Hacia la unión con Dios

Archive for 31 enero 2014

Para acabar con el estrés

Posted by pablofranciscomaurino en enero 31, 2014

 

Dios nos creó. Él conoce nuestra psicología mejor que nadie, mejor que cualquier psicólogo. Es el mejor psicólogo del mundo; el mejor de todos los tiempos. Por esto, es obvio que sabe mucho más que todo lo que la ciencia de la psicología ha descubierto hasta hoy y lo que descubrirá hasta el fin del mundo.

Y, para ayudarnos, nos dejó el manual más perfecto para nuestro bienestar: la Revelación Universal, en la que se nos reveló y asimismo nos reveló todo lo que debemos saber de nosotros mismos, para alcanzar la felicidad.

Y hasta se ocupó de los detalles más pequeños. Por ejemplo, nos dejó escrito el secreto para acabar con el estrés:

Unusquisque vestrum proximo suo placeat in bonum ad aedificationem: Que cada uno trate de agradar a su prójimo para su bien y la edificación común (Rm 15, 2).

Non quae sua sunt singuli considerantes sed et ea quae aliorum: Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás (Flp 2, 4).

Nemo quod suum est quaerat sed quod alterius: Que nadie busque su propio interés, sino el de los demás (1Co 10, 24).

Sicut et ego per omnia omnibus placeo non quaerens quod mihi utile est sed quod multis ut salvi fiant: Hagan como yo, que me esfuerzo por complacer a todos en todas las cosas, no buscando mi interés personal, sino el del mayor número, para que puedan salvarse (1Co 10, 33).

Agradar a los demás, buscar su interés, complacer a los demás, no a nosotros mismos.

Pero, ¿agradar a los demás en sus caprichos?, ¿buscar el interés malvado o egoísta de los otros?, ¿complacerlos en lo que les causa daño? No: únicamente para que puedan salvarse, como lo dice la última cita.

En resumen: concentrar todo el interés en el bien auténtico de los demás y usar todos los talentos y capacidades en ello, olvidándonos de nosotros mismos.

Pero, ¿y nosotros? ¿Dónde queda la felicidad propia?

Si miramos atentamente nuestro pasado, podemos recordar que en aquellas oportunidades en las que nos concentramos en nuestros propios problemas fue cuando más nos estresamos; en cambio, cuando —olvidándonos de esos problemas— nos ocupamos de los de los demás, ¡se nos olvidaron los nuestros! o, por lo menos, les dimos menor importancia: la importancia que realmente tenían.

Es que la caridad es terapéutica: cuando me concentro y trabajo para hacer felices a mis seres queridos, es cuando más feliz soy, pues su felicidad es mi felicidad. Y esto lo sabía Dios, mi creador; por eso me dio la amorosa orden de amarlo con todas mis fuerzas, con toda mi alma, con todo mi ser y de amar a los demás como a mí mismo.

Cuando pongo en práctica este mandato, me hago tan dichoso al ver que estoy sirviendo a Dios y a los demás, que ya ni me importan mis problemas.

Cuando pongo en práctica este mandato, es tanto lo que me agrada agradar a Dios, que lo único que me importa es su gloria; es tanto lo que me complace trabajar por la felicidad de los demás, que eso es lo que me hace feliz a mí.

Y aprendo así a asumir el dolor ajeno como propio. San Pablo de la Cruz afirmaba que: «el amor auténtico hace suyas las penas del amado»; por eso asumo la Cruz de Cristo como mía, hago mío el dolor que Él siente cuando ve que tantas personas no se salvarán a pesar de toda la sangre que vertió…, ¡y me siento gozoso de completar en mi carne lo que le falta a la Pasión de Cristo para el bien de su Cuerpo, que es la Iglesia! (Cf. Col 1, 24: nunc gaudeo in passionibus pro vobis et adimpleo ea quae desunt passionum Christi in carne mea pro corpore eius quod est Ecclesia.)

Así, todo lo que puedo sufrir lo ofrezco para ayudar a Jesús a salvar personas y para ayudar al Espíritu Santo a santificarlas, y de este modo es como más gloria le doy a Dios Padre.

En resumen: tanto en el gozo como en el dolor ¡ya no tengo estrés! ¡Y soy feliz!

 

Posted in Reflexiones | Etiquetado: , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Para acabar con el estrés

La Presentación del Señor (cuando cae en domingo)

Posted by pablofranciscomaurino en enero 27, 2014

Una vida entregada a Dios

El Niño–Dios fue llevado al templo por sus padres, para ser presentado a Dios–Padre, como muestra de su entrega total para llevar a cabo el plan que le había trazado desde la eternidad: salvar a los hombres.

Efectivamente como nos lo cuenta el Evangelio, cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Este evento fue anunciado siglos antes por el profeta Malaquías, como lo leemos en la primera lectura: «el Señor entrará en el santuario; «Miradlo entrar».

La fiesta de hoy nos recuerda que Jesús se presentó en el templo para llevar a cabo ese plan divino de salvar a la humanidad, como el autor de la Carta a los Hebreos nos lo cuenta: que Jesús, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos, esclavos del pecado y de la muerte.

Esto significa que ya somos libres de ambos: ¡podemos evitar el pecado y así salvarnos de la que san Francisco de Asís llamaba la segunda muerte: la eterna!

Pero, como siempre ocurre, todavía podemos llegar más lejos, si queremos: podemos entregarnos nosotros mismos al Señor, como lo hizo Jesús, para trabajar por esa liberación, la mayor de todas.

Así lo han hecho muchos, en trascurso de la vida de la Iglesia, y hoy renuevan esa entrega: son las personas que han escuchado el llamado de Dios a la Vida Consagrada: religiosos, religiosas, anacoretas, eremitas, vírgenes… Todos dedicados a la causa de Jesucristo: salvar y santificar a la mayor cantidad de personas y retornar la gloria que le quitamos al Padre con nuestros pecados.

Unámonos a ellos; unámonos al ideal de Jesucristo.

Posted in Homilías | Etiquetado: , , , , , , , , | Comentarios desactivados en La Presentación del Señor (cuando cae en domingo)

¿Iglesia tradicionalista o progresista?

Posted by pablofranciscomaurino en enero 26, 2014

Desgarrar a Cristo*

«Os conjuro por el nombre de nuestro Señor Jesucristo… que no haya entre vo­sotros divisiones» (1Co 1, 10ss). San Pablo arremete con todas sus energías contra las divisiones en la Iglesia. El evitar las divisiones no es algo simplemente «deseable». Si la Iglesia es una y la unidad es una nota tan esencial como la santidad, cualquier división —por pequeña que parezca— desfigura el rostro de la Iglesia, destruye la Iglesia.

«Yo soy de Pablo, yo de Apolo…» To­das las divisiones nacen de una conside­ración puramente humana. Mientras nos quedemos en los hombres estaremos echando todo a perder. Los hombres somos sólo instrumentos, siervos inútiles: «yo planté, Apolo regó, pero es Dios quien dio el crecimiento» (1Co 3,6). Quedar­se en los hombres es una idolatría, y todo protagonismo es una forma de robar la gloria que sólo a Dios corresponde. Por eso San Pablo responde con absoluta con­tundencia: «¿Acaso fue Pablo crucifica­do por vosotros? ¿O habéis sido bautiza­dos en el nombre de Pablo?» Es como decir: No hay más salvador que Cristo Jesús. El instrumento debe permanecer en su lugar. Lo demás es mentir y desfi­gurar la realidad.

«¿Está dividido Cristo?» Puesto que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo (1Co 12,12), toda división en la Iglesia es en realidad desgarrar al mismo Cristo. La falta de unidad en nuestros criterios, en nues­tras actuaciones, en nuestras relaciones… tiene el efecto horrible de presentar un Cristo en pedazos. En consecuencia, se hace imposible que la gente crea.

Por eso San Pablo se muestra tan in­transigente en este punto y apela a la ne­cesidad absoluta de estar todos «unidos en un mismo pensar y en un mismo sen­tir». Lo cual viene a significar no pensar ni actuar desde un punto de vista huma­no, sino siempre y en todo desde la fe, que es la que da realmente consistencia y unidad: «poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu… Un sólo cuerpo y un sólo Espíritu… Un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo, un sólo Dios y Pa­dre de todos» (Ef 4,3-6).

Este escrito, hecho por el padre Julio Alonso Ampuero, en el libro: Año litúrgico, de Gratis Date, parece dirigido a los miembros de la Iglesia que quieren dividirla, utilizando terminologías como: «Yo soy tradicionalista» o: «Yo soy progresista».

Posted in Iglesia | Etiquetado: , , , , , , | Comentarios desactivados en ¿Iglesia tradicionalista o progresista?

¿Evangelizar a los de la casa?

Posted by pablofranciscomaurino en enero 24, 2014

Cuando una persona se acerca a Dios y se convierte, se llena de dicha interior y desea fervientemente que sus parientes sigan su mismo camino. Además, suele ocurrir que en la parroquia o grupo de oración se le recomiende que los evangelice, que hay que convertirlos, que hay que comenzar por ellos…

Pero la verdad es que ellos no comprenden ese cambio; lo suelen confundir con fanatismo religioso y, si les habla de Dios, lo rechazan…

Así, la alegría que experimenta el recién convertido se ve empañada desde temprano por ese dolor que experimenta al ver que sus seres más cercanos no lo entienden, lo critican y hasta se burlan de él, lo ponen en ridículo ante los demás, etc. Y aunque siente el apoyo de la comunidad a la que pertenece y la asistencia divina, ese desconsuelo es difícil de llevar.

Pero Jesús dijo que ningún profeta es bien recibido en su propia casa (Lc 4, 24). Nadie les dice que a los familiares no se los debe evangelizar con palabras, que no deben hablarles a sus familiares de Dios ni de las cosas de Dios (mucho menos tratar de obligarlos a asistir a misa o a otra celebración o encuentro espiritual…).

Es con el ejemplo como se los debe acercar a Dios; es mostrándoles la felicidad que ahora los embarga.

¿Y esto cómo se hace?

1) Amándolos, es decir, sirviéndolos con gusto,

2) infundiéndoles paz y

3) llenándolos de alegría.

En resumen: que se note que ahora está lleno de Dios, pero sin hablarles de Él; predicarles con la vida, no con las palabras.

Al ver este cambio positivo en su vida, los demás se sentirán atraídos. Se preguntarán: «¿Por qué ahora se ve tan feliz?» «¿Por qué ya no se disgusta como antes?» «¿Por qué es tan cariñoso y servicial?»…

Y a veces hasta le harán la pregunta: «Oye, ¿qué te ha hecho cambiar tanto?» Esa será la señal, el momento propicio para que aproveche —ahora sí— a evangelizar con la Palabra; contestará, por ejemplo: «Porque ahora estoy con Dios».

Y las palabras que diga en adelante serán escuchadas.

 

Posted in Apostolado | Etiquetado: , , , , | Comentarios desactivados en ¿Evangelizar a los de la casa?

Esencia y accidentes

Posted by pablofranciscomaurino en enero 17, 2014

A veces respondemos muy rápidamente, en forma poco meditada, no oramos antes de responder, para que sea Dios quien habla… Y quizá por eso no descubrimos que la idea principal del mensaje cristiano —el amor auténtico— está por encima de todo otro tema, por importante que parezca. El amor es el distintivo del cristiano; dicho como Jesús lo hizo: a los cristianos nos conocerán porque nos amamos.

Pero el amor a Dios no es un sentimiento; es un acto de la voluntad. Es cumplir los mandamientos, no sentir cosas. Por eso conviene preguntarnos qué dicen los mandamientos al respecto de las imágenes, para lo cual debemos tener en cuenta algunos criterios exegéticos de gran importancia:

1.     Todo lo valioso del Antiguo Testamento (AT) está interiorizado en el Nuevo Testamento (NT): menos acciones externas y más conversión del corazón.

2.     El AT fue superado y sobrepasado por el NT.

3.     El AT presenta una forma provisional de la religión, sombra del NT.

4.     El AT llega a la plenitud solamente con el NT y este se entiende mejor con el AT.

5.     La Ley del AT fue establecida para el pueblo judío y para antes de la venida de Cristo; por lo tanto, ya no obliga a los que creen en Cristo. Esa Ley fue sustituida por la nueva Ley del amor del NT, que comprende y sobrepasa la antigua Ley.

6.     Las enseñanzas y órdenes divinas que contiene la Escritura pueden ser temporales (para un momento determinado) o particulares (para ciertas personas o grupos de personas).

7.     En la Biblia se encuentran a menudo expresiones derivadas de costumbres, opiniones o creencias de ciertos lugares y momentos históricos en los que vive el autor, a los que no es extraño. Estas expresiones en nada desdicen la autoría de Dios, ya que Él se vale de esa individualidad para precisar lo que desea en los términos de la época, lugar y circunstancias, para hacerse entender mejor.

Un ejemplo: ya que en la época del AT el pueblo judío estaba rodeado de tribus árabes politeístas e idólatras, debió escribirse un doble mandamiento: 1) no tendrás otros dioses… y 2) no te harás imagen…

Y esto, por una razón: en esas épocas era muy fácil hacer ídolos de las imágenes.

Pero ahora los ídolos son otros: el placer, el tener, el poder, la fama, cosas todas intangibles (ya nadie o casi nadie adora imágenes).

Si bien a los judíos de entonces se les enseñaban los aspectos externos, los cristianos de hoy —por la madurez a la que llegó el mensaje de Jesús— estamos obligados a comprender más profundamente el mensaje divino, a interiorizarlo y extractar su esencia, su sustancia, no sus accidentes.

Haciendo un paralelo con otro tema, podemos afirmar que, como los pueblos árabes obligaban al ladrón a restituir cuatro veces lo robado, en el AT Moisés enseñó la ley del talión: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero en el NT, Jesús mejoró, superó, el AT:

«Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda. (Mt 5, 38ss)

La esencia del mensaje es el amor; lo accidental es que primero se enseñó un acto de justicia (rudimento del amor): “Ojo por ojo…”, un pequeño avance. Ahora se enseña lo interior: darlo todo por amor

Asimismo, hoy ya no es tan importante no hacer o tener imágenes (lo accidental), pues nadie las considera dioses. Lo verdaderamente importante es no tener otros dioses, es decir, ídolos.

Hoy, además del placer, el tener, el poder y la fama, muchos tenemos otros ídolos, de los cuales debemos deshacernos, para poder cumplir el primer mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas.

Tenemos que pedirle mucho a Dios que nos ayude a no convertir en ídolos nuestros caprichos o nuestras ideas, cuando las ponemos por encima de la Voluntad de Dios.

Si, por ejemplo, los cristianos siguiéramos discutiendo más y más sobre el tema de las imágenes, podríamos estar haciendo de nuestras ideas algo más importante que el mismo Dios: unos ídolos.

Como se ve, una cosa es la idea principal, la esencia del mensaje: adorar solamente a Dios, y otra cosa es el accidente: tener o no tener imágenes.

Para no equivocarnos, pues, debemos recordar continuamente la esencia del cristiano: el amor.

 

 

Posted in Precisiones doctrinales | Etiquetado: , , , , , | Comentarios desactivados en Esencia y accidentes

Oración para pedir la pureza*

Posted by pablofranciscomaurino en enero 10, 2014

Señor mío y Dios mío,

quítame todo lo que me aleja de ti.

Señor mío y Dios mío,

dame todo lo que me acerca a ti.

Señor mío y Dios mío,

despójame de mí mismo para darme todo a ti.

San Nicolás de Flüe

Posted in Oraciones, Santidad | Etiquetado: , | Comentarios desactivados en Oración para pedir la pureza*