Hacia la unión con Dios

Ciclo B, XXIV domingo del tiempo ordinario

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 10, 2012

‘Apártate, Satanás’

¿Por qué razón le grita Jesús a san Pedro: «Apártate», es decir, «Lárgate», y lo llama nada menos que «Satanás».

Solo hay una: porque «piensa como los hombres, no como Dios».

Conviene saber, por lo tanto, qué es pensar como los hombres y qué es pensar como Dios. En el mismo texto está la respuesta: pensar como los hombres es rechazar eso de «sufrir mucho». En cambio, pensar como Dios es cumplir la Voluntad del Padre —para su gloria y honra, para salvar a las almas y para que se instaure su Reino de Amor aquí en la tierra—, aunque esto implique «sufrir».

Por eso, inmediatamente después, Jesús explica a la muchedumbre que el que quiera seguirlo, debe renunciar a sí mismo y tomar su Cruz. No cualquier cruz: la Cruz de Jesús, esto es: sufrir como Él.

Así pues, quien rechaza el sufrimiento que Dios nos permite, está en la misma posición de san Pedro cuando se escandalizó de la Cruz, y podría escuchar el «lárgate» de Jesús y ser tratado por Él como el mismísimo Satanás.

Asimismo, en la carta que escribió san Pablo a los Filipenses, él les dice: «Sean imitadores míos, hermanos, y fíjense en los que siguen nuestro ejemplo. Porque muchos viven como enemigos de la Cruz de Cristo; se lo he dicho a menudo y ahora se lo repito llorando».

San Pablo llora, porque sabía que muchos cristianos rechazarían la Cruz. ¿Estamos en este grupo? ¿No nos damos cuenta de que la Cruz es el instrumento para que el grano de trigo (nuestro egoísmo) muera, y dé fruto en abundancia? Ese fruto es, en primer lugar, nuestra salvación, la felicidad eterna en el Cielo. Y es el único modo de que lleguemos a hacer de este un mundo mejor: cuando el egoísmo desaparezca, cesarán todos nuestros males.

Para lograrlo, digamos con el profeta Isaías: «El Señor me ayuda».

Y no le tengamos miedo a la Cruz; repitamos con él: «Tengo cerca a mi defensor».

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