Hacia la unión con Dios

Ciclo C, II domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en enero 25, 2010

«Todavía no ha llegado mi hora»

 

La respuesta de Jesús a su propia Madre, dura en palabras, pero dulce por el tono de voz: «Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora» hace pensar a todos que el Señor sabía con exactitud en qué momento habría de comenzar su misión, haciendo milagros por todas partes y enseñando el camino del amor.

También se deduce la inicial seguridad que tenía, al dirigirse a María como «mujer», criatura al fin y al cabo y, quizá por eso, ignorante de los planes salvíficos en la economía de la salvación.

En ese contexto, sorprende saber que a la insinuación «No les queda vino» de María —prudente y delicada por excelencia—, parezca que Jesús aceptaría un cambio de planes: admirados leemos lo que dijo a los sirvientes, sin esperar la aceptación explícita de su Hijo: «Haced lo que Él diga». Y con pasmo aún mayor escuchamos a Jesús ordenar: «Llenad las tinajas de agua»…

Por un lado, es lógico pensar que el Espíritu Santo fue quien iluminó a la Santísima Virgen María para que su Hijo hiciera ese favor a sus amigos y para que se manifestara su gloria y creciera la fe de sus discípulos en Él.

Pero también podemos deducir que la intercesión de Nuestra Señora es poderosa en supremo grado: podríamos decir que ¡llegó a cambiar los planes sapientísimos trazados por la Santísima Trinidad desde la eternidad!

¿Qué esperamos para aprovecharnos de eso? También es nuestra Madre y nada nos negará, si acudimos, como hijos que somos, a pedirle cualquier cosa.

Hay algo que debemos hacer para que, de hoy en adelante, consigamos de Ella cualquier cosa: escuchar, como dichas para nosotros, sus palabras: «Haced lo que Él diga», obedecerlo en todo, comportarnos como hijos buenos.

El Evangelio nos dice que así creció la fe de sus discípulos en Jesús. Probémoslo también nosotros y, al ver los milagros que nos conseguirá Nuestra Madre de su Hijo, se aumentará también nuestra fe en Él, como les sucedió a los discípulos, y como ellos veremos más milagros.

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