Hacia la unión con Dios

¿Preocupaciones?

Posted by pablofranciscomaurino en septiembre 16, 2013

La Biblia nos enseña, en el salmo 38: «La vida del hombre sobre la tierra es un soplo»; dos versículos después dice: «Y el hombre se afana por un soplo»Asimismo, el apóstol Santiago afirma: «Ustedes son vapor que aparece un momento y después desaparece».

Esta es la mirada cristiana de la vida que han enseñado los santos: «Esta vida es un instante, es humo», decía santa Teresita del Niño Jesús. Y santa Teresa de Jesús: «Esta vida es apenas una mala noche en una mala posada». Recordemos siempre —metámonoslo en la cabeza— que esta vida es pasajera.

A veces se nos olvida que en esta vida estamos de paso: que vamos hacia la realidad, pues vivimos en una especie de representación de la realidad, como lo dice san Pablo, el Apóstol: «La representación de este mundo pasa» (1Co 7, 31).

La realidad es precisamente lo que no vemos: la Santísima Trinidad, la Virgen Madre de Dios, toda la jerarquía celeste (los serafines, los querubines, los tronos, las dominaciones, los principados, las virtudes, las potestades, los arcángeles, los ángeles), los santos…, la luz, la Vida, ¡el reino del amor! Lo que vemos, lo que tocamos, lo que sentimos, es solo apariencia…

Aquí estamos en una prueba de fe, en una prueba de obediencia y en una prueba de amor que, en fin de cuentas, se pueden reducir a una prueba de amor. Así lo escribió san Juan de la Cruz: «Al atardecer de nuestras vidas seremos examinados en el amor»: si amamos —si amamos siempre— seremos premiados con la visión de la realidad: el Amor en persona nos cubrirá y nos llenará, y todas nuestras ansias de felicidad serán colmadas.

Somos católicos; debemos distinguirnos de los ateos: la salud, el dinero, el trabajo, el bienestar (físico, psicológico), el aprecio de los demás, los viajes, el placer, la imagen, etc., son las preocupaciones de los ateos. A nosotros esas cosas nos son indiferentes, porque ponemos nuestra esperanza en la dicha eterna (hacemos un mejor negocio). Ni siquiera nos preocupamos por la muerte, de la que nadie puede escapar, porque es el único modo de llegar a la felicidad auténtica.

Pongamos por escrito las frases azules y verdes de este escrito en los lugares por donde pasemos siempre: una en la cabecera de la cama, otra en el baño, otra en la salida de la casa, otra en el lugar donde trabajamos, etc.; así recordaremos que no podemos vivir como los ateos: preocupados por las cosas de esta vida, que es temporal y es pura apariencia…

Nos veremos allá arriba, después de pasar esta corta prueba, para gozar eternamente del Amor infinito, pues para eso fuimos creados.

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