Hacia la unión con Dios

¿Por qué Dios no nos da lo que le pedimos?

Posted by pablofranciscomaurino en junio 10, 2011

Dios desea lo mejor para nosotros, porque nos ama; y, además, todo lo puede.

Él tiene en sus manos miles de cosas para regalarnos, y está ansioso de que se las pidamos, para dárnoslas… Está esperando que las pidamos, para derrochar todo su amor, como padre amorosísimo que es, dándonos gusto en todo.

Entonces, ¿por qué no nos da todas esas cosas? El problema está precisamente en que en el fondo no nos creemos eso. Si lo creyéramos así, si creyéramos en su infinito amor, en su infinita bondad, en su infinita misericordia, si creyéramos que está que se derrite de deseos de mostrarnos su amor, su misericordia, su dulzura, su ternura, entonces le pediríamos con confianza y con constancia.

Una confianza total, como la de la niña chiquita, que sabe que su papá millonario la adora y que nunca le negará nada, sino lo que él sabe que no es para su bien. ¡Y Dios es Papá! ¡Y es millonario, más que todos los papás del mundo! ¡Todo lo puede! Nada nos negaría si se lo pidiéramos con confianza de hijos.

Y, por otro lado, con constancia. Es de admirar cómo los niños pequeños insisten e insisten sin descanso, hasta lograr que sus padres le den lo que les piden. ¿Por qué no somos así con nuestro Padre–Dios? Porque todavía no creemos que es papá amorosísimo, porque todavía no nos hemos dado cuenta de que Él fue capaz de sufrir atrozmente por nosotros y terminar dando su vida por nuestra felicidad.

En el fondo, lo que sucede es que todavía no creemos, porque no hemos meditado suficientemente la Pasión y la Muerte de nuestro Señor. Por eso es que los santos amaban entrañablemente a Jesús y estaban dispuesto a dar la vida por Él; y por eso es que ellos hacían milagros: porque no había nada que el Señor les negara, ya que todo lo esperaban de Él, con una confianza infinita.

Meditemos, pues, diariamente, la Pasión y la Muerte de nuestro divino Redentor, y veremos milagros, experimentaremos su misericordia, nuestros sueños se harán realidad.

Y, después de meditar asiduamente Pasión y la Muerte de Jesús —la muestra más maravillosa del amor de Dios por nosotros—, pidámosle eso que deseamos, convencidos de que nos lo dará. Él mismo lo dijo.

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