Hacia la unión con Dios

Ciclo C, XV domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en julio 19, 2010

‘Vete y haz tú lo mismo’

 

Son 613 los preceptos que deben cumplir los judíos para salvarse, según los enumeró san Jerónimo, y aparecen en el Antiguo Testamento. Según ese criterio, quien los cumplía se salvaba.

Y Dios, a través de Moisés, les dijo que se volvieran a Dios, con todo su corazón y con toda su alma, cumpliéndolos. Además, afirmó que esos mandamientos no eran superiores a sus fuerzas ni estaban fuera de su alcance, y que sólo hacía falta ponerlos en práctica.

Ahora que Jesús ya vino, nos enseñó la Ley que los cobija a todos: la Ley del amor. Un amor que no es sentimiento, sino obras, como se percibe en la historia del samaritano que contó Jesucristo en el Evangelio de hoy.

Como es frecuente que confundamos el amor con un sentimiento que nos complace, Él nos enseñó que el amor son actos con los que complacemos a quienes amamos.

Por eso, se ha dicho siempre que existen tres opciones: pensar como los bandidos: «Lo tuyo es mío»; pensar como el sacerdote y el levita que pasaron y no ayudaron al que golpearon y dejaron medio muerto: «Lo mío es mío»; o pensar como el samaritano: «Lo mío es tuyo».

La tercera opción es la cristiana; es la que Jesús hizo con nosotros: al vernos pecadores desvalidos y por eso sin derecho al Cielo, pagó nuestras culpas, nos curó y nos abrió de nuevo la posibilidad de ser inmensamente felices cuando disfrutemos de la dicha eterna. Gracias, pues, a Jesucristo fue reconciliado el ser humano con Dios, por la Sangre de su Cruz.

¿Elegimos esa opción? ¿Siempre?

Cristo Jesús es la imagen del Dios que no se puede ver, nos dice la segunda lectura, ese Dios-Amor que siempre dice a sus hijos, los hombres: «Todo lo mío es tuyo».

Jesús nos dice a cada uno: «Vete y haz tú lo mismo».

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