Hacia la unión con Dios

Las postrimerías

Posted by pablofranciscomaurino en octubre 7, 2011

 

Sabemos que existen las postrimerías: el juicio particular, el juicio final, el cielo, el purgatorio y el infierno. Pero, ¿la gente cree realmente en ellas?

Es muy común que este tema sea tratado de una manera superficial, ya que las preocupaciones y las ocupaciones de la vida moderna atraen mucho más la atención de los católicos.

Al preguntar a muchos de ellos acerca de su fe en estos aspectos manifiestan creer, pero, una vez que los dejamos, hacen, dicen y piensan cosas propias de quienes viven en esta tierra apegados al dinero, a las posesiones, a los honores mundanos, al placer, etc.

Es frecuente que quienes dicen creer en el cielo lo busquen aquí desperdiciando todas sus energías en la consecución de estos apegos. Otros no reparan en la gravedad de sus actos cuando van en contra de la ley divina, mientras afirman creer en el infierno. Y hay quienes creen que el demonio es un invento de los hombres, quienes piensan que es una realidad la reencarnación o el poder de determinadas piedras, actos o rezos extraños al Catecismo…

¿Por qué sucede eso? ¿No será porque los que debemos ser ejemplo tampoco creemos? Creer no es sólo pensar en esas realidades o aceptarlas intelectualmente: es tener la absoluta certeza de su existencia y actuar en consecuencia.

¿Sabemos que cada acto puede convertirse en gloria para Dios, pero también en una oportunidad de perdernos irremediablemente en ese lugar de pena y dolor infinitos? ¿Le tememos realmente al infierno? ¿Acudimos al Sacramento de la Reconciliación con frecuencia? ¿Cuántas veces examinamos nuestra conciencia? ¿Con qué seguridad nos alejamos de las ocasiones de pecado?…

¿Cuántas veces hemos estado en peligro inminente de muerte? En esos momentos es cuando se experimenta el creer o no creer verdaderamente.

¿Cuánto del día dedicamos al trato íntimo con Dios? Quien ora considerando con alguna frecuencia las postrimerías está siempre dispuesto a servir a los demás sin reparar en tiempo, cansancio, estado de ánimo, enfermedad y hasta dolor… Dejará la distracción, el descanso, la comida servida por hacer lo que hizo Jesús: nos cuenta san Marcos que, tras un día agotador de caminatas, prédicas y milagros, al día siguiente se levantó muy temprano a orar, para seguir trabajando por las almas. Así pasó su vida: haciendo el bien.

¿Cuánto nos importa nuestro «merecido» descanso? ¿Cuánto nos molestan las interrupciones en nuestra vida privada? ¿Queremos a las almas como las quiere Jesús?…

Son muchas las almas que van al infierno; ¿luchamos por su salvación con todas nuestras fuerzas? El infierno es la ausencia total de amor y, mientras quede un instante de vida, ¡todavía tienen posibilidades de amar!

¡Qué relativo se vuelve todo si pensamos en las postrimerías!

El cielo es la meta, no vale la pena luchar por otra. Cualquier sacrificio en esta tierra es nada comparado con el amor que nos espera en el cielo.

El que haga la voluntad de Dios…, ¡ese entrará!

 

 

 

 

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