Hacia la unión con Dios

Ciclo B, IV domingo de Cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 24, 2009

Un derroche de amor

 

El domingo de hoy presenta una especie de resumen de la historia de las relaciones entre el ser humano y Dios.

En la primera lectura se nos cuenta cómo todos los jefes, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según costumbres abominables de las naciones paganas.

Dios les enviaba desde el principio avisos por medio de mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo. Pero ellos maltrataron a los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se burlaron de sus profetas.

Sin embargo, el amor de Dios es infinito: previó la solución para que sus hijos no se perdieran irremediablemente en el infierno.

Por eso, san Pablo nos dice en la segunda lectura que Dios es rico en misericordia: ¡con qué amor tan inmenso nos amó! Estábamos muertos por nuestras faltas y nos hizo revivir con Cristo: ¡por pura gracia hemos sido salvados! Nos resucitó en Cristo Jesús y con Él, para sentarnos con Él en el mundo de la felicidad. En Cristo Jesús, Dios es todo generosidad para con nosotros, por lo que quiere manifestar en los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia.

Y deja muy claro que fue un don de Dios, de manera que nadie tiene por qué sentirse orgulloso.

Es el mismo Jesucristo quien nos dice en el Evangelio que ese don fue el amor con el que Dios amó al mundo: entregó a su Hijo Único a la muerte para que quien crea en Él no se pierda irremediablemente en el infierno, sino que tenga vida eterna.

Creer es actuar en consecuencia, es decir, tener una vida santa. Por eso san Pablo afirma que quien cree en Él no tendrá juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado.

¿Creemos en Él? ¿Cómo reaccionamos ante ese derroche de amor?, ¿le demostramos nuestro agradecimiento con nuestro comportamiento?

  

 

 

 

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