Hacia la unión con Dios

Ana de san Bartolomé, junio 7

Posted by pablofranciscomaurino en abril 19, 2013

Su vida

Nació el 10 de octubre de 1549 en Almendral, Ávila, de familia pobre en bienes materiales, pero muy buenos cristianos.

Ingresó en el Carmelo de San José de Ávila en 1570. Fue la primera lega de la Reforma de Santa Teresa. Desde un principio fue muy querida de la santa doctora, en cuyas manos hizo sus votos el 15 de agosto de 1572.

Por obra de Dios, méritos de santa Teresa y obediencia de esta beata, ascendió de simple hermana conversa y analfabeta a la secretaria muy particular de la doctora mística.

Así llegó a ser discípula predilecta y heredera aventajada del espíritu de Teresa, como del gran vidente Elías lo fue el profeta Eliseo. Asíl rezan los procesos de la causa de la beata Ana.

En funciones de secretaria acompañó a santa Teresa en sus correrías fundacionales. Y la santa, reconociendo la valía de su prestación personal y su extraordinaria santidad, llegó a decirle:

“Ana, Ana, tú tienes las obras, yo tengo la fama”.

Aprendió a escribir de modo milagroso.

Descolló siempre por su extraordinaria caridad, tanto para con Dios como para con el prójimo.

En su autobiografía se lee que deseaba con ansias morir de amor y suspiraba por esta dicha. Suya es la frase: “¡Ay, como me pesa este cuerpo! Y estoy cansada de cuidarlo, todo mí deseo sería ver rotas estas cadenas!”

Muerta santa Teresa, pasó a Francia, donde fundó varios conventos, dando maravillosos ejemplos de todas las virtudes. En su Autobiografía, escrita por obediencia, nos dejó constancia de las muchas gracias místicas que gozó durante su vida, como fruto de su gran amor a la Humanidad de Jesús y al misterio de la Santísima Trinidad.

Murió en 1622, y fue beatificada en 1917 por el Papa Benedicto XV.

 

Su espiritualidad

Fue admirable su celo por la salvación de las almas, manifestado en las relaciones impuestas por su cargo de priora y fundadora.

La fecundidad de su vida activa tiene su base y explicación en su comunicación asidua con Dios por la oración y en su espíritu de penitencia.

Predicando más con el ejemplo que con las palabras, formó muchas y santas hijas, que fueron su mejor corona en este mundo y espejos de sus virtudes delante de Dios y de los hombres.

Se puede decir de esta beata que pasó por la tierra haciendo bien, pensando más en los otros que en sí misma. Desprendida de todo lo que pudiera distraerla de fijar su vista en el Cielo.

Murió en el Carmelo de Amberes, aureolada de gloria y santidad.

Sus palabras eran oídas con veneración por los príncipes del mundo y por los prelados de la Iglesia.

Sus prendas características eran las de una verdadera y genuina carmelita: adhesión inquebrantable a la Iglesia de Dios, entrañable amor a su Orden y ardiente celo por la salvación de las almas.

Aunque se distinguió por su humildad, desde el principio hasta el fin de su vida, quiso el Señor dotar a esta su sierva de excelentes prendas de gobierno y de cualidades excepcionales para dar consejo a quien se lo pedía.

La vida espiritual de la beata Ana estuvo del todo centrada en la voluntad de Dios, la cual siempre buscó, amó y cumplió con generosa fidelidad.

Su mensaje

  • que ardamos en celo por extender la Iglesia
  • que sepamos servir con caridad a los demás
  • que procuremos ser buenos samaritanos con los enfermos
  • que la caridad sea la pauta de nuestra vida

Su oración

Oh Dios, que has hecho de la beata Ana maravilloso ejemplo de humildad, concédenos a nosotros, tus siervos, que siguiendo sus ejemplos alcancemos los premios que prometes a los humildes. Amén.

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