Hacia la unión con Dios

Cilo C, V domingo de Pascua

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 10, 2010

Los cristianos, ¡esos que saben de amor!

 

Resulta curioso que, en una de sus charlas, Jesús resumiera todo su mensaje en amar a Dios y al prójimo, y que nos dijera que ese es el mandamiento nuevo por el que se conocerá que somos sus discípulos: que nos amemos unos a otros.

Sin embargo, hoy es más frecuente ver que el cristiano no se diferencia de los demás: como los otros, a veces delinquen, abusan de los demás, los usan como peldaños para «surgir», no les importa cobrar «comisiones» que no se deben cobrar, disuelven los matrimonios por falta de entrega y de amor, abortan…

Y parece pues que los cristianos, como los demás, no se quedan atrás: generan odio que crea más odio.

Por ejemplo, muchos de nuestros hermanos separados de la Iglesia Católica, los protestantes (evangélicos o cristianos «a secas»), y casi todas las sectas insisten en tratar de hacer de nuestro camino un error, de la Iglesia un invento de los hombres y de la devoción a nuestra Madre un acto reprobable de adoración… Y, lo que es peor: hay católicos que hacen lo mismo: hablan mal de los protestantes.

¿Fue ese el querer de Jesús? ¿Esperaba Jesús que hiciéramos historias divididas durante siglos? ¿Cuándo vamos a corregir el error? ¿Cómo?

He aquí el camino: primero, oración ferviente y decidida por todos; segundo, espíritu de sacrificio por nuestros hermanos, para que Dios los ilumine constantemente y logren la felicidad; y tercero, amor. Sí. Así de sencillo: amor por ellos. No hay otro camino. Lo único capaz de destruir la división, el rencor y hasta el odio que pueda existir es el amor.

Pero el amor que no tiene obras no es amor. ¿Cuántas veces al día rezamos por nuestros hermanos separados y por todos los hijos de Dios? ¿Cuántas veces ofrecemos los sinsabores del día por su bienestar y por la plenitud de su amor?…

¿Cómo respondemos a las críticas?, ¿con una amable sonrisa, como lo haría Jesús?

Una actitud semejante tendrá la fuerza de Dios, ¡y el amor siempre triunfa!

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