Hacia la unión con Dios

Ciclo C, domingo de Ramos

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 30, 2010

Un buen negocio

 

Cuenta Isaías, en la primera lectura, que el Señor no se resistió, ni se hizo atrás. Ofreció su espalda a los que lo golpeaban, sus mejillas a los que arrancaban su barba. No retiró su rostro a los insultos y salivazos.

Pero en el salmo 21 ese mismo Señor está gritando: «¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?»

¿Por qué? La respuesta está en la segunda lectura: «siendo de condición divina, no codició esa posición igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo. Asumiendo semejanza humana y apareciendo en su porte como hombre, se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz», como san Lucas nos lo presenta en el Evangelio.

En cambio, nosotros seguimos haciendo lo contrario: cada vez que pecamos lo que hacemos es desobedecer las leyes de Dios, mientras que Jesús obedeció hasta la muerte.

En el fondo, lo que pretendemos es precisamente lo opuesto: tomar la condición de Dios, pues desobedecer es poner nuestras propias reglas y seguirlas, como si creyéramos más en ellas que en las que nuestro mismo Creador nos dio.

Creemos que encontraremos la felicidad haciendo nuestra voluntad, no la suya; y esto es el acto más tonto que podemos realizar: Él nos ama mucho más que nosotros mismos y Él sabe lo que nos conviene; nosotros no.

Además, aunque no lo pensemos explícitamente, no obedecer la voluntad de Dios es el acto de arrogancia más grande, pues supone que nos creamos más sabios que Dios.

En cambio, a quien obedece, le pasará lo que le ocurrió a Jesucristo: Dios lo exaltó, cumpliéndose así sus palabras: Que todo el que se ensalza será humillado, mientras que todo el que se humilla será ensalzado.

Repasemos la narración de la Pasión de san Lucas, y aprendamos a obedecer: seremos los beneficiados.

  

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