Hacia la unión con Dios

Esencia y accidentes

Posted by pablofranciscomaurino en enero 17, 2014

A veces respondemos muy rápidamente, en forma poco meditada, no oramos antes de responder, para que sea Dios quien habla… Y quizá por eso no descubrimos que la idea principal del mensaje cristiano —el amor auténtico— está por encima de todo otro tema, por importante que parezca. El amor es el distintivo del cristiano; dicho como Jesús lo hizo: a los cristianos nos conocerán porque nos amamos.

Pero el amor a Dios no es un sentimiento; es un acto de la voluntad. Es cumplir los mandamientos, no sentir cosas. Por eso conviene preguntarnos qué dicen los mandamientos al respecto de las imágenes, para lo cual debemos tener en cuenta algunos criterios exegéticos de gran importancia:

1.     Todo lo valioso del Antiguo Testamento (AT) está interiorizado en el Nuevo Testamento (NT): menos acciones externas y más conversión del corazón.

2.     El AT fue superado y sobrepasado por el NT.

3.     El AT presenta una forma provisional de la religión, sombra del NT.

4.     El AT llega a la plenitud solamente con el NT y este se entiende mejor con el AT.

5.     La Ley del AT fue establecida para el pueblo judío y para antes de la venida de Cristo; por lo tanto, ya no obliga a los que creen en Cristo. Esa Ley fue sustituida por la nueva Ley del amor del NT, que comprende y sobrepasa la antigua Ley.

6.     Las enseñanzas y órdenes divinas que contiene la Escritura pueden ser temporales (para un momento determinado) o particulares (para ciertas personas o grupos de personas).

7.     En la Biblia se encuentran a menudo expresiones derivadas de costumbres, opiniones o creencias de ciertos lugares y momentos históricos en los que vive el autor, a los que no es extraño. Estas expresiones en nada desdicen la autoría de Dios, ya que Él se vale de esa individualidad para precisar lo que desea en los términos de la época, lugar y circunstancias, para hacerse entender mejor.

Un ejemplo: ya que en la época del AT el pueblo judío estaba rodeado de tribus árabes politeístas e idólatras, debió escribirse un doble mandamiento: 1) no tendrás otros dioses… y 2) no te harás imagen…

Y esto, por una razón: en esas épocas era muy fácil hacer ídolos de las imágenes.

Pero ahora los ídolos son otros: el placer, el tener, el poder, la fama, cosas todas intangibles (ya nadie o casi nadie adora imágenes).

Si bien a los judíos de entonces se les enseñaban los aspectos externos, los cristianos de hoy —por la madurez a la que llegó el mensaje de Jesús— estamos obligados a comprender más profundamente el mensaje divino, a interiorizarlo y extractar su esencia, su sustancia, no sus accidentes.

Haciendo un paralelo con otro tema, podemos afirmar que, como los pueblos árabes obligaban al ladrón a restituir cuatro veces lo robado, en el AT Moisés enseñó la ley del talión: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero en el NT, Jesús mejoró, superó, el AT:

«Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo: No resistan al malvado. Antes bien, si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra. Si alguien te hace un pleito por la camisa, entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos. Da al que te pida, y al que espera de ti algo prestado, no le vuelvas la espalda. (Mt 5, 38ss)

La esencia del mensaje es el amor; lo accidental es que primero se enseñó un acto de justicia (rudimento del amor): “Ojo por ojo…”, un pequeño avance. Ahora se enseña lo interior: darlo todo por amor

Asimismo, hoy ya no es tan importante no hacer o tener imágenes (lo accidental), pues nadie las considera dioses. Lo verdaderamente importante es no tener otros dioses, es decir, ídolos.

Hoy, además del placer, el tener, el poder y la fama, muchos tenemos otros ídolos, de los cuales debemos deshacernos, para poder cumplir el primer mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas.

Tenemos que pedirle mucho a Dios que nos ayude a no convertir en ídolos nuestros caprichos o nuestras ideas, cuando las ponemos por encima de la Voluntad de Dios.

Si, por ejemplo, los cristianos siguiéramos discutiendo más y más sobre el tema de las imágenes, podríamos estar haciendo de nuestras ideas algo más importante que el mismo Dios: unos ídolos.

Como se ve, una cosa es la idea principal, la esencia del mensaje: adorar solamente a Dios, y otra cosa es el accidente: tener o no tener imágenes.

Para no equivocarnos, pues, debemos recordar continuamente la esencia del cristiano: el amor.

 

 

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