Hacia la unión con Dios

Ciclo C, II domingo de Adviento

Posted by pablofranciscomaurino en diciembre 3, 2012

La felicidad auténtica

 

Todo lo que anunció el profeta Baruc es la expresión de la felicidad auténtica, como la entendían en el Antiguo testamento: que se abajen todos los montes elevados y las colinas encumbradas, que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, que los hijos de Dios caminen con seguridad guiados por la gloria de Dios, que el boscaje y a los árboles aromáticos le hagan sombra, que Dios los guíe con alegría a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia… ¡Que seamos felices de verdad!

Y para conseguir este fin, nos pide san Juan Bautista, ya en el Nuevo Testamento: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios». Esto quiere decir que la felicidad verdadera se da a quien endereza lo torcido en su vida, esto es, a quien se convierte.

Convertirse es todo un itinerario: primero es dejar de pecar; después es reducir los defectos y ganar virtudes; más adelante es buscar y conseguir la unión con Dios, el Amor de los amores, el único que llena nuestras ansias de felicidad.

Por eso, san Pablo, en la segunda lectura, desea que nuestro amor «siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores».

Hagamos caso a Dios, que nos dice por intermedio del profeta Baruc: despojémonos de nuestro vestido de luto y aflicción y vistámonos las galas perpetuas de la gloria que Dios nos da, envolvámonos en el manto de la justicia de Dios y pongámonos en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo».

Así llegaremos al día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios.

Y podremos gritar eternamente: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres […] La boca se nos llena de risas, la lengua de cantares».

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