Hacia la unión con Dios

Archive for 21 diciembre 2009

Ciclo C, III domingo de Adviento

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 21, 2009

La predicación del bautista

 

Era en Israel grande la expectación por la venida del Mesías, la promesa de la redención. Ya desde el año 737 antes de Cristo, Isaías había anunciado a la «voz que grita en el desierto», a Juan, el bautista, el último de los profetas mesiánicos.

Todos acudían a Él en busca del alimento espiritual: la preparación, con penitencia, para el acontecimiento más grande en la historia de la humanidad: el nacimiento de quien habría de reconciliarnos con Dios Padre.

Las muchedumbres, ansiosas, le preguntaban: «¿Qué hemos de hacer?»

Hoy, cuando faltan pocos días para la llegada de Jesús, ¿qué hemos hecho para prepararnos?

El Adviento es la época de preparación para que Cristo entre en las vidas nuestras: Dios con nosotros y en nosotros. Si sabemos aprovechar estos momentos, podremos desechar de nuestra vida lo malo, y encaminarnos por caminos de paz, de alegría y de amor.

Al ver a Juan, la gente se daba cuenta del momento histórico que estaban viviendo. Si abrimos los ojos del alma, descubriremos el momento espiritual que se nos acerca: podremos, a partir de ahora, tener a Dios en el corazón y llevarlo a nuestros hogares, a nuestro trabajo, a nuestra vida familiar y social, y seguir la lucha que emprendiera hace dos siglos el que venció a la muerte y al mal. ¿Cómo? Oigamos lo que el bautista contestaba:

El que tiene dos túnicas dé una al que no tiene, y el que tiene alimentos haga lo mismo. No exigir nada fuera de lo que está tasado. No hacer extorsión a nadie ni denunciar falsamente y contentarse con lo que se recibe.

Esto quiere decir que conviene que seamos caritativos y desprendidos. Hay muchos que no tienen lo necesario para vivir. ¿Qué haremos por ellos en esta Navidad?

Y, por otra parte, después de confesarnos (porque es época de penitencia), ¿por qué no nos decidimos hoy a evitar hacer el mínimo daño o perjuicio a los demás?

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Resistencia civil*

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 17, 2009

Contra el aborto criminal

La Corte Constitucional en sentencia 355 del año 2006 autorizó el crimen del aborto contra los seres más inocentes e indefensos que se gestan en los vientres maternos.

En decisión más reciente, la Corte pretende imponer obligatoriamente la apología de este incalificable delito y su difusión en los colegios y establecimientos de educación.

Estas determinaciones de la Corte Constitucional, ante todo, son absolutamente contrarias a la ley moral natural y por tanto, a la voluntad de Dios expresada en el mandamiento que ordena: “No matarás”, e implícitamente a la invocación a la protección de Dios del preámbulo.

Igualmente, violan de modo claro directo y ostensible preceptos de la propia Constitución Nacional, cuya guarda está atribuida, paradójicamente, a la propia Corte violadora.

En efecto, la imposición del aborto comienza por desconocer el art. 11, que establece” El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte”.

Haciendo caso omiso del carácter categórico, absoluto e imperativo de esta disposición, la Corte Constitucional hizo tres excepciones abusivas y caprichosas.

El art. 12 que prohíbe la tortura y los tratos crueles e inhumanos, también fue quebrantado, porque sean cualesquiera los métodos empleados para el aborto (cureta, inyección salina, aspiradora, etc.) necesariamente obligan al descuartizamiento del feto, de modo crudelísimo e inhumano.

En el aborto se da injusta prelación a los derechos de la abortante sobre su víctima, lo cual desconoce la regla contraria, consignada en el inciso segundo, in fine, del art. 44: “Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los demás”.

El art. 93 resulta igualmente  quebrantado, porque el Pacto de San José de Costa Rica, que prevalece en el orden interno, dispone en su art. 41 “Que el derecho a la vida comienza a partir del momento de la concepción”.

De igual modo, la Corte Constitucional, que en fallos anteriores había rechazado el aborto como contrario al orden jurídico, al aceptarlo posteriormente, violó el principio de “tránsito a cosa juzgada Constitucional”, consagrado por el art. 243.

Finalmente, no sobra recordar que la Asamblea Constituyente que aprobó la actual Carta Suprema en 1991, según actas, discutió el pretendido derecho al aborto y expresamente lo negó.

¿De dónde acá, entonces, que un poder constituido como la Corte Constitucional, pueda desconocer flagrantemente la voluntad expresa del constituyente primario, sin convertirse en poder dictatorial y omnímodo?

Mas no sólo la imposición del aborto por la Corte Constitucional resulta estar en contravía de la Carta Suprema y de la moral.

También la imposición de ahora, para que en los colegios y demás establecimientos de educación se haga la apología y difusión de este execrable crimen, resulta igualmente violatoria del orden jurídico, ya que quebranta otros derechos fundamentales, cuales son el de la libertad educativa (art. 67) y el de la libertad de conciencia, consagrado en el art. 18, que dispone: “Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su conciencia”.

Con fundamento a las anteriores consideraciones, invitamos al pueblo de Colombia y en especial a las mujeres y a las jóvenes gestantes, a los educadores, a los médicos y paramédicos, no sólo a un vigoroso rechazo de las decisiones de la Corte Constitucional sobre la práctica del crimen del aborto o a su difusión y apología, sino también a un movimiento de resistencia civil contra tales decisiones, por ser inconstitucionales arbitrarias, abusivas y tiránicas.

José Galat, Rector Universidad La Gran Colombia

Aurelio Ignacio Cadavid López, Presidente Red Futuro de Colombia

Mónica Rueda Saiz, Presidenta Fundación de la Vida Humana

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Acto de consagración de los jóvenes a María Santísima*

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 17, 2009

 

Virgen de Fátima, Madre mía tan amada, adhiriéndome al Movimiento Mariano, hoy me consagro —de modo especialísimo— a tu Corazón inmaculado.

Con este acto solemne te ofrezco toda mi vida, mi corazón, mi alma y mi cuerpo, especialmente este período que estoy viviendo de mi juventud.

Guíame por la senda que nos trazó Jesús: la del amor, de la bondad, de la santidad.

Ayúdame a huir del pecado, del mal, del egoísmo, y a rechazar las tentaciones de la violencia, de la impureza y de la droga.

Te prometo confesarme con frecuencia y recibir a Jesús en mi corazón como alimento espiritual de vida, observar los mandamientos de Dios, caminar por la vía del amor y la pureza, recitar cada día el Santo Rosario.

Quiero ser testimonio de unidad con gran amor al Papa, al obispo y a mis sacerdotes.

Te amo, Madre mía dulcísima, y te ofrezco mi juventud por el triunfo de tu Corazón Inmaculado en el mundo.

 “En estos tiempos, la Madre celeste os pide obras de penitencia y de conversión.

La oración vaya siempre acompañada de interior y fecunda mortificación.

Mortificad vuestros sentidos para que podáis ejercitar el dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestras pasiones desordenadas.

Los ojos sean verdaderos espejos del alma: abridlos para recibir y para dar la luz del bien y de la gracia, y cerradlos a cualquier influjo del mal y del pecado.

La lengua se suelte para decir palabras de bondad, de amor y de verdad, y, por tanto, el más profundo silencio rodee siempre la formación de cada palabra.

La mente se abra solo a pensamientos de paz y de misericordia, de comprensión y de salvación, y jamás quede desflorada por el juicio y la crítica, y mucho menos por la maldad y la condena.

El corazón se cierre con firmeza a todo desordenado apego a vosotros mismos, a las criaturas y al mundo en que vivís, para que pueda abrirse a la plenitud del amor a Dios y al prójimo.”

 

La Santísima Virgen María al padre Esteban Gobby, marzo 4 de 1981.

 

Acto de consagración al Corazón Inmaculado de María

 

Virgen de Fátima, Madre de misericordia, Reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.

Con este acto de consagración queremos vivir contigo y por medio de ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal. Nos comprometemos también a realizar en nosotros aquella interior conversión, tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como tú, siempre dispuestos a cumplir solo la voluntad del Padre.

Y, mientras, queremos confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que tú dispongas de ella para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo; nos comprometemos a vivirla según tus deseos, particularmente en lo que se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y a un austero modo de vida conforme al evangelio, que sirva a todos de buen ejemplo en la observancia de la Ley de Dios y en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.

Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la jerarquía y a nuestros sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.

Bajo tu protección queremos ser los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa, para quien te suplicamos una especial protección.

Finalmente te prometemos conducir a las almas con las que entremos en contacto a una renovada devoción hacia ti.

Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la Fe a un gran número de fieles, que la desacralización ha entrado en el Templo santo de Dios, que el mal y el pecado invaden cada vez más al mundo, nos atrevemos a levantar confiados los ojos a ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, e invocar también hoy y esperar de ti la salvación para todos tus hijos, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

 

(Con aprobación eclesiástica)

 

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Angelus y Regina coeli*

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 12, 2009

Angelus

 –El ángel del Señor anunció a María.

–Y concibió por obra del Espíritu Santo.

–Dios te salve, María, llena eres de gracia,…

–Santa María, Madre de Dios, ruega por…

–He aquí la esclava del Señor.

–Hágase en mí según tu palabra.

–Dios te salve, María, llena eres de gracia,…

–Santa María, Madre de Dios, ruega por…

–Y el Hijo de Dios se hizo Hombre.

–Y habitó entre nosotros.

–Dios te salve, María, llena eres de gracia,…

–Santa María, Madre de Dios, ruega por…

–Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.

–Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

–Te suplicamos, Señor, que infundas tu gracia en nuestras almas, para que los que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo seamos llevados, por los méritos de su Pasión y de su Cruz, a la gloria de su Resurrección, por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor.

–Amén.

  

Regina cœli

(Se reza, a cambio delAngelus las 7 semanas de Pascua:

desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés)

 –Alégrate, Reina del Cielo; aleluya.

–Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

–Ha resucitado según predijo; aleluya.

–Ruega por nosotros a Dios; aleluya.

–Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

–Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

 –Oh Dios, que por la Resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por la intercesión de su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna; por el mismo Cristo, Nuestro Señor.

–Amén.

  

 

 

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