Hacia la unión con Dios

Las exigencias de Jesús para quienes desean seguirlo

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 12, 2009

Son muchos los cristianos que han leído u oído estas palabras de Jesús en Mt 16, 24 o en Mc 8, 34: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». En Lc 9, 23 dice casi lo mismo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame».

Pero quizá las han leído de corrido, sin profundizar en ellas. Por eso huyen de la Cruz. La huída de la Cruz es constante y continua: van ya dos milenios en los que los que se llaman cristianos —es decir, seguidores de Cristo— no quieren saber nada de cruces, sufrimientos, dolores, penas, padecimientos, aflicciones, ni nada por el estilo.

Lo que más impresión causa es que las palabras de Jesús dejan claro que esas son las condiciones para seguirlo. Jesús fue explícito; Él no dijo: «El que quiera venir en pos de mí, venga, que nunca sufrirá» o «El que quiera venir en pos de mí, sólo gozará». Tampoco dijo: «El que quiera venir en pos de mí, diga simplemente: “Creo en Jesús”» o «El que quiera venir en pos de mí, apréndase de memoria la Biblia»… Su frase no admite discusión: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».

Sin embargo, casi nadie desea la cruz y, mucho menos, negarse a sí mismo: hoy, por el contrario, muchos psicólogos dirían que hay que afianzar el «yo» por encima de todo, hacer crecer la autoestima pues, según ellos, es ese uno de los principales problemas del mundo moderno… Pero la perenne Palabra de Dios, el Creador del cosmos y cuanto contiene, el Eterno, sigue ahí, alzada, para que todos los cristianos la lean: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame»

¿A quién le creeremos: a la psicología moderna o a quien nos hizo, a quien nos creó de la nada? ¿Quién sabrá más: la Sabiduría encarnada o los vaivenes de las ciencias humanas?, ¿el Creador o las criaturas hechas por Dios?,  ¿la Verdad eterna e invariable o lo voluble?…

En este punto, el lector quizá se siente metido en una encrucijada, en una situación difícil de entender y sin saber qué decisión tomar. Y esto se debe más que todo a que nos han enseñado a huir del sufrimiento como de algo que va en contra de nuestra felicidad, sin preguntarnos por qué Dios lo ha permitido, sin buscar la razón de ser del sufrimiento. Parece que hubiéramos heredado la norma superficial de huir de él, como hacen los animales, que se guían únicamente por el placer y el dolor: en efecto, consideramos a los analgésicos y a los anestésicos, dos de los mejores resultados de la ciencia.

Y, ¿no es mejor tratar de entender que huir? ¿No se esconde un poco de cobardía en ese huir? Pensemos en quienes han dado su vida por amor a Jesucristo, pensemos en quienes soportaron sufrimientos por amor a Él, pensemos en quienes siguieron las palabras de Jesús hasta las últimas consecuencias: «El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame».

Del libro:

El que quiera venir en pos de Mí…’, 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2010.

 

Este libro lo puede conseguir en:

http://sanpablo.co/red-de-librerias

 

 

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