Hacia la unión con Dios

La verdadera alegría

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 10, 2009

De mil maneras buscamos la alegría, ese sentimiento grato y vivo, producido por algún motivo de gozo placentero: con chistes, bromas, programas de televisión, momentos de esparcimiento, viajes, y hasta con la ingestión de bebidas alcohólicas, procuramos que haya alegría en nuestras vidas.

Y valoramos mucho la alegría: quien es alegre tiene siempre “amigos”, que lo buscan para contagiarse, en mayor o menor grado, de esa supuesta felicidad que esparce por doquier…

Pero esa alegría es pasajera. Pasa la reunión, se acaba el programa televisivo o el viaje, se termina el efecto del licor…, y se acaba la alegría.

En cambio, hay una alegría que queda. Está descrita en la Biblia:

Mandaron entrar de nuevo a los apóstoles. Los hicieron azotar y les ordenaron severamente que no volviesen a hablar de Jesús Salvador. Después los dejaron ir. Los apóstoles salieron del Consejo muy contentos por haber sido considerados dignos de sufrir por el Nombre de Jesús. (Hch 5, 40-41)

Felices ustedes si incluso tienen que sufrir por la justicia. (1P 3, 14a)

Por eso acepto con gusto lo que me toca sufrir por Cristo: enfermedades, humillaciones, necesidades, persecuciones y angustias. Pues si me siento débil, entonces es cuando soy fuerte. (2Co 12, 10)

Ahora me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, pues así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo para bien de su cuerpo, que es la Iglesia. (Col 1, 24)

Más bien alégrense de participar en los sufrimientos de Cristo, pues también se les concederán las alegrías más grandes en el día en que se nos descubra su gloria. (1P 4, 13)

Pero todas estas citas escandalizan. Nos resistimos a creerlas. Nace espontánea la pregunta: ¿Quiere decir la Biblia que es necesario sufrir para ser felices?

Lo que ocurre es que si no niego algo de mi ego, si no sufro menoscabo en él, no estoy dando nada, es decir, no estoy amando.

Por eso es que, para saber si alguien me ama, debo preguntarme: ¿Cuánto se ha sacrificado por mí? ¿Poco?; me ama poco. ¿Nada?; no me ama en absoluto. ¿Mucho?; me ama mucho.

¿Por qué? Porque, como escribió el extinto monseñor Luis Martínez, ex arzobispo de la Ciudad de México, en proceso de beatificación: si “el Cielo es un estado de amor sin dolor y el infierno es otro estado de dolor sin amor, en esta tierra no hay amor sin dolor”.

Y, ¿cuánto se sacrificó Jesús por mí? Amor con amor se paga. ¡He aquí la verdadera alegría!

 

 

 

Del libro: El que quiera venir en pos de Mí…’, 1ª edición. Bogotá. Colombia. Ediciones San Pablo, 2010.

Este libro lo puede conseguir en: http://sanpablo.co/red-de-librerias

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