Hacia la unión con Dios

Ciclo C, III domingo de Cuaresma

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 15, 2010

Cómo alcanzar la misericordia de Dios

 

La Cuaresma es la época de preparación para la Semana Santa, mediante el esfuerzo por alejar de nuestras vidas todo lo que no nos deja ir rápido hacia Dios, especialmente nuestras malas inclinaciones.

Amar a Dios sobre todas las cosas es, incluso, desechar el desmedido apego a los bienes materiales.

Esa lucha diaria por purificarnos se ve premiada por la infinita misericordia del Señor. Efectivamente, las frases de la liturgia de hoy, «he visto la opresión de mi pueblo», «me he fijado en sus sufrimientos», explican su profundo amor y su condolencia; y el salmo nos recuerda que Él «es compasivo y misericordioso».

También podemos comprobar que Jesús asiente al viñador cuando este le dice que espere un año más (había esperado ya tres años). Es que Dios da siempre una nueva oportunidad para que demos fruto; todo lo perdona, todo lo espera…

¿Qué podemos decir a todo esto? ¿No es el momento de comenzar, agradecidos, y de volver a comenzar, una y otra vez, la lucha interior para limpiarnos de todo lo que no nos deja «volar» hacia lo infinito, hacia la paz verdadera, la paz de los hijos de Dios?

¿Por qué no aprovechar estos días de purificación? ¿Por qué no empezar hoy a buscar a Dios en nuestros corazones, en nuestras vidas?

Intentémoslo: hagamos una buena confesión para recomenzar, limpios.

Y después, vayamos al encuentro de ese Dios que tanto nos ama: está en nuestros hogares, en nuestro trabajo, en las reuniones sociales… Digámosle, entre charla y charla, entre trabajo y trabajo, lo que nos preocupa, lo que nos ilusiona, lo que nos duele… Volvámonos sus amigos.

Y, si queremos progresar rápidamente, ofrezcámosle con cariño todo: trabajos y descanso, alegrías y tristezas, sinsabores y gozos, penas y aflicciones…; toda nuestra vida familiar, laboral y social, para unirnos así a la vida ordinaria que el Hijo de Dios quiso compartir con los hombres.

De este modo, nos uniremos también a los dolores que Él padeció en la Cruz por nosotros, pagándole al Amor con amor. Si hacemos esto, ¡es seguro que experimentaremos en nuestras vidas su compañía y su misericordia!

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