Hacia la unión con Dios

La paradoja de la felicidad

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 3, 2009

Todos queremos ser felices. De hecho, todo lo hacemos con el fin de encontrar la felicidad. Y con frecuencia nos equivocamos, porque con algunas cosas que hacemos no logramos la dicha que esperábamos. Podemos afirmar, por ejemplo, que el pecado es una forma equivocada de buscar la felicidad…

Y, ¿qué es la felicidad? «Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien», dice el Diccionario.

Pero la teología mística nos dice a los católicos que la auténtica felicidad es mucho más:

Dios, el Uno, el supremo Bien, la supraesencia del ser, es un fuego de amor que, a la manera del sol, irradia todo ese amor y, por un acto supremo de su inteligencia, creó al ser humano, emanación de sí, para amarlo y así hacerlo plenamente feliz.

Por eso el hombre sólo será plenamente feliz cuando vuelva a su fuente: a ese Sol ardiente de amor, que lo encenderá, lo enardecerá, lo abrasará (lo hará una brasa) en el fuego ardentísimo de su amor.

Y esto se puede empezar a paladear ya, aquí en la tierra, a través de las experiencias místicas: Dios toca al ser humano con su propio Ser, y le hace probar el amor con el que inunda de felicidad a sus hijos en el Cielo; son auténticas vivencias celestiales, que hacen que el ser humano, a partir de ese momento, ya no desee otra cosa que morir para estar con el Amado: todo placer terrenal le parecerá despreciable, aun el mismo amor humano…

Pero para que Dios haga ese toque, es necesario que la persona deje de intentar llegar a Dios por sus propios medios. Usar los medios naturales con los que se conocen las cosas para conocer al Creador es inútil, porque la criatura es incapaz de Dios: la infinita inmensidad de Dios es inabarcable para el ser humano.

La persona, por lo tanto, no debe usar los sentidos ni las potencias del alma (inteligencia, memoria y voluntad) para llegar a Dios sino que, por el contrario, debe cerrarse a estos modos normales de conocer, y así dejar libre su parte superior, el espíritu, que es el que la capacita para recibir ese maravilloso toque divino…

Así lo postuló, desde el siglo VI, el seudo Dionisio Areopagita: «Quitamos todo aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible.» (Mistica theologia, II). Y cuando lo postuló inició la descripción de la teología mística.

Esto quiere decir que para alcanzar la felicidad auténtica es necesario desarraigar todas nuestras pobres formas de entender y de querer; y tanto más costará apartarlas de nosotros cuanto más arraigadas estén en nosotros.

Por eso el primer paso que se debe dar es la abnegación evangélica torturante, purificadora, expresada en las palabras de Jesús: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo» (Lc 9, 23a). Abnegación descrita por todos los santos místicos que descubrieron el secreto de la felicidad, como el venerable Juan Taulero y san Juan de la Cruz, y cuyo paradigma es Jesús Crucificado. Sabido el secreto, ¿por qué tan pocos lo siguen?

Del libro: El que quiera venir en pos de Mí…’, 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2010.

Este libro lo puede conseguir en: http://sanpablo.co/red-de-librerias

 

Sorry, the comment form is closed at this time.