Hacia la unión con Dios

¿Iglesia tradicionalista o progresista?

Posted by pablofranciscomaurino en enero 26, 2014

Desgarrar a Cristo*

«Os conjuro por el nombre de nuestro Señor Jesucristo… que no haya entre vo­sotros divisiones» (1Co 1, 10ss). San Pablo arremete con todas sus energías contra las divisiones en la Iglesia. El evitar las divisiones no es algo simplemente «deseable». Si la Iglesia es una y la unidad es una nota tan esencial como la santidad, cualquier división —por pequeña que parezca— desfigura el rostro de la Iglesia, destruye la Iglesia.

«Yo soy de Pablo, yo de Apolo…» To­das las divisiones nacen de una conside­ración puramente humana. Mientras nos quedemos en los hombres estaremos echando todo a perder. Los hombres somos sólo instrumentos, siervos inútiles: «yo planté, Apolo regó, pero es Dios quien dio el crecimiento» (1Co 3,6). Quedar­se en los hombres es una idolatría, y todo protagonismo es una forma de robar la gloria que sólo a Dios corresponde. Por eso San Pablo responde con absoluta con­tundencia: «¿Acaso fue Pablo crucifica­do por vosotros? ¿O habéis sido bautiza­dos en el nombre de Pablo?» Es como decir: No hay más salvador que Cristo Jesús. El instrumento debe permanecer en su lugar. Lo demás es mentir y desfi­gurar la realidad.

«¿Está dividido Cristo?» Puesto que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo (1Co 12,12), toda división en la Iglesia es en realidad desgarrar al mismo Cristo. La falta de unidad en nuestros criterios, en nues­tras actuaciones, en nuestras relaciones… tiene el efecto horrible de presentar un Cristo en pedazos. En consecuencia, se hace imposible que la gente crea.

Por eso San Pablo se muestra tan in­transigente en este punto y apela a la ne­cesidad absoluta de estar todos «unidos en un mismo pensar y en un mismo sen­tir». Lo cual viene a significar no pensar ni actuar desde un punto de vista huma­no, sino siempre y en todo desde la fe, que es la que da realmente consistencia y unidad: «poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu… Un sólo cuerpo y un sólo Espíritu… Un sólo Señor, una sola fe, un sólo bautismo, un sólo Dios y Pa­dre de todos» (Ef 4,3-6).

Este escrito, hecho por el padre Julio Alonso Ampuero, en el libro: Año litúrgico, de Gratis Date, parece dirigido a los miembros de la Iglesia que quieren dividirla, utilizando terminologías como: «Yo soy tradicionalista» o: «Yo soy progresista».

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