Hacia la unión con Dios

Ciclo A, Ascensión del Señor

Posted by pablofranciscomaurino en junio 13, 2011

¿Nos quedamos solos?

Jesús fue levantado ante los ojos de los apóstoles y discípulos, y una nube lo ocultó de su vista. Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este Jesús volverá de la misma manera que ustedes lo han visto ir al cielo».

En esta actitud de los apóstoles y discípulos de Jesús se denota tanto la admiración por la ascensión como la tristeza por su partida. Efectivamente, habían vivido tres años en su compañía, compartiendo todo con Él, nutriéndose de sus enseñanzas, llenándose de su paz…; y, de pronto, los deja.

A unos ojos sin fe les podría parecer que todo se acababa. Lo mismo pensaríamos si no tuviéramos la certeza de que Él siempre está con nosotros, como nos lo prometió, y si no viéramos la perspectiva histórica que nos muestra que la Iglesia ha crecido mucho estos dos milenios, especialmente en santidad.

Pero Jesús no se fue sin hacernos una explicación y una promesa maravillosa: «Me ha sido dada toda autoridad en el Cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado a ustedes. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia».

Estas dos verdades nos llenan de fascinación: todos los bautizados conformamos la Iglesia por Él fundada y hacemos parte de su cuerpo místico, ya que Él es la cabeza. Él ya entró; falta que entre el cuerpo, que somos nosotros.

Por otra parte, tenemos la certeza de que Él se quedó en la Eucaristía, para acompañarnos en el camino que nos conduce a la meta de eterna felicidad.

Y en las lecturas de hoy aparece una segunda promesa: recibiremos la fuerza del Espíritu Santo cuando venga sobre nosotros, cosa que ocurrirá en la fiesta de Pentecostés, fuerza necesaria para llevar a cabo lo que nos pide: dar testimonio de la verdad hasta los extremos de la tierra.

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