Hacia la unión con Dios

Archive for 17 diciembre 2011

Jesús misericordioso, en ti confío*

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 17, 2011

Postrado ante tus pies, humildemente,

vengo a pedirte, dulce Jesús mío,

poderte repetir constantemente:

Jesús misericordioso, en ti confío.

Si la confianza es prueba de ternura,

esta prueba de amor darte yo ansío,

aun cuando este sumido en amargura,

Jesús misericordioso, en ti confío.

En las horas más tristes de mi vida,

Cuando todos me dejen, ¡Oh Dios Mío!,

y el alma este por penas combatida,

Jesús misericordioso, en ti confío.

Aunque sienta venir la desconfianza,

y aunque todos me miren con desvío,

no será confundida mi esperanza:

Jesús misericordioso, en ti confío.

Si contraje contigo santa alianza

y te di todo mi amor y mi albedrío,

¿cómo ha de ser frustrada mi esperanza?

Jesús misericordioso en ti confío.

Y siento una confianza de tal suerte,

que sin temor a nada, Jesús mio,

espero repetir hasta la muerte:

Jesús misericordioso, en ti confío.

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La misión de la Iglesia

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 9, 2011

 

Llama mucho la atención cómo Su Santidad logra enmarcar en la actual coyuntura varios acontecimientos. Efectivamente, al lado del lamento papal por la negatividad del mundo moderno, el modelo consumista, la frialdad en las relaciones humanas y la esterilidad espiritual y demográfica, están varios aspectos optimistas que vale la pena resaltar para que podamos contribuir al bien propio y al de toda la humanidad, como lo quiere Dios:

«No se puede comprender la acción del Espíritu en la Iglesia y en el mundo con análisis estadísticos o con otros subsidios de las ciencias humanas porque aquella se sitúa en otro plano, el de la gracia, percibido por la fe».

En estas palabras del Mensaje se entrevé la profundidad de la fe que, con su vida, nos enseña el Santo Padre:

«Se trata de una acción con frecuencia escondida, misteriosa, pero seguramente eficaz. El Espíritu Santo no ha perdido la fuerza propulsora que tenía en la época de la Iglesia naciente. Hoy actúa como en los tiempos de Jesús y de los apóstoles.»

Pero, ¿cómo podremos hacer realidad ese «optimismo de la esperanza» del que nos habla, para hacer una evangelización sin límites?:

«Es consolador saber que no somos nosotros, sino que es Él mismo [el Espíritu Santo] el protagonista de la misión. Esto da serenidad, alegría, esperanza intrepidez.»

Y ¿cómo llegar al meollo de la eficacia? La respuesta está también en el texto:

«El sufrimiento, afrontado por Cristo y por el Evangelio, es indispensable para el desarrollo del Reino de Dios.»

¿Quiere decir esto que el Papa nos está pidiendo cosas medievales?

Quienes tratamos de obedecerlo, sabiendo que así obedecemos a Dios Padre, podemos encontrar un camino certero en sus palabras:

«Personas que, en el silencio de su servicio cotidiano, ofrecen a Dios sus oraciones y sufrimientos por las misiones y los misioneros.»

Pero, además, nos dice el Papa que el mundo entero es misionero:

«Invito por lo tanto a reafirmar, contra todo pesimismo, la fe en la acción del Espíritu, que llama a todos los creyentes a la santidad y al empeño misionero.»

Y más adelante nos insiste:

«Porque todos, sin excepción, son llamados a colaborar con la misión de la Iglesia; la oración, el ofrecimiento de los propios sufrimientos y el testimonio de vida son elementos primarios para la misión, al alcance de todos los hijos e hijas de Dios.»

Ese ofrecimiento de los sufrimientos es el que mostrará al Espíritu Santo la anulación de nuestro “yo”, requerida para que Él pueda hacer su obra con su fuerza propulsora —como en los primeros tiempos de la Iglesia— y no con la pobre fuerza nuestra, que es inútil sin el Espíritu.

Solo así escucharemos con esperanza la voz de Cristo en su Vicario:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. ¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas de vuestro corazón y de vuestra vida a Cristo! ¡Dejaos implicar en la misión del anuncio del Reino de Dios; para esto el Señor fue enviado, y ha transmitido la misma misión a sus discípulos de todos los tiempos. Dios, que no se deja vencer en generosidad, ¡os dará el cien por uno y la vida eterna!»

Vale la pena escuchar, atender y acatar la voz del Papa. En verdad, ¡vale la pena!

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La voz de Dios*

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 3, 2011

Un hombre como tú se encontró en un silencio profundo y comenzó a orar:

–Dios, si eres real, ¡háblame!

Y entonces una alondra del campo cantó, pero el hombre no escuchó.

Nuevamente, el hombre dijo con voz más fuerte:

–Dios, ¡háblame!

Y un trueno resonó en el cielo, pero el hombre no escuchó.

El hombre miró alrededor y dijo:

–Dios, déjame verte.

Y una estrella brilló, pero el hombre no se dio cuenta.

Entonces el hombre gritó:

–¡Dios, muéstrame un milagro!

Y una vida nació, pero el hombre no se dio cuenta.

El hombre lloró desesperadamente y dijo:

–¡Tócame, Dios, para saber que te encuentras aquí!

Dios se inclinó y tocó al hombre.

Pero el hombre —como tú— alejó la mariposa y se apartó sin darse cuenta.

 

Muchas veces, las cosas que pasamos por alto son aquellas que hemos estado buscando. No te pierdas las bendiciones de Dios simplemente porque no están envueltas como lo esperas.

 

Anónimo

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