Hacia la unión con Dios

Ciclo C, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

Posted by pablofranciscomaurino en junio 15, 2010

El milagro de los milagros

 

En la primera lectura se nos cuenta que Melquisedec, rey de Salem, trajo pan y vino, pues era sacerdote del «Dios Altísimo». Era aproximadamente el año 1800 antes de Cristo, y ya se hacía una alusión velada del verdadero Pan del Cielo y del Vino consagrado, esto es, la Sangre preciosísima con la que el Salvador pagaría nuestras culpas y nos abriría de nuevo las puertas del Cielo.

Luego, en la historia sagrada se nos contarán más detalles de este misterio: la multiplicación de los panes que se nos narra en el Evangelio de hoy y muchos otros pasajes bíblicos irán enriqueciendo nuestro conocimiento acerca de este Don de dones, Sacramento en el que se nos da el mismísimo Dios, no solo como alimento, sino como medio perfecto y completo de unión mística con Él: efectivamente, quien recibe la Hostia consagrada recibe el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de la segunda Persona de la Santísima Trinidad y, con ella (pues no pueden estar separados), recibe también a las otras dos Personas de la Santísima Trinidad.

Esto quiere decir que, al participar de este banquete divino, la persona humana se hace una con la Santísima Trinidad, lo que implica que, si está en las debidas disposiciones, estará viviendo la unión mística perfecta, la meta de todos los esfuerzos ascéticos de los santos, la vivencia honda y profunda del encuentro personal con Dios. Es esta la finalidad última de la vida del cristiano, la razón por al cual fue creado, la esencia misma de su felicidad: su encuentro verdadero e íntimo con Dios.

¿Cómo podemos pasar por alto, pues, en la celebración de la Eucaristía, ese milagro de milagros, cuando el sacerdote repite las palabras de la consagración narradas por san Pablo en la segunda lectura? ¿Nos damos cuenta del misterio que estamos presenciando? ¿Habrá algo más alto en esta tierra de los seres humanos?

¿Cómo es posible, pues, que salgamos de la Eucaristía tal y como entramos?

  

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