Hacia la unión con Dios

La paradoja de la vida

Posted by pablofranciscomaurino en enero 11, 2011

 

Los amigos de los ricos suelen no serlo de verdad: muchos están interesados en los beneficios económicos que pueden sacar de esa supuesta amistad. Lo mismo sucede con el poder y con la fama.

El dinero no es un don de Dios; es una prueba difícil de superar sin apegarse. Igualmente pasa con el poder y con la fama.

La belleza de una mujer es más un problema que un privilegio a la hora del amor: nunca sabrá si la quieren a ella o a su cuerpo; por el contrario, una mujer relativamente fea y pobre a la que le demuestran amor sabe que la aman verdaderamente. Eso mismo ocurre con las demás cualidades o beneficios que hemos recibido de Dios…

En la historia del rico y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31), Jesús explica otra paradoja: «Hijo, recuerda que tú recibiste tus bienes durante la vida, mientras que Lázaro recibió males. Ahora él encuentra aquí consuelo y tú, en cambio, tormentos.»

Pero quizá la frase más impresionante de Jesucristo al respecto fue:

«El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Pues el que quiera asegurar su vida la perderá, pero el que sacrifique su vida por causa mía, la hallará. ¿De qué le serviría a uno ganar el mundo entero si se destruye a sí mismo? ¿Qué dará para rescatarse a sí mismo?» (Mt 16, 24b-26)

El que sacrifique su vida por la causa de Jesús, hallará la Vida (con mayúscula), es decir, la felicidad eterna. Y, ¿cuál es la causa de Jesús? La gloria de Dios Padre, la salvación de los hombres y repartir su amor por doquier. El que sacrifique su vida por estos tres ideales será eternamente feliz. ¿Estamos sacrificando realmente nuestra vida por esas tres misiones o tenemos el ideal de ganar el mundo entero, destruyéndonos a nosotros mismos? En ese caso, ¿qué vamos a dar para por nuestro rescate?

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