Hacia la unión con Dios

Ciclo C, Ascensión del Señor

Posted by pablofranciscomaurino en mayo 24, 2010

Cristiano: ¿se te nota?

 

Nada podía aumentar la felicidad de los apóstoles: Jesús había resucitado. La vida había triunfado sobre la muerte. La esperanza de esos primeros cristianos nacía para siempre en sus corazones, y las penas y los dolores pasaban a un segundo lugar. Luego, mientras los bendecía, se elevó hacia el Cielo.

¿Hasta qué punto vivimos esta esperanza? ¿Cuántas veces las penas o los dolores opacan ese horizonte de luz, de alegría y de paz?

¿No será que ya no tenemos el impulso interior de esos primeros cristianos? Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría, pero luego comenzó su lucha: unos caían, otros seguían adelante. Es la historia de los hombres: triunfos y fracasos.

A los que se debilitaban por la preocupación por los problemas diarios, a los que perdían la ilusión de vencer también a la muerte y ser eternamente felices, escribía san Pablo, pocos años después, animándolos a mantenerse firmes en la esperanza que profesaban, «porque es fiel quien hizo la promesa».

Hoy necesitamos oír esa voz de nuevo: acerquémonos con corazón sincero y, llenos de fe, esperemos la segunda venida de ese Jesús amoroso; vendrá para salvar definitivamente a los que lo esperan. Llenémonos de esa alegría que invadió a los que lo veían elevarse al Cielo; que tal alegría nos acompañe, desde hoy en adelante —y siempre— en nuestra vida personal, en nuestra familia, en el trabajo, en la vida social, etc.

Se tiene que notar que somos cristianos: alguna diferencia debe haber con los demás hombres. Nuestra vida tiene que ser especial: somos felices porque nos amamos, estamos tranquilos porque tenemos fe y vivimos alegres ¡porque vamos para el Cielo!

Que en nuestra vida se note esta transformación que produce la Esperanza: que la gente lo note en nuestros labios, pero principalmente que se haga patente en nuestra actitud diaria, en el hogar, al trabajar, al compartir con los amigos… ¡que los demás noten la alegría de los hijos de Dios!

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