Hacia la unión con Dios

Archive for 25 marzo 2015

Marzo 25

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 25, 2015

LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR

‘Hágase en mí según tu palabra’

Hoy se celebra el hecho más extraordinario del cosmos, el milagro más portentoso de la historia: Dios se hace un hombre, el Creador se reduce a criatura…

Unos setecientos años antes, el Señor, por su parte, le habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»

Y, como él duda, el mismo Dios le da la señal: «Mirad: la virgen está encinta».

¿Una mujer virgen y, a la vez, embarazada? Eso fue lo que ocurrió:

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y, para que quedara clara la señal, María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.»

El Dios-con-nosotros, Jesús, llega al mundo diciendo: «Aquí estoy para hacer tu voluntad», así como la Virgen dijo: «Hagase en mí según tu palabra».

Y nosotros, los seguidores de Cristo ¿estamos aquí para hacer la Voluntad santísima del Padre o para hacer la nuestra?

A veces pensamos que es mejor hacer lo que nosotros creemos más beneficioso o útil, y se nos olvida que el Padre es quien sabe lo que nos conviene (nosotros no), y así —sin darnos cuenta— terminamos creyendo que nuestro juicio es superior a la infinita sabiduría de Dios. Pero, otras veces olvidamos que Él nos ama más de lo que nos amamos nosotros mismos y más de lo que podamos llegar a imaginar.

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La eficacia de la labor sacerdotal

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 20, 2015

La vida plena de un cristiano es unirse a la de Cristo. Pero esa unión no es la de un amigo que acompaña a otro, sino la del que vive intensamente su vida. Su unión es tan íntima, que sufre con lo que él sufre, goza con lo que él goza, desea lo que él desea… y así, sucesivamente.

Algunos han vivido así su relación con él. La gracia de Dios ha sido tan penetrante, que han podido comprender que no hubo en la vida de Jesús un anhelo más grande que el de salvar a las almas del terrible destino a que se veían abocadas por el pecado de soberbia que habían cometido contra su Dios, contra su hacedor, contra su eterno benefactor.

Entre las muchas cosas que se pueden rememorar están las palabras de san Pablo: Sufro en mi carne lo que le falta a Cristo. ¡Ese es el verdadero sentido de la vida del cristiano: ayudar a Jesús a redimir a los hombres! Pero no como quien se une a otro para hacer una buena labor en el mundo, no. Es siendo otros Cristos en medio de las gentes, ofreciendo cada instante de la vida a Dios Padre -como hizo Jesús- con afán redentor: el panorama es desolador; son muy pocos los hombres que cumplen con la ley de amor que nos dejó. Conviene recordar una y otra vez las palabras del aquel sacerdote que afirmaba que muchos se inventan “sus propias religioncitas”, y que no hacen lo único que les dará la vida eterna, esto es, amar como amó Jesús. ¡Cuántos estarán errando el camino al cielo! Para completar, son pocos los que ayudan a Cristo a pedir perdón a su Padre por las faltas cometidas.

En el alma sacerdotal, cada acción, cada palabra, cada pensamiento ofrecido al Padre en común unión con Cristo será un acto redentor y pasará de ser algo carente de valor a convertirse en uno valiosísimo, pues tendrá la bendición y la fuerza de todo un Dios. El brazo justiciero del Padre se verá sostenido otra vez y, por un tiempo más, seguirá su curso el tiempo de la misericordia.

Esa es la misión del sacerdote: corredimir intensa y profundamente. Y todos los bautizados participamos del sacerdocio de Cristo de alguna manera.

Para eso, es necesario profundizar en la vida de Jesucristo, que sepamos que lo que redimió al mundo fue su Cruz. Si somos generosos, podremos ofrecer al Padre nuestra pequeña cruz de cada día uniéndola a la de Cristo, de manera que, así ofrendada, se potencialice su acción hasta salvar a todos.

Y si somos realmente libres y amamos de veras, podemos llegar a la perfección: crucificarnos con él en su Cruz, anulando todo ego y poniéndonos en sus manos para decirle que haga de nosotros lo que quiera. Ahí es cuando comenzaremos a ser discípulos suyos. Eso fue lo que logró san Francisco de Asís: pudo identificarse tanto con Cristo que las llagas de sus manos, pies, cabeza, costado… se marcaron en su cuerpo, y sintió, como Jesús, los dolores que le produjeron. Pronto llegará el día en que podamos afirmar con plenitud lo que dijo el apóstol: “Vivo yo, pero no vivo yo, es Cristo quien vive en mí”.

 

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Principales Razones de las divisiones entre los cristianos

Posted by pablofranciscomaurino en marzo 6, 2015

 

Arrianismo

Doctrina de Arrio, que enseñaba, acerca de la Trinidad, que el Hijo no es igual al Padre, que no es de la misma naturaleza y que no participa de su eternidad. La divinidad de Cristo no era sino secundaria y subordinada.

Desaparecido.

 

Donatismo

Cisma del obispo Donato, que negaba todo valor a los sacramentos administrados por los obispos indignos o los juzgados como tales.

Desaparecido.

 

Nestorianismo

En lugar de atribuir a la única persona de Jesucristo las dos naturalezas divina y humana, Nestorio enseñaba que en Jesucristo coexistían dos personas, una divina y otra humana.

No hay informe de número de fieles (muchos se han mezclado con los monofisistas).

 

Iglesias Antiguas Orientales, Monofisistas o no Calcedonianas

Doctrina que rechaza la formulación de las dos naturalezas del Hijo.

Las integran unos 22 millones de fieles.

 

Iglesias Orientales (llamadas por ellos ortodoxas)

Separadas doctrinalmente por no aceptar la afirmación de que el Hijo, además de proceder del Padre, también procede del Espíritu Santo. Se aúna a esto el hecho de que no aceptan el primado del sucesor de Pedro, ni de su sede, Roma.

Deben añadirse factores políticos (traslado del imperio de Constantino a Bizancio, penetración de pueblos bárbaros y musulmanes) y algunos factores geográficos.

Se suman quejas por ritos y costumbres.

Cerca de 150 millones de fieles.

 

Iglesia Veterocatólica

Rechazan el dogma de la infalibilidad papal. En lo demás, son muy parecidos a los católicos.

Un poco más de medio millón de fieles.

 

Iglesias Luteranas

La gratuita santificación del hombre por la gracia, con la cual se hace justo, es contraria, según Lutero, al ambiente eclesiástico que lo rodeaba: el mundo de la curia romana, las penitencias monacales, la predicación de las indulgencias, la veneración de los santos, las peregrinaciones a santuarios marianos, la sutil teología escolástica.

De aquí se derivan muchos de los principios que ilustrarán a otras Iglesias, Comunidades Eclesiales, Movimientos Religiosos, Grupos y Sectas de la mayor variedad: total soberanía de la Biblia sobre cualquier otro tipo de autoridad, negación de la Tradición de la Iglesia, permanencia de la condición pecadora del hombre, el perdón es gratuito, incondicional e inmerecido y se ofrece por la redención de Cristo (se manifiesta con el arrepentimiento y la reparación), temor a que la mediación de María pueda atentar a la única mediación de Cristo, se rinde culto solo a Dios, no existe el purgatorio, el centro de la Iglesia está en la predicación, el bautismo confiere al fiel el hecho de ser sacerdotes (no es un sacramento especial), etc.

Martín Lutero nunca pensó en fundar una nueva Iglesia, sino reformarla, no tanto en las costumbres, como en las creencias.

El número de creyentes miembros de la Federación Luterana Mundial es de 62 millones; se cree que fuera de ellos hay unos 20 ó 22 millones más, lo que daría un gran total de 82 a 84 millones de fieles, aproximadamente.

 

Iglesias Reformadas o Presbiterianas

Doctrina de Juan Calvino (se llama también «calvinismo»). Afín al Luteranismo, contempla la predestinación (está decidido por Dios quién se va a salvar y quién no), es de carácter más universal que el Luteranismo, se gobierna por presbíteros y ancianos (no hay obispos) y se celebra la Cena una vez al mes, consumiendo ambas especies y creyendo en una presencia espiritual de Cristo en ella.

Aproximadamente 70 millones de fieles.

 

Iglesias Anglicanas/Episcopalianas

Originada por Enrique VIII, quien se enfrentó al Papa, porque no le aprobó su divorcio con Catalina de Aragón. Diferentes actuaciones del Parlamento ingles hicieron posible el establecimiento de una nueva Iglesia nacional.

65 millones de fieles, aproximadamente.

 

Iglesias Congregacionalistas

Nace de movimientos no–conformistas. Se da toda la importancia a la asamblea de creyentes (su nombre lo toman de este hecho), autonomía total de la parroquia, doctrinalmente cercanos a los presbiterianos.

Cerca de 2 millones de fieles.

 

Iglesias Bautistas

Sus organizadores son John Smyth y Thomas Helwys, pero sus raíces están en el anabaptismo (re–bautizar a quienes habían recibido el bautismo siendo niños).

Se diferencian de los anteriores en una conversión basada en un «nuevo nacimiento», es congregacionalista (no hay presbíteros ni obispos, sino pastores y ancianos, ministerio que puede ser ejercido por cualquiera), cada Iglesia es independiente, bautismo por inmersión y solamente a los adultos, se hace la santa cena (un simple «recuerdo» de la última cena), total separación de la Iglesia y el Estado.

Conforman este credo más de 50 millones de fieles.

 

Comunidades de los Cuáqueros o Sociedad Religiosa de los Amigos

Comunidad cristiana libre, fundada por George Fox, no conformista, de espíritu místico decepcionado de la Iglesia Anglicana. Se llega a Dios sin mediadores, liturgia ni sacramentos. Libertad religiosa, negación a participar en cultos, ir a la guerra o hacer distinciones entre las clases sociales.

Unos doscientos mil fieles.

 

Iglesias Metodistas

Resultado de un «despertar religioso» propuesto por John Wesley, quien nunca pensó formar comunidades separadas de la Iglesia de Inglaterra. Prácticas piadosas, lecturas metódicas del Nuevo Testamento, ayunos en ciertos días, examen de conciencia diario, austeridad en el vestir, visitas a enfermos… Conversión y entusiasmo por una vida de perfección cristiana (experiencia sensible). Las Sagradas Escrituras se interpretan libremente.

Cerca de 50 millones.

 

Comunidades Pentecostales

De los «despertares religiosos» americanos con influencias metodistas, nacen estas comunidades, para experimentar de nuevo el Pentecostés.

Fenómeno transconfesional.

Infalibilidad literal de la Biblia, aceptación de la doctrina de la justificación por la fe, gran énfasis en la santificación obrada por el Espíritu Santo, cumplida en el Bautismo «de Espíritu» y manifestada en varios carismas: don de lenguas, sanidad o curación por la fe, y la profecía. Bautismo de agua, siempre por inmersión.

Son muchas las denominaciones. Por eso las cifras halladas varían mucho: desde unos 6 millones, hasta 30 ó 40 millones de fieles.

 

Iglesias Adventistas

Desde su fundación (hecha por William Miller) estudian en la inminente segunda venida de Cristo, vaticinada para 1843, 1844 y varias fechas más. Ellen Gould Harmon (la señora White) las impulsó grandemente. También hacen énfasis en la guarda del sábado y no del domingo. Además, afirman que el alma no es inmortal, que los justos vivirán en la tierra un milenio con Cristo, tras lo cual irán al cielo y que los impíos serán definitivamente aniquilados. El cuerpo es templo del Espíritu Santo y, por lo tanto, debe cuidarse: vegetarianismo, desaprobación del café, té, carne de cerdo, licor y tabaco.

No hay números confiables de fieles.

 

Evangelicalismo, evangelismo o evangélicos

Con frecuencia en el lenguaje popular se usa este término de manera imprecisa, porque con él se hace referencia a cualquier grupo de tipo protestante o incluso no cristiano.

Pero el término «evangélicos» designa las agrupaciones o movimientos de tipo «libre empresa religiosa» que tienen su origen en Estados Unidos durante el siglo XIX y se han difundido a partir de allí en América Latina.

Afirman lo siguiente: los verdaderos cristianos son los que han tenido una experiencia personal de conversión («nuevo nacimiento» o «santificación») y están dispuestos a dar testimonio y a convertir a otros (debe hacerse una predicación intensa); la fuente de la fe es la Biblia, que es la palabra divina, y todo intento de interpretación crítica de ella es una apostasía de la fe; el retorno de Cristo está próximo, y los creyentes deben prepararse a recibirlo; hay una total degradación de la naturaleza humana producida por el pecado, y el hombre se salva sólo mediante la fe personal en la muerte expiatoria de Cristo, gracia que Dios concede sólo a quien Él quiera; los sacramentos no son instrumento de la gracia ni son instrumentos para la salvación.

Aunque los evangélicos están conformados por grupos que tienen tendencias muy diversas, se agrupan en el «Movimiento Evangelical», que tiene en la actualidad más de 175 millones de seguidores.

 

Mormones

Joseph Smith, originario de una familia metodista del estado de Vermont, Estados Unidos, ante el fenómeno de las múltiples denominaciones cristianas y diferentes «despertares» religiosos, se cuestiona acerca de la verdadera comunidad querida por Dios mismo. En una visión se le comunica que todas las sectas están equivocadas. Y en una segunda visión, el ángel Moroni le revela la existencia de unas tablas escondidas, en las que está encerrada la plenitud del evangelio eterno. En 1827 encuentra las planchas de oro escritas en un idioma llamado egipcio reformado, que traduce al inglés (traducción que debía hacerse con la ayuda de dos piedras que venían en el cofre junto con las tablas, llamadas Urim y Zummim) y publica en 1830 con el nombre de Libro de Mormón. Luego, las tablas son llevadas por el ángel al cielo.

Se afirma que uno de los últimos reyes nefitas, Mormón, dejó por escrito en tablas de oro las crónicas que siglos después el ángel Moroni haría descubrir al profeta Smith.

En abril de ese año queda constituida su iglesia. Después de un largo éxodo, debido a las persecuciones, se asientan definitivamente en Utah, donde fundan la ciudad de Salt Lake City, que desde 1847 será el centro religioso de la fe mormona.

En el Libro de Mormón, Smith afirma que «La grande y abominable iglesia [se refiere a la Iglesia Católica] por encima de todas las iglesias ha adulterado el Evangelio del Cordero en muchas de sus preciosas partes para pervertir los caminos del Señor». Por eso introdujo muchos cambios: en el Nuevo Testamento agregó 128 versículos y cambió otros 1.475, cambiando por completo el sentido de muchos capítulos. Además, los mormones afirman que el Papa es el anticristo.

Su doctrina defiende el bautismo de los muertos, los dos tipos de matrimonios: el terrestre y el celeste, la práctica de la iniciación, el rechazo de la fe trinitaria, la corporeidad de Dios Padre, la revelación progresiva, la eternidad del hombre antes de su nacimiento y su accesibilidad a la condición de dioses, el infierno no existe y se defiende la poligamia (Smith tuvo 27 esposas).

Tienen un gran sentido de familia y pretenden el monopolio de la verdad y plenitud del evangelio su exclusivismo vuelve inútil cualquier diálogo ecuménico. Son muy sobrios en su vida y costumbres, pagan el diezmo a la iglesia, y les están prohibidos el alcohol, el tabaco, el café y otros estimulantes.

Las últimas estadísticas hablan de más de 6 millones de seguidores de la fe mormona.

 

Testigos de Jehová

Charles Taze Russell (1852-1916), de Pittsburg, de origen presbiteriano, frecuenta en su juventud reuniones adventistas. El estudio asiduo del texto bíblico lo lleva a cifrar 1914 como la fecha del juicio final y el comienzo del milenio en el que Cristo reinará durante mil años de paz. Organiza el grupo de los estudiantes de la Biblia y crea la Atalaya, revista que difunde ampliamente sus ideas milenaristas. En 1909, la sede central de la organización se instala en Brooklyn.

Joseph F. Rutherdorf (1869-1942) sucede a Russell, consolida la obra y reinterpreta el significado de 1914: ese año, el mundo tocó a su fin «legalmente». El juez Rutherdorf anuncia para 1925 la llegada a la tierra de los antiguos patriarcas. Años después, la sociedad recibe el nombre de Testigos de Jehová (1931).

Nathan H. Knorr (1905-1978) toma la dirección en 1942 y centraliza todavía más el movimiento alrededor de Brooklyn. Dentro de la mejor tradición jehovista, Knorr anuncia el año 1975 como la fecha para el final del mundo. En 1978, Frederic Franz fue el nuevo presidente y, desde 1993, Milton G. Henschel.

La doctrina de los Testigos reposa en la Biblia, considerada como palabra de Dios y regla de vida. La interpretación que de ella se hace es literalista, rechazando la aplicación de la teoría de los géneros literarios al texto bíblico. El monoteísmo de los Testigos lleva a la negación tanto de la fe trinitaria como de la divinidad de Jesucristo, quien es llamado «el ángel de Jehová» o el arcángel Miguel. María engendró a un ser humano; no es Virgen ni inmaculada ni Madre de Dios. El Espíritu Santo no es persona, sino fuerza activa de Dios. El infierno no existe. Las ideas sobre la redención hecha por Jesús, la salvación del hombre y la inmortalidad del alma presentan divergencias fundamentales respecto a las enseñanzas de todas las Iglesias cristianas.

Cristo no fundó una Iglesia jerárquica; esta es obra de Satán.

La escatología, sin embargo, es el capítulo que especifica a los Testigos. Alrededor de este centro neurálgico gira todo su universo religioso. La clave para su interpretación radica en los distintos modos de resurrección de las gentes, que debe colocarse dentro del esquema de su particular historia del mundo. Tras un Reino de armonía universal que se concluyó con el diluvio, y otro de rebelión y de las obras de Satán que llega hasta 1914, se inicia el último período que es el del milenio en el que Jehová reúne a los Testigos que lucha contra las fuerzas de Satán. Lucha que concluirá con la batalla de Armagedón y en la que los no–Testigos serán aniquilados para siempre. Pero los 144 000 elegidos serán criaturas espirituales y gozarán del cielo. Los otros testigos están destinados a habitar en un paraíso terrestre con felicidad inacabable.

Ahora es el tiempo en el que ya se ha instaurado la teocracia, o el gobierno directo de Jehová en el mundo. Es el momento para anunciar a todos los hombres la necesidad de refugiarse en la sociedad de los Testigos, única posibilidad de llegar a la salvación final.

Se calculan unos 6 millones de miembros.

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