Hacia la unión con Dios

Un pensamiento de san Pablo de la Cruz para cada día*

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 25, 2010

Un pensamiento para cada día

 San Pablo de la Cruz

 Oh Dios, que para anunciar la Palabra de la Cruz

 

inflamaste de ardiente celo

 

al sacerdote san Pablo de la Cruz, nuestro Padre:

 

concédenos que también nosotros,

 

animados por su ejemplo y sostenidos por su protección,

 

sepamos ganar las almas de nuestros hermanos,

 

por medio de la Pasión de Cristo, tu Hijo,

 

para obtener con ellos el fruto de la redención.

 

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 Con las debidas licencias:

P. Antonio Mª Munduate, cp Superior Viceprovincial

Bogotá, 9 de julio de 2010 Nuestra Señora, Madre de la Santa Esperanza

Saludo

La Iglesia, habiendo reconocido la acción del Espíritu en san Pablo de la Cruz, aprobó con su autoridad suprema la Congregación de la Pasión de Jesucristo (Pasionistas) y sus Reglas, para la misión de anunciar el Evangelio de la Pasión con la vida y el apostolado. Esta misión conserva siempre toda su fuerza y validez.

Conscientes de esta validez ofrecemos hoy el folleto: “Un pensamiento para cada día”; son textos tomados de las cartas de san Pablo de la Cruz, fundador de los Pasionistas, que hoy queremos hacer llegar a todos aquellos que en su camino espiritual quieren tener como referencia la espiritualidad pasionista.

Estos pensamientos no están lejos de la sensibilidad del mundo de hoy. A pesar de los vastos procesos de secularización, se detecta una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar.

En el año 2000, en una carta a nuestra Congregación, Juan Pablo II nos pedía “que nuestra atención primaria fuera siempre el anuncio de Cristo que, desde la cruz, renueva al hombre de todos los tiempos”. Con este deseo presentamos hoy estos pensamientos de nuestro fundador.

Aunque las cartas de san Pablo de la Cruz fueron escritas en italiano, el texto original de este folleto fue impreso en francés y tiene por título: Une pensée de Sanit Paul de la Croix por chaque jour de l’année. La traducción al español de los textos ha sido realizada del italiano por el P. Abelardo Quintero, C.P., a quien agradecemos su colaboración.

Nuestro deseo es que quienes lean cada día un “pensamiento” puedan sacar fuerzas para afrontar con paz y serenidad el nuevo día, porque como decía san Pablo de la Cruz: “A las almas es necesario dar ánimo e impulso y hacerlas caminar con la confianza en Dios, de otro modo no harán jamás camino en la vía de la perfección”.

  

 

ENERO

1. La Pasión de Jesucristo es la puerta que da acceso a los alimentos deliciosos del alma.

2.    El Divino Salvador ha dicho: Yo soy la puerta. Un alma que entra por esta puerta, camina segura.

3.    Haz continua memoria de los sufrimientos de tu esposo celeste. Déjate penetrar enteramente del amor con el cual los ha sufrido.

4.    El camino más corto para llegar a la santidad es el perderse enteramente en el abismo del sufrimiento del Salvador.

5.    Haceos como un ramillete de flores con los sufrimientos de Jesús y llevadlo sobre el seno de vuestra alma.

6. Llevamos siempre luto en memoria de la Pasión y muerte de Jesucristo.

7.    No debemos olvidar jamás hacer continua y dolorosa memoria de la Pasión y muerte de Jesucristo.

8.    Si queréis, llevar un collar de perlas cuando salgáis, pero recordad que Jesús ha llevado una cuerda y una cadena al cuello.

9.    Que cada uno de nosotros nos comprometamos a sugerir a cuantos podamos la devota meditación de los sufrimientos de nuestro dulcísimo Jesús.

10.  Cuando se medita la Pasión de Jesús se debe compadecer sus penas, luego contemplarlo con amor, para hacer propio por amor y compasión los sufrimientos que él soporta.

11. Es necesario contemplar a Jesús abismado en un océano de dolores para salvarnos del abismo eterno.

12. Es necesario contemplar a Jesús todo cubierto de llagas y de heridas para darnos la vida y la salvación.

13. El profeta llama a la Pasión de Jesús: Mar de amor y de dolor. Ah, este es un gran secreto que es revelado sólo a las almas humildes.

14. En el inmenso mar de la Pasión del Salvador, el alma pesca las perlas de las virtudes y hace suyas las penas del Amado Bien.

15. El amor enseña todo, porque la Pasión con sus dolores amarguísimos, es obra de un amor infinito.

16. ¿Cuál es el medio para identificarse por amor con los sufrimientos del Salvador? Dios os lo hará comprender cuando él quiera; éste es un trabajo del todo divino.

17. El alma inmersa totalmente en el puro amor se encuentra toda inmersa en el abismo de los dolores de Jesucristo y los abraza con una mirada de fe. El amor es virtud unitiva y hace suyos los sufrimientos del Amado.

18.   Si os sentís penetrados totalmente, por dentro y por fuera, de los sufrimientos del esposo divino, alegraos.

19. Cuando se piensa en aquel viernes santo suceden cosas capaces de hacer morir al que ama verdaderamente.

20.  ¡El viernes! ¿No es nombrar el día en que nuestro Dios encarnado ha sufrido por nosotros, hasta inmolar su santa vida sobre el patíbulo infame de la cruz?

21.  Los días de la Pasión son días en que las piedras mismas lloran. ¡Y qué! ¿Si el Sumo Sacerdote ha muerto, no se llorará? ¡Se necesita haber perdido la fe!

22.  Cuando estéis solos en vuestra pieza tomad en la mano un crucifijo y besadle las llagas con gran amor.

23.  Cuando estéis solos en vuestra pieza tomad en la mano un crucifijo y besadle las llagas con gran amor.

24.Tomando el crucifijo, dígale que le predique, escuche las palabras de vida que le dice al corazón.

25. Escuchad las cosas que os dicen las espinas, los clavos, la sangre divina… ¡Oh, qué preciosa predicación!

26. Los sufrimientos de Jesús deben ser las joyas de nuestro corazón.

27.   Los sufrimientos de nuestro Dios y Salvador son el empeño de su amor por nosotros.

28.  ¡Ay de mí! Qué triste es ver la pérdida de tantas almas que no sienten el fruto de la Pasión de Jesús.

29. Vivid todo inmersos en el amor de Jesús; que sus llaga sean vuestro deleite.

30.  Haced compañía a Jesús en el Huerto de los Olivos; recoged las flores de sus angustias, de sus tormentos, de sus dolores mortales.

31.  Haceos un ramillete de los dolores de Jesús agonizante en el Huerto de los Olivos, y llevadlo siempre en el fondo de vuestra alma, oliéndolo con amor y con dolor

FEBRERO

 1.   ¡Oh, qué felices son las almas totalmente heridas por los sufrimientos del Salvador y que los llevan impresos en el corazón con doloroso y amoroso recuerdo!

2.   La Pasión de Jesucristo es la vía más breve para la perfección.

3.   La vida de Jesús no fue otra cosa que una cruz.

4.   Dios nos hace un gran honor cuando nos llama a caminar por la misma vía de su Hijo, nuestro Salvador.

5.   Animaos y recordad que debemos caminar sobre las huellas de Jesús crucificado.

6.   El siervo de Dios que no está crucificado, ¿qué es?

7.    ¡Dios ha sufrido tanto por mí! ¿Será demasiado que yo haga algo por su amor?

8.    Vosotros podréis, de vez en cuando, hacer memoria de los sufrimientos de nuestro Salvador, recordándolos con amor y dolor.

9.    ¡Oh, mi buen Jesús! ¡Cómo veo vuestro rostro lívido, cubierto de salivazos, inflamado!

10. ¡Oh! ¡mi amor crucificado, cómo te veo todo cubierto de llagas!

11. ¡Oh! ¡Mi dulce amor! ¡Cómo veo vuestros huesos escarnecidos! ¡Ah! ¡Qué sufrimientos, qué dolores!

12.  ¡Ah! ¡Sufrimientos preciosos de mi Salvador! ¡Oh, llagas amables! Quiero custodiarlas siempre en mi corazón.

13.  Cuando os encontréis turbados, afligidos, angustiados, es preciso tomar entre las manos el crucifijo, besar con amor sus llagas, sobre todo la de su costado

14. En medio de vuestras penas decid a Jesús crucificado: Oh, Jesús, único bien, tú eres todo mío y yo soy todo tuyo.

15.¡Oh sangre preciosa de Jesús! ¡Oh sangre dulcísima de mi Salvador! En ti están todas mis esperanzas.

16.   Cuando estéis angustiados por temores y dudas, decid a Jesús crucificado: ¡Oh, Jesús, amor de mi corazón, yo creo en ti, espero en ti, te amo sólo a ti!

17.  ¡Oh, llagas queridas de Jesús! Llagas santísimas, llagas divinas, vosotras sois el objeto de mi esperanza. ¡Sí, yo espero en mi Dios!

18.  Estad de buena gana sobre la cruz con Jesús. Bebed con alegría el cáliz del Salvador. ¡Oh, queridos sufrimientos! ¡Oh, queridas cruces! Sois bienvenidas.

19. Creedme, las cruces no faltarán jamás; el sufrimiento aumentará tanto cuanto se avance en el servicio del Señor. Éste fue el camino de Cristo, ése es el camino de todos los siervos de Dios.

20. Aquellos que sufren por amor a Dios ayudan a Jesús a llevar la cruz y participarán por tanto de su gloria.

21.  Estad a la sombra de la santa Cruz, anonadándose delante Dios con una confiada humildad.

22.  En cualquier contrariedad, reavivad dulcemente la fe, imaginaos estar sobre el calvario, dirigid todos vuestros pensamientos y miradas a Jesús crucificado.

23.  Abrazaos a la santa Cruz de Jesús, permitid que vuestra alma se embriague en su sangre preciosa, y después decid: Oh, bien infinito, acepto este sufrimiento porque tú lo quieres.

24. ¡Oh, Amor mío! Os amo más que a mi corazón; me es muy dulce permanecer sobre la cruz de mis sufrimientos.

25. ¡Oh, queridos sufrimientos! ¡Oh, preciosas cruces! Yo os abrazo como a joyas preciosas del corazón purísimo de Jesús.

26. Quien se queda en las consolaciones pierde de vista al gran Dios de las consolaciones.

27. Bebed hasta la última gota el cáliz de vuestros sufrimientos, sin abrir los ojos para ver la clase de bebida que contiene.

28.  Feliz el alma que se desprende de sus propias satisfacciones, de los propios sentimientos y de las propias visiones; ésta es la lección sublime. Dios os lo enseñará si ponéis todas vuestras delicias en la cruz de Jesús.

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MARZO

1.   ¡Dejaos guiar por le fe! ¡Oh, cuánto amo las almas que caminan en pura fe y viven enteramente abandonadas en las manos de Dios!

2.   ¡Oh, cuánto deseo que caminemos todos en la fe! Sí, ésta es la verdadera vía de la salvación.

3.   A pesar de su obscuridad, la fe es la vía segura del Santo Amor. ¡Oh, qué dulzura gusta mi corazón en su certeza!

4.   Busquemos siempre a Dios mediante la fe en lo íntimo de nuestra alma.

5.   La fe nos dice que nuestro corazón es un gran santuario, porque es el templo de Dios vivo donde reside la Santísima Trinidad.

6. Este gran Dios, que se ha hecho hombre y ha querido sufrir tanto por nosotros, está más cerca de vosotros que vosotros de vosotros mismos.

7.    Entremos con frecuencia en el templo vivo de Dios, que es nuestro corazón, para adorar a la augusta Trinidad en espíritu y en verdad. Ésta es una devoción sublime.

8.    El Reino de Dios está dentro de vosotros. Reavivad pues, con frecuencia esta fe cuando estudiéis, trabajéis o comáis; cuando os acostéis o cuando os levantéis.

9.    Yo no puedo comprender cómo pueda haber alguno que no piense siempre en Dios.

10.  Visitad a menudo el santuario de vuestra alma y ved si tenéis todavía encendidas las lámparas; quiero decir, la fe, la esperanza y la caridad.

11.  Si la salvación eterna estuviese sólo en vuestras manos, tendrías suficiente motivo para temer. Pero como está en las manos de vuestro Padre Celestial, ¿qué podéis temer?

12.   Desechad de vuestro corazón todo vano temor y tened fe en nuestro amable Salvador, que ha salvado vuestra alma con su sangre preciosa.

13.  Cuando tengáis cualquier asomo de desconfianza, pensad que todas vuestras culpas comparadas con la bondad de Dios, son menos que un trozo de tela tirado al fuego.

14. Cuando cometáis una falta, humillaos delante de Dios con profundo arrepentimiento, y luego, con un acto de gran confianza lanzad vuestra culpa al océano de su inmensa bondad.

15. ¿Qué padre teniendo en brazos a su hijo lo deja caer a tierra o lo lanza lejos de sí? Pues, aunque esto fuese posible entre los hombres, jamás sucederá con Dios.

16. Mirad a la Cruz para no perder la confianza. He aquí que aquella Sangre Divina, aquellas llagas, aquellas heridas, aquellos brazos que han hecho el cielo y la tierra, están abiertos para abrazar a los pobres pecadores arrepentidos.

17.  El medio más eficaz para convertir a las almas más obstinadas es la predicación de la Pasión de Jesucristo.

18.  ¿Cómo será posible ofender a un Dios flagelado, a un Dios coronado de espinas, a un Dios crucificado por nosotros?

19.   Comenzad meditando por la mañana durante un cuarto de hora sobre la Pasión del Redentor y viviréis lejos del pecado.

20.  La meditación de la Pasión de Jesús es un bálsamo tan precioso que endulza toda pena.

21.  ¡Oh, amor mío, en qué estado se encuentra vuestro corazón en el huerto de los Olivos! ¡Oh, qué sufrimientos! ¡Cuánta sangre! ¡Qué amarguísima agonía! ¡Y todo esto por mí!

22.  Cuando nuestros pecados nos espanten y temamos condenarnos, pensemos en los méritos de Jesús crucificado, y nuestro espíritu encontrará descanso.

23.  ¿Cómo? ¡Un Dios hecho hombre! ¡Un Dios crucificado! ¡Un Dios muerto! ¡Quién no lo amará!

24.  ¿Por qué no tengo fuerza para volver a predicar a mi buen Jesús crucificado, nuestro amor que está muerto sobre la cruz por nosotros y detener así tantos delitos?

25. La mayor parte de los cristianos viven en el olvido de todo lo que ha sufrido Jesús por su amor; este olvido produce lágrimas a mares porque es la causa del pecado que abunda en el mundo.

26.   El medio más eficaz para exterminar los vicios e implantar en el corazón de los fieles la verdadera piedad, es la meditación de las penas amarguísimas de nuestro Dios y Salvador.

27.  ¡Tantos, demasiados cristianos viven olvidados de lo que ha hecho y sufrido nuestro amabilísimo Jesús! Ésta es la causa por la cual viven adormecidos en el fango de la iniquidad.

28.  El verdadero amor de Dios se ejercita sobre la cruz de nuestro querido Jesús.

29. Obrad de tal modo que todo el paraíso vea no sólo en vuestro interior, sino también, en el comportamiento exterior la imagen de Jesús crucificado, de Jesús dulce, lleno de mansedumbre y de paciencia.

30.  Aquél que vive interiormente unido al Hijo de Dios vivo, lleva la imagen también en su persona con un continuo ejercicio de virtudes y sobre todo con gran paciencia en los sufrimientos.

31. En la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo el alma saca la leche y la miel dulcísima del Santo Amor.

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ABRIL

 1.   Quisiera que  todos  gustaran la gracia que Dios da,  en su infinita bondad,  cuando  nos  manda  sufrimientos, pero sobre todo cuando los sufrimientos son sin consuelo.

2.   En el estado de sufrimiento puro, el alma se hace pura como el oro en el crisol, y tan bella y liviana como para volar hacia su Amado Bien y transformarse en Él sin darse cuenta.

3.   En el estado del puro sufrimiento, el alma lleva la cruz con Jesús y no lo sabe; esto depende de la variedad y del número de los sufrimientos que la ponen en tal olvido de sí misma que ella no se percata ni mucho menos de su propio sufrimiento.

2. ¿Quién pudiera expresar la magnificencia de los preciosos tesoros con los que nuestro Sumo Bien corona a sus hijos predilectos? Quien ama a Jesús sólo ama sufrir.

5.    Quisiera tener un corazón de Serafín para expresar el vivo deseo que tienen de padecer los verdaderos amigos del Crucificado.

6.    ¡Ah! ¿Cuándo imitaremos perfectamente a nuestro querido Salvador, quien se ha anonadado por nosotros?

7.    ¿Cuándo seremos tan humildes como para gloriarnos en ser el oprobio de los hombres y la abyección de la plebe?

8.    ¿Cuándo seremos como niños, apegados al seno de la caridad de Jesús, nuestro esposo, nuestro padre y nuestro todo?

9.    ¿Cuándo seremos tan simples y pequeños como para tener como gran fortuna el estar en el último puesto, tenidos por nada; y tener como infortunio el ser estimados y honrados?

10. ¿Quién no amará al Padre de la Misericordia que nos invita y estimula, con tanta bondad, a correr detrás de sus celestiales fragancias? ¡Oh, cuán suaves son sus divinos atractivos!

11.  Corramos, corramos detrás del Divino Amante de nuestras almas ¡Afiancémonos cada vez más en el seno de su amor tan dulce!

12.   No debemos dejarnos vencer ante las dificultades, ante nuestros defectos cotidianos, ante nuestras grandes miserias, porque nuestras miserias forman el trono de las misericordias del Señor.

13.  Si Jesús se esconde, de vez en cuando, a nuestros ojos, no lo hace para maltratarnos ni humillarnos más sino para enseñarnos a esperar a la sombra de sus alas.

14. La cruz se hace cada vez más pesada, ¿no es verdad? Y bien, demos gracias a nuestro Sumo Bien, que nos tiene en esta cruz.

15. ¡Oh, cruz querida! ¡Oh, cruz santa! ¡Árbol de vida de donde pende la vida eterna! Te saludo, te abrazo, te estrecho contra mi corazón.

16.  La parte inferior del alma se retira asustada a la vista de la cruz; pero la parte superior del espíritu permanece en paz en el beneplácito de Dios.

17. No miréis a la cara las fatigas, las dificultades y las preocupaciones de vuestro estado. Fijad más bien vuestra mirada sobre el rostro adorable de divino Crucifijo.

18.  En vuestras aflicciones volved vuestra mirada a Jesús, nuestro amor, rey de los dolores y de las aflicciones, y entonces, todo se tornará dulce.

19. ¡Oh, qué sublime y divino tesoro ha escondido Dios en el sufrimiento!

20. ¡Feliz el corazón que está sobre la Cruz entre los brazos de Jesús, allí se quema de santo Amor!

21.   ¡Feliz aquél que sufriendo sin sombra de consuelo, vive transformado en Jesucristo!

22. Feliz quien sufre queriendo morir a sí mismo por amor a aquél que lo hiere.

23.  Cuando la cruz es más penosa y penetrante, es mejor para el alma que la lleva.

24.  Cuando el sufrimiento está privado de todo consuelo es más agradable a Dios.

25.  Las adversidades son indispensables y gran ventaja para las almas que las aprovechan.

26. En las consolaciones se está dispuesto a enfrentarlo todo, pero es en las tribulaciones donde se conocen las almas verdaderamente fuertes.

27.   Las aflicciones y toda tribulación son como una escobilla que quita del alma el polvo y el fango de las imperfecciones.

28. Trabajar, padecer, callar, no lamentarse, no tener resentimientos, no justificarse; ésta es la máxima de los santos.

29. El camino corto para adquirir la paz que viene del amor de Dios, es recibir de la mano paterna del Señor toda contrariedad y toda pena corporal y espiritual.

30. La voluntad de Dios es un bálsamo que cura toda pena, es necesario amarla tanto en la adversidad como en la prosperidad.

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MAYO

1.   Tened  una  tierna  devoción  a los dolores de María, a su santa e In maculada Concepción, y visitad con piedad grande su altar.

2.   Tomad por principal patrona a la beatísima Madre de Dios siempre virgen, y tened hacia ella la devoción que le es debida.

3.   Recordad a menudo los dolores amargos que María ha sufrido durante la Pasión y muerte de su Hijo Divino.

4.   Caminad siempre animados por una filial y ardiente piedad a la Madre de Dios.

5.   Buscad imitar la sublime virtud de María e implorad, en los peligros, su poderosa protección.

6. El corazón de María, después del Corazón de Jesús, es el rey de todos los corazones.

7.    El corazón de María ha amado y ama tanto a Dios, más que todo el paraíso; quiero decir, más que todos los ángeles y los santos presentes, pasados y futuros.

8.    Desead amar a Dios como esta sublime criatura, la Santísima Virgen María.

9.    Lanzaos en espíritu en el bello corazón de María y amad al Sumo bien con este corazón tan puro.

10. Tened la intención de practicar todas las virtudes de las cuales María ha dado ejemplo.

11.  La riqueza de esta gran reina, María, es inmensa. Ella es un océano de perfecciones; sólo Aquél que la ha colmado de tantas riquezas puede sondear la perfección.

12. La gran herida de amor que María ha recibido desde el primer instante de su inmaculada concepción creció cada vez más hasta que separó su santísima alma del cuerpo.

13.  Fue una muerte de amor, una muerte más dulce que la vida, la que pone fin al inmenso dolor que María sufre en toda su vida

14.  Alegrémonos en Dios por el espléndido triunfo de María, nuestra Reina y nuestra Madre.

15.  Podéis alegraros de las glorias de María en el corazón santísimo de Jesús y amarla por medio de este divino corazón.

16. Alegraos con María, gozaos íntimamente al ver que todas sus penas, todos sus sufrimientos, se han terminado.

17.  Quien más quiere complacer a María, más debe humillarse, porque María fue la más humilde de todas las criaturas.

18.  Meditad a menudo los dolores de nuestra divina Madre, dolores inseparables a los de su divino Hijo.

19. Si vais al Crucifijo, encontraréis a la Madre, porque donde está la Madre también está el Hijo.

20.  Unid los dolores de Jesús a los de María y sumergiéndoos en estos sufrimientos haceos una unidad entre el dolor y el amor, y entre el amor y el dolor.

21.   ¡Oh, tiernísima Madre, María, cuál sería vuestro dolor viéndose privada de vuestro querido Hijo, y después, viéndolo sin vida en vuestros brazos!

22. ¡Ah, cuál no sería la tristeza de María cuando volvió a Betania después de la sepultura de su Hijo!

23. Si María Dolorosa no muere es de milagro. Ella está toda inmersa en los padecimientos de Jesús. ¡Imitadla!

24.  Dejaos inundar del océano de los sufrimientos de Jesús y de María. Permaneced a los pies de la cruz.

25. Rogad a María que bañe vuestro corazón con sus lágrimas dolorosas, con el fin de que tengáis un continuo recuerdo de la Pasión de Jesús y de sus penas maternales.

26. Rogad a la santísima Virgen María que os dé la perseverancia en el Santo Amor de Dios, la fuerza y la resignación en los sufrimientos.

27.  Cuando el demonio os persiga, no temáis, tened confianza en Dios y en la Santísima Virgen.

28.  ¡Ah, tierna madre María, habéis sido presa del dolor! Y ¿No habrá ninguno que compadezca vuestras penas?

29. Elegid a vuestra gran protectora, la Virgen Dolorosa, y no dejéis de recurrir a su ayuda maternal.

30.  Quisiera rebajarme a causa de los dolores de María para merecer entrar un día en su dulcísima compañía.

31. Volad en espíritu al corazón dolorido de Jesús y encerraos por dentro con la llave de oro del Divino Amor, confiando esta llave al corazón purísimo de María.

JUNIO

1.        Para conservar y alimentar el Amor  de  Dios  frecuentad  los  sacramentos: la confesión y la comunión.

2.        No  os  acerquéis  al  santo  altar más  que  para  inflamar  y  cada  vez más quemar vuestra alma con el fuego del divino amor.

3.        Preparaos  convenientemente  a la santa comunión; recordad que se trata del acto más santo que es posible hacer.

4.        Nuestro  buen  Jesús  no  ha  podido hacer otra cosa que dársenos a sí mismo en alimento a nuestra alma: amemos  pues  a  nuestro  tiernísimo amante.

5.        Tened una gran devoción al Santísimo   Sacramento,   no   perdáis   la ocasión de visitarlo con vuestro pobre corazón en todas las Iglesias.

6.        La mariposa revolotea en torno a la llama y se quema; así también el alma gira alrededor de la luz divina de la Eucaristía y se quema hasta ser reducida a cenizas.

7.        La Misa es el momento más apropiado para invocar al Eterno Padre, porque se le ofrece a su Divino Hijo encarnado y muerto por nuestra salvación.

8.        Volad en espíritu al corazón de Jesús Eucaristía, y allí, derretíos de dolor por las irreverencias que recibe de parte de los malos cristianos.

9.        Para reparar tantos ultrajes hechos a Jesús Eucaristía, el alma amante debe amarlo, loarlo y visitarlo a menudo por aquéllos que le ofenden.

10.   La santa comunión es el medio más eficaz que se puede encontrar para unirse a Dios.

11. Estad siempre preparados para la sagrada mesa, teniendo el corazón puro, y custodiad atentamente la lengua, porque ella es la primera en tocar la santa Hostia.

12. Obrad de modo que vuestro corazón sea un vivo tabernáculo de Jesús sacramentado, él quiere estar en compañía del amor. Amad a Dios y a los hermanos.

13.  En los días en que comulgáis, visitad con frecuencia a Jesús sacramentado y ofrecedle todas las adoraciones, los afectos y las acciones de gracias que el amor os inspire.

14.   Cuando comulguéis tratad de hacer vuestra preparación y vuestra acción de gracias con fervor.

15. Escuchad todos los días con mucha atención, la santa Misa y si podéis, varias.

16.  Visitad a menudo el Santísimo Sacramento, en el cual se encuentra la verdadera vida; si estáis impedidos visitadlo espiritualmente.

17.  El Santísimo Sacramento es el alimento de los débiles. Él fortalece al alma y también al cuerpo cuando se recibe con las debidas disposiciones.

18.  La verdadera preparación a la santa comunión es una fe viva y una profunda humildad, de la cual nace un conocimiento profundo de Dios y de nuestra nada.

19. Quiera el cielo que se reavive, en nuestra comunidad cristiana, el fervor eucarístico de la Iglesia primitiva.

20. Quién me diera alas de paloma para remontar el vuelo hacia el Divino Corazón de Jesús.

21.  Deseo que vuestro corazón se consuma cada vez más en holocausto al Sumo Bien en el templo santísimo del Sagrado Corazón de Jesús.

22. En el corazón de Jesús se compadecen sus dolores y el alma se sumerge en el baño sagrado de su Sangre, que tiene la virtud de embriagarte de amor.

23. Oh, Jesús, mi Sumo Bien, cuando fuiste flagelado, ¡cuáles eran los sentimientos de tu corazón!

24. Oh, Jesús, mi Sumo Bien, cuando fuiste coronado con dolorosas espinas y humillado con escarnios, ¡cuáles eran los sentimientos de tu sacratísimo corazón!

25. Entre a menudo en el corazón de Jesús; pero haceos pequeños, y quemaos después, abrasados por amor.

26. Escondeos como niños en pura fe y santo amor, en la herida del Sagrado Costado de Jesús.

27. Cuando seáis tentados, refugiaos en el calvario y entrad en el corazón purísimo de Jesús.

28. Permaneced escondidos lo más que podáis, encerrados, sepultados en el gran santuario del corazón de Jesús.

29. Reposad en paz sobre la cruz, o mejor, dormid un sueño de fe y de amor en el corazón de Jesús crucificado.

30. Corazón amantísimo de mi amado Jesús que probaste en toda tu vida tantas angustias, ¿cómo no debo yo soportar mis penas por tu amor?

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JULIO

1. Posad vuestro espíritu en el seno de vuestro Padre celestial.

2. Poned atención en no dormirse en la práctica de la virtud.

3.  Ejercítate mucho en el conocimiento de tu propia nada, para después dejar desaparecer esta nada en el inmenso todo que es Dios.

4.        Seamos generosos, sirvamos con corazón grande al Señor, practiquemos las virtudes grandes. Dios es nuestra fuerza y nos dará la victoria.

5.        Dejad vuestra alma en santa libertad, con el fin de estar en grado de recibir las impresiones divinas como a Dios le agrada.

6.        Quisiera que vuestra caridad fuese tan ardiente que inflamara a todos aquellos que se acercan a nosotros.

7.    Si queremos que nuestros corazones se inflamen en amor, es necesario que los dejemos purificar por las tentaciones, por las penas y por las tribulaciones.

8.    ¡Cuán feliz es el alma que se desprende de todo placer, de todo sentimiento y de todo juicio!

9.    Las aversiones, las contrariedades, las humillaciones se deben recibir con extremo agradecimiento a Dios.

10.  Una de las pruebas más claras de que se ama verdaderamente a Dios, es buscar conocer y hacer su voluntad.

11. Si Dios quiere despojarnos con privaciones y tribulaciones, dejadlo obrar, mientras tanto no descuidar la práctica de la virtud en la santa presencia del Señor.

12. Abandonaos en Dios, confiad en Él, despojaos de todo y Dios os vestirá a su modo.

13. Dejad que el alma se eleve libremente hacia el Sumo Bien, según las mociones del Divino Espíritu.

14. La mariposa da vueltas en torno a la llama y termina por quemarse; Así también si vuestra alma gira alrededor de la luz divina, se adentra, antes bien, se convierte en ceniza.

15.   La perfección de la oración consiste en una verdadera, pura y simplicísima desnudez y pobreza de espíritu, desprendido de toda consolación sensible.

16. Permaneced todo abismados en Dios, dejad caer vuestro pobre espíritu, como una gota de agua en aquel océano inmenso de caridad.

17. Perded de vista el cielo, la tierra, el mar y todo lo creado, y dejad que esta pobre gota de espíritu que Dios os ha dado se pierda en su origen, que es Dios infinitamente grande e infinitamente bueno

18. Huid de vosotros mismos y perdeos en Dios. Huid del tiempo y perdeos en la eternidad.

19. Despojaos de todos vuestros dones, porque nosotros los enlodamos con nuestras imperfecciones; haceos un sacrificio de alabanza, de honor y de bendición al Altísimo.

20.  Tratad de vivir despojados de todo consuelo sensible, sea interno como externo, para no caer en el vicio de la gula espiritual.

21.  Jesús oró tres horas sobre la cruz, fue una oración verdaderamente crucificada, sin consuelo interior ni exterior. ¡Oh, Dios, qué gran enseñanza! Rogad a Jesús que la imprima en vuestro corazón.

22. No debéis prestar demasiada atención a los favores espirituales. Procurad, más bien, la fuente divina de la cual derivan los arroyos. Los arroyos son buenos porque emanan de la fuente, pero la fuente en mejor.

23.   Abismaos y perdeos cada vez más en Dios con un amor puro y libre de toda propiedad, sin prestar atención a los consuelos sensibles.

24.  El alma no debe descansar en los dones sino en el donador.

25.  Los dones de Dios dejan en el alma humilde un gran conocimiento de la propia nada, amor a los desprecios y el fervor por todo ejercicio de virtudes.

26. En el jardín de la oración no es necesario divertirse con las hojas de los sentimientos y los consuelos sensibles; es necesario, más bien, recoger los frutos de la imitación de las virtudes de Cristo.

27.  Estad tranquilos en el corazón amantísimo de Jesús; no perdáis la paz, aunque tiemble el mundo.

28. Tened cuidado en mantener siempre la tranquilidad del corazón, porque Satanás pesca en aguas turbias.

29. Humillaos delante de Dios reavivando dulcemente la fe; escondeos del todo en Él.

30. Cuando seáis tentados de escrúpulos, decid: sí Jesús mío, yo espero que me hayas perdonado.

31. Custodiad vuestro espíritu libre de todo fantasma, desprendido de todas las criaturas, con el fin de que esté en grado de unirse más al Soberano Bien, con ferviente voluntad.

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AGOSTO

1.   Orad 24 horas al día; quiero decir, hacedlo todo con el corazón y el espíritu elevados a Dios.

2.   Cuidad el silencio como una llave de oro que custodia el gran tesoro de las otras virtudes que Dios ha puesto en vosotros.

3.   Atended a vuestros deberes y estad al mismo tiempo atentos a Dios, sumergiendo a menudo vuestro corazón  en  el  océano  inmenso  de  di vino amor.

4.   Los  dones  de  Dios  dan  un  gran conocimiento de su infinita Majestad y un gran conocimiento de la propia nada, tanto como para que el alma se abajara, por así decirlo, hasta ponerse bajo los pies de los demonios.

5. Los dones de Dios producen gran desprendimiento  de  todas  las  cosas y un gran amor por las cruces y los sufrimientos.

6.    Es necesario temer a la terrible bestia del amor propio; es una serpiente de siete cabezas que se mete en todo.

7.    El amor de Dios es celoso; para arruinarlo todo basta un granito de afecto desordenado a las criaturas.

8.    Leed en la frente de los pobres: todos llevan impreso el nombre de Jesucristo.

9.    Ánimo, pobres de Cristo, porque el paraíso es para los pobres.

10.  Los avisos dados con dulzura curan todas las heridas; dados con aspereza abren diez heridas.

11. Llenaos cada vez más de fe, de confianza, de humildad de corazón y no temáis nada.

12. No os dejéis jamás asustar por el demonio, estaos escondidos en Dios y nada podrá haceros daño.

13. Tened muy en cuenta las penas interiores y exteriores; es por medio de éstas que florece el pequeño jardín de Jesús, a causa de las virtudes que nos hacen practicar.

14.  Quien no ha sufrido y vencido una gran tentación no es digno de la divina contemplación.

15. Alegrémonos de ver a María elevada sobre los coros de los ángeles y colocada a la derecha de su divino Hijo.

16.   Las enfermedades largas son gracias grandes que Dios hace a las almas que más ama.

17. El alma es una semilla que Dios siembra en el gran campo que es la Iglesia; para que dé fruto es necesario que esta semilla misteriosa muera a fuerza de penas, dolores, de contrariedades y de persecuciones.

18.  Cuando os sintáis agitados por las pasiones, o por la cólera, entonces es el momento de callar. Jesús callaba en medio de sus penas. ¡Oh, sacrosanto silencio, rico de toda virtud!

19.  La enfermedad es una gracia grande de Dios. Ella nos enseña lo que somos. En ella se reconoce la paciencia, la humildad y la mortificación.

20. Si os lamentáis de vuestras cruces, de vuestros sufrimientos, no sabéis qué cosa es sufrir.

21. El puro amor de Dios hace parecer ligero y de poca importancia lo que se sufre por el Divino Amante.

22. Creedme: Si os parece que sufrís mucho, es signo de que amáis poco, muy poco, al Señor.

23.  El verdadero signo del Divino Amor es sufrir grandes cosas por el Amado Bien y creer que no se sufre nada.

24. Os ruego dejar ver lo menos posible vuestro tesoro. Comprendéis de cuál tesoro hablo, el tesoro de vuestros preciosos sufrimientos.

25. La perla de la virtud se forma en el fondo del mar del sufrimiento y en el seno del conocimiento de nuestra propia nada.

26. Poned en práctica estas preciosas palabras: Padecer y callar, ésta es una regla y un camino corto, para llegar a ser santo y perfecto en poco tiempo.

27. La santa virginidad se embellece y se hace más agradable a Dios en medio de las espinas, de las luchas, y de tentaciones horribles.

28. Ofreced con frecuencia vuestra voluntad a Dios y sentiréis un gran consuelo.

29.  Nuestro dulcísimo Jesús se deja vestir y despojar de sus vestidos, a su antojo. ¡Oh, dulce mansedumbre del Salvador! Tratad de imitarlo.

30.Amad el ver rotos todos vuestros propios proyectos, aunque sean muy buenos. Vendrá el tiempo en que el Señor os los hará realizar en manera perfecta.

31. Leed cada día un libro de piedad; huid, como huiríais del demonio, de las malas compañías.

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SEPTIEMBRE

1.        Oh, alma mía, estás muy lejos de  la  santidad,  como  la  tierra  de cielo.

2.        Me tendría por un réprobo o un dañado, si tuviese   tan sólo un pensamiento de orgullo.

3.        Un pecador tan grande como yo ¿de qué se enorgullece? Dios me tiene abierto ante mis ojos un gran libro, el conocimiento de mis propios pecados.

4.        Si me creyese necesario en este Si me creyese necesario en este mundo, estaría equivocado. El Señor no tiene necesidad de ninguno.

5.        Sed humildes, un granito de soberbia basta para arruinar una montaña de santidad.

6.        Dios se complace de quienes son humildes  y  se  hacen  pequeños;  los tiene escondidos en su divino pecho.

7.        La humildad y el desprecio de sí mismo, evitan las ilusiones.

8.        No hay por qué temer a la ilusión cuando se permanece y se avanza en el conocimiento de la propia nada.

9.        Mientras más se escave más se encuentra la horrible nada. Después se debe hacer desaparecer en el Divino Todo. Una N y una T, estas dos letras encierran una sublime perfección.

10.   La oración que humilla el alma, la inflama de amor, la lleva a la virtud y a la paciencia, no está de hecho, sujeta a la ilusión.

11.   Huid como de la peste de los consuelos que adulan, que inspiran vanidad y altos sentimientos de sí mismo; ellos, en efecto, vienen del demonio.

12.   El medio más eficaz para huir de las ilusiones es la verdadera y profunda humildad, el anonadamiento y el desprecio de sí.

13.  Los verdaderos consuelos y las luces divinas vienen siempre acompañadas de profunda humildad, de un tal conocimiento de sí mismo y de la majestad divina que el alma no tendría reparos para lanzarse a los pies de todos.

14.   Permanezcamos en nuestra nada y no nos ensalcemos hasta que Dios quiera elevarnos.

15.   Cuando Dios quiere elevar a un alma, ¡oh, qué dulce violencia le hace! Digo dulce, pero es tan fuerte que el alma no la puede resistir.

16. Permaneced en el estudio y mediación de vuestra nada, de vuestros pecados, de vuestras miserias, todo cuanto podáis; dejando vuestra alma en libertad para seguir los atractivos amorosos del Espíritu Santo.

17. Cuando os parezca gozar en las penas y en los desprecios, no hagáis caso, pues el demonio podría tentaros de vanidad.

18. Es mejor no hacer caso del propio juicio ni de las propias impresiones; es necesario temer y vigilar, buscando hacer sólo la voluntad de Dios.

19.El mundo está lleno de trampas, sólo los humildes las evitan.

20.  No os fiéis jamás de vosotros mismos así os parezca que vuestra oración produce buenos frutos.

21. Hacer el bien y estar persuadidos de que no se hace nada bueno, es signo de gran humildad, pero es tan sólo uno de los primeros grados de humildad.

22. Quien se conoce a fondo y conoce a Dios, es el verdadero humilde de corazón.

23. Quien se hace el más pequeño será el más grande: quien más se anonada más será exaltado y enriquecido.

24.  ¿Sabéis que hace Dios? Cuanto más nos humillamos en su presencia, más nos enriquece con su divina gracia.

25.  Cuando en la oración nos encontremos áridos, desolados y abandonados, conviene humillarse mucho delante de Dios y reconocer los propios pecados.

26. Pedid con humildad la ayuda y el socorro de la Divina Bondad para ofrecer con humilde resignación lo que Dios quiera enviarnos o permitirnos de contradictorio y doloroso.

27.  No hagáis caso de los honores, estimad en mucho la santa humildad.

28.  He aquí, la vía breve para ser revestidos de nuevos y maravillosos dones: Mirad con ojos de fe vuestra nada y como asustados por esta visión escondeos en el abismo de la Divina Misericordia.

29.  En la escuela de la divina sabiduría, quien se hace el más ignorante es el más sabio. Allí se comprende sin entender, por así decirlo, porque no sé explicarme de otra manera.

30. ¡Oh, santa ignorancia!, que haces perder de vista toda la sabiduría y la grandeza de este mundo, para aprender en la escuela del Espíritu Santo la ciencia y la sabiduría de los santos.

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OCTUBRE

1.   La  verdadera  vía de  la  santidad  es  caminar  siempre  en  espíritu de fe, abandonado en las manos de Dios, como un niño en el seno de la madre.

2.   Quien quiere ser santo debe hacerlo en modo que no haya en él ninguna cosa que no sea puramente de Dios.

3.   Realizad todas vuestras acciones por amor de Dios, y unidlas a las de Jesucristo, que es nuestro camino, verdad y vida.

4.   El corazón de los verdaderos siervos de Dios debe ser como un altar, en el cual se ofrece todo el día el oro de un ardiente amor, el incienso de una continua y humilde oración y la mirra de una incesante mortificación.

5.    Quien se eleva a Dios con gran confianza y humildad de corazón, aunque sea pobre y miserable, llega a ser, entre las manos de Dios un instrumento capaz de hacer grandes cosas.

6.    ¡Feliz el alma que se desprende de su propio sentimiento, de su propia voluntad y de su propio espíritu!

7.    Es necesario seguir la voluntad de Dios con prontitud, apenas sea conocida.

8.    Es necesario conformarse a la voluntad de Dios, lo mismo que la cera que acercada al fuego, toma la forma que se le quiere dar.

9.    Cualquier cosa que os suceda, no os debe preocupar; al contrario, con calma y dulzura decid: ¡Hágase la voluntad de Dios!

10.En las contrariedades es necesario decir: dejemos obrar a Dios; sea siempre bendito el Señor; lo que Él quiere lo quiero también yo, en el tiempo y en la eternidad.

11.  En los sufrimientos, en las desgracias, en las tribulaciones, es necesario humillarse y bajar la cabeza.

12.   Quien quiere prepararse a la santa oración y conservar sus frutos, debe mantenerse necesariamente en la presencia de Dios.

13.   Quien no puede orar mucho porque se halla impedido de los deberes de su estado, no se debe turbar, sino que se aplique a cumplir los deberes con exactitud y pureza de intención.

14.   Tened un corazón compasivo hacia los pobres y socorrerlos con amor en todo cuanto podáis.

15. Si no tenéis posibilidad de socorrer a vuestro prójimo, recomendadlo con fervor a Dios, cuyo imperio se extiende sobre todas las criaturas.

16. Cuando se considera a la luz de la fe y en el corazón del divino Redentor cuán preciosas son las almas, no se ahorrarán trabajos, fatigas y peligros, para socorrerlos y ayudarles en sus necesidades espirituales.

17.  La nobleza de las personas no debe impedirnos el advertirles con caridad y con sabia discreción.

18. Cuando se trata de obedecer es necesario bajar la cabeza.

19.  Abandonaos totalmente en las manos de vuestros superiores, que ellos puedan hacen con vosotros todo lo que quieran, para no ir en contra de la voluntad de Dios.

20.Tened deseos de que se os rompa vuestra voluntad en toda cosa, como el ciervo sediento ante la fuente de agua.

21.  Tened por perdida aquella jornada en la cual no habéis negado la propia voluntad, sometiéndola a alguno.

22. Mientras más seáis obedientes más estaréis en calma, tranquilos e indiferentes en cualquier oficio que os sea asignado.

23.  El cristiano obediente se hace cada vez más capaz de ayudar con su oración a la santa Iglesia; Jesús, en efecto, escucha la oración de aquellos que son obedientes.

24. ¡Oh, qué felicidad se encuentra en la vida comunitaria! Un tesoro precioso está encerrado en la perfecta vida comunitaria.

25.  La pobreza, tan aborrecida por el mundo, es una rica perla que contiene todo bien delante de Dios.

26. ¡Oh, qué gran tesoro se adquiere permaneciendo en oración!

27. Para custodiar la santa pureza es necesario amarla mucho, desconfiar de sí mismo, no fiarse de ninguno, así se trate de parientes, o de personas íntimas y amigas.

28. La oración, la lectura de libros santos, la frecuencia de los sacramentos, y en particular la huida del ocio, son los custodios de la santa pureza.

29. Estimad las cosas de los otros y despreciad las vuestras, confiad en todos menos en vosotros mismos.

30.Dios ama a las almas pequeñas y les enseña la alta sabiduría que está escondida a los sabios y prudentes del mundo.

31.  Es necesario estar persuadidos de que no se tiene nada, que no se puede nada, que no se sabe nada.

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NOVIEMBRE

1.   Los santos han vencido al demonio; caminemos sobre sus huellas y llegaremos a ser santos también nosotros.

2.   Ayudad  con  todos  los  medios posibles  a  las  almas  del  purgatorio; con el fin de que pronto puedan ir a gozar de la visión beatífica.

3.   La gloria del paraíso no es dada por los placeres y los bienes que se han gozado sobre la tierra, sino por los  sufrimientos  y  las  penas  que  se han soportado.

4.   Cuando  os  arrojáis  en  espíritu bajo  los  pies  de  todas  las  criaturas, incluso bajo los pies de los demonios: esto es lo que más agrada al Señor.

5.   El alma que se abaja hasta el fondo  del  infierno  hace  estremecer  al demonio, y el Sumo Bien la exalta al paraíso.

6.   ¡Ah, pobre mundo! ¡Cuán enfermo estás! ¡Cuántos males han caído sobre ti! La fe se ha oscurecido, la piedad se ha enfriado y casi ha desaparecido. ¡Ay de mí!, ¡ay de mí! ¡Cuántos motivos hay para temer grandes castigos!

7.   No hagáis caso de las molestias y de las tentaciones que el demonio os causa en la santa oración.

8.   Humillaos mucho delante de Dios y abandonaos enteramente entre sus divinas manos con gran resignación a su santísima voluntad.

9.   Repetid vuestros mandamientos al demonio, ordenándole, en nombre de Jesucristo, que se aleje de vosotros.

10.   Las angustias y las luchas del espíritu purifican al alma como el oro es purificado por el fuego.

11. Las cruces y las penas mantienen el alma en humildad, hacen recurrir a menudo a Dios y practicar las más bellas virtudes cristianas, por las que el alma llega a ser querida por Dios y digna esposa del crucificado.

12.   Deseo mucho que vosotros améis la oración mental, el recogimiento interior, el desprendimiento de toda criatura, lo mismo que la práctica de todas las virtudes.

13.   Si tenemos nuestro corazón levantado a Dios, Él nos hará saltar sobre las montañas para que no desechemos de nuestro corazón sus santas y divinas inspiraciones.

14.  ¡Oh, qué corona tan grande se merece perseverando en el servicio de Dios en medio de tantas tribulaciones!

15.  ¡Sea siempre bendito el Señor que nos da la fuerza para sufrir, por su amor, toda suerte de penas!

16. Las obras de Dios han sido siempre combatidas con el fin de que resplandezca su Divina Magnificencia.

17. En esto consiste el punto principal de la vida devota: desprecio de sí y unión perfecta a la divina voluntad.

18.  Huid como de la peste de las confidencias con personas de otro sexo aunque sean devotas y santas; huid, porque aquí hay grandes peligros.

19.  Tened miedo de vosotros mismos; no os fiéis. Quien confía en sí mismo está ya caído.

20.El humilde no se fía de sí mismo; desconfía mucho de sí y pone toda su confianza en Dios.

21. Mirad vuestra nada y la maldad que hay en vosotros, raíz común a todos los hijos de Adán. Mirad ésta raíz como la capacidad de producir el más pestilente árbol de iniquidad.

22. Temeos a vosotros mismos; no os fiéis de vosotros; confiad en Dios, custodiad vuestros sentidos externos y huid del ocio.

23. Las disposiciones más próximas para la santa oración son: gran abstracción de todo lo que no es Dios, el perfecto despojo de todo lo sensible y mantenerse en la soledad interior.

24.  Guardaos de la curiosidad sutil del espíritu que quiere secretamente comprender lo que sucede en el reino interior del alma.

25. Si quieres estar seguro, entra en la divina soledad por la puerta que es Jesucristo y su Pasión santísima.

26.  Dejad reposar vuestra alma en Dios con una dulce atención amorosa, en un sagrado silencio de fe y de amor.

27. Sed fidelísimos a Dios, desprendidos de todo, aún de las conferencias espirituales, que deben ser breves.

28. Si queréis ser siervos de Dios, es necesario que seáis mudos, sordos, ciegos y muertos a todo lo que no es Dios.

29.  No es necesario justificarse jamás, ni lamentarse jamás, y a imitación de Jesucristo, mantenerse en un paciente, dulce y pacífico silencio interior y exterior, de otro modo no se hace nada. Poned mucho cuidado en todo esto.

30.  Es necesario dejar de decir, y estar mudo, ciego, sordo, es decir, padecer y callar, gozando de ser despreciado y tenido en nada.

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DICIEMBRE

1.   No os apoyéis sobre los gustos sensibles. Apoyaos sólo en Dios y en su santísima voluntad.

2.   Permaneced escondidos a todos, no  confiéis  en  vosotros  mismos,  y permaneced llenos de confianza en Dios.

3.   La fiesta de la santa cruz puede ser celebrada en todo momento en el santuario interior de los amantes del crucificado.

4.   ¿Sabéis cómo se celebra la fiesta de la santa cruz? Se celebra espiritualmente, padeciendo silenciosamente, sin apoyarse en criatura alguna.

5.   La fiesta de la Cruz ha sido siempre un banquete espiritual; se nutre de la divina voluntad según el ejemplo del amor crucificado.

6.   El pan de la divina voluntad es concedido de diversos modos: unas veces con penas de cuerpo y espíritu, otras con las contradicciones, las calumnias y los desprecios de parte de las criaturas.

7.   No son los favores espirituales los que santifican, sino la humildad profunda, y la verdadera caridad, reina de las virtudes.

8.   Las desgracias de este mundo, cuando son tomadas de la mano amorosa de Dios y con resignación a su santísima voluntad, sirven para hacernos avanzar cada vez más en la vía de los divinos mandamientos.

9.   La resignación a la voluntad de Dios en las desgracias del mundo es un medio eficaz para obtener gracias aún temporales

10. En todo acontecimiento conviene resignarse a la santísima voluntad de Dios, con espíritu pronto para recibir del mismo modo la prosperidad o la adversidad.

11. La virtud bien practicada, sobre todo en los casos imprevistos, no engaña nunca.

12.  Sed fuertes y constantes en los asaltos de vuestros enemigos, sobre todo del mundo engañador, que busca arrancar vuestra alma de las manos de Dios.

13.  Tened gran ánimo y gran resignación; Quien es el más resignado es el más santo, porque la verdadera resignación encierra la caridad perfecta.

14.  Preparad vuestro corazón con el fin de que el Divino Verbo hecho carne pueda nacer en él de modo espiritual.

15.  Feliz el alma que, bien purificada de los vicios, desprendida de toda cosa creada y en una profunda negación de sí, se mantiene en una santa y divina soledad. Ella renace en cada instante en el Divino Verbo a una vida nueva de santo amor, a una vida divina.

16. Pedid al Divino Niño que enriquezca cada vez más vuestra alma de dones y gracias celestiales.

17.  Contemplad el sublime misterio de la encarnación, misterio de caridad infinita y dejad que vuestra alma se sumerja y se abisme con toda libertad en ese océano infinito de todo bien.

18. Haced compañía al Divino Niño Jesús. ¡Qué maravilla! Ver a Dios hecho un niño pequeño.

19. Desead y pedid que entre Jesús, y en vuestra alma se haga pronto una gran alianza de amor.

20.  Recordad la huida de Jesús a Egipto con todos sus contratiempos y sufrimientos.

21. ¡Qué maravilla! ¡Ver a Dios envuelto en pobres pañales! Un Dios que yace en un puñado de paja entre dos animales.

22.  Que el dulcísimo niño Jesús, nacido en una humilde pesebrera, enriquezca vuestra alma con la plenitud de toda gracia y bendiciones celestiales.

23. Alegraos en la gran solemnidad de Navidad, porque el Divino Niño Jesús os invita al perdón en un exceso de amor.

24.  Después de que el Divino Niño Jesús nazca en esta suavísima solemnidad, hagámonos pequeños como Él, escondiéndonos en nuestra nada.

25.  Escondeos cada vez más profundamente en vuestra nada; sed humildes y sencillos como un niño si queréis ser verdaderos imitadores del Divino Niño Jesús.

26. Imitad al Divino Niño Jesús que se abandonaba del todo a los cuidados de su divina Madre, la santísima Virgen María.

27.  Es con la santa virtud como os disponéis a ser admitidos en la sagrada choza donde Jesús ha nacido, y allí calentar con el fuego de vuestros afectos al Divino Niño que tiembla de frío.

28. Considerad las incomodidades, el frío, la pobreza del lugar, la falta de lo necesario en que se encontraron Jesús, la santísima Virgen y san José.

29.  Poned vuestro corazón como pañal sagrado del dulcísimo Niño Jesús con el fin de que él lo reavive, lo anime y lo santifique, de modo que haga grandes cosas por el reino de Dios.

30. Poned vuestro corazón en el pecho amoroso del Divino Niño Jesús.

31. Pedid al Divino Niño que queme con su amor vuestro corazón y lo transforme en su santo Amor.

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Puntos clave de la espiritualidad de san Pablo de la Cruz

 1. Abandonarse en Dios.

La perfección más grande de un alma consiste en un verdadero y total abandono en las manos del Sumo Bien. Este abandono conlleva una perfecta resignación a la voluntad divina en todo lo que acontece.

Humillaos mucho cuando creáis recibir cualquier gracia delante de Dios. Muchas veces nos parece que cualquier gracia nos es concedida por nuestra oración, siendo otros los siervos de Dios que oran. ¡Oh, cuántos que parecían fuertes como los cedros del Líbano han caído! Un granito de orgullo puede hacer caer una montaña de santidad; por eso debéis manteneros escondidos a todos y retirados en el purísimo corazón de Jesús. Allí estaréis libres de todo mal.

No os turbéis por la aridez que probáis en la oración y por la distracción, aunque sea involuntaria. Es así como Dios purifica el corazón, con el fin de que esté dispuesto a unirse cada vez más perfectamente al Sumo Bien. En estas ocasiones reavivad dulcemente la fe; imaginaos estar en el calvario y dirigid todos vuestros pensamientos y miradas de amor a Jesús crucificado.

2. Con la oración

Es cosa excelente y santísima pensar en la Pasión del Salvador y meditarla. Éste es el medio para llegar a la unión con Dios, pero es necesario hacer notar que el alma no puede hacerlo siempre como al principio, por esto es necesario secundar los impulsos del Espíritu Santo y dejarse guiar según su querer.

Si no podéis meditar otra cosa que en la santísima vida, pasión y muerte del Salvador, continuad con las bendiciones del Señor, porque es en esta santa escuela donde se aprende la sabiduría verdadera y es aquí donde los santos se han instruido. Sucede muchas veces que nos encontramos en tal estado del espíritu que parece que no se puede hacer absolutamente nada. No se puede meditar, se tiene una gran obscuridad de espíritu, con tantas distracciones y con tales disgustos que dan ganas de salir corriendo. He aquí la manera de tranquilizarse en estas ocasiones. Os habéis propuesto meditar, por ejemplo, la dolorosa flagelación de Jesús, probáis una total disipación de espíritu que no sabéis cómo hacer para meditar. Poneos dulcemente en la presencia de Dios; reavivad dulcemente la fe sin esfuerzos de cabeza ni de pecho, creyendo firmemente que el Dios que amáis está todo dentro de vosotros, fuera de vosotros, en vuestro corazón, en vuestra alma, en vuestro cuerpo, por todas partes; y así abismado en el inmenso mar de su amor, bien escondido, con gran fe y reverencia, hablar en espíritu con vuestro Dios del sujeto de la meditación. Por ejemplo: ¡Ah, mi dulce Señor, amado mío! ¡Qué desgarro no habéis probado en vuestra flagelación! ¿Y por qué permanece tan insensible mi corazón?

Este coloquio se debe hacer con suavidad de espíritu, y si sentís que el corazón se llena de compasión, de paz y de otros sentimientos que Dios da, permaneced así todo recogido en Dios como una abeja sobre la flor, y libad la miel del santo amor en devoto silencio.

3. Estando sobre la cruz

Me alegro que el Señor os desprenda de toda satisfacción para enseñaros a servirlo con mayor pureza de intención. ¡Oh, qué gran bien es permanecer sobre la cruz con Jesús sin verlo ni gozarlo! Ésta es la vía breve para llegar a la feliz muerte a todo lo creado, para unirse con toda su pureza al Bien increado e inmenso. Cuando el alma se encuentra en este estado de privación se debe reavivar dulcemente la fe en la divina presencia y mantenerse abandonado en Dios, en este océano de amor, sin buscar el propio placer sino el querer de Dios. Sobre todo quiero que en vuestras comuniones no busquéis sentir un cierto sabor dulce al paladar. ¡Oh, con cuantas ilusiones podéis encontraros! El gusto de Jesús Eucaristía no se siente con la boca material, sino con el paladar de la fe y del alma. El verdadero modo de gustar a Jesús es el de abismarse todo en él, transformándose en él por amor, tanto como quedarse del todo divinizados. Éste trabajo el dulce Salvador lo realiza en nosotros, pero es necesaria también nuestra colaboración, con el ejercicio de las santas virtudes.

Respecto a los males del cuerpo, abandonaos enteramente a la obediencia al médico; decidle fielmente vuestras indisposiciones en términos modestos. No rechacéis las medicinas, tomadlas en el cáliz amoroso de Jesús, con rostro sereno y dulce. Tened reconocimiento con quien os cura, sed condescendientes en tomar lo que se os da como remedio; en fin, sed como un niño que se abandona del todo en los brazos y el seno de su padre. Permaneced sobre el lecho como sobre la cruz.

¡Oh, qué bellas virtudes se pueden practicar en la enfermedad! Sobre todo el amor a la propia abyección, el agradecimiento, la dulzura de corazón hacia los que os sirven; una total sumisión a los médicos y a los enfermeros, siempre con una cara agradable. Vivid reposando en el corazón dulcísimo del Sumo Bien.

Felices aquéllos que permanecen de buena gana crucificados con Jesús. ¿Qué quiero decir? Felices los que son fieles en sufrir toda pena por amor de Jesús. ¡Oh, qué gran tesoro se adquiere permaneciendo en oración árida y desolada! Es preciso sufrir las pruebas que nos vienen de Dios. Infelices los que en la prueba, abandonan el camino iniciado, porque caerán luego en la iniquidad.

4. Para conformarse a la Divina Voluntad

La tentación contra la fe es la menos peligrosa y trae grandes bienes al alma que es fiel en combatirla. Las otras tentaciones, si somos fieles en combatirlas, hacen un gran bien; nos humillan, nos instruyen, nos purifican como el oro en el fuego. Sed muy humildes, pero con la humildad verdadera del corazón que hace al alma amiga del propio menosprecio y sometida a todos.

La virtud más agradable a Dios es la resignación a su divina voluntad. Muy a menudo el Señor nos da el deseo de hacer grandes cosas, pero no quiere que seamos nosotros los que las hagamos. Sucede con frecuencia también que pedimos una gracia a Dios, y Dios nos la concede de otra manera, porque ésta contribuye mejor a nuestro mayor bien. Las tentaciones se vencen con humidad y el santo temor de Dios. El demonio tiene miedo de los humildes que desconfían de sí, les teme y les huye.

En las tentaciones retiraos al calvario y refugiaos en el costado purísimo de Jesús, y después reíros del demonio. Sobre todo no dejéis jamás la oración, aún cuando tengáis que sufrir las penas del infierno. Realizad vuestros quehaceres con pureza de intención por amor a Dios, y dejad gritar al demonio cuanto quiera.

El modo mejor para huir de las ilusiones es humillarse mucho, desconfiar de sí, conocer la propia nada, anonadarse delante de Dios y abandonarse con confianza filial en sus manos divinas. No os preocupéis de vuestras penas, sean grandes o pequeñas, no lo deseéis tampoco, más bien, amad en ellas la divina voluntad, sin hacer otras reflexiones.

5. Como Jesús

Como el querido Jesús ha querido que su santísima vida sobre la tierra, transcurriera en medio de penas, fatigas, esfuerzos, angustias, desprecios, calumnias, dolores, flagelos, clavos y espinas hasta la amarguísima muerte en cruz, igualmente los que se acercan a él deben conducir su vida en medio de las penas. ¡Pero, oh, gran Dios! ¡Qué será de nuestro corazón cuando nademos en aquel mar inmenso de dulzura! ¡Qué será cuando todos allá arriba en el cielo estemos todo transformados en Dios, por amor, y recibamos en premio aquel bien infinito que es la recompensa de nuestro Dios! ¡Qué será cuando cantemos por toda la eternidad las divinas misericordias, los triunfos del Cordero Inmaculado y de nuestra Madre la santísima Virgen María! ¡Qué será cuando cantemos si cesar aquel eterno trisagio: Santo, santo, santo! ¡Cuando con los santos cantemos el dulcísimo aleluya del cielo! ¡Qué será de nuestros corazones y de nuestro espíritu cuando estemos más unidos a Dios que el fuego al hierro incandescente, que sin dejar de ser hierro, parece todo fuego! Amemos pues a Dios, hagámonos muy pequeños y Dios nos hará grandes.

 

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De la vida del Santo a una vida santa

San Pablo de la Cruz nace en Ovada (Italia) el 3 de enero de 1694.

Educado en una familia cristiana crece con un carácter fuerte y con ideales grandes. Supo orientar su vida con opciones osadas y anticonformistas.

Rechazado un fututo prometedor que le era ofrecido por la familia, en1720, viste un hábito negro e inicia una vida de oración y de penitencia en la soledad del Monte Argentaro.

Ordenado sacerdote en 1727 emprende una intensísima actividad misionera.

En 1737, en el Monte Argentaro, fundó el primer convento. Y en 1741,

Benedicto XVI aprobó la Congregación Pasionista.

Como fundador promueve el crecimiento del Instituto con caridad, sabiduría y claridad de visión. En 1771 en Tarquinia (Italia) abre el primer monasterio de monjas pasionistas, que solía llamar “Las palomas del Calvario”.

Muere en Roma el 18 de octubre de 1775, en la casa de los santos Juan y Pablo, la cual llega a ser la casa central de la Congregación.

El 29 de junio de 1867, Pio IX lo declaró santo.

San Pablo de la Cruz es el santo de la Pasión de Jesucristo. El crucifijo fue el secreto de su vida de místico y de apóstol, y la idea inspiradora de su congregación. A los Pasionistas, sus hijos, ha confiado el compromiso de prolongar por los siglos su espíritu y su mensaje.

 

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La vocación Pasionista

San Pablo de la Cruz reunió compañeros para que vivieran juntos y anunciaran el Evangelio de Cristo.

Pone como fundamento de su vida y de su apostolado la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Él, discerniendo los males de su tiempo, descubrió y proclamó que el remedio está en la Pasión de Jesucristo, “la más grande y estupenda obra de Amor Divino”.

El pueblo los llamó “Pasionistas”. Para la Iglesia, que aprobó su Regla de vida, ellos forman la “Congregación de la Pasión de Jesucristo”.

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Los Pasionistas fieles al carisma del fundador:

1. Viven y trabajan en comunidades fraternas, cultivando el espíritu de oración, de soledad y de pobreza, para poder conseguir una más íntima unión de caridad con Dios y ser testigos de su amor.

2.    Siguen a Cristo crucificado haciendo del Evangelio la Regla de su vida y la fuente perenne de su apostolado.

 3.    Expresan la consagración a la Pasión del Señor con un voto especial: meditar y predicar la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

 4.    Llevan un hábito negro, y sobre el hábito un símbolo o “signo”: una cruz blanca grabada en un corazón, con la escritura JESU XPI PASSIO (Pasión de Jesucristo). Este símbolo recuerda a todos el mandato de san Pablo de la Cruz: “Nos dedicamos a hacer memoria de los sufrimientos de Jesús y a promover, en el corazón de los fieles, una verdadera devoción a la Pasión”.

 

 

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