Hacia la unión con Dios

Acto de consagración de los jóvenes a María Santísima*

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 17, 2009

 

Virgen de Fátima, Madre mía tan amada, adhiriéndome al Movimiento Mariano, hoy me consagro —de modo especialísimo— a tu Corazón inmaculado.

Con este acto solemne te ofrezco toda mi vida, mi corazón, mi alma y mi cuerpo, especialmente este período que estoy viviendo de mi juventud.

Guíame por la senda que nos trazó Jesús: la del amor, de la bondad, de la santidad.

Ayúdame a huir del pecado, del mal, del egoísmo, y a rechazar las tentaciones de la violencia, de la impureza y de la droga.

Te prometo confesarme con frecuencia y recibir a Jesús en mi corazón como alimento espiritual de vida, observar los mandamientos de Dios, caminar por la vía del amor y la pureza, recitar cada día el Santo Rosario.

Quiero ser testimonio de unidad con gran amor al Papa, al obispo y a mis sacerdotes.

Te amo, Madre mía dulcísima, y te ofrezco mi juventud por el triunfo de tu Corazón Inmaculado en el mundo.

 “En estos tiempos, la Madre celeste os pide obras de penitencia y de conversión.

La oración vaya siempre acompañada de interior y fecunda mortificación.

Mortificad vuestros sentidos para que podáis ejercitar el dominio sobre vosotros mismos y sobre vuestras pasiones desordenadas.

Los ojos sean verdaderos espejos del alma: abridlos para recibir y para dar la luz del bien y de la gracia, y cerradlos a cualquier influjo del mal y del pecado.

La lengua se suelte para decir palabras de bondad, de amor y de verdad, y, por tanto, el más profundo silencio rodee siempre la formación de cada palabra.

La mente se abra solo a pensamientos de paz y de misericordia, de comprensión y de salvación, y jamás quede desflorada por el juicio y la crítica, y mucho menos por la maldad y la condena.

El corazón se cierre con firmeza a todo desordenado apego a vosotros mismos, a las criaturas y al mundo en que vivís, para que pueda abrirse a la plenitud del amor a Dios y al prójimo.”

 

La Santísima Virgen María al padre Esteban Gobby, marzo 4 de 1981.

 

Acto de consagración al Corazón Inmaculado de María

 

Virgen de Fátima, Madre de misericordia, Reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.

Con este acto de consagración queremos vivir contigo y por medio de ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal. Nos comprometemos también a realizar en nosotros aquella interior conversión, tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como tú, siempre dispuestos a cumplir solo la voluntad del Padre.

Y, mientras, queremos confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que tú dispongas de ella para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo; nos comprometemos a vivirla según tus deseos, particularmente en lo que se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y a un austero modo de vida conforme al evangelio, que sirva a todos de buen ejemplo en la observancia de la Ley de Dios y en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.

Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la jerarquía y a nuestros sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.

Bajo tu protección queremos ser los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa, para quien te suplicamos una especial protección.

Finalmente te prometemos conducir a las almas con las que entremos en contacto a una renovada devoción hacia ti.

Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la Fe a un gran número de fieles, que la desacralización ha entrado en el Templo santo de Dios, que el mal y el pecado invaden cada vez más al mundo, nos atrevemos a levantar confiados los ojos a ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, e invocar también hoy y esperar de ti la salvación para todos tus hijos, oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

 

(Con aprobación eclesiástica)

 

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