Hacia la unión con Dios

¿Es pecaminoso tatuarse?

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 13, 2010

 

Algunos sacerdotes y consejeros espirituales instan a las personas a confesarse porque se hicieron un tatuaje pues, dicen, la Biblia lo prohíbe.

La cita bíblica que habla de los tatuajes es: Lv 19, 26-28:

“Ustedes no comerán nada que tenga sangre. No practicarán la magia ni la adivinación. No se cortarán el borde de la cabellera en forma de círculo, ni cortarás el borde de tu barba. No se harán incisiones en la carne a causa de los muertos, ni tampoco se harán tatuajes. Yo soy el Señor.»

En este lugar, Dios quiere corregir costumbres que enseñaban los pueblos vecinos —amonitas, idumeos, moabitas, etc.— al pueblo escogido por Dios: beber la sangre de animales ofrecidos a falsos dioses; querer adivinar lo venidero por el canto de las aves, el vuelo, la manera de comer, etc.; cortarse el cabello y la barba de determinada manera en obsequio de los ídolos; hacerse incisiones en el cuerpo para aplacar a los dioses infernales; grabarse la piel (tatuarse) con el ídolo al cual se consagraban…

Por otra parte, no es lo mismo leer el Antiguo Testamento (AT) que el Nuevo Testamento (NT). Nos lo enseñan los exégetas:

  • Todo lo valioso del AT está interiorizado en el NT: menos acciones externas y más conversión del corazón.
  • La Ley del AT fue establecida para el pueblo judío y para antes de la venida de Cristo; por lo tanto, ya no obliga a los que creen en Cristo. Esa Ley fue sustituida por la nueva Ley del amor del NT, que comprende y sobrepasa la antigua Ley.
  • Las enseñanzas y órdenes divinas que contiene la Escritura pueden ser temporales (para un momento determinado) o particulares (para ciertas personas o grupos de personas).

La Ley Nueva se condensa en el amor:

Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?”. Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas”. (Mt 22-34-40)

Acercóse uno de los escribas que les había oído y, viendo que les había respondido muy bien, le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le contestó: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.”  (Mc 12, 28-31);

Se levantó un legista y dijo, para ponerle a prueba: “Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?” Él le dijo: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?” Respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.”  (Lc 10, 25-28).

Cuando san Agustín lo descubrió experimentalmente gritó: “¡Ama y haz lo que quieras!”.

Faltar a este amor, es decir, dejar de cumplir los mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia, es lo único por lo que hay que confesarse.

Así lo entendieron los santos; y por eso muchos se tatuaron el nombre de Jesús en el pecho.

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