Hacia la unión con Dios

Ciclo A, XVIII domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en agosto 8, 2011

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

¿Hambre?

¿De qué tenemos hambre? ¿De alimentos, vestido, vivienda, salud, educación? ¿Es hambre de justicia, de paz o de amor?

Escuchemos lo que Dios nos manda decir por medio del profeta Isaías:

Ustedes que andan con sed, ¡vengan a las aguas! No importa que estén sin dinero, vengan; pidan trigo sin dinero, y coman, pidan vino y leche, sin pagar. ¿Para qué van a gastar su salario por cosas que no alimentan? Si ustedes me hacen caso, comerán cosas sabrosas y su paladar se deleitará con comidas exquisitas. Atiéndanme y acérquense a mí, escúchenme y su alma vivirá.

De todas nuestras necesidades se encarga Dios. Pero alguno encontrará teóricas estas palabras. Dirá que esos milagros ya no se dan, que la realidad es otra…

¿Habrá cosas imposibles para Dios? El Evangelio de hoy narra algo que, aunque a nosotros nos parezca extraordinario, para Dios es algo sencillísimo: de cinco panes y dos pescados sacó alimento para cerca de cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. ¿Acaso ese Dios tan poderoso ha perdido su poder? ¿Por qué no se ven ahora esos milagros? Además, cabría preguntar: ¿Puede Dios incumplir una promesa como la que leímos en Isaías?

Lo que sucede no es que a Dios se le haya mermado el poder, es que hay pocos hombres que confían plenamente en Él. Y, ¿cómo confiar más en Él? Nos lo explica la segunda lectura cuando dice que en todo saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó. La confianza comienza cuando retornamos el amor que Dios nos da, buscando hacer su voluntad y no la nuestra. Además, debemos recordar tres cosas: Dios lo puede todo; Él nos ama más que lo que nos podemos imaginar; Él sabe qué es lo que nos conviene.

Solo así lograremos hacer realidad lo que nos dice san Pablo en la segunda lectura: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni las fuerzas del universo, ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas espirituales, ni ninguna otra criatura podrán apartarnos del amor de Dios.

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