Hacia la unión con Dios

¿Grupos de oración?

Posted by pablofranciscomaurino en febrero 28, 2010

 

Fuera de las oraciones litúrgicas que se vivían entre los judíos, Jesús no oró «con» la gente, siempre lo hizo solo:

Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: «Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar» (Mt 26, 36).

Más bien se alejaba de los demás para orar:

En aquellos días se fue a orar a una montaña y pasó toda la noche en oración con Dios (Lc 6, 12).

Hoy día, muchos cristianos se reúnen para orar;

Pero Él buscaba siempre lugares solitarios donde orar (Lc 5, 16).

Es que el Espíritu Santo llega cuando estamos haciendo oración personal:

Un día fue bautizado también Jesús entre el pueblo que venía a recibir el bautismo. Y mientras estaba en oración, se abrieron los cielos (Lc 3, 21).

Y la verdadera transformación espiritual se da mientras se ora a solas:

Unos ocho días después de estos discursos, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y subió a un cerro a orar. Y mientras estaba orando, su cara cambió de aspecto y su ropa se volvió de una blancura fulgurante (Lc 9, 28-29).

Después de orar en silencio, sin que nadie lo note, ocurren milagros:

Y quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: «Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. Yo sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por esta gente, para que crean que tú me has enviado.» Al decir esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!» Jn 11, 41-43

Atendamos lo que Él enseñó:

Cuando ustedes oren, no imiten a los que dan espectáculo; les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que la gente los vea. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Pero tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará (Mt 6, 5-6).

Es que la oración debe ser interior, «adentro»:

Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como Él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad» (Jn 4, 23-24).

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