vestido y penetrado de las penas santísimas de nuestro divino Salvador. 

– Nosotros no debemos gloriarnos de otra cosa que de la cruz de nuestro Salvador Jesucristo. 

·     Llevarla siempre en el corazón

-. El siervo de Dios lleva siempre sobre el altar de su corazón el manojo de mirra (perfume) de las penas de Jesús, pero en pura fe y sin esfuerzo de cabeza, adorándolo con amor y dolor.

– Las hijas de la Pasión deben, no sólo con el hábito, sino mucho más con el corazón, con la mente y con las obras, hacer un perpetuo luto por el amor de Jesús crucificado, siendo este el fin que se ha propuesto al fundar el Instituto.
– Sean siempre vuestras delicias las llagas santísimas de Jesús.

 

13.  DEVOCIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

 

 Con el aceptar ser madre del Redentor, María Santísima llega a ser también Madre Nuestra, corredentora del género humano, mediadora de todas las gracias y “como imagen perfectísima de Jesucristo” causa ejemplar de nuestra santidad.

 No se puede ser seguidor de Cristo, ni llegar a la perfección, sin una gran devoción a María Santísima. Acercarse a ella significa acercarse a Jesús: A Jesús por María.

 San Pablo de la Cruz alimenté siempre una tiernísima devoción a María Santísima, y especialmente la amó y la honró bajo el título de la “Dolorosa”, bajo la cruz, donde la Virgen, en modo más sensible y evidente, fue asociada a la obra de la redención, y de Jesús mismo es proclamada, Madre de todos los hombres.

 San Pablo de la Cruz nos habla de los fundamentos y los frutos de esta necesaria devoción, concluyendo con algunos consejos sobre su práctica. 

LOS FUNDAMENTOS DE LA DEVOCIÓN A MARÍA 

·     Las perfecciones de María

– María Santísima es un piélago profundo de perfecciones, que a mí no me basta el ánimo para hablar de ello.

– Las riquezas de esta soberana Señora son tantas, que solamente aquel Dios que la ha enriquecido de tan grandes tesoros le conoce. 

·     El corazón de María después del corazón de Jesús, es el rey de los corazones.

– El corazón de María ha amado y ama más a Dios que todo el paraíso junto: quiero decir, más que todos los ángeles y los santos, que han sido, son y serán.

– La gran herida de amor de la cual fue felizmente llagada su purísimo corazón desde el primer instante de su purísima e inmaculada concepción crece tanto en todo el curso de su santísima vida hasta que penetró tan dentro que hizo salir del cuerpo aquella alma santísima.

– María Santísima agrada a Dios más que todos
por su humildad.

·     Reina de los ángeles y tesorera de las gracias

– Hagamos fiesta y gocemos en Dios, nuestro Bien, por el gran triunfo de María Santísima nuestra Reina y Madre, y regocijémonos que sea exaltada sobre todos los coros de los ángeles y colocada a la derecha de su Divino Hijo.

– María es la tesorera de las gracias, y su Divina Majestad quiere que todas pasen por, su mano. 

LOS FRUTOS 

·     Las virtudes

Os recomiendo ir con frecuencia en espíritu a pescar en el mar santísimo de los dolores de María. En este mar pescaréis las joyas de las santas virtudes y vuestra alma quedará siempre más bella y adornada. 

·     Las gracias

– Ofreced el dulce Salvador al Eterno Padre, por medio de María para obtener gracias.

– Rogad a María haceros la gracia de heriros el corazón con agudo dardo de amor, y que, no tarde en alcanzaros la gracia de ser verdaderamente humildes y virtuosos.

– ¡Oh, querida Madre María Santísima, asísteme en la Santa Oración y ruega por mí!

-¡Oh, Jesús, danos vuestras santas luces por amor de María Santísima! 

·     Ayuda en las necesidades

– En las necesidades lanzaos en los brazos de María Santísima, recurrid a ella como a Madre de misericordia, después, no os inquietéis, no os entristezcáis, ni penséis en otra cosa sino fiaos y confiad plenamente en Ella.

– Haced fervientes oraciones a María Santísima, para ser liberados de las embestidas del diablo. 

– Rogad mucho interponiendo a María porque el diablo no duerme. Y también rogad por las presentes necesidades de la Iglesia y de todo el mundo y por las almas del purgatorio. 

·     La práctica

– Custodiad los ojos y los otros sentidos, haciendo un regalo a María Santísima.

– María Santísima murió de una muerte más preciosa y deseable que la misma vida; muramos también nosotros con ella, muramos a todo lo creado, para vivir vida de amor, vida santa y perfecta.

– Sacrificaos vosotros mismos a Dios en olor de suavidad, en el corazón purísimo de María Santísima.

·     Amarla e imitarla

– Si Jesús os da la licencia de hacer un vuelo en el corazón purísimo de María, pedidle estar siempre inmersos en el inmenso mar de su amor. 

– En el corazón de Jesús se puede gozar de las glorias de María Santísima, amándola con el corazón purísimo de su Divino Hijo.

– Hacerse niños con verdadera humildad y aniquilamiento para tener ingreso en el corazón santísimo de nuestra gran Reina, porque María fue la más humilde entre todas las criaturas.

– Recurrir a su mediación para ofrecer al Divino Padre el corazón purísimo del Divino Verbo humanado con el tesoro infinito de su Santísima Pasión.

– Rendid las debidas gracias al Altísimo, por medio de María Santísima, Señora y Madre nuestra. 

PENSAMIENTOS SOBRE LA DOLOROSA 

·     Causa de los dolores de María

– Del inmenso mar del Divino Amor, nace aquel otro mar de los dolores de María.

– Gran mar de dolores padece esta gran Madre en todo el curso de su santísima vida, no solamente por la Pasión de Jesús, sino también por ver tantas ofensas hechas por los hombres ingratos a su Divina Majestad.

 

·     Necesidad de la devoción a los dolores de María

– Tened tierna devoción a los dolores de María Santísima. Todas vuestras penas os parecerán dulces si las ofrecéis a la Santísima Pasión de Jesús y a los dolores de María Santísima.

– Tomad como vuestra grande protectora a María Dolorosa. 

·     Pensar con frecuencia en los dolores de María con amor, fe y gratitud.

– No os olvidéis nunca de ella, ni olvidéis nunca la meditación de sus dolores.

– Haced buena compañía a la Madre del extinto Jesús, Ella no muere por milagro y está toda inmersa en las penas del Hijo. Dejaos inundar el alma de las penas de Jesús y de María.

– Ofreced a menudo al Divino Padre, con los padecimientos de Jesús, los dolores de María Santísima. Ellos estén siempre en nuestros corazones.

 

 
 
 
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